viernes, 8 de febrero de 2013

La posición sin nombre. 1ª parte.


La posición sin nombre

Amanece en Annual tras una aciaga noche donde después de varias juntas de oficiales se ha decidido abandonar el campamento, aunque la gran mayoría de hombres aún desconoce el destino que les espera esa mañana. No lejos de allí, en Ben Tieb, una columna compuesta por los escuadrones de Alcántara, tres compañías de Ceriñola y una de zapadores se preparan para instalar y fortificar una nueva posición entre la Intermedia B y Yebel Uddia, en el portillo de Beni Asa. Aquellos hombres que desde Ben Tieb partieron en las primeras horas del 22 de julio, desconocedores de lo que ocurría en Annual, se vieron envueltos en un trágico destino por cumplir una orden: montar una posición que no llegaría ni a ser fortificada ni a tener un nombre, pero sí costaría muchos muertos entre los miembros de aquella columna, sobre todo entre las tropas de infantería e ingenieros.
Para poder reconstruir los últimos momentos, entre las 11 y las 12 horas del 22 de julio, retrocederemos hasta días después de la pérdida de Abarrán, cuando un capitán de policía indígena le sugiere a su Comandante General la posibilidad de ubicar una nueva posición en la pista, cerca de Yebel Uddia, a la izquierda del puente de madera. También recurriré a los testimonios de los pocos supervivientes, que aportan interesantes pruebas de la dura retirada hasta Ben Tieb; seremos testigos de cómo y dónde varios declarantes ven morir al coronel Morales a lomos del caballo de un cabo de ingenieros; conoceremos a un joven teniente que entra por primera vez en combate y no se arredra; sabremos de un soldado que en su desesperación bebe gasolina; veremos cómo un  capitán de San Fernando cede su caballo a un sargento herido antes de ordenar evacuar Ben Tieb, y otras tantas anécdotas protagonizadas por los integrantes de aquellas compañías olvidadas. A la posición no se le llamó de ninguna manera; sus parapetos a medio levantar, las alambradas sin extender y sus sacos sin rellenar quedaron allí, abandonados entre la inmensidad de los barrancos del Rif. Este poco acreditado episodio del Desastre fue protagonizado por cientos de hombres, a muchos de los cuales quiero poner hoy nombre.

La posición sin nombre

La idea
Julio Fortea se hizo cargo de su mía tras la muerte en Abarrán del capitán Ramón Huelva. Hasta el 31 de mayo se hallaba destinado en el 59 de infantería, y era un oficial con muchos años de experiencia entre tropas indígenas. La 13ª Mía permaneció en Buymeyan hasta que el 9 de junio, tras intervenir en la ocupación de Igueriben,  fueron enviados a su cabecera en Dar Mizziam, en Beni Ulisex. La mía tenía en aquel momento unos efectivos de unos 200 hombres y los oficiales tenientes Alfredo Erquicia Aranda, que se hallaba al frente de la oficina en Dar Mizziam, Enrique Haro Melgares de Segura, Francisco Urenda Miranda, Agustín Martínez Luque, el alférez Rafael Ferrando de la Lama, el oficial moro 2ª Buamana ben Ismael, y el teniente médico Miguel Fernández Andrade. 

