martes, 5 de julio de 2011

Sufrir, morir y vivir en Igueriben. 1ª parte

Igueriben
Sufrir, morir y vivir en Igueriben. 1ª parte.

Igueriben 1921-2011

A 6 kilómetros de Annual y delimitando las kábilas de Tensamán y Beni Tuzin se halla un montículo roquizo con forma de meseta que se extiende hacia el este rematando en una pequeña loma poblada de árboles desde el tercio medio. Resquebrajada, abrupta, desprovista de toda vegetación, se alza como un centinela sobre Annual. Desde lo alto de su cumbre se ve el seco cauce del río Uad el Kebir. A sus espaldas la cordillera de Beni Ulisex cuyo erguido pico de Mehayast se alza entre las formaciones nubosas. Desde su cima se divisa también la rojiza silueta de Sidi Dris, el monte Abarrán, el poblado de Amesauro y las posiciones de Annual, Talillit y Buymeyan. Trascendente era la cercanía de Amesauro donde se sabía se concentraba la numerosa harka formada por beniurriageles, benituzines y tensamaníes y también el control que se ejercía sobre el collado de Tizzi Assa. Aquel lugar se llamaba Kudia Igueriben.
Hace algunos días, tuve el placer de ver la entrevista que Severiano Gil realizó en Popular TV Melilla a mi querido amigo Juan Tomás Palma Moreno. Al margen de disfrutar de la interviú, hubo un detalle que Juan citó, y que llamó poderosamente mi atención. No hay ningún hecho de los que ocurrieron durante aquellos días que no tenga varias interpretaciones, en el que diferentes testigos no aporten testimonios desiguales del mismo acontecimiento. Juan no podía tener más razón; en cualquiera de las investigaciones que he afrontado, me he topado de bruces ante dos o tres versiones disímiles que dificultan el camino a seguir por no ser capaz de saber con certeza cuál elegir para ser fiel a la realidad. En este caso, nos hallamos ante uno de los acontecimientos más destacados y mediáticos de los que se produjeron durante el desastre: la ocupación, defensa y caída de Igueriben, de cuya conquista, el 7 de junio de 1921, se han cumplido recientemente 90 años.


Igueriben
 
Sobre Igueriben han corrido ríos de tinta, y es uno de los episodios más distinguidos y célebres del desastre, y a pesar de todo lo que se ha publicado sobre la resistencia y caída del reducto, siguen existiendo elementos que no han quedado suficientemente claros o que todavía no han salido a la luz. Puedo avanzaros, muy a mi pesar, que no he conseguido aclarar del todo ninguno de los misterios que me había propuesto. Sin embargo, he decidido escarbar en las entrañas de Igueriben con la intención de aportar algo más y reabrir un debate que muchas veces se ha suscitado. En aquel montículo abrupto y rocoso, se vivieron momentos que nunca me han dejado de estremecer. Allí la vida se convirtió en una quimera, ¿hasta qué punto debían aquellos hombres ser capaces de resistir para poder volver con sus familias? Desde luego no fue el único lugar de la antigua comandancia donde se traspasaron los límites de lo humanamente soportable. Nos consta que se produjeron diferentes resistencias a ultranza, que en otras posiciones se sufrió hasta el final, y se pagó con la vida tras la agonía física y psicológica que tuvieron que soportar sus defensores. Pero Igueriben, ha quedado para la historia como el comienzo del fin, el principio del Apocalipsis que engulló al ejército del general Fernández Silvestre. En Igueriben, solo quedaba vivir o morir, pero para ello, antes, había además que sufrir.

Preludio

Desde que el 7 de junio se ocupó Igueriben, quedó de manifiesto que su supervivencia dependería de múltiples factores externos ante lo que poco podrían hacer sus moradores. A estas dificultades, había que añadir el estrago psicológico que había producido entre los hombres la caída de Abarrán y, sobre todo, las crecientes confidencias que se recibían en la oficina de Policía Indígena sobre la formación de una poderosa Harka. Tampoco contribuyó favorablemente, la reunión que dos días antes habían mantenido a bordo del Princesa de Asturias los generales Berenguer y Silvestre. Pocos conocen lo que de verdad ocurrió aquel día a bordo del buque varado ante Sidi Dris, los pocos testigos que presenciaron la más que probable discusión entre compañeros de promoción, fueron el coronel Gómez Jordana, los tenientes coroneles Tulio López y Capablanca, y el comandante López Delgado. Se cuenta que hasta tuvo que intervenir para poner paz, el capitán de navío Eliseo Sanchís, comandante del crucero. No parecía presagiar nada positivo aquel encuentro en el que se le negaron a Silvestre los refuerzos que solicitó. Sin embargo, el comandante general, a pesar de las negativas aún fue capaz de ordenar a su sección de operaciones, un plan para afrontar una nueva conquista. Aquel mismo día tras la entrevista, se enterraba en Melilla al cabo del mixto de artillería Manuel González Iglesias, muerto en el hospital Docker a consecuencia de las heridas sufridas en Abarrán. Fue el único de sus defensores que pudo ser enterrado en la plaza.


 

Tropas españolas ocupan una posición en el Rif

Igueriben se conquista el martes 7 de junio. Desde Annual, y al mando del general Navarro, parten varias columnas que conquistan la colina con poca oposición. Intervienen, la columna del coronel Morales, la columna volante de Ceriñola al mando del teniente coronel Alcántara Pedrinaci, y los Regulares de Núñez de Prado. Tanto en el desarrollo de la operación, como en el número de fuerzas destinadas para su defensa, el estado mayor utilizó una gran cantidad de hombres. El jefe designado para dirigir el nuevo proyecto del general fue el comandante Francisco Mingo Portillo (05-10-1876), veterano oficial perteneciente a la 1ª promoción de infantería que en 1943 celebró sus bodas de oro en Toledo. Formaron parte de aquella hornada, oficiales como Alberto Castro Girona, Leopoldo Saro, López Ochoa, Rodríguez del Barrio, Saliquet, Dabán y otros muchos que fallecieron en las campañas y posteriormente en la guerra civil. Mingo ascendió a teniente coronel en mayo de 1922 y posteriormente a coronel, empleo con el que se retiró.

Comandante Francisco Mingo Portillo
 
Los trabajos de fortificación los llevaron a cabo los zapadores de la 2ª compañía que mandaba el capitán Jesús Aguirre. Tuvieron que esforzarse en conseguir un parapeto en condiciones y dotarlo de troneras para preservar a los hombres que quedarían en el interior, y todo el recinto quedó cercado de doble tendido de alambradas. Finalmente, en aquella pedregosa y desolada colina, quedaron como guarnición las siguientes tropas: 4ª Compañía del III Batallón, 2ª Compañía del I Batallón, 1ª Batería ligera del Mixto de Artillería, 3 miembros de la Compañía de Telégrafos de campaña, Compañía de ametralladoras, 10 miembros de la Policía indígena.
La 4ª compañía del III batallón bajo el mando del capitán Fernando Correa Cañedo, nacido en Madrid el 16 de octubre de 1881 y, desde marzo del año anterior, destinado en el regimiento. Correa no aparece ni en los listados de Casado, ni prácticamente es citado por ninguna fuente, sin embargo está probado que participó en la conquista de Igueriben, en la columna volante de Ceriñola, y que permaneció allí durante un mes. Fue, por tanto, el segundo en la cadena de mando hasta que el 8 de julio, y en virtud de un permiso extraordinario, se le autoriza a viajar hasta Melilla, para visitar a su esposa, Matilde Arcos, que se halla enferma.


Capitán Fernando Correa Cañedo
 
El 17 de julio, la Comandancia emitió una orden urgente para que todos aquellos oficiales que se hallaban de permiso se incorporaran a sus destinos inmediatamente. Señal inequívoca de que los presagios eran negativos. Esta orden, según queda de manifiesto en la investigación de Picasso, fue mayoritariamente acatada por todos los oficiales, aunque en algunos casos no con la debida presteza. No fue el caso de Correa, que junto a otros oficiales partieron hacia Annual en una camioneta, y una vez allí, hizo todo lo posible para reincorporarse a su antiguo destino. Debido al cerco que se cernía sobre Igueriben, no pudo llegar y permaneció en Annual donde, como veremos, tuvo un destacado comportamiento. Correa ascendió a comandante en 1923, y años después se retiró del ejército acogiéndose a las reformas de Azaña y por ser ideológicamente opuesto al nuevo régimen. Al estallar la guerra se hallaba en Madrid, y fue detenido en la casa de la Moneda el 8 de octubre de 1936. En un principio ingresó en la cárcel de Quiñones, aunque posteriormente fue trasladado a la de Buen Suceso y finalmente a la de San Antón. Durante el tiempo que permaneció preso, fue sometido a torturas y vejaciones hasta su liberación. Pudo participar en los últimos compases de la guerra formando parte de las tropas que tomaron Tarragona en 1938. Fernando Correa falleció en el hospital militar Gómez Ulla el 26 de mayo de 1942. Me contó Fernando, su nieto, que la seriedad natural que acompañaba al abuelo, solo se rompía cuando recordaba aquel 21 de julio viendo desde Annual cómo ardían las tiendas de sus hombres y se desmoronaba la posición en la que había permanecido 30 días. Entonces al recordarlo, lloraba el capitán Correa. Componían su unidad, según los listados de Casado Escudero, los tenientes Manuel Castro Muñoz, Ovidio Rodríguez y el alférez Rafael Villanova Hoppe, y junto a ellos, el suboficial Ramírez, 4 sargentos, 10 cabos, 2 soldados de 1ª, 101 de 2ª y 3 cornetas.

Oficiales de la 4ª Compañía del III Batallón
 
La 2ª compañía del I Batallón al mando del capitán Arturo Bulnes, teniente Justo Sierra y alférez Luis Casado. A sus órdenes, el suboficial Cárdenas, 4 sargentos, 10 cabos, 2 soldados de 1ª, 142 de 2ª y 5 trompetas, tambores o educandos. Los efectivos de Ceriñola suman un total de 293 hombres. Llama la atención que estas dos compañías de Ceriñola sean más numerosas que otras desplegadas por el territorio que no superan los cien hombres de media. El comandante Caballero Poveda, en su extenso y riguroso estudio sobre la distribución de fuerzas, cifra en 194 los efectivos de Ceriñola, lo que sin duda es una cantidad más acorde con el resto de compañías repartidas por el territorio. Este desajuste en las cifras será, sin duda, clave para poder calcular cuántos fueron los supervivientes. El alférez Agustín Carrasco Carrasco, perteneciente a la compañía se hallaba en Annual a la espera de poder incorporarse. Murió en combate en la retirada el  22 de julio.

Oficiales de la 2ª Compañía del I Batallón
 
Al margen de los desajustes habituales cuando afrontas cualquier investigación sobre el desastre, el libro que Casado escribió tras su liberación, ha sido clave para saber qué ocurrió durante aquellos 45 días. Luis Casado nació en Vigo el 28 de noviembre de 1897 e ingresó en la academia en septiembre de 1916. El regimiento de infantería de Toledo fue su primer destino como alférez en 1919, desde donde se incorporó, pocos meses después, a la Policía Indígena de Ceuta, hasta que en marzo de 1921 fue destinado al regimiento de Ceriñola. El 27 de mayo, su compañía es enviada a Annual, y formando parte de la columna volante, intervino en la toma de Talilit y días después en la de Igueriben donde quedó de servicio. Durante el cerco, fue herido en dos ocasiones, la última el día de la evacuación. Como es bien sabido, fue hecho prisionero y trasladado a Axdir junto a varios de sus compañeros en Igueriben. Tras ser liberado en 1923, prestó declaración en diferentes juicios contradictorios que se abrieron para conceder laureadas: Benítez, De la Paz, Dávila, Bulnes. Tras permanecer varios meses de licencia recuperándose del largo y duro cautiverio, se le destinó al colegio preparatorio militar de Burgos, donde siendo ayudante de profesor, impartía las asignaturas de historia, geografía y gramática. Ascendió a capitán en junio de 1926 y el expediente informativo que se cursó para concederle la Cruz Laureada, resolvió que no era merecedor de aquella recompensa. Tampoco le concedieron la medalla de sufrimientos pensionada que posteriormente reclamaría en 1936. Hubo un sector de compañeros que no vio con buenos ojos que escapara de la muerte en 1921, y queda de manifiesto, que entre algunos sectores de los africanistas como Franco o el laureado Tella Cantos, su comportamiento fue considerado indigno de un oficial español. En 1935 pasó a situación de disponible gubernativo en Melilla y posteriormente fue procesado. Los últimos años de su vida fueron un infierno, perdió a su mujer Finucha y quedó viudo con dos hijos pequeños. Finalmente, sería acusado de repartir propaganda comunista en cuarteles, y procesado por conducta antimilitarista y antipatriótica, cargos que siempre negó el capitán Casado. El 18 de julio se negó a sublevarse y fue detenido, juzgado y condenado a muerte. Entre los miembros de aquel tribunal que lo juzgó, figuraba el teniente coronel Tella Cantos y otros ocho compañeros que firmaron la sentencia. Luis Casado fue fusilado el 23 de julio junto a los también oficiales Virgilio Leret, Luis Calvo, Joaquín Fernández Gálvez y  Armando González Corral. No fue el único superviviente de Annual fusilado en Melilla por su negativa a sublevarse. El 27 de julio, fue ejecutado el capitán Juan Villasán y el 3 de diciembre, el comandante Pablo Ferrer Madariaga, teniente de la policía indígena en 1921. Entre la escasa documentación que acompaña la hoja de servicios de Casado Escudero, figura la petición realizada el 3 de julio de 1936 para poder percibir la pensión de la medalla de sufrimientos que le había sido denegada en junio de 1924. El entonces capitán Casado, vuelve a relatar su odisea en Igueriben y su posterior cautiverio expresándose en estos términos: “ante el perjuicio moral que supone el verse desposeído y privado de ostentar una condecoración que en buena lid y dando mi sangre por la patria gané”.