Imposición de la medalla militar individual al capitán Julio Fortea García
En la declaración de Fortea queda claro que mantenía contacto diario  con el coronel Morales, lo que es lógico si tenemos en cuenta que era el capitán más antiguo de policía de aquella zona. También se reflejan las entrevistas con el Comandante General, siendo la primera de las que tenemos referencia la que se produjo el día de San Juan en las inmediaciones de Yebel Uddia. Durante la conferencia, el General le comunicó su intención de avanzar hacia Tizzi Azza con el fin de ocupar el macizo instalando una posición dominante.  La idea no le debió parecer bien al capitán ya que respetuosamente indicó a Silvestre la conveniencia de no avanzar más de lo preciso y consolidar la línea alcanzada hasta entonces. Durante la entrevista se cita de manera explícita la utilidad de construir un blocao en el interior de la Kabila, cerca de donde se estaba realizando la conferencia, aunque no se dice expresamente un lugar concreto. Sería días después cuando por primera vez el capitán Fortea designara el lugar donde debía estar enclavada la posición sin nombre: el portillo de Beni Asa. También se permitió observar al Comandante General la inconveniencia que suponía para los oficiales de policía indígena ver al General acompañado frecuentemente de un extranjero sospechoso a quien en la transcripción de la declaración citan como “Chivelli”, que en realidad era el escritor y aventurero Angelo Ghirelli, con el que Silvestre mantuvo una relación que, aunque poco documentada, aparece en todas las reseñas como persona de dudosas referencias. Prueba de ello es el telegrama que, con fecha 17 de junio, dirige el Alto Comisario al Comandante General donde se indica que no es necesario aceptar dar entrada en nuestros trabajos políticos a otros elementos que no sean los que ya disponemos, y le pide agradezca a Ghirelli su gestión, al parecer, en un asunto relacionado con la retirada del Harka de Hamido. No hace mucho encontré casualmente en Palma de Mallorca la sepultura de Ghirelli; estaba casado con Elisa, hija del célebre pintor impresionista Eliseo Meifrén Roig, y falleció en la isla en 1953.
El viernes 8 de julio, aprovechando un permiso, Fortea se desplaza a Melilla y es recibido en la Comandancia por Silvestre. Sobre su mesa el General despliega un plano y anuncia al capitán que el revés de Abarrán, todavía muy vivo en el recuerdo, merecía una revancha e insiste en su idea de conquistar Tizzi Azza como paso definitivo en la conquista de Alhucemas. Tan solo le faltaba material -decía- y otros elementos que no le mandaban, pero aseguraba estar en condiciones de poder llegar hasta Alhucemas.  Fortea, más comedido, sugiere al General esperar a que se redujera el harka por tener que consagrarse a las faenas agrícolas o por agotamiento, y vuelve a recordar la necesidad de situar el blocao en la Kabila, localizando por primera vez la nueva posición entre la Intermedia B y Yebel Uddia. Esto es importante para ubicar la posición sobre el territorio ya que la única referencia que tenemos es un puente de madera en la pista que conduce desde Ben Tieb hasta Annual. El puente fue construido en el mes de mayo por el capitán de ingenieros Antonio Sarmiento León Troyano, y según la declaración de los testigos, la posición se situaría a la izquierda del camino en dirección Annual. Antes de abandonar el despacho, Fortea recibió órdenes de incorporarse a su mía, reunirse con el coronel Morales y preparar un reconocimiento sobre Tahuarda.  Quiso el destino que aquel día se cruzasen en la Comandancia dos capitanes que, sin saberlo, serían protagonistas el 22 de julio en el asentamiento de la nueva posición. Julio Fortea tuvo la idea, y Benito Luque Pinillos, que se cruzó con él cuando iba a presentarse al Comandante General, fue el encargado de conducir las tropas de Ceriñola que debían quedar de guarnición.

Pista Annual a Ben Tieb. Imagen cedida por Juan Tomás Palma Moreno

Entrevistas en la pista
Tras una semana de permiso, Fortea se incorpora a su mía cuyo mando había accidentalmente quedado al cargo del teniente Enrique Haro ya que el más antiguo, Alfredo Erquicia Aranda, se había hecho cargo de la oficina indígena de Annual el 2 de julio. Tradicionalmente hemos ubicado al teniente Haro Melgares de Segura en la Intermedia A el 22 de julio, ahora puedo afirmar rotundamente que este oficial no estuvo destacado ni un solo día en la Intermedia junto a los hombres que mandaba el capitán Escribano Aguado. Tal y como veremos, el teniente Haro murió en Monte Arruit, adonde se había retirado con los restos de su mía. El día 15 recibe orden telefónica del coronel Morales de reunirse con él a la mañana siguiente en la pista, cerca de Yebel Uddia. Junto a Ben Chelal revistan el servicio que presta la mía y recorren las inmediaciones buscando los puestos enemigos, con el objetivo de ocupar una posición a unos 6 kilómetros de Uddia, apta para situar una batería de montaña que pudiera batir la entrada de Tizzi Azza. Demasiado peligroso: para llegar allí había que sortear al enemigo parapetado en Amesauro, a espaldas de Igueriben, y solo contaban con la mía  de Fortea y la 12ª de Capablanca que tenía su cabecera en Buhafora. Morales y Fortea deciden unánimemente que la operación resulta del todo imposible y que se corre el riesgo de caer en un segundo Abarrán, de persistir en la idea. Finalmente, por contentar a Silvestre, el coronel considera la posibilidad de realizar la operación llevando a cabo una maniobra desde Buhafora y Zayudait, pero también en este caso coinciden en la imposibilidad de tal acción. Fortea acompaña a Morales hasta Ben Tieb y durante el camino conversan acerca de la situación poco favorable y de las confidencias recabadas sobre el posible levantamiento de las kabilas tras la recogida de la cosecha.  
El 16 de julio, Fortea vuelve a reunirse con Morales; este le pide formar un harka amiga, por lo que el capitán parlamenta con los jefes, esa misma tarde forma el contingente e informa a su coronel. Asimismo, ambos oficiales parlamentan sobre las confidencias recibidas en la mía del capitán en el sentido de que la harka se ha engrosado considerablemente y pretende cortar el suministro entre Izzumar y Annual.  Con el objeto de reforzar la mía, el capitán recibe la promesa de Morales de que dispondrá de 80 hombres más y 2 oficiales que se incorporarán dos días después. Al día siguiente desde Yebel Uddia son testigos del intenso fuego que se cierne sobre Igueriben y saben que el escuadrón del capitán Cebollino ha podido llevar algo de agua a la posición que inicia entonces su calvario. A partir de este día los efectivos de policía indígena desplegados en la zona se irán incrementando en la medida de lo posible. El 18 llegan a Ben Tieb los refuerzos prometidos por el coronel Morales: 80 hombres  junto a los tenientes Joaquín Crame Martínez y Antonio Martínez Luque. El capitán Fortea se hace acompañar de los jefes de su kabila para garantizar la seguridad de sus tropas. Los refuerzos quedan en Yebel Uddia y al día siguiente se incorporan en Dar Mizziam el capitán Jiménez Ortoneda, el teniente Suárez Cantón y 30 policías de infantería pertenecientes a la 8ª Mía que tenía su cabecera en Afsó. Estas tropas no quedaron en la cabecera de la mía sino que se desplegaron entre Yebel Uddia y la Intermedia B.

Vista aérea de las posiciones, fotografía tomada y cedida por Santiago Domínguez Llosa

Ese mismo día 18, muchos oficiales que se hallan de permiso en Melilla reciben orden de incorporarse a sus unidades y el alto mando decide la creación de compañías provisionales para reforzar las tropas que se hallan en el frente. El diario de operaciones de la Comandancia del mes de julio refleja el movimiento de  tropas.  Del regimiento de África; la 1ª/I que manda el capitán Asensi se incorporará a la columna del Zoco el día 19, y otra compañía formada por destinos quedará repartida entre Batel, Tistutin y Usuga. El regimiento de San Fernando organizará una compañía de destinos que quedará de guarnición en Uestia, y otra, que se hallaba en la plaza, se unirá a las fuerzas acantonadas en Drius. El regimiento de Melilla 59 no organizó compañías provisionales, todas se hallaban en primera línea, tan solo se produjo el relevo de las fuerzas en Sammar e Ishafen. Finalmente, se ordena a la policía indígena que designe un destacamento de 15 policías para guarnecer el fortín del puente del camino entre Ben Tieb y Annual. 
A las 15.35 horas del 18 de julio el regimiento de Ceriñola recibe un telefonema de la Comandancia General dirigido al teniente coronel José Ros (jefe accidental):
Disponga Vs que la 3ª/II de ese cuerpo, presente en la plaza, marche mañana 19 a pernoctar en Zeluán, para continuar el día siguiente a Batel, el 21 a Ben Tieb y el 22 a Annual, donde quedará de columna. Con resto de fuerza disponible en esta plaza y destinos menos indispensables organizará además dos compañías de 60 hombres mandadas por capitanes y oficiales de los presentes en la plaza, que, saliendo también mañana de esta, relevará una de ellas a la 1ª/III en Nador y a la 6ª/III en Monte Arruit y Zaio, uniéndose las relevadas en estos puntos a la 3ª/II y marchando con ella a Annual donde quedarán de columna.
Aunque explícitamente no se hacía referencia a la posición sino a que las compañías debían unirse al batallón de Ceriñola en Annual, es en este preciso momento cuando todos los protagonistas que intervienen en este relato se hallan ya en liza. Hay que destacar que no se cumplieron a rajatabla las órdenes de la Comandancia ya que las dos compañías provisionales no fueron mandadas por capitanes sino por tenientes. En cuanto al número de hombres, se superó la cifra que se demandaba: ambas unidades superaban los 70 hombres. La 1ª provisional iba al mando de los tenientes Antonio García Fernández y Luis Balmaseda Sánchez, y al frente de la 2ª los tenientes Enrique Navasa Pérez y Tomás Pérez Andrade.