Medalla de Sufrimientos del capitán De la Paz

Basándose en tecnicismos sobre la curación y gravedad de las heridas recibidas en 1921, se le privó de recibir la medalla que solicitaba. Fue sin duda un triste final el del único oficial superviviente. Ya en nuestros días, su familia quiso que se anulara la sentencia que le condenó a muerte, pero la justicia también volvió a desestimar esta petición, como ya hiciera con la Laureada o su anterior solicitud de pensión por sufrimientos. En todo el tiempo que llevo dedicado a conocer e investigar sobre el desastre de Annual, nunca había leído ningún comentario sobre esa presunta conducta indigna que el alférez Casado, dicen algunos que demostró en Igueriben, nunca.
Aquella medallita de sufrimientos por la patria que reclamaba Casado Escudero, la recibieron varias madres y mujeres de oficiales muertos en Igueriben. Por lo que me cuenta la sobrina del capitán De la Paz, representaba poco consuelo para cubrir una pérdida tan dolorosa. Otra de aquellas mujeres que la recibieron fue Isabel Arrabal, madre del teniente Alfonso Galán. Alfonso nació el 21 de agosto de 1894 y, al igual que sus cuatro hermanos eligió la carrera de armas, e ingresó en la academia en septiembre de 1914. Alférez en junio de 1917 y teniente en el mismo mes de 1919. A su madre, se le concedió la medalla en julio de 1928, por haber caído en combate Alfonso en Igueriben, y herido otro de sus hijos, José, en Sidi Dris el 2 de junio. El hermano mayor, Juan, compañero de promoción del capitán De la Paz, pertenecía a la escala de inválidos desde su salida de la academia debido a un accidente de equitación. Isabel Arrabal aún tuvo que padecer la pérdida de otros dos hijos; Antonio, el menor, falleció en Madrid el 29 de enero de 1929 a consecuencia de las heridas que le produjo una explosión fortuita en febrero de 1928 en el arsenal del Ferrol, siendo entonces teniente de artillería de la Armada, y Marcelino Galán, que en 1936, era capitán de fragata, y fue fusilado en Cartagena por milicias republicanas incontroladas. Juan Galán participó en la guerra civil en el bando republicano, y a pesar de su condición de inválido, prestó servicios en diferentes destinos. En 1938 fue nombrado comandante militar de Puigcerdá, Girona. Al finalizar la contienda se exilió a México donde ejerció cómo ingeniero industrial. José, el artillero herido en Sidi Dris, continuó su carrera militar y ascendió a capitán en 1924. Tras la disolución del cuerpo en 1926, se le condenó a la pena de reclusión perpetua, aunque posteriormente fue indultado y readmitido. Se retiró del ejército en 1931 y pasó a desempeñar funciones como ingeniero naval en la subsecretaría de marina mercante. Falleció en Madrid el 31 de octubre de 1979.
La 1ª batería ligera del Mixto de artillería que manda Federico de la Paz. Como oficial, solo cuenta con su compañero el teniente Julio Bustamante Vivas y los sargentos Fernández Murillo, Villalba, 6 cabos, 1 trompeta y tan solo 20 artilleros para servir las cuatro piezas Schneider de 75 mm transportadas a lomo. Por el contrario, Caballero Poveda afirma que eran 73 los componentes de la 1ª batería que quedaron en el reducto. No queda claro que la batería de Federico fuera la primera en situarse en Igueriben, porque parece que durante la ocupación se utilizó una de montaña. En todo caso, el relevo se tuvo que producir el mismo día 7, ya que así consta en la hoja de servicios de Federico y en la documentación del juicio contradictorio que se instruyó para concederle la Laureada. El capitán De la Paz se había hecho cargo del mando y administración de la batería ligera el 1 de abril, cesando como jefe de la 6ª de montaña con la que tomó parte en numerosas operaciones, entre ellas la ocupación de Sidi Dris donde coincidió con el capitán Correa y el resto de oficiales de su unidad, ahora compañeros en Igueriben.


La batería del capitán De la Paz en Nador
 
Federico partió de Melilla hacia el frente el 1 de junio, mientras la columna del comandante Villar ocupaba Abarrán. Fue la última vez que Lola Bergés, su mujer, le vio. Lo mismo ocurrió con su querido hermano Miguel, a los De la Paz el cruel destino no les permitió volverse a ver. Junto a su capitán, a pesar de no aparecer en la relación de defensores que se incluyó en el libro de Casado Escudero, se hallaba su ordenanza, el soldado Ramón Moreno Blasco. Para poder llevar hasta lo alto de Igueriben las piezas, los artilleros del capitán tuvieron que hacer un verdadero esfuerzo. 
 
Federico de la Paz en Tiquenet, diciembre de 1914
 
Para manejar la estación heliográfica nº 17 se designaron al cabo Valeriano Aguilar y los soldados Jáuregui y Cáceres, los tres pertenecientes a la compañía de telégrafos de campaña. Con respecto a la unidad de ametralladoras que se hallaba presente, siempre hemos considerado que era la del teniente Alfonso Galán y sus 15 hombres. Sin embargo, Casado afirma que esta sección se incorporó el 11 de julio para relevar a la de Ceriñola, que podría ser alguna sección de la compañía de ametralladoras del III batallón que tenía el resto de sus efectivos en Annual.
Teniente Alfonso Galán Arrabal
 
La policía indígena aportaba 1 cabo y 9 askaris que no son citados de manera deliberada por Casado, ya que mayoritariamente desertaron en el último momento. Llama la atención poderosamente que no quedara de guarnición ningún teniente médico ni personal civil sanitario, como sí ocurría en posiciones cercanas con guarniciones parecidas como Sidi Dris o Buymeyan.
Las fuerzas de la 5ª compañía de montaña de la comandancia de intendencia al mando del alférez Ruiz Osuna, y las del parque móvil de artillería del teniente Nougués, llegaron el 17 de julio formando parte de aquel último convoy que de manera temeraria consiguió llegar hasta Igueriben.


Teniente Nougués y Alférez Ruiz Osuna
 
El zaragozano Ernesto Nougués Barrera (27-10-1896) ingresó en la segoviana academia de artillería en septiembre de 1912 formando parte de la 204 promoción. En julio de 1921 se hallaba destinado en el parque móvil de artillería cuyo jefe era el capitán Miguel de la Paz, compañero de promoción del hermano mayor de Nougués. El 12 de julio desde Annual escribió por última vez a su familia, la carta que, incluida  en la investigación del general Picasso ofrece detalles interesantes sobre el pensamiento de los jóvenes oficiales. “Avances demasiado rápidos, sin consolidar bien lo que se ha ocupado, días tristísimos tras la pérdida de Abarrán y enorme depresión moral, en fin que hay África para rato si Dios no lo remedia”. Nougués y sus hombres cargaron cuantas cargas pudieron sobre los mulos para abastecer de municiones a la batería de Federico de la Paz. En la subida a la posición recibieron un intenso fuego y muchas cargas rodaron ladera abajo. El joven oficial y sus artilleros consiguieron recuperar muchas de ellas y con ellas en las manos entraron en el reducto. Nougués fue también propuesto para recibir la laureada por su bravo comportamiento en la conducción del convoy aunque finalmente se desestimó la petición familiar. En las cartas que recibió la madre del capitán De la Paz, escritas por los prisioneros que enterraron a los defensores de Igueriben figura que se localizó el cadáver de un teniente del parque móvil, sin embargo cuando años después se recuperaron los restos no se pudo reconocer a Ernesto Nougués y sus restos descansan en la tumba colectiva del panteón de héroes.
Tanto Navarro como Silvestre visitaron la posición el mismo día de su ocupación. No sería la última visita pues, como veremos, se pudieron mantener durante algunas jornadas las idas y venidas desde el campamento de Annual, prácticamente hasta unos días antes de la evacuación. Aquella noche del 7 de junio, mientras en Igueriben pasaban sus primeras horas, el Alto Comisario cursó un telegrama al Ministro de la Guerra donde le informaba de que se habían recuperado el cuerpo del cabo Zárate y otro que parecía ser el del capitán Salafranca, muertos días antes en Abarrán, y devueltos previo pago de 4000 pesetas fruto de una colecta entre los oficiales. Se les dio tierra en las proximidades de Annual, siendo todos testigos de que los cadáveres habían sido vilmente mutilados. Hasta la lejanía de Annual fue capaz de llegar el 4 de julio el teniente coronel Mariano Salafranca, para visitar la tumba de su hermano, al que sus compañeros pretendían levantar un monolito conmemorativo. Aquel enterramiento fue posteriormente citado, en varias ocasiones, por los prisioneros enterradores para señalar el emplazamiento de otras fosas. Qué fue de aquellos restos, es otra de las múltiples incógnitas irresolubles, Salafranca es uno de los seis laureados desaparecidos y que, con suerte, ocupan una de las fosas comunes del cementerio de Melilla.
También quisiera destacar que, leyendo las hojas de servicios de la mayoría de los oficiales presentes en Igueriben, y de aquellos que formaron parte de la operación de ocupación, se observa que todos ellos habían participado en muchas de las conquistas de la victoriosa campaña que Silvestre había llevado a cabo hasta esa fecha. Ahora los recordamos por su sacrificio, muerte y porque se los llevó por delante el tsunami de Annual, pero hasta ese momento, esos hombres habían conquistado Beni Said, Tafersit, los Montes Mauro o Sidi Dris y habían desembarcado en Afrau. En definitiva, eran los mismos que la prensa nacional ensalzaba por haber logrado conquistar en poco tiempo, una extensísima porción de territorio desconocida por entonces para el ejército español. Aquellos hombres, van a permanecer en el reducto 45 días durante los cuales los ataques se producirán con frecuencia. En las proximidades de Igueriben, se hallaban otras posiciones que vivieron circunstancias similares, Buymeyan, Talilit, Afrau o Sidi Dris. No en vano la mayoría de las cruces laureadas las ganaron hombres que se distinguieron en alguno de aquellos lugares: Benítez, De la Paz, Mariano García Martín, Salafranca, Cebollino, Vázquez Bernabeu, Velázquez y Flomesta. Ocho de las doce laureadas concedidas en Annual.


Posiciones españolas de primera línea en julio de 1921
 
Tras finalizar los trabajos de fortificación, se organizan los servicios que se prestarán a diario; durante el día, la guardia la formarán 18 hombres, 2 cabos y 1 sargento que cubrirán seis puestos, por las noches, se aumentan las medidas de protección y se suman hombres a la guardia hasta un total de 42, y dos oficiales, rebajando a quince minutos la estancia en los puntos, para evitar el cansancio. El comandante Mingo sabe desde el primer día, que el talón de Aquiles de la posición es la dificultad de aprovisionamiento; la aguada distante a más de cuatro kilómetros, y el convoy que desde Annual debe llegar cada dos días para garantizar la supervivencia de sus hombres. En este cometido serían empleados los Regulares de Núñez de Prado y las diferentes Mías de Policía desplegadas en la punta de lanza del ejército de Silvestre.   En diferentes ocasiones el comandante intentó localizar un pozo en las cercanías, que les permitiera no depender de tan largos y arriesgados desplazamientos para la obtención del líquido precioso. Para realizar la aguada, Mingo decidió que se encargaran de este cometido, 20 hombres al mando de un sargento y un cabo, distribuidos por parejas a lo largo del camino. 
 
Vista aérea de una posición en el Rif
 
La primera noche gozaron de tranquilidad y no hubo sobresaltos. Después, todo cambiaría. Según reza en la hoja de servicios de Federico de la Paz, se disparó para rechazar al enemigo o proteger la llegada del convoy los días 14, 16, 19, 27 de junio y 1, 4, 6, 7, 9, 11, 12, 14, 15, 16, 17, 18, 19, 20 y 21 de julio. Especialmente dura fue la última semana en la que no cesó el fuego ni un solo día, con el consiguiente deterioro físico que suponía para los defensores. Sirva como ejemplo que el 14 de junio, según figura en la hoja de servicios del capitán Correa, se soportaron nueve horas de fuego continuado. Ésta fue en esencia la rutina de la posición; calor, sed, piojos, parapeto y más parapeto, falta de sueño y aislamiento. Lo catastrófico fue que el sufrimiento fue in crescendo a medida que se adentraban en el mes de julio, entonces, todos, desde el comandante hasta el corneta, tuvieron que sufrir lo indecible. 
 