Tomás Pérez Andrade 1897-1921

De las 23 compañías operativas que poseía el regimiento, incluyendo las dos provisionales, estaban destacadas en primera línea un total de 20. En cuanto a las tres restantes: la de ametralladoras del I Batallón se hallaba en la plaza en reestructuración, la 5ª/I en el Peñón de Vélez y la 2ª/III en Alhucemas. Sumando todos los efectivos destacados en columnas o destacamentos fijos ascienden a las siguientes cifras: 2 jefes, 65 oficiales y 1848 clases y soldados. Posteriormente, con fecha 5 de septiembre, de toda la oficialidad se darían por desaparecidos o muertos a 57 oficiales y hasta 1517 de tropa, aunque realmente el número de muertos de la unidad se situó alrededor de los 1140 hombres, ya que no se habían contabilizado ni los prisioneros ni los que fueron apareciendo a medida que se iban recuperando las posiciones perdidas durante el Desastre.
Martes 19 de julio. Fortea, que sigue con sus descubiertas y sus servicios rutinarios mientras la situación en Annual se torna cada momento más complicada, vuelve a reunirse con Morales hallándose esta vez presente el general Navarro que apresuradamente ha vuelto de la Península donde disfrutaba de unos días de permiso. Fortea recibe órdenes de esperar en la pista, en las proximidades de Ben Tieb, a las fuerzas de dos mías de policía que deben incorporarse urgentemente al campamento de Annual: la 6ª y la 10ª a las órdenes de los capitanes Carrasco y Aguirre Olozaga, que con 9 oficiales y 332 soldados no pueden incorporarse esa noche al campamento de Annual y pernoctan en Ben Tieb. De madrugada llega otra mía, la 5ª del capitán Cayuela reforzada con un harka amiga. Según el testimonio de este capitán, llegaron a Ben Tieb a las dos de la madrugada y allí, despierto, les estaba esperando el incansable coronel Morales con quien partieron al día siguiente hacia Annual. En aquellos días la posición de Ben Tieb se convirtió en un auténtico ir y venir de fuerzas en su camino hacia el campamento de Annual del que le separaban 21 kilómetros.
En los 17 kilómetros que hay entre Izzumar y Ben Tieb se hallaban distribuidas un total de 8 posiciones: cuatro en el margen derecho dirección Annual -Ben Tieb, Dar Mizziam, Morabo e Izzumar- y otras cuatro a la izquierda de la pista -Dar Salah, Intermedia A, Yebel Uddia e Intermedia B-. El 20 de julio, en esta extensión de territorio, y para contener lo que pudiera acontecer en Annual, se hallaban dispersos 1 jefe, 35 oficiales y 922 clases y soldados, y 10 piezas de artillería, que se vieron incrementados el día 21 con una batería de montaña en Izzumar, los escuadrones de Alcántara y la columna del capitán Luque Pinillos. Ni con este despliegue de fuerzas se podría contener lo que se avecinaba, ni mucho menos organizar una línea de defensa en Ben Tieb. Quedará para siempre la eterna duda de la cifra real de muertos que se produjeron en estos kilómetros malditos. El teniente coronel Ros escribirá en su informe que los 18 kilómetros que separan Izzumar y Ben Tieb quedaron sembrados de cadáveres. El único que hasta el momento ha aportado una cifra ha sido el teniente coronel Pérez Ortiz en su libro publicado en 1923. El 22 de julio en Dar Drius, a requerimiento del general Navarro, confeccionó unos listados que, aunque incompletos, demuestran la alta mortalidad que se dio en este tramo de la retirada. Pérez Ortiz solo contabilizó las unidades de infantería presentes en la posición, anotando cuántos hombres quedaban el 22 por la noche y cuántos por la mañana. Tan solo entre los tres regimientos de infantería se hallaban muertos o desaparecidos 680 hombres y 18 oficiales. El letal reparto correspondería por unidades así: San Fernando 11, 142 soldados y 9 oficiales; Ceriñola 42, 368 soldados y 4 oficiales; África 68, 170 soldados y 2 oficiales. El teniente coronel no incluyó en sus listas a ingenieros, regulares, policía indígena, ni a intendencia, artillería o caballería. 