Soldados de Ceriñola 42
 
De entre todos aquellos días de junio en los que la posición fue hostilizada, uno de los que han pasado a la historia por su importancia, fue el día 16, en el que sucedió el conocido como combate de la Loma de los Árboles. Aquella mañana, el comandante Villar conocía por confidencias recibidas, que se habían concentrado un gran número de enemigos en la llamada Loma de los Árboles. Comunicó sus temores al general Navarro que se hallaba en Annual, pero éste ordenó realizar, como era costumbre, la descubierta y la aguada de Buymeyan, para lo cual partieron de Annual fuerzas de Policía al mando de Villar, dirigiéndose inevitablemente directos al enemigo. Han quedado testimonios de aquel combate desde todos los ángulos. Aquellos que estaban en Buymeyan, los que partieron de Annual y finalmente los defensores de Igueriben, fueron todos testigos directos de los acontecimientos. Las fuerzas de Villar son atacadas en cuanto se aproximan a la loma y sufren bajas, de las que se encarga uno de los protagonistas de la jornada, el teniente médico Vázquez Bernabeu. El joven galeno se halla destinado en Buymeyan y lleva más de un año en el territorio donde en varias ocasiones había sido citado como distinguido. De su comportamiento aquel día, ha quedado un amplio testimonio gracias a la investigación que llevó a cabo el comandante Fernández Alarcón, designado juez instructor en primera instancia. De la lectura del citado documento, deduzco que los rifeños habían ocupado eficazmente y con gran presencia de fuerzas los alrededores, que tal vez se deberían haber adoptado medidas más prudentes antes de enviar a las fuerzas de Villar, y también que Vázquez se comportó como un jabato, curando heridos y ayudando a los oficiales a contener la desbandada que se produjo casi a las primeras de cambio.
En Annual, ante el cariz que toman los acontecimientos, Navarro ordena que parta otra columna a las órdenes del jefe de Regulares, Núñez de Prado. La forman dos tabores, uno de infantería y otro de caballería, la 2ª batería de montaña del capitán Galbis, y una compañía de Ceriñola al mando de Emilio Morales Tovalina, el teniente Arce y los alféreces Cosidó y Moreno Farriols. Todos los esfuerzos resultarían baldíos ante la encarnizada resistencia de los hombres de Abd el Krim, conscientes de su superioridad y de la importancia estratégica del lugar. A las seis de la tarde, desde Annual les ordenan retirarse. Cuando el comandante Fernández Alarcón buscó testimonios para justificar la laureada del teniente médico, se encontró con que muchos de aquellos testigos habían muerto o desaparecido un mes después. Carrasco, Saltos, Villegas, Martín Elviro, Sousa, Guzmán, Moreno de Guerra, Morales y el propio Villar, jefe de las fuerzas de policía. Sin embargo, antes de fallecer en combate en Buhafora, el teniente Manuel Sousa escribió a su padre, el general de artillería José Sousa del Real, explicando detalladamente el comportamiento del teniente Vázquez. Aquella carta, y los testimonios de otros supervivientes como el también médico Salarrullana, le valieron la Laureada al bravo médico que, enfermo de gastroenteritis, también supo llegar al límite y escapar con vida. Tras el desastre y su posterior fuga del cautiverio, continuó mucho tiempo en el protectorado aunque desde entonces parece que le abandonó la baraka que le protegió aquel 16 de junio. Su salud quedó muy mermada y ya nunca la recuperaría al completo. Perdió, años después, a su mujer Trinidad Vidal al poco de casarse, y finalmente, sería fusilado en Paterna por milicianos incontrolados que lo sacaron del sanatorio donde se recuperaba, para desaparecer para siempre.


Capitán Vázquez Bernabeu
 
Cuando hace meses visité en Masanassa el camposanto donde reposan los restos de sus familiares, pensé en su evasión de la guarida de Abd el Krim, nadando hacia el Peñón de Alhucemas donde daría un tremendo susto a los centinelas. Paseando por el pueblo, junto a la iglesia escuché el tañido de la campana que la hermana de Vázquez Bernabeu, Rosa, regaló a la parroquia. También me contaron que una calle del pueblo se llamó capitán Vázquez, aunque después le cambiaron el nombre. A pocos kilómetros de allí, en Quart de Poblet, el hospital militar de Valencia sigue luciendo el nombre de uno de los dos únicos laureados del desastre que no lo fueron a título póstumo, y que fallecieron en la guerra civil.
¿La pérdida de la Loma fue el preludio de la tragedia? Según Rodríguez de Viguri, defensor de Navarro, no fue así ya que posteriormente se vivieron de nuevo días de tranquilidad en el frente de Igueriben, y prueba de ello fue la visita que el Barón de Casadavalillos, su ayudante y un oficial de estado mayor realizaron, tres días después del combate. La defensa del general había aportado informes favorables a la ocupación de la loma (teniente coronel Fernández Tamarit), pero también otros contrarios a su conquista como el del coronel Morales y el comandante Cabrerizo del estado mayor. La responsabilidad de Navarro quedó supeditada a la de su superior en la comandancia. Silvestre asumió de nuevo el fracaso de la operación, valiéndose el abogado de Navarro, de la doctrina del Consejo de Marina y Guerra: “La obediencia del inferior y la aprobación del superior descargan la responsabilidad, asumiéndola quien aprueba”.
El comandante Mingo sigue insistiendo en la necesidad de buscar agua cerca, obtiene de su general la promesa de enviarle herramientas para poder cavar y sus hombres cavan y cavan sin obtener resultado alguno. El compacto y pétreo suelo de la colina se resiste a ser perforado y ante las dificultades se ven obligados a desistir. El mes de junio finaliza sin que el principal problema de Igueriben quede resuelto. Ni siquiera una confidencia que hizo llegar al comandante un influyente rifeño sobre un antiguo pozo, se convirtió en realidad y tuvieron que continuar las arriesgadas aguadas. Finaliza junio con una exhibición de los rifeños, que desde la cumbre del Amar U-Said, a 1300 m. de altura, enseñan con altivez los cañones perdidos en Abarrán. Aunque aquel día no hicieron fuego, no tardarían en enfilarlos hacia la colina consiguiendo que algunos impactos hicieran blanco en el interior de la posición. 


Rifeños entre trincheras
 
El 2 de julio, el alférez Villanova se desplaza hasta Annual para, entre otras gestiones, recibir los haberes de los oficiales y soldados. Este detalle es importante porque aumentó el botín al sucumbir la posición. Sabemos que el capitán De la Paz llevaba encima mil pesetas, que se correspondían a los sueldos de junio y julio. Rafael Villanova Hoppe (30-04-1894), había ingresado en el ejército en enero de 1916. Tras su paso por la academia, obtuvo el despacho de alférez en junio de 1919 y sirvió primero en el regimiento de Extremadura en Algeciras y en Cazadores de Tarifa, Larache, hasta que poco antes del desastre fue destinado al de Ceriñola. Había nacido en el seno de una conocida familia originaria del granadino pueblo de Gójar. Su padre, Juan Villanova de la Cuadra, fue senador así como su abuelo materno Federico Hoppe. Sobre la familia paterna, se conoce una interesante historia de parentesco con Luciano Bonaparte, uno de los hermanos de Napoleón. Rafael Villanova Rattazzi, primo hermano del alférez Villanova, llevaba entre sus apellidos el de Bonaparte, murió en octubre de 1937 siendo capitán de caballería y jefe del tercio de requetés de Navarra, se le concedió a título póstumo la medalla militar individual.
En el campamento de los regulares de Annual, se recibe la noticia de la muerte por enfermedad en Melilla, del comandante de caballería Carlos Mielgo Pascual. Las muertes por enfermedad eran, por desgracia, corrientes en los hospitales melillenses, en los que, prácticamente cada día, morían soldados víctimas de dolencias no debidas, al menos directamente, a los combates. También durante el mes de junio, fallecieron víctimas de un accidente de aviación ocurrido el día 17, el teniente Ramón Ostariz Ferrandiz y el soldado de ingenieros y observador Antonio de Cabo Rodríguez. El piloto, era hermano del capitán de ingenieros Luis Ostariz, ayudante de órdenes de la comandancia de ingenieros de Melilla y fallecido en 1927 en Tabarrán.


Vista aérea de las posiciones españolas
 
Tras la partida a Melilla del capitán Fernando Correa, asume el mando por antigüedad el veterano teniente Manuel Castro Muñoz, que había cumplido 40 años el mismo día que se perdió Abarrán. Castro había nacido en Toledo en 1881, y era hijo del capitán de infantería Cayetano Castro Pereira. Inicia su carrera como soldado voluntario en junio de 1900, ascendiendo a cabo y a sargento en 1901, empleo en el que permaneció durante doce años. En 1908 se casó en Granada con Mª Remedios Vallejo Cabezas, hallándose destinado en el regimiento de Extremadura 15, en Algeciras. Participó en la campaña del Kert formando parte del 59 de infantería, y ascendió a teniente en septiembre de 1913, tras más de trece años de servicio durante los cuales permaneció en Marruecos la mayor parte del tiempo. Tras un breve paso por Cataluña en el batallón de cazadores de Granollers, y en la caja de Olot, es de nuevo destinado al regimiento de Ceriñola donde se incorpora el 22 de octubre de 1920, participando en un alto número de misiones durante la campaña que orquestó el general Fernández Silvestre. Finalmente sería destinado a Igueriben, incorporándose, tal como indica su hoja de servicios, el 20 de junio, aunque este extremo no es contemplado en el libro de Casado Escudero. 

Detalle monumento en Málaga
 
De los 106 oficiales (1 coronel, 3 tenientes coroneles, 5 comandantes, 25 capitanes, 44 tenientes y 28 alféreces) que figuraban en el regimiento de Ceriñola, 15 eran tenientes de la Escala de Reserva, de los que cuatro murieron en combate: Castro Muñoz, Sierra Serrano, Grau Domenech y Rodríguez Pons.
Justo Sierra Serrano nació en Alcázar de San Juan en mayo de 1881, hijo del veterano capitán de infantería Francisco Sierra Muñoz y de Luisa Serrano Bautista. Recién cumplidos los 16 años, ingresa como soldado voluntario en el regimiento de África 4, posteriormente denominado Melilla 2. En 1900 ya era sargento, y prestó servicio durante muchos años en diferentes destinos de Marruecos. Participó en la campaña del Kert haciéndose acreedor de varias condecoraciones. Tras doce años como sargento, ascendió a alférez en agosto de 1912, y a teniente, en agosto de 1915. En 1918, permutó su destino, y tal vez su suerte, con el teniente Baltasar García Valdecasas, siendo enviado al regimiento de Ceriñola. Participó en muchas conquistas durante la campaña de 1920-21, tomando parte en la conquista de Annual, Sidi Dris, Talilit, etc. El 7 de junio, quedó destacado en Igueriben tras haber entregado en marzo el mando  de su compañía, que ejercía accidentalmente, al capitán Arturo Bulnes. El 19 de julio fue herido en la cabeza, y así lo comunica a la comandancia el coronel Argüelles desde Annual. Tras su desaparición, se inició un expediente informativo para conocer los detalles de su muerte. La investigación fue dirigida, en julio de 1922, por el comandante y juez de causas de Melilla, Manuel Ramírez González, y el teniente Joaquín García-Morato Ruiz. En ella declararon cuatro supervivientes de Igueriben: dos sargentos y dos soldados. Los primeros eran, por deducción, Hermenegildo Dávila y el recién ascendido sargento Manuel López Prada. Todos ellos afirmaron sin ningún género de dudas, que el teniente Sierra murió el 21 de julio cuando al frente de su sección marchaba en dirección al campamento de Annual. Su cadáver quedó abandonado a unos quinientos metros de la posición, en un arroyo que cruzaba el camino de la posible salvación. Una vez acreditada su muerte, se pudo expedir el certificado de defunción. Así le fue comunicada la muerte a su viuda Remedios Jurado Salas, con quien se había casado en la parroquia del distrito de la Merced, en Málaga, habían tenido cuatro hijos y  residían en Melilla. En 1926, los Reyes se trasladaron a Málaga donde se inauguraba la estatua dedicada a Benítez y los suyos. Antes de asistir al acto, visitaron el barrio de Ciudad Jardín, donde se construía una gran barriada de nuevas casas. El monarca, recibió de manos de los constructores las llaves de la primera casa con la idea de donarla a la familia de un obrero malagueño. Sin embargo, Alfonso XIII y el alcalde de Málaga José Gálvez Ginachero, decidieron que aquella casa de la avenida Jorge Silvela, fuese cedida a Remedios, viuda del teniente Sierra Serrano. Rocío, biznieta del oficial, me contó que allí guardaban los sables del bisabuelo, que fue todo lo que quedó de él, y que aún en la actualidad reside la familia en el mismo domicilio, junto al Mediterráneo.

Ciudad Jardín, Malaga en 1927
 
El 5 de julio se recibe en Igueriben, la visita del coronel Argüelles, jefe de la circunscripción de Annual a la que se había incorporado tres días antes. El jefe del Mixto se reúne con los oficiales entre los cuales se hallan dos del regimiento que manda y que conoce perfectamente. En marzo de 1919, Argüelles fue uno de los testigos del enlace entre Federico de la Paz y Lola Bergés Canseco, que celebró el capellán del regimiento Lucio Rosado en la capilla castrense de Melilla. También firmaron como testigos el coronel Fernández Pérez, el capitán Juan Villasán, y el teniente y futuro cuñado Julián García Valbuena, todos ellos de Alcántara 14. Desde que a finales de mayo, el coronel José Riquelme se trasladó a la península con motivo de una intervención quirúrgica, Argüelles y Manella alternaron el mando de su circunscripción de Annual, reemplazándose cada quince días. El jefe del mixto, tras el desastre, pasó a la reserva por haber cumplido la edad reglamentaria, y en diciembre de 1923 se le concedió el empleo honorífico de Brigadier.

Oficiales 1ª batería ligera
 
Argüelles y su escolta abandonaron la posición siendo paqueados, ante lo cual el comandante organizó un servicio de contra tiradores que, desde el parapeto, estarían atentos a la mínima señal de humo que proviniera de las inmediaciones. En este cometido se destaca el corneta Pablo Cantalicio. En Igueriben servían 5 cornetas, 2 tambores y 2 educandos. Todos murieron en combate y, aunque desconozco qué edad tenían, debían hallarse entre los más jóvenes especialmente los educandos Salvador Castro y Santiago Molina. En las listas de bajas figuran muchos de aquellos jóvenes educandos y cornetas de Ceriñola, entre los afortunados que pudieron acogerse a la plaza, figuraron José Corvalán García, José Castillo Martín, José Fernández Pérez, salvado milagrosamente de Sidi Dris, y Salvador Sancho Ponce prisionero en Axdir.
Precisamente como educando de banda ingresó, en 1908, Julio Bustamante Vivas. Era hijo del entonces capitán de infantería de Marina, Víctor Bustamante, y de Rosa Vivas Arenzana, habiendo nacido en San Fernando el 15 de febrero de 1893. Tras permanecer varios meses como soldado de infantería de marina, ingresó en la academia de artillería en septiembre de 1910. Durante su estancia en el centro formativo, coincidió varios años con el que sería su jefe, compañero y amigo en Igueriben, Federico de la Paz. Consiguió el empleo de teniente en junio de 1917, y fue destinado al 2º regimiento de artillería de montaña, y posteriormente a la comandancia de artillería de Cartagena, desde donde partiría a Melilla en julio de 1918. Desde el primer momento, fue su jefe el capitán De la Paz, primero en la batería de montaña y posteriormente en la ligera. Sus destinos irían unidos hasta en la posteridad; sirvieron juntos, murieron uno al lado del otro, y sus restos reposan en nichos contiguos en el panteón de héroes.


Oficiales del Mixto de artillería en 1920
 
El día 11, según Casado, se produjo el relevo de la sección de ametralladoras quedando en la colina los hombres del teniente Alfonso Galán Arrabal. La compañía de ametralladoras de posición que mandaba el capitán Benigno Ferrer Cabal, tenía una sección destacada en Talilit al mando del teniente José Aguilar de Mera. El tercer oficial de la compañía, Joaquín Vara de Rey, y su sección, constituían parte de la guarnición de Afrau de la que era jefe el cordobés Francisco Gracia Benítez hasta su muerte el 23 de julio. En Talilit, forman la guarnición 4 oficiales y unos 150 hombres que reciben la orden desde Annual de replegarse sobre Sidi Dris, donde una gran mayoría moriría el 25 de julio, tras el fallido intento de alcanzar los botes que los buques de la Armada de guerra les enviaron desde el litoral. La totalidad de los oficiales de ambas posiciones sucumbieron, entre ellos, los hermanos Leopoldo y José Aguilar de Mera. Cinco años después, otro hermano, Jenaro, localizó sus cadáveres y el 30 de junio de 1926, regresaron al campamento de Annual desde donde fueron trasladados y enterrados en el cementerio de Melilla. Leopoldo Aguilar era ya, a pesar de su juventud, un poeta en ciernes y había estrenado varias obras de teatro, la última en Melilla. Dejo para otra ocasión el hablar más detalladamente de su figura. En diciembre de 1923, la ciudad de Melilla dedicó una calle en su honor, nombre que sigue llevando en la actualidad. También pudieron ser identificados en Sidi Dris y sepultados en el panteón de héroes, los restos de los tenientes José Acuña, Luis Hermida y Federico García Moreno, todos ellos muertos en aquella trágica evacuación, en la que solo alcanzaron la seguridad de los barcos, el sargento Andrés Mariscal y 25 soldados de Ceriñola de los más de trescientos que se hallaban presentes.
El día 1 de junio quedó definitivamente ligado a la pérdida de Abarrán y las consecuencias que se derivaron de ella, pero para uno de los defensores de Igueriben, fue un día importante, por otra razón muy distinta ya que recibió el consentimiento real para contraer matrimonio. Arturo Bulnes Martín-Vegue nació en Trueba el 24 de agosto de 1895, y era hijo del entonces subintendente Arturo Bulnes Ureña y de Matilde Martín-Vegue Jaudenes. Con tan solo quince años, ingresó en la academia de donde salió como 2º teniente en junio de 1914. Antes de su ascenso a teniente, pasó a formar parte del cuadro de eventualidades del regimiento de Melilla, donde permaneció tras su promoción a teniente. Tras dos años en el Protectorado, vuelve a la península y en junio de 1920, asciende a capitán por antigüedad y por fin se incorpora al regimiento de Ceriñola en abril de 1921. Bulnes tenía previsto casarse con Rosa María, su prometida, el 7 de agosto. Tras su muerte en combate, tan sólo dos semanas antes, el que hubiera sido su suegro, coronel de infantería, se desplazó a Melilla con el objetivo de recabar información sobre el joven oficial. Nunca más se supo de él y un año después fue dado por desaparecido oficialmente. Fue propuesto para recibir la laureada y se abrió juicio contradictorio que finalmente le fue adverso. Conocíamos la historia del teniente Medina y Rosa Margarita, la novia de Intermedia A, ahora, igualmente sabemos que Igueriben tuvo también su novia.


Convoy a una posición española en 1921
 
Poco antes de producirse el relevo en la jefatura de la posición, los zapadores la visitaron de nuevo para realizar obras que permitieran cambiar la puerta de acceso en el reducto. La sección de ingenieros llegó el día 12 de julio por la mañana, y en pocas horas finalizó el trabajo. La puerta quedaba cubierta por las ametralladoras de posición cuyos sirvientes tenían su alojamiento junto a los policías y el cuerpo de guardia, en el frente que abarcaba el camino de la aguada. En el centro del corralito, la tienda del comandante jefe, y a su lado, los telegrafistas. En el frente contrario y apuntando hacia la Loma de los Árboles, los cañones del capitán De la Paz, que compartía tienda con Bustamante y Galán, y tras ellos, los artilleros y otra tienda cónica ocupada por los sargentos del Mixto. En total, formaban el reducto siete tiendas para oficiales y sargentos, 6 alojamientos para la tropa, el depósito de víveres, las cocinas, letrinas y un puesto de guardia protegido junto a las piezas de artillería. También se habilitó una pequeña cuadra que resultó insuficiente para acoger las caballerías que llegaron con el convoy del día 17. Entre los conductores de aquel postrero convoy, se hallaba el sevillano Enrique Ruiz Osuna. El alférez Ruiz nació en Peñaflor el 14 de diciembre de 1889. Ingresó como soldado voluntario de caballería en cazadores de Alfonso XII, en marzo de 1911. Posteriormente, pasó al arma de intendencia donde permanecería hasta su muerte en combate. Ruiz Osuna se ganó el ascenso a sargento por los méritos  contraídos durante las operaciones en Larache en 1913, y obtuvo el grado de alférez en enero de 1919. Se incorporó a la comandancia de intendencia de Melilla el 29 de julio del mismo año, siendo destinado a la 5ª compañía de montaña donde tomó parte en un gran número de operaciones por las que fue citado como distinguido en dos ocasiones. El 1 de junio de 1921, al frente de su sección, participó en la conquista de Abarrán. En los días previos a la caída de Igueriben se volvió a destacar y el 17, al frente de sus hombres y sus acémilas, llevó la última ración de agua a los hombres de Benítez. No parece que la idea del estado mayor fuera que se quedaran en Igueriben aquel día, pero ante el cariz que tomaron los acontecimientos así se decidió, y fue muerto en combate junto a la mayor parte de sus hombres. En la actualidad una calle de Peñaflor lleva su nombre.

Igueriben, dibujo de Luis Casado
 
Como no podía ser de otra manera, existen también diferentes versiones del día en que Julio Benítez se hizo cargo de su último destino. Según Casado lo hizo el 13, en su hoja de servicios, sin embargo, figura el día 10 de julio. Lo que sí parece claro, es que el oficial saliente, Mingo, se entrevistó con Silvestre en Melilla, el viernes 15 de julio. De la famosa nota que éste escribió al ser relevado, me gustaría destacar que tras volver a insistir en la urgencia de encontrar un pozo, anota que es necesario recibir el correo a diario, al que concede la misma importancia que al pan. Mingo era consciente del positivo impacto psicológico que causaba entre sus hombres recibir y enviar noticias del exterior. También recomendaba, para mejorar las condiciones de vida de la tropa, desmontar y hacer barracones nuevos, y solicitaba obuses, estopines y granadas, lo que parece comprensible dada la situación que se vivía tras el combate del 16 de junio. Lo que resultan más chocantes, son sus recomendaciones sobre arrasar las kábilas, quemar cosechas y propinar palizas diarias. ¿Ésta habría sido su táctica si hubiera seguido al frente de la posición?
Julio Benítez es todo un mito en la historia del Desastre, tal vez junto al capitán Arenas y el teniente coronel Primo de Rivera, uno de los más mediáticos y homenajeados tras su muerte en combate. Calles, cuarteles, monumentos y cuadros recuerdan al malagueño oficial nacido en El Burgo en 1878.

Málaga, monumento al comandante Benítez

Entre los componentes de su promoción, se cuentan algunos que serían compañeros en Annual, como Fidel Dávila y el también fallecido Wenceslao Sahun. También otros nombres ilustres de las campañas de Marruecos, Claudio Temprano, González Tablas, Millán Astray, Federico Berenguer, Adolfo Arias o el laureado Navarro Ramírez de Arellano. Benítez participó en la Guerra de Cuba donde enfermó de las  fiebres que le acompañarían toda la vida, fue herido en La Caridad y recibió la Cruz de María Cristina. A finales de 1898, vuelve a la península a bordo del vapor “Nuestra Señora de la Salud” a recuperar, precisamente, la suya. En febrero de 1905 asciende a capitán, y tres años después recibe un permiso extraordinario de seis meses para realizar un viaje por Bélgica, Francia e Inglaterra, así como otros permisos debidos a recaídas de las dolencias de la guerra en el Caribe. En mayo de 1912, obtiene su primer destino en Ceriñola en los destacamentos cercanos al Kert, Ishafen, Talusit, Ras Medua. En diciembre del mismo año se casa en Málaga con Nieves Fernández Ajas, a la que recordamos de luto junto a Casado Escudero, en la inauguración del monumento a su marido muchos años después. Con Nieves tendría, en 1914, a su única hija Julia, como su abuela y padre. A los 36 años asciende a comandante por antigüedad y, finalmente, en enero de 1918, regresa a Ceriñola y permanece en el regimiento hasta su muerte. Benítez participó al mando de diferentes columnas en toda la campaña de Silvestre e intervino en muchas operaciones en todo el territorio. Pero fue a partir del mes de junio cuando su nombre empezó a  sonar con fuerza, tras el ataque que se desencadenó sobre Sidi Dris y en cuya conquista había participado en el mes de marzo.

Restos de la posición de Sidi Dris
 
Tras el asalto y pérdida de Abarrán, la Harka atacó duramente la posición de Sidi Dris, enclavada en un acantilado sobre el Mediterráneo, por lo que solo ofrecía un frente para su defensa por tierra. Benítez ya había estado al frente de la guarnición antes del mes de junio, y conocía perfectamente las dificultades para afrontar un ataque a gran escala. Participaron en el ataque miembros de las kábilas de Tensaman, Bocoya y Beni Urriagel, y el ataque se prolongó durante 34 horas. Defendían Sidi Dris dos compañías de infantería, un destacamento de policía indígena y una batería de la comandancia. Tras recibir noticias de la agresión, Silvestre ordena que el Laya, el Gandía y la escuadrilla de Zeluán que manda Pío Fernández Mulero, colaboren con los hombres de Benítez para abortar la operación rifeña. Mandaba la artillería de Sidi Dris el teniente José Galán Arrabal que resultó herido de un balazo en el muslo, y para compensar su baja, el comandante del Laya, Francisco Javier de Salas, ordenó que desembarcara una sección de 14 hombres al mando de un contramaestre y del alférez de fragata Pedro Pérez de Guzmán. Los marineros del Laya consiguieron llegar a tierra e instalaron dos ametralladoras para reforzar la defensa, mientras Pérez de Guzmán se hacía cargo de las piezas que llegaron a disparar con la espoleta a cero. Por estos hechos fue condecorado con la medalla militar individual el alférez Pérez de Guzmán, que posteriormente recibiría la medalla naval por la misma acción. El marino había nacido en Huelva en 1901, y tras su ingreso en la escuela de la Armada, afrontaba en Sidi Dris, su primer destino tras recibir en 1920 el despacho de oficial. Días después, se volvió a distinguir durante la fallida evacuación de la posición, por lo que volvió a ser condecorado con otra medalla militar que le fue impuesta en Sevilla por Alfonso XIII. Se retiró del ejército en 1931, aunque volvió a ingresar en sus filas al estallar la guerra, sirviendo en el bando de los alzados en armas, y de nuevo obtuvo otra medalla naval por su actuación al frente del Tercio de Requetés del Rocío. Años después, Franco le ascendió consecutivamente llegando a alcanzar el empleo de almirante honorífico. Falleció el 21 de julio de 1979 en Sevilla, habiendo sido con anterioridad, alcalde de su Huelva natal y procurador en Cortes.