Plano de las posiciones en la pista Annual-Ben Tieb. Realizado por el autor.

La última noticia que sobre la posición sin nombre he podido localizar se remonta al 21 de julio, cuando Igueriben había sucumbido tras el martirio sufrido. En Dar Mizziam, caída la tarde, Fortea intenta comunicar con el coronel Morales sin conseguirlo ya que las comunicaciones con Annual se hallan cortadas. Tampoco consigue comunicar con la sección de campaña de Melilla, únicamente logra hablar con el capitán Dolç del Castellar, jefe de estado mayor en Dar Drius, a quien le insiste en la necesidad de instalar la posición y advierte de la gravedad de la situación. El oficial trasmite su petición al general Fernández Silvestre y horas después recibe un telegrama donde le comunican que la petición queda autorizada. Si este extremo fuese correcto habría sido una de las últimas decisiones que partieron de Annual antes de decidir la retirada horas después.


La columna del capitán Luque
Amanece el día 19 y en el regimiento de Ceriñola, siguiendo las órdenes recibidas, se prepara la compañía que junto a las dos provisionales debe reunirse en Batel para formar la columna que, a las órdenes del capitán Benito Luque Pinillos, debe dirigirse hacia Annual. Sin embargo, esa mañana la columna que parte de Melilla formada por la 3ª/II y las dos compañías provisionales marcharán al mando de un teniente. Sobre los efectivos que forman la primera de ellas existen, como es normal, divergencias.

Benito Luque Pinillos 1880-1921
En el informe elaborado por el teniente coronel Ros Sánchez se indica que la formaban 83 hombres, por el contrario, en la relación de los destinos que tenía el regimiento el 1 de julio se indica que la unidad tenía 148 hombres en revista: 37 eran baja por diversos motivos, y 111 disponibles. Al mando de la unidad se hallaba el capitán Luis Franco García -erróneamente apellidado Franco Rodríguez- que estaba por incorporar, y de permiso en la Península se hallaba el teniente Emilio Infante Rodríguez, oficial que una vez incorporado fue destinado con posterioridad al Tercio de Extranjeros y murió en combate en Ras Tikermin el 22 de diciembre de 1921. El mando de la compañía lo desempeñaba el teniente Antonio Muñoz Dueñas (23-12-1889), perteneciente a la Escala de Reserva y con antigüedad en su empleo desde mayo de 1915, y el otro oficial era el teniente Fernando Velasco García (24-6-1892). A esta unidad se suman los cuatro ofíciales y los 155 hombres que componen las dos compañías provisionales. Desde el  principio me llamó la atención que una fuerza de casi 250 hombres se dirigiera hacia el frente al mando de un teniente. Supongo que la causa se debió precisamente a que tan solo debía cubrir el trayecto hasta Zeluán, donde Muñoz Dueñas entregaría el mando de la columna al capitán Pérez-Peñamaría. Como veremos más adelante, este extremo también llamó la atención del general Picasso y posteriormente la del Consejo Supremo de Marina y Guerra. Al pasar por Nador queda destacada una parte de la 2ª provisional al mando del teniente Navasa, y se incorpora una sección de la 1ª/III al mando del teniente José Medina Morris. El resto de la fuerza continúa hasta Zeluán, donde la otra parte de la 2ª provisional queda de guarnición al mando del teniente Tomás Pérez Andrade, quien moriría días después tras la capitulación del 3 de agosto.

En Zeluán, queda al mando de la columna el capitán José Pérez-Peñamaría Saco (6-10-1878), veterano oficial con más de veinte años de servicio. La compañía lleva desde el mes de mayo entre Nador y Zeluán, y sus efectivos ascenderían, según el informe del teniente coronel Ros, a 104 hombres y 4 oficiales, aunque en la lista de destinos figure que la fuerza disponible fuera de 86 soldados, ya que 26 se hallaban no disponibles por diferentes conceptos. Los oficiales al mando de secciones eran los tenientes Joaquín Arándiga Pluchán, José Medina Morris y Jesús Pérez Pérez. Esa noche las tres compañías -aún permanece junto a ellas la 1ª provisional- pernoctan en Zeluán. La mañana del 20 la columna parte en tren hacia Monte Arruit  donde se unirá la compañía que falta que será relevada por la provisional. Hasta ese momento, en Arruit se hallaba al frente de la escasa guarnición el capitán Benito Luque Pinillos (8-5-1880), con antigüedad en su empleo desde noviembre de 1909, habiendo participado en la campaña de Melilla y posteriormente en la del Kert. La 6ª/III dividía sus efectivos entre  Zaio y Arruit; en lista de revista la unidad tenía 118 soldados aunque en el informe Ros aparecen 88. Eran oficiales de esta unidad los tenientes Francisco Rodríguez Pons, Elifio Feliz de Vargas Martín, Honorato Hernando Romero y Evaristo Meana Brun que se hallaba en Annual. Tras formalizar el relevo, queda en Monte Arruit una fracción de la 1ª provisional al mando del teniente Antonio García Fernández, quien provisionalmente quedó al mando de la posición y moriría días después durante la defensa del reducto. La otra sección partió hacia el Zaio junto al teniente Luis Balmaseda, y según consta en la información del regimiento fue la única fuerza de todas las que tenía destacadas en el frente que se retiró -siguiendo órdenes- sin combatir. 

Teniente Elifio Feliz de Vargas Martín
De ahora en adelante utilizaré las cifras que aportó el regimiento en su detallado informe donde indicaban el nombre de los oficiales, el número de soldados y el lugar donde se hallaban el 22 de julio. Así, la columna que quedó al mando de Benito Luque sumaba 10 oficiales y 275 clases y soldados, que desde Batel partieron al alba del 21 de julio desconocedores del trágico devenir que les esperaba. El primer rancho lo consumieron en Drius, y por la noche las tropas cenaron en Ben Tieb, pero aún no habían llegado a su destino ya que debían continuar hasta Annual. No tengo constancia de cuándo recibieron la orden de instalar la posición. En Ben Tieb se hallaba también la 3ª Compañía de zapadores que al día siguiente se incorporaría a la columna de Luque. Esta unidad se hallaba bajo el mando del capitán Agustín García Andújar (Almería 25-06-1893), y tan solo tenía un oficial en sus filas: el alférez Casimiro Gil Vicent. Los efectivos oscilan entre 94 y  117 hombres, algunos de los cuales eran agregados de infantería que trabajaban construyendo la pista de Annual. Luque había sido jefe de posición en Arruit, posteriormente condujo su columna y ahora ocupaba su tercera jefatura en Ben Tieb, ya que seguía siendo el capitán más antiguo.
Cuando el 11 de noviembre de 1921 declarase ante el general Picasso, el comandante Alfredo González Larrea diría desconocer que aquellas compañías se hallaban en Ben Tieb el 22 de julio. Tan solo tenía constancia de la presencia del Tren Regimental haciendo viajes hacia Annual. Sin embargo, afirmó conocer que cuando se trataba de marchar más de una compañía debía hacerlo a las órdenes de un jefe. Finalmente, González Larrea y el propio teniente coronel Ros Sánchez fueron encausados y juzgados siguiendo los testimonios deducidos del expediente instruido por el general Picasso. En la plaza se hallaban tres jefes del regimiento y ninguno de ellos se puso al frente de la columna: Alcántara -jefe del II Batallón- y los comandantes González Larrea -I Batallón- relevado de Sidi Dris el 7 de julio, y Francisco Mingo -III Batallón- que estuvo en Igueriben hasta el  13 de julio. No entraban en el turno de operaciones los comandantes Marín y Torres, el primero mayor y el segundo encargado del depósito de municiones del regimiento. Manuel Ros Sánchez, jefe del III Batallón era el jefe accidental del regimiento desde que el 21 de abril el coronel Riquelme le hizo entrega del mando para poder ser operado en Madrid. De los seis jefes que tenía el regimiento, tan solo dos se hallaban en primera línea: el teniente coronel Marina Viñaras -jefe del I Batallón- y el comandante Julio Benítez -II Batallón- ambos muertos en combate. En cuanto al resto de regimientos de infantería, la proporción fue la siguiente: San Fernando 11; 7 jefes disponibles (3 en el frente, 2 muertos en combate y 4 en Melilla); Melilla 59; 7 disponibles (5 en el frente, 2 muertos en combate, 3 prisioneros); África 68; 7 disponibles (4 en el frente,  3 muertos en combate y 3 en Melilla). El defensor de Ros y González Larrea argumentó en su favor que en las órdenes que la Comandancia dictó al regimiento no figuraba que al frente de la columna debía ir un jefe. La normativa -no escrita- indicaba que los comandantes mandaban posición y los tenientes coroneles columnas. También aducía en su favor que ambos oficiales se incorporaron voluntariamente el 23 de julio sin recibir orden alguna, aunque no pudieran pasar del río Igan donde soldados de intendencia les indicaron que el camino estaba cortado. Ros fue condenado a la pena de reclusión de tres años y un día con la accesoria de separación de servicio, y en abril de 1923 fue dado de baja siendo coronel. Cumplió condena en Chafarinas junto a otros oficiales encausados por los sucesos de julio. González Larrea fue condenado a una pena de seis meses y un día que cumplió en la prisión militar de Cádiz, donde ingresó en abril de 1923. El regimiento de  Ceriñola,  por ser su jefe accidental el teniente coronel Ros Sánchez,  se encargó de confeccionar el informe más detallado y preciso de todas las unidades que se vieron involucradas en el Desastre. El informe que remitió a Picasso el coronel Morales, jefe del regimiento a partir del mes de agosto, fue redactado por Ros Sánchez entre los meses de septiembre y diciembre de 1921, y constituye una pieza inédita, exhaustiva, precisa y de gran valor para los que investigamos sobre el Desastre.
Las últimas líneas que escribió el teniente coronel Ros el 2 de octubre decían: Ninguno de los nuestros pudo hacer más de lo que hizo. Morir.