Playa de Sidi Dris
 
El teniente Galán se recuperó de sus heridas sin abandonar la posición, y la comandancia de artillería envió para substituirle al capitán Julián Zabaleta Menéndez-Valdés. Ambos abandonaron Sidi Dris el 23 de junio, quedando al frente de la batería el teniente Joaquín Fontán Lobé quien moriría al frente de sus cañones el 25 de julio. Los cuerpos de los defensores fueron enterrados en una fosa común por los prisioneros enterradores. Años después, la armada de guerra utilizaba aquellas costas como polígono de tiro. En el transcurso de los ejercicios se disparaba contra los restos de la antigua posición, sin que los marineros supieran nada del enterramiento. Los obuses explotaron levantando y removiendo las fosas que habían cavado los soldados españoles. Aún hoy en día, prácticamente a ras de suelo, aparecen por doquier pequeñas esquirlas blancas, restos de fragmentos óseos de los defensores. No deja de sorprender que ni políticos ni militares, fueran capaces de haber enterrado dignamente a los defensores de aquel lugar. No debemos olvidar que en Sidi Dris, la mortalidad fue prácticamente la misma que en Igueriben y que es uno de los episodios del desastre que merecería mayor atención por su épica.
Julio Benítez fue felicitado por el comandante general tras el episodio del 2 de junio, y hasta incluso fue propuesto para recibir la laureada. El 23, junto a los artilleros relevados, vuelve a Melilla siguiendo la costumbre de alternarse en el mando de los destacamentos, y permanece allí, hasta que el 10 de julio se hace cargo de Igueriben donde llega con su asistente, el soldado de Ceriñola, Víctor Martínez. Tras intercambiar impresiones y novedades, finaliza la habitual ceremonia fundiéndose en un abrazo con Mingo, al que el azar permitió estar en la plaza, mientras en Igueriben se preparaban para sufrir y básicamente para morir, aunque como veremos, también hubo vida tras Igueriben, más de la que históricamente se nos ha contado.

Agradecimientos
Quiero agradecer especialmente a Pilar toda la ayuda que me ha prestado desde que  hace meses empezamos a investigar sobre sus tíos abuelos, los capitanes De la Paz Orduña. Sin ti, Pilar, no hubiera sido posible publicar este artículo. También quiero dar las gracias a Fernando, nieto del capitán Correa, por enviarme información y fotografías de su abuelo. A Rocío Sierra, biznieta del teniente Justo Sierra que desde Málaga mantiene viva la memoria de su antepasado. En último lugar quisiera dedicar este modesto homenaje a todos los defensores de Igueriben con la esperanza de que su recuerdo se mantenga entre nosotros.

Bibliografía y relación de los defensores de Igueriben

viernes, 1 de abril de 2011

Vidas Paralelas. Tras los pasos de los hermanos De la Paz Orduña.



VIDAS PARALELAS


Tras los pasos de los hermanos De la Paz Orduña.
Hace meses contacté a través de un foro de historia militar con Pilar, sobrina nieta de Miguel y Federico de la Paz Orduña. En un principio pensé que el contacto no llegaría más allá de algún intercambio de correos solicitando información y el envío de fotografías u otro tipo de documentación. Tengo que reconocer que erré de plano en mis pronósticos. El interés de Pilar por la figura de sus antepasados ha sido y es constante, decidido y persistente. Desde entonces, nos hemos sumido en una apasionante investigación que ha llevado a profundizar en todos los recovecos de la vida de los capitanes. Por esto quiero mostrarle mi gratitud por la confianza depositada y la estrecha colaboración. No menos agradecimiento siento hacia Pili Campuzano de la Paz, sobrina de los capitanes. También  me gustaría dedicar este homenaje a todas las nietas y nietos de los tres hermanos De la Paz. Estoy convencido que rescatar su recuerdo y rememorar sus trayectorias es el más sano ejercicio que se puede realizar para recuperar su memoria histórica.
Mucho tiempo llevaba madurando publicar un relato sobre alguna de las tristes historias fraternarles que ocurrieron en aquellos días de julio. Creo sin duda que la que protagonizaron los hermanos De la Paz es una de las que más conmovieron a la opinión pública de entonces. Recordar a Miguel y Federico es también rendir homenaje a las diferentes parejas de hermanos que murieron en la vorágine del desastre. A día de hoy conocemos detalles de toda su vida y la familia ha sabido guardar un amplio e inédito archivo fotográfico que condimenta con soltura la información escrita y oral. Utilizar gran parte de ese material gráfico nos permitirá repasar la carrera y los acontecimientos en los que se vieron inmersos Miguel y Federico. Una vida en imágenes para recordar la figura de los hermanos De la Paz Orduña.
 

Miguel y Federico. In memoriam.

I- La forja de un artillero

Todo olía a pólvora
“Federico y Miguel de la Paz eran dos hermanos que se querían entrañablemente, que hicieron juntos los cinco años de academia y después pidieron ser destinados al mismo regimiento para no estar separados”.
Quien así se expresaba era Antonio Alonso Estrada, compañero de promoción de Miguel y Federico. Esta afirmación no la hizo poco después de sus muertes en combate, sino al cumplirse las bodas de oro de la promoción en 1959. Entonces y a pesar del tiempo transcurrido, el general Alonso aún recordaba con nitidez la indisoluble relación que les unía.


Casa natal, calle del Sol, 12.
Miguel y Federico nacieron en el número 12 de la segoviana calle del Sol. Miguel, el 19 de marzo de 1891 y su hermano el 26 de marzo de 1892. En casa todo olía a pólvora y su vocación castrense venía avalada por la estrecha vinculación a la milicia, especialmente a la artillería, de las familias de sus progenitores. Sus padres fueron, Francisco de la Paz Gandolfo y María Orduña Odriozola. A medida que he ido penetrando en el universo familiar, he descubierto con asombro cómo todas las ramas de aquel castrense árbol genealógico se poblaban de hombres que dedicaron su vida al ejército.

Segovia, 1897.
El padre, Francisco de la Paz Gandolfo, capitán de artillería, profesor de la academia y un experto técnico en aquellos momentos destinado en el regimiento de Sitio en Segovia. Su tío, Miguel, oficial de sanidad militar, alcanzó en 1923 el generalato. La hermana de ambos, Amalia, se casó con José Centaño Anchorena que llegó a alcanzar el empleo de brigadier de estado mayor y fue gobernador militar de Guinea en 1908. Su hijo  José, era desde principios de siglo oficial de infantería.
La influencia artillera era muy evidente por parte materna. Salvador Orduña, hermano de la madre, era por entonces capitán de artillería y años después coronel y fundador de Unión Patriótica. Dos hermanas de María Orduña, Margarita y Asunción se casaron con oficiales de artillería. Margarita unió su vida con José Gomá Armijo, capitán y profesor de la academia. Sus tres hijos varones (José, Ignacio y Federico Gomá Orduña) siguieron fieles a la tradición familiar artillera. Asunción se casó con el capitán Rafael Latorre, futuro teniente general. Hubo un momento en que coincidieron cinco primos hermanos en las diferentes academias el mismo año. En aquella familia, todos los caminos conducían hacia la academia de artillería.



El 28 de febrero de 1900 la familia De la Paz Orduña se completó con el nacimiento de María Fuencisla, Maruja, a la que sus hermanos mayores querrían con devoción y con quien mantuvieron una entrañable relación.
Maruja de la Paz Orduña
Mayo de 1909, exámenes de ingreso.
El 5 de mayo el Ministerio de la Guerra presentó los datos de los aspirantes que opositaban para ingresar en la academia. Fueron admitidas un total de 1197 instancias y se decretó que ingresaran en esa promoción 60 cadetes. Más de mil ilusiones se quedarían por el camino. Aquellos jóvenes candidatos daban color a las calles de Segovia que se vestía con la luz del mes de mayo. Llegaban de todas partes con ese aire de curiosidad y preocupación ante la dura prueba que mayoritariamente les devolvería a sus casas con ánimo de desquite. En aquellos momentos, la vocación militar tenía un importante arraigo y era más que normal que muchos de aquellos bisoños aspirantes tuvieran que presentarse en varias ocasiones. Tan solo uno de cada veinte podría subir los catorce peldaños que dan acceso a la entrada de la academia por la calle de San Francisco. Muchos de ellos estudiaban en las diferentes academias preparatorias repartidas por toda España y posteriormente se desplazaban a Segovia para examinarse. En Madrid la academia más conocida y que gozaba de mayor prestigio era la que dirigía el teniente coronel Bonet Lara.


Academia de artillería. Segovia 2010.
Para aquellos que fueran hijos de militares el ministerio publicó una R.O. con fecha del 14 de mayo. En ella se autorizaba a los capitanes generales a conceder permisos a aquellos jefes y oficiales que los solicitasen con el objetivo de acompañar a sus hijos durante las pruebas de acceso.
El lunes 17 dan comienzo los primeros ejercicios y los nervios se disparan en las aulas de la institución. Dos días después, supera el primer ejercicio Narciso Rodríguez Ramírez que obtuvo un 16 en álgebra y otro tanto en aritmética. Fue sin duda premonitorio ya que años después ocupó uno de los primeros puestos de su promoción. Los días pasaban y se iban publicando las listas de excluidos que volverían a sus casas con el disgusto reflejado en sus rostros. Miguel y Federico superaron con éxito el primer ejercicio el lunes 7 de junio. En los dos siguientes, que se celebraron el 21 y 26, obtuvieron notas que les permitieron ingresar en el cuadro medio de la promoción. Miguel aprobó aritmética con un 10.50, álgebra 11.50, geometría 11 y trigonometría 11.50. Federico por su parte obtuvo 8.50, 9.50, 10.50 y 11.50. Finalmente, los dos obtendrían plaza de ingreso para formar parte de la promoción 201 de la academia de artillería fundada el 17 de mayo de 1764 a sugerencia de su primer director, Félix Gazzola. Los cinco años de estudios les otorgarían, además del despacho de teniente la titulación de ingeniero industrial militar. La formación se dividía en dos ciclos bien diferenciados. Durante los tres primeros años las asignaturas tenían un carácter más general: álgebra, geometría, dibujo, idioma, deportes como gimnasia o esgrima, mecánica, física y química. En los dos últimos cursos se impartían las materias más especializadas: balística, artillería descriptiva, equitación, prácticas de tiro, fortificaciones, industria militar, etc. Al finalizar el tercer año serían promovidos a segundos tenientes alumnos sin abandonar la academia. En infantería o caballería los cadetes cursaban los dos últimos años en regimientos ejerciendo como oficiales. Muchos de ellos serían destinados a Marruecos y aún en periodo formativo murieron en combate sin haber finalizado de manera oficial sus estudios. Un gran número de aquellos jóvenes alféreces ni tan siquiera tuvieron tiempo de aparecer en las escalas de oficiales.
El patio de ordenes
Los primeracos hermanos De la Paz ingresaron en la academia el miércoles 1 de septiembre de 1909. Finalmente la promoción estuvo compuesta por tres secciones que sumaban un total de 75 cadetes (14 la primera, 25 la segunda y 46 la tercera). El número de vacantes se vio incrementado por la presencia de perdigones (repetidores) y triplicones (repetidores de dos cursos). El cadete más joven fue el catalán Manuel López Caparrós que en julio había cumplido catorce años. Federico y Miguel formaron parte de la segunda sección a la que podemos ver luciendo sus impolutos uniformes en la siguiente instantánea tomada en el patio del orden, antiguo claustro del convento de San Francisco.



Academia, 1909.

Todavía resonaban entre los muros de la academia los ecos de los combates del mes julio en Melilla, donde Royo y Guiloche se ganaron la Laureada. Murieron defendiendo sus cañones la noche del 18 de julio en Sidi Hamet el Hach. Todos los cadetes conocían a pesar de su corta edad los nombres del barranco del Lobo,  Sidi Musa o  la Segunda Caseta. Más de 250 hombres murieron en la "Guerra de Melilla", entre ellos el  general Guillermo Pintos, jefe de la 1ª brigada de Cazadores. La campaña iniciada meses atrás así como sus repercusiones en la vida social aún no habían finalizado en septiembre y eran sin duda el tema que dominaba la atención mediática del país.
En Cataluña la revuelta popular, conocida como la Semana Trágica, se saldó con un total de 78 muertos y una gran parte del patrimonio religioso fue pasto de las llamas. Se quemaron 112 edificios, 80 de ellos religiosos.