Soldados de Ceriñola, 1920. Arriba a la izquierda  Pedro Romero Ahumada.
Imagen cedida por su biznieto Eloy Jiménez Jiménez.
Un viaje de noche
La primera prueba fehaciente acerca de la determinación de instalar la posición la encontramos en la Comandancia de Melilla a las once de la noche del 21 de julio: en la sección de campaña del Estado Mayor están reunidos varios oficiales, uno de los cuales -el teniente coronel Capablanca- decide que se forme una columna que, al mando del teniente coronel Primo de Rivera, parta desde Ben Tieb y fortifique una posición en el lugar donde indique el capitán Fortea. Al jefe accidental de Alcántara se lo comunicarán telegráficamente al campamento de Dar Drius donde se hallan los escuadrones reagrupados. La columna deberá llevar un oficial de Estado Mayor; a pesar de que en principio el elegido es el capitán Luis Vega -recién llegado de Annual donde ha sido relevado por Emilio Sabaté- al parecer debido a que estaba indispuesto se decide finalmente que sea Sigifredo Sainz Gutiérrez, destinado en la Comisión internacional de límites de Marruecos.

Izquierda, capitán Sigifredo Sainz Gutiérrez junto al capitán
de ingenieros Jesús Aguirre y Ortiz de Zárate. Imagen cedida
por Regina López Aguirre, nieta del capitán Aguirre.
A bordo del Antonio López tras la liberación.
Sainz, junto al también capitán y compañero de destino Enrique Sánchez Monje, se había presentado voluntariamente en la Comandancia ante las alarmantes noticias que se recibían. En la puerta de la Comandancia le espera el comandante González Simeoni, jefe de la sección de campaña, con las últimas órdenes. Puntual a su cita, Sainz se reúne con Simeoni y el comandante Alfonso Fernández que debe partir al encuentro de la columna móvil de Dar Quebdani. La actividad en la sección de campaña es incesante aquella noche; a las dos de la madrugada Sainz marcha junto a su asistente, el soldado de Alcántara Celestino Herrera Gálvez. El capitán partiría de Melilla el 22 de julio y no regresaría hasta el 28 de enero de 1923. El viaje de noche resulta todo menos tedioso para el oficial y su chofer; varias averías obligan a Sainz a subir a uno de los camiones de suministros hasta que el conductor, tras solventar el desperfecto y alcanzar el camión, sube al capitán y consigue llegar a Drius. Sainz, que ve que los camiones de ingenieros están allí, se reúne con Jacinto Dolz del Castellar -jefe de Estado Mayor en Drius- le transmite las necesidades para fortificar la posición y ultiman los detalles. Deciden que Sainz se adelante hasta Ben Tieb, donde esperará a que lleguen los escuadrones de Alcántara, la columna de Luque, los zapadores y el material que necesita: básicamente material de fortificación (8000 sacos y 80.000 cartuchos de máuser), y una estación óptica. Por la mañana en Ben Tieb Sainz anotó todo lo que recibió: tan solo 2000 sacos de los 8000 pedidos, y faltaba la estación óptica, lo que querría decir que cuando se hallaran en la pista no podrían comunicarse con nadie. Antes de partir cuenta los efectivos de las compañías; aunque incurre en alguna pequeña anomalía es justificable teniendo en cuenta el momento crítico y el tiempo transcurrido hasta que tantos meses después sus notas ven la luz. Según éstas componen la columna de Ceriñola: 8 oficiales, 263 soldados, 3 caballos y 30 mulos; la compañía de zapadores de García Andújar: 2 oficiales y 94 soldados. En Ben Tieb se hallaba el 5º Escuadrón de Alcántara al mando del capitán Ricardo Chicote formado por 4 oficiales y 86 cazadores. Las tropas que llegaron al mando de Primo de Rivera serían: 1er Escuadrón (3 oficiales y 50 soldados); 2º Escuadrón (3 oficiales y  61 soldados); 3er Escuadrón (3 oficiales y 67 soldados); 4º Escuadrón (3 oficiales y 63 soldados);  y escuadrón de ametralladoras (3 oficiales y 50 soldados). En el regimiento de Alcántara, Sainz contabilizaría 1 jefe, 19 oficiales y 377 soldados. Picasso elevaría estas cifras hasta 22 oficiales y 439 soldados: 461 hombres. En las notas del capitán Sainz se puede leer que junto a las tropas se halla una ambulancia, y que faltan sacos y la estación óptica.
Cuando faltaban pocas horas para que miles de soldados emprendieran la huida desde Annual, una columna de más de 800 hombres  penetraba en el núcleo de la tragedia de la cual muy pocos podrían escapar.

Pista Annual a Ben Tieb. Imagen cedida por Santiago Domínguez Llosa

Agradecimientos
Quiero dar las gracias a Santiago Domínguez Llosa, Benito Gallardo Sierra y a Juan Tomás Palma Moreno por ayudarme a ubicar el puente de madera y las posiciones que se hallaban en la pista Annual-Ben Tieb. También por enviarme fotografías, por compartir conocimientos y sobre todo por escucharme. Todos ellos forman parte de la Asociación de Estudios Melillenses, de la cual es presidente Benito Gallardo, donde mantienen el recuerdo por los acontecimientos del desastre. Su conocimiento del lugar y la historia me han servido de inapreciable ayuda. Cuando visité en abril de 2012 los territorios de la antigua comandancia junto a mi anfitrión y amigo Juan Palma cumplí el viejo anhelo de poder departir con todos ellos en su sala de lectura.


jueves, 2 de agosto de 2012

Las 48 horas de Haf

Las 48 horas de Haf

Dentro del mosaico de posiciones que formaban las diferentes circunscripciones se hallaban diseminados por toda la Comandancia pequeños núcleos defendidos por poco más de una compañía o sección. Muchas de estas pequeñas posiciones se replegaron sobre otras de mayor tamaño o sobre las cabeceras de las demarcaciones. Sin embargo, al tener unos medios de defensa tan limitados algunas de ellas fueron prácticamente aniquiladas por no haber podido ser ni abastecidas ni ayudadas. Gracias al expediente que se instruyó para conceder la Cruz Laureada al capitán de infantería Ernesto Rodríguez Chacel podemos conocer con gran profusión de detalles lo que sufrieron y padecieron los defensores de Haf hasta que la posición fue prácticamente exterminada tras cuarenta y ocho horas de resistencia a ultranza.

Ernesto Rodríguez Chacel 1893-1921
La circunscripción del Zoco de T’Latza de Bu Beker era la que tenía asignada el regimiento de infantería de África 68. La cabecera se hallaba en el Zoco donde se había construido un gran campamento que, probablemente junto al de Dar Drius, era de los pocos que