Segovia, parque de la Dehesa, 1909.
En 1909 se hallaba al frente de la academia el coronel Enrique Losada del Corral (1850-1916), reconocido técnico que en 1897 patentó la pistola que lleva su nombre. Tras su paso como director del centro ascendió a general y fue nombrado posteriormente jefe de la Escuela Central de Tiro. Como jefe de estudios, figuraba el teniente coronel José Lossada Canterac, Conde de Casa Canterac, profesor desde que ascendió a comandante y autor de varios importantes tratados sobre diferentes materias técnicas. Lossada ha pasado a la historia como un prestigioso pedagogo y un auténtico impulsor de la formación académica. Falleció en Madrid en febrero de 1921 cuando ocupaba el cargo de jefe de la sección de artillería del Ministerio de la Guerra.
Entre el resto de profesores, a los que los alumnos llamaban “Protos”, destacaban los comandantes Tomás Sanz Sanz, veterano combatiente de ultramar y al que conocían como el héroe de San Antonio Abad por su brillante actuación cuando mandaba una batería en Manila. Atanasio Torres Martín (Fuente Pelayo, Segovia 1863), autor de un importante tratado sobre balística y profesor de la misma asignatura. Fue premio Daoíz y Velarde en el quinquenio comprendido entre 1923 y 1928. Falleció el 11 de agosto de 1928 siendo general de brigada.


Academia de artillería, 1910.
Fabriciano Haro Porto también veterano de las guerras de ultramar y experimentado profesor al que la campaña de 1909 afectó directamente. El 26 de julio murió en combate su cuñado el teniente José Ochoa a consecuencia de las heridas recibidas tres días antes. Haro se casó con una de las hijas del antiguo capitán y fundador de El Adelantado, Antonio Ochoa Álvarez. El profesor alcanzó el generalato en 1925 y tras la disolución del cuerpo que ordenó Primo de Rivera sustituyó al general Correa como jefe de la sección de artillería. La gestión del general no debió convencer al marqués de Estella que lo destituyó y arrestó. Años después, en 1931, se le devolvió a su puesto en el escalafón de generales.
De entre los capitanes profesores quisiera destacar a José Gomá Armijo, tío de los hermanos De la Paz. Antonio Cortina Pérez, experto en telemetría y padre de Antonio Cortina Roca, teniente de artillería muerto en Monte Arruit. También a Jesualdo Martínez Vivas que ejerció el cargo siendo capitán y posteriormente comandante. En 1921, se hallaba destinado en la comandancia de artillería de Melilla y fue por lo tanto superior directo de Miguel. En años posteriores ocuparon el cargo de profesores, artilleros de peso como Sánchez Pastorfido, Ramón Brisso, Ramón Martínez Sapiña, Eduardo Gorostiza, José Sánchez Gutiérrez o Vidal Lóriga.


Jura de bandera. 17 de octubre de 1909
La promoción juró bandera el 17 de octubre y días después Miguel escribe a su padre que se halla en comisión de servicio en Le Creusot visitando la factoría donde se fabricaban los cañones Schneider.
Estamos rodeados de montañas nevadas, le relata al comandante de la Paz. Durante su estancia en la academia se alojaron en la casa de huéspedes sita en la plaza del conde de Alpuente, otro artillero. En ella conocieron y convivieron con los que serían sus compañeros y amigos durante cinco años. Nos consta que estos fueron: Miguel Puebla Camino, Gaspar Regalado Rodríguez, José Cano-Manuel Aubarade, Luís Sartorius y Díaz Mendoza, José Carrillo Durán, Juan Fontán Lobé y Emilio Sanz- Cruzado entre otros. De esta relación amistosa quedan un conjunto de entrañables instantáneas que demuestran la camaradería que existía entre ellos.
Debido a que aún no se había construido en Segovia el internado, los alumnos se alojaban en las diferentes casas de huéspedes que existían en la ciudad. Segovia tenía en 1910 una población aproximada de 150.000 habitantes y la academia suponía una importante inyección económica para la ciudad. He podido encontrar referencias sobre varios de aquellos alojamientos. La de la plaza del conde Alpuente, la casa Úrsula y la del café Montañés. Los cadetes pagaban aproximadamente 3,50 pesetas diarias y los alumnos más solventes se alojaban en el hotel Victoria y otros en sus propios domicilios. Tras la apertura del internado la mayoría de aquellas casas tuvieron que cerrar por falta de acogidos. Federico y Miguel nos han dejado muchas divertidas imágenes de su estancia en la hospedería. La casa tenía un patio central en el que la regente poseía un gallinero. En él, dejaron inmortalizada la siguiente escena.


La gallina.
Gracias a que uno de los dos hermanos anotó en la fotografía los nombres de los protagonistas, podemos saber más de ellos.
José Cano-Manuel Aubarade nació en Madrid el 16 de agosto de 1884 en el seno de una conocida y prestigiosa familia gaditana en la que abundaban los marinos. Era hijo del contralmirante José Cano-Manuel Luque que tuvo cinco hijos de los cuales cuatro fueron militares. El compañero de juergas de Miguel y Federico murió en 1935 siendo comandante de artillería. Fruto de su matrimonio con Dolores Abarzuza nacieron cinco hijos. Quiero dar las gracias a su nieto Antonio quien amablemente me ha enviado abundante documentación de la familia.
Luis Sartorius Díaz de Mendoza nació en Madrid el 2 de noviembre de 1893 y era hijo del conde de San Luis. Durante el desastre de Annual perdió a su primo hermano el teniente de artillería Juan Elorriaga Sartorius. Luis ascendió a capitán en enero de 1919 y continuó su carrera militar en la que alcanzó el empleo de coronel. Fue el único superviviente de aquella entrañable foto del gallinero que pudo celebrar las bodas de oro de la promoción. Falleció en Madrid el 31 de julio de 1965 y tuvo seis hijos. Pude contactar con su nieto Jaime, a quien agradezco haberme remitido información de su abuelo.
Cuando envié la fotografía a Jaime se completó la búsqueda que me propuse al ver por primera vez esta imagen. Hemos conseguido que los nietos de los cuatro integrantes tengan conocimiento de este momento. Disfrutamos de haber recobrado su memoria de la mejor de las maneras, inmortalizando su lado más humano y viviendo un momento de felicidad. Que mejor forma de recordarlos.


El gallinero
Los toros
Asistir a las corridas de toros era uno de los acontecimientos lúdicos que no se perdían los cadetes. Tal vez fueran a alguno de los festejos que lidiaron Juan Ruiz- Morenito de Segovia- o Rafael Medina. Las corridas eran sin duda el acontecimiento social más seguido en todas las ciudades ya que el omnipresente fútbol aún no se había implantado mayoritariamente. El primer partido de fútbol disputado en Segovia lo protagonizaron los cadetes de la academia en abril de 1907 al enfrentarse a un equipo formado por aspirantes. En 1913 la Sociedad Española de Fútbol creó un campeonato que disputarían los miembros de las diferentes academias militares. Al construirse ese campo de Baterías, se fundó la sociedad de Sports de Segovia y los alumnos dejaron de jugar en el huerto de la academia para hacerlo en su flamante campo.

1911. Plaza de toros de Segovia.
En 1911 se produce el relevo en la dirección de la academia siendo el elegido el coronel Francisco Ortega Delgado. Según el testimonio de Antonio Cordón, que ingresó en la academia en 1910, el director era un artillero de prestigio y fue muy querido por los alumnos. En 1885 había escrito “La plaza de Melilla bajo el punto de vista artillero”. Ortega permaneció al frente de la institución hasta 1914. Ascendió a general de brigada en julio de 1918 y falleció en Girona el 22 de diciembre de 1922 cuando era gobernador militar de la plaza y general de división.
De aquel lejano día en que se hizo cargo del mando en Segovia, nos queda el siguiente testimonio en el que podemos ver a Miguel en posición de firmes mientras el director pasa revista al batallón de cadetes el día en que tomó posesión del cargo.


1911. Academia de artillería.

Por R.O. del 26 de junio de 1912 los hermanos de la Paz son nombrados segundos tenientes alumnos. Un gran día en la vida de nuestros bisoños oficiales que seguro celebraron con el resto de la promoción.
En octubre se recibe en la academia la noticia de la muerte en combate de un insigne artillero, Salvador Díaz-Ordóñez Escandón. El general murió a consecuencia del disparo de un paco en Ishafen. Su nombre, como el de todos los artilleros muertos en combate desde 1802, figura en una de las placas conmemorativas que lucen en el patio del Orden. La muerte del inventor del cañón que lleva su nombre fue muy sentida en el palacio real. Meses antes de fallecer el general, Alfonso XIII visitó por segunda vez el territorio de la comandancia de Melilla y recorrió los lugares donde se combatió en 1909. Su primera visita se produjo en 1904, cuando contaba 17 años, y la última en julio de 1927 al darse por finalizadas las labores de pacificación en el Protectorado. En aquellos veintitrés años que transcurrieron desde su primera visita, la conquista y pacificación del Protectorado se cobró la vida de miles y miles de jóvenes y otros tantos resultaron heridos o quedaron mutilados para siempre.

1911. Alfonso XIII en Melilla
Los cuatro importantes
Coincidiendo con la entrega de una bandera a la academia visitan la misma los exploradores del cercano pueblo de Espirdo donde recientemente habían acudido de maniobras los cadetes. Tras la celebración, nuestros protagonistas raptan con alevosía a la mascota de los exploradores y a lomos de ella nos dejan una de las más alegres instantáneas de aquel curso. Escribe Federico:
“En este retrato estamos, como veis, cuatro muy importantes, que son: la burra de los exploradores, yo, Puebla y Regalado, todos de gala”


Los cuatro importantes
No pecamos de fantasiosos si afirmamos que tanto Puebla como Regalado fueron dos buenos amigos de los hermanos De la Paz durante su periplo académico. Sobre el primero no me cabe duda, ya que al finalizar sus estudios les envía un retrato autografiado donde estos anotan que era un querido compañero de casa de huéspedes. Miguel Puebla Camino nació el 19 de enero de 1891 y finalizó sus estudios ocupando el quinto lugar de su promoción. Su primer destino fue el 2º regimiento Montado. Posteriormente, en 1918, fue destinado a Marruecos a la comandancia de Ceuta. En aquel año un total de once componentes de la promoción se hallaban en el antiguo Protectorado. Tras su ascenso a capitán en 1918 Puebla es destinado a la comisión investigadora de la industria civil donde permanecería varios años. En 1926, tras la disolución del cuerpo, pasó a la situación de supernumerario. Al finalizar la guerra ingresó en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas y en 1944 siendo teniente coronel participó en la organización del 1er Congreso Nacional de Estudios Metalúrgicos. Tras su ascenso a coronel honorífico del cuerpo de ingenieros de armamento y construcción fue recibido en audiencia por Franco el día de la Hispanidad en 1949. Justo cuarenta años después de su ingreso como cadete de artillería.
El valeroso jinete Gaspar Regalado había nacido en A Coruña el 7 de abril de 1890 y era hijo del contralmirante Dimas Regalado Vossen. Los Regalado siguieron también la senda militar paternal y todos los hermanos ingresaron en el ejército. Daniel falleció en combate el 24 de julio de 1937 siendo teniente coronel de infantería. Se hallaba al frente de la VIII Bandera del Tercio y fue condecorado a título póstumo con la medalla Militar Individual. Amador, fue director de la academia de infantería y alcanzó el generalato y Francisco fue ministro de Marina entre 1945-1951 y posteriormente Comandante general de la flota. Gaspar Regalado ascendió a capitán en noviembre de 1918. Tras la guerra civil ocupó en 1939 el cargo de jefe de estudios de la academia de artillería hasta 1942. En 1944 siendo coronel se le encargó la Jefatura General de Enseñanza Militar. Tanto Puebla como Regalado participaron en las dos reuniones que los supervivientes de la promoción celebraron en Segovia. La primera en mayo de 1947 y la segunda para conmemorar las bodas de oro el 2 de noviembre de 1959. En esta sólo quedaban 25 de los 75 componentes de aquella 201 promoción que ingresó en 1909. Gaspar Regalado falleció en Madrid el 21 de noviembre de 1975. Sus hijos Gaspar y Luís siguieron fieles a la tradición castrense.


La estocada.
El desfile
Miguel y Federico ya con la solitaria estrella de seis puntas en sus bocamangas subieron muy temprano al tren que les conduciría hasta Madrid. Años atrás, en junio de 1888, se inauguró oficialmente la conexión ferroviaria Segovia- Villalba desde donde se podía enlazar con la capital. Aquel lejano día ocupaba la tribuna de autoridades su abuelo Federico Orduña que era el presidente de la Diputación segoviana. Desde entonces todas las ramas de la familia incluyen algún miembro de nombre Federico. Y lo mismo pasaría con Miguel. No hay generación en la que no ocurra este fenómeno que se extiende hasta nuestros días.A la capital llegan cadetes de las cinco academias. Los de caballería invierten doce horas para poder llegar desde Valladolid. El gran desfile tendrá lugar en la Castellana y los artilleros desplazan al evento las baterías de montaña y montada. Federico y Miguel desfilarán entre los componentes de esta última. A primera hora de la mañana y a lomos de su alazán “Alarun” el Rey se dirige desde el palacio real hasta el lugar elegido para que los nuevos quintos juren bandera.


Desfile en Madrid.
A las órdenes del capitán general de la región desfilan las unidades de todas las armas. Entre ellas y por primera vez destacan las fuerzas del grupo de Regulares Indígenas que desplazó a la capital un contingente de infantería que mandaba Federico Berenguer y el tabor de Alhucemas al mando del capitán Antonio Parache Pardo, organizador de la unidad en diciembre de 1911. La presencia de estas tropas causó una gran impresión entre el público y la mayoría de los participantes en el desfile. Días antes en Carabanchel el rey revistó las tropas junto al coronel Berenguer y su hermano Federico.
Alfonso XIII pasa revista a los Regulares.
Años después y siendo  teniente, Federico se fotografió junto al primer jefe del grupo de regulares de Melilla, teniente coronel Antonio Espinosa Sánchez. En la imagen podemos apreciar además a los capitanes Juan Villasán García y José Romero Sigler. Sirva esta interesante imagen como humilde homenaje a las fuerzas de Regulares de cuya creación se cumple este año el centenario. Espinosa y Romero habían conseguido su empleo por los méritos contraídos en el combate del 22 de septiembre de 1913. Romero era piloto desde noviembre de 1914 y se hallaba destinado en el grupo de Regulares del que el teniente coronel fue jefe hasta su ascenso a coronel en agosto de 1918.

Melilla. Federico y otros oficiales.
El desfile, según la prensa del momento, fue todo un acontecimiento pero el final se vio empañado por un intento de atentado sobre la persona del rey. Cuando el monarca se dirigía de vuelta a palacio y al pasar por el número 48 de la calle de Alcalá sonaron dos disparos que provenían del gentío. El guardia municipal Vicente Canelada fue quien detuvo al presunto regicida que tuvo que ser evacuado para evitar su linchamiento. Se trataba del anarquista Rafael Sancho Alegre, natural de Barcelona de veinticinco años y de profesión carpintero. Sancho pillado in fraganti fue detenido y posteriormente juzgado y condenado a la pena de muerte, que  finalmente se le conmutó por una larga condena. Rafael  pensaba atentar contra el Borbón 13, el día 13 a las 13 horas, publicaron los periódicos. Uno de los disparos alcanzó a otro guardia municipal y el segundo impacto lo recibió el caballo de Alfonso XIII en el cuello.

Atentado en Madrid

La visita real
De la visita real a Segovia ha quedado un importante testimonio gráfico y un cruce de cartas entre Maruja de la Paz y sus hermanos. El monarca visitaba la ciudad con frecuencia y pasaba temporadas en el cercano Real Sitio de San Ildefonso. Durante la visita acompañó al Rey su primo el infante Luis Fernando de Orleans (1888-1945). En las fotografías Federico todavía podía mencionarlo utilizando el título de infante que años después le retiró el propio Rey al conocerse otro de los turbios asuntos en los que se vio involucrado.
Federico tras la visita envía a su hermana un conjunto de imágenes de aquella jornada. Maruja era ya una joven adolescente y la única de los hermanos que aún vivía con sus padres. Todas las imágenes fueron tomadas por el fotógrafo madrileño Lacoste. Entre el séquito que acompaña al rey podemos apreciar fugazmente al entonces coronel Cavalcanti con su eterno uniforme de Húsares. A la izquierda de la imagen se puede ver presentando honores a Federico y Miguel.

El Rey en la academia.
Posteriormente se trasladaron al campo de Baterías donde realizaron ejercicios las piezas de sitio, montaña y costa. En otra de las postales podemos apreciar al rey subiendo a la torre de observación  acompañado del general  Gabriel Vidal, gobernador militar y el coronel Rexach Medina, jefe del regimiento de Sitio y uno de los artilleros con calle en Segovia. Federico le cuenta a su hermana que tras la demostración se dieron un guateque.  La visita finalizó en el parque de la dehesa donde desfilaron las fuerzas. El batallón de alumnos lo hizo a las órdenes del comandante Sánchez Pastorfido, el mismo que siendo capitán en 1909 recogió junto a otros compañeros los cadáveres de Royo y Guiloche.

Campo de Baterías. El Rey y los mandos.

En Marruecos se registraron duros combates el mes de junio. El día 13 en Laucien se combatió fuertemente y se otorgaron cuatro laureadas. Capitán Aguilera de artillería, teniente coronel Castro, la priemera del teniente Arredonda y al capitán de fragata Ramos Izquierdo. Aquel día los Regulares protagonizaron una heroica carga a la bayoneta. Desde entonces se incorporó a su escudo el cuchillo bayoneta. Los combates se prolongaron hasta el mes de octubre de manera ininterrumpida. Poco después de la visita real ascendió a brigadier Manuel Fernández Silvestre que era por entonces comandante general de Larache. Por suerte para nuestros protagonistas el Protectorado, aún sonaba muy distante y otras ocupaciones menos peligrosas ocupaban su tiempo.
La academia recibía muchas visitas durante el año. En marzo asistieron una comisión formada por los directores del resto de academias, un capitán y el número uno de la promoción. En mayo y con motivo del aniversario de Alfonso XIII se hizo entrega al coronel Ortega de una bandera que bendijo el padre Hernández, párroco de Espirdo. Poco antes de finalizar el curso fueron invitados a la conferencia que el célebre explorador segoviano César Luís de Montalbán Matas impartió acerca de la Atlántida. Montalbán, incansable viajero, afirmaba haber descubierto en Egipto a los descendientes de los últimos atlantes. Interesante conferencia a la que me consta asistieron un gran número de alumnos y profesores.


Entrega de una bandera a la academia, 1913.
También nos ha quedado testimonio de la pasión que el general Vidal sentía por el teatro y por ello hacía participar a los alumnos en muchas funciones. En una de ellas encontramos a Miguel vestido de monja formando parte del reparto de lo que parece el Tenorio. Todos están irreconocibles.
La última actividad que llevaron a cabo los alumnos fue una marcha a pie a Santa María la Real de Nieva. Al mando del coronel Ortega llevaron hasta la villa de Nieva las baterías de montaña, pie, sitio y visitaron la iglesia donde reposan los restos de Blanca de Navarra. Ortega era hombre de profundas creencias religiosas que cada año organizaba ejercicios espirituales para los cadetes en Semana Santa a los que la asistencia era obligatoria.
No quiero dejar que transcurra este 1913 sin mencionar otra de las imágenes que más llamó mi atención. Miguel la titula bajo un foco de su invención y en la parte inferior de la misma escribe del 1 al 9 el orden de los presentes. En el reverso anota los nombres de aquellos jóvenes que bajo sombras posan en la casa de huéspedes. No fue fácil relacionar los números con los nombres pero no queda duda de los participantes excepto del número uno al que el paso del tiempo ha borrado el nombre y no sabemos quien es.

El foco de su invención.
Además de los inseparables De la Paz aparecen los ya conocidos Regalado y Puebla. Los otros cuatro amigos son Emilio Sanz-Cruzado (24-07-1892). Carlos Valentí Dorda, número uno de la promoción de 1911, que con el tiempo se convirtió en un prestigioso ingeniero geógrafo y uno de los creadores de la Comisión Cartográfica del Ebro. José Carrillo Durán nació en Madrid el 25 de mayo de 1894 y era hijo del también artillero Alfonso Carrillo Sánchez-Tovar. Tras su licenciatura y destino en diversos regimientos ingresa en la Aeronáutica militar y obtiene el título de observador de vuelo y posteriormente el de piloto. En 1921 y cuando la columna Navarro aún resiste en Arruit, Carrillo y el capitán Manzaneque son la primera tripulación que a bordo de un Bristol sobrevuelan el devastado territorio perdido en julio. Al reorganizarse las fuerzas aéreas tras el desastre, Carrillo pasó a formar parte de la escuadrilla que dirigía Apolinar Sáez de Buruaga y de la que también formaba parte Fernando Sartoruis, hermano de uno de aquellos miembros de la foto del gallinero. El capitán Carrillo obtuvo en junio de 1923 la Medalla Militar Individual y fue ascendido a comandante por méritos de guerra. Se le recuerda como uno de los mejores Jefes de grupo en Marruecos. El 4 de septiembre de 1924 fue derribado y falleció su compañero, amigo y observador Ángel Orduña López. El 28 del mismo mes volvió a ser derribado en uno de aquellos temerarios vuelos rasantes y falleció junto a su ametrallador el suboficial Amat. Miembro destacado de aquella brillante generación de aviadores españoles fue el también compañero de promoción Carlos Más de Gaminde, a quien se puede ver en las imágenes de la partida del Cuatro Vientos despidiendo a los inolvidables Mariano Barberán y Joaquín Collar en su viaje hacia la perla del Caribe del que nunca volverían.
El restante componente de aquella fotografía en el crepúsculo de la casa de huéspedes era el mallorquín Juan Fontán Lobé (21-08-1894). Artillero, ingeniero naval, fundador del diario Acción de Las Palmas de Gran Canaria, miembro de Acción popular y tras la guerra civil gobernador de Guinea y posteriormente Director general de Marruecos y Colonias. Falleció en Madrid el 14 de julio de 1944 siendo procurador en Cortes. Dejó un importante legado bibliográfico de los territorios de Guinea y Marruecos en la Biblioteca nacional del Prado.
Sanz Cruzado fue el único superviviente de aquella instantánea que pudo celebrar en 1959 las bodas de oro de la 201 promoción de artillería.

José Carrillo Durán. 1894-1924

El último año
1914 hubiera tenido que ser un feliz año en la vida de los tenientes De la Paz. En junio recibirían sus despachos y firmarían en el libro de honor de la academia en donde desde 1891 centenares de oficiales dejaron sus rúbricas. En la primera página de aquel histórico volumen los nuevos tenientes se comprometían a mantener la escala cerrada: “Los artilleros que firman este álbum se resuelven a mantenerla entre sí, ofreciendo por su honor renunciar a todo ascenso que obtengan en el Cuerpo o vacante de general a este asignada y no les corresponda por rigurosa antigüedad”.
Tanto artilleros como ingenieros se acogieron mayoritariamente a esta escala cerrada y hubo muchos casos en los que renunciaron a ascensos por méritos de guerra que sí se aplicaban en infantería y caballería. Vigón, en su Historia de la Artillería Española relaciona a todos aquellos que renunciaron a los ascensos en cumplimiento de su compromiso de honor. Entre estos se hallaban dos antiguos profesores de Federico y Miguel, los comandantes Haro y Sanz. También aparecen en la relación laureados como Aguilera, Ordiales y Planell y tres compañeros de promoción: José Carrillo, Carlos Más de Gaminde y Ureta Zabala. Otros no pudieron renunciar ya que el ascenso se concedió a título póstumo como en el caso del compañero y amigo Luis Ruano Peña. Los artilleros fueron muy celosos en mantener esta tradición para evitar que se cometieran favoritismos y se crearan camarillas para favorecer los ascensos como ocurría en otras armas. El poder mantener esta escala cerrada y su compromiso de cumplirla causó a los artilleros problemas en diferentes épocas. El cuerpo se vio sometido a cuatro disoluciones, 1823, 1872, 1926 y 1929. Las dos últimas fueron ordenadas por el general primo de Rivera y un altísimo número de jefes y oficiales fueron apartados del cuerpo y otros condenados a prisión.
Sin embargo aquel final feliz se vio truncado por la inesperada y repentina muerte en Madrid del teniente coronel Francisco de la Paz el 5 de julio. Según nos cuenta su nieta Pili, el súbito fallecimiento fue debido a un corte de digestión. Fue enterrado al día siguiente en el cementerio de la Almudena. Miguel y Federico aún no se habían incorporado a sus destinos en Melilla y su vida sufrió un duro revés.
Francisco, nació en Torremolinos el 13 de abril de 1863. Ingresó en la academia el 23 de junio de 1879. En enero de 1883 ya lucía las estrellas de teniente. Tras un breve paso por diferentes regimientos recala en la academia de artillería como ayudante de profesor. En la familia corre un viejo dicho relacionado con aquella cita que pronunció Vegecio. Si vis pacem, para bellum (si quieres la paz prepárate para la guerra). Pues parece que debido a su fama de estricto los cadetes al verle pasar comentaban: “Si ves a De la Paz prepárate para la guerra”.


Segovia 1880. Batallón de alumnos.
El 7 de junio de 1889 el recién ascendido capitán De la Paz contrajo matrimonio con María Orduña Odriozola, hija del entonces presidente de la diputación de Segovia. Tras once años como profesor, Francisco ya padre de dos hijos, cambia de destino aunque no de ciudad y pasa a formar parte del cuadro de oficiales del regimiento de Sitio.
Tras su ascenso a comandante en mayo de 1903 y tras un breve paso por el Taller de Precisión y Laboratorio de Artillería es destinado a la comandancia de Menorca donde permaneció por espacio de dos años. Al finalizar su experiencia insular en la que ignoramos si le acompañó la familia, vuelve a Segovia y posteriormente a Madrid donde fue destinado a la Escuela Central de Tiro. Formó parte de la comisión de experiencias hasta su fallecimiento. La familia al completo trasladó su domicilio a la calle de la Encarnación, muy cerca del palacio de Oriente. En septiembre de 1909, poco después del ingreso de sus hijos en la academia, ascendió a teniente coronel.

Profesores de la academia en 1888.

Esta última etapa de su vida profesional ha quedado bien documentada y existe un buen número de imágenes de las diferentes comisiones y experiencias en las que participó. Viajó a Le Creusot (Francia) el 3 de julio de 1909 donde desempeñó la presidencia de la Comisión inspectora y receptora del material de 7cm,  de campaña de 7.5 cm modelo 1906, y el de montaña del 70. En esta ciudad de la región de Borgoña, en el departamento de Saona- Loira, permaneció hasta febrero de 1910 en que por comisión se le envía a   Essen y Meppen (Alemania).En este caso el objetivo es experimentar las modificaciones introducidas por la casa Krupp en el cañón de 12 cm. y el de sitio. La visita al imperio que fundó  Friedrich Krupp fue una experiencia muy valiosa. Francisco pudo conocer de primera mano la  imponente industria que en Essen habían levantado los Krupp. En sus mejores años llegaron a tener  45.000 trabajadores en plantilla. Las armas fabricadas en sus factorías se utilizaron en todas las guerras desde 1886 hasta 1945. En esta visita Francisco fue acompañando al jefe de su sección en la Escuela Central, el coronel José Belmonte Guimerà.  En noviembre cesa en su comisión y vuelve a su destino en Madrid que por entonces se hallaba al mando del general Fernández-Grande.

Meppen, 1910.
El general Juan Arzadun Zabala cuenta en su homenaje a los capitanes De la Paz que la familia tuvo tiempo de celebrar la graduación de Miguel y Federico. “Un banquete, alegre como un grito de triunfo juntó a los tres artilleros, padre e hijos. ¿Que se dirían?, todos lo imaginamos”
Tal vez la última fotografía del teniente coronel sea esta, en la que que aparece junto a sus compañeros de la Escuela Central de Tiro. Podemos apreciar al coronel Belmonte Guimerà y otros oficiales de la segunda sección. A su izquierda se reconoce al entonces comandante Enrique Manera Valdés. Las imágenes ignoran los lances que el destino les deparará. Años después Manera y otro De la Paz (Miguel) volvieron a coincidir en el campamento de Annual donde morirían el mismo día. Sobre la muerte del teniente coronel ha prevalecido la opinión de que se suicidó junto al comandante general. Según relata el escritor Javier Marías (emparentado con el ayudante de Silvestre) se pudieron recuperar los gemelos y parte del correaje. Marías escribió el guión de la película que Ricardo Franco dirigió sobre el desastre.


Escuela Central de Tiro, 1914.

Epílogo
Miguel de la Paz Orduña fue promovido a teniente de artillería por R.O. de 24 de junio de 1914, diario oficial número 139. Número de orden 36 de la 201 promoción.
Federico de la Paz Orduña fue promovido a teniente de artillería por R.O. de 24 de junio de 1914, diario oficial número 139. Número de orden 52 de la 201 promoción.
Finalmente la promoción estuvo compuesta por 63 oficiales. El número uno de la misma fue José Senante de Cela y el último José Ureta Zabala. El recién licenciado teniente Manuel Pesqueira tuvo la desgracia de fallecer al día siguiente de su graduación y el resto se incorporó a sus primeros destinos. Sin embargo, a pesar de haberse graduado, algunos de los componentes de la promoción se vieron involucrados en un incidente que les podía haber costado caro. El 26 de junio acudieron a la corrida de toros. Según relató el director, los alumnos acudieron al coso taurino en ómnibus. Al finalizar la corrida y de camino a la academia el autobús volcó, al parecer por un despiste del conductor, y varios de los recién nombrados tenientes resultaron heridos. El que sufrió las heridas más graves fue Manuel Alcover con la tibia y el peroné fracturados. Junquera, Manresa, Senante, Álvarez-Builla, Galán y nuestros conocidos Cano-Manuel y Regalado, resultaron heridos con diversas contusiones, erosiones o luxaciones. Fue la última cadetada que protagonizaron antes de iniciar sus carreras militares, y también, la última vez que se reunirían en mucho tiempo.Muchos años después, en mayo 1947, se reúnen en Segovia los supervivientes de la 201 promoción cuando la mayoría son ya coroneles. De aquellos más de sesenta oficiales sólo veinticinco posaron para la fotografía que Unturbe les hizo bajo el monumento a Daoíz y Velarde que se inauguró siendo todos ellos cadetes de primer curso. En ella podemos reconocer a Regalado, Puebla, Sartorius y Sanz-Cruzado en una actitud muy diferente a la que lucían en aquellas fotos en las que disfrutaban haciendo cadetadas.



Segovia, mayo de 1947.
En 1959 volvieron a Segovia para celebrar las bodas de oro de la promoción y renovar el juramento de fidelidad. De entre sus componentes, dos llegaron a ser ministros y generales, Jorge Vigón y Luis Alarcón de la Lastra que durante la guerra civil había recibido la Medalla Militar Individual. También alcanzaron el generalato Alonso Estrada, Cerda Pujol, Álvarez Builla, Rey Sánchez, Echevarría Patrullo, Nandin Sobrino y Más de Gaminde. Durante la cena de honor tomó primero la palabra el coronel Jaudenes Rey, director de la academia, que recordó a los componentes caídos durante aquellos cincuenta años. Los hermanos de la Paz, Carrillo, Fontán Lobé, Fernández Unzué, Alcover García-Arenal, Suances, Madrazo Escalera, Octavio de Toledo, Galán Arrabal, Guerrero de la Hoz, Nogués, López Caparrós (el más joven de la promoción fallecido en Málaga en 1948 siendo coronel) y otros muchos de los que no he podido conocer su destino o que fueron dados de baja por permanecer leales a la República. En la memoria de todos los supervivientes y a pesar del tiempo transcurrido permanecía bien visible el recuerdo de los hermanos De la Paz.
Durante unos años se dio la coincidencia que cinco de ellos tuvieron simultáneamente calles dedicadas en su honor. Jorge Vigón en Logroño, Luis Alarcón de la Lastra en Sevilla, Carlos Más de Gaminde en Las Palmas y los hermanos de la Paz en Segovia. Las tres primeras aún mantienen tal denominación hoy en día, sin embargo el ayuntamiento de Segovia decidió a finales de los noventa cambiar el nombre de la calle capitanes De la Paz Orduña por el de Judería Vieja. También se acometió la reforma de la casa donde nacieron Miguel y Federico hoy convertida en casa de Andrés Laguna. Lamentablemente durante las obras que se llevaron a cabo y conforme me informó la concejala de cultura se destruyó la placa conmemorativa que lucía en la fachada y de la que aún se pueden ver las marcas de los herrajes. Por fortuna, antes de correr tan desdichada suerte, el ayuntamiento fotografió la placa y el jefe del archivo municipal me la envío.

 

“A los heroicos capitanes de artillería D. Miguel y D. Federico de la Paz Orduña, nacidos en esta casa y muertos gloriosamente en África en julio de 1921, frente al enemigo y en defensa de la patria. La ciudad de Segovia. 5 diciembre 1923.”

En marzo de 2012 la familia de los capitanes me remitió el siguiente escrito:

La lápida de Miguel y Federico vuelve a lucir en el mismo sitio en el que se colocó en 1923. Tiene las cicatrices de la rotura que sufrió cuando, por alguna razón que desconocemos, se decidió retirarla de allí. Afortunadamente no se tiró y es la misma que hoy, restaurada, podemos ver exactamente en el lugar donde un día se puso por iniciativa de un grupo de pequeños industriales, comerciantes y artesanos segovianos. La vieja ciudad del acueducto sabía honrar a sus hijos -decía el alcalde aquel 5 de diciembre de 1923- y así lo hizo. Y lo ha vuelto a hacer.

La madre de los malogrados capitanes era hija de Federico Orduña, quien fuera presidente de la Diputación de Segovia, y de Gregoria, hija del médico segoviano Leandro Odriozola, y prima-hermana del arquitecto municipal Joaquín Odriozola. Tras la muerte repentina de su esposo Francisco en 1914, María y su joven hija Maruja se trasladaron a vivir, al menos durante largas temporadas, a Melilla, cerca de sus queridos Miguel y Federico. Maruja ingresó en el cuerpo de damas enfermeras de la Cruz Roja, y aún después de la desaparición de sus hermanos siguió trabajando en él por lo que fue condecorada en 1923 junto a otras 18 damas.
Tras el matrimonio de Maruja, las dos mujeres vivieron en Bilbao y en otras pequeñas poblaciones del norte, pero el corazón de María nunca dejó Segovia. De su ciudad lo añoraba todo: ante todo su anterior vida y su familia ahora rota, pero también la vida en sus calles, el paisaje, su Virgen de la Fuencisla… Yo pobre desterrada -escribía a su querida amiga Aurelia, madre de la mujer de su hijo Miguel- con el espíritu siempre estoy en aquellos lugares que no volveré a ver más que con los ojos de la imaginación. Estoy haciendo la novena a la Virgen y me veo en la Catedral contemplándola en el altar mayor como creo estará.
Gracias de todo corazón a todos los que han hecho posible que la placa esté de nuevo en la casa donde nacieron todos los De la Paz Orduña y donde vivieron con sus padres Francisco y María. Entre ellos especialmente a Javier, el artífice de este blog, que con su empeño por recuperar este capítulo de nuestro pasado y traer a nuestra memoria las historias de quienes lo protagonizaron, mantiene vivo su recuerdo y aporta sentido y humanidad a un periodo triste y un tanto oscuro de nuestra historia.
Descendientes de los De la Paz Orduña


El 29 de diciembre de 1992 falleció a los cien años en Barcelona Rafael Robert Miñana el último superviviente de la 201 promoción de artillería.

La 201 promoción en 1912

Bibliografía

Archivos fotográficos:

AFCDLP: Archivo familia Campuzano de la Paz
AFTDLP: Archivo familia Teran de la Paz
Las fotografías de Segovia pertenecen al archivo del autor y fueron realizadas en diciembre de 2010.
Buscador de imágenes de Google.

Bibliografía:
Antonio Cordón García. Trayectoria. Recuerdos de un artillero. Espuela de plata, 2008.
Juan Arzadun Zabala. Laureles Sangrientos. Los hermanos De la Paz. Memorial de artillería. 1922.
España en sus Héroes. Coronel Gárate Córdoba. Omingraf, Madrid 1958. “Royo y Guiloche”.
Juan Vigón Suero-Díaz. Historia de la artillería Española. 3 Vol. Madrid 1947
Disoluciones históricas del cuerpo de artillería. Francisco Ángel Cañete Páez.
Manuela Aroca Mohedano. General Juan Hernández Sarabia. Oberon 2006.
El servicio de cartografía en la Confederación hidrográfica del Ebro. Carme Martínez, Francesc Nadal y Luis Urteaga.
El vuelo del Cuatro Vientos. Jorge Fernández Coppel y Alfonso Domingo. Oberon 2003
El arma de artillería en el V Centenario e Historia abreviada de la artillería española. Epifanio Borreguero García.
La artillería española y los progresos del arma. Leopoldo Saro Marín. Memorial de infantería 1929.
Organización y uniformes de la artillería española. Carlos J. Medina Ávila. Aldaba 1992.
La prensa en Segovia. Pablo Pérez López. Junta de Castilla y León, 2006.
Padrino y Patrón, Alfonso XIII y sus oficiales (1902-1923). Alberto Bru Sánchez-Fortún.
Periódicos de Segovia (1877-2002). Juan Antonio Folgado.
Anuario militar de España. 1909, 1910, 1911, 1912,1913 y 1914.
Memorial de artillería. Serie V. Tomo III. Madrid 1907. Nº 159 Diciembre 2003.
Archivo Histórico Militar de Segovia. Hoja matriz de servicios de: Francisco de la Paz Gandolfo, Miguel y Federico de la Paz Orduña.

Periódicos y publicaciones mensuales.
Revista Aeroplano. Año 2004 nº 22 y año 2005 nº 23.
Memorial de artillería. Diciembre de 2003. Nº 159

El Adelantado. Segovia.
Sábado, 06-05-1909. Página 1
Martes, 11-05-1909. Página 1
Viernes, 14-05-1909. Página 1
Sábado, 15-05-1909. Página 1
Domingo, 16-05-1909. Página 1
Miércoles, 19-05-1909. Página 1
Miércoles, 16-06-1909 Página 1.
Lunes, 21-06-1909. Página 1
Lunes, 05-09-1910. Página 1
Miércoles, 08-11-1911. Página 1
Miércoles, 08-03-1913. Página 2
Lunes, 31-03-1913. Páginas 1 y 2
Martes, 24-06-1913. Página 1
Jueves, 26-06-1913. Página 1
Viernes, 27-06-1913. Página 1
Lunes, 21-04-1914. Página 1
Jueves, 26-06-1914. Página 1
Viernes, 27-06-1914. Página 1
Sábado,30-07-1921. Página 1
Jueves, 06-12-1923. Página 1
Jueves, 07-04-1988. Página 2
Jueves, 26-05-1988. Página 2

La Ilustración Española. Madrid
Lunes, 30-05-1921.

La Vanguardia, Barcelona
Lunes, 16-10-1911. Página 5
Viernes, 26-06-1914. Página 11
Viernes, 25-09-1914. Página 5

ABC, Madrid
Lunes, 16-10-1911. Página 6
Miércoles, 26-06-1912. Página 8
Jueves, 25-06-1914. Página 9
Domingo, 21-11-1976. Página 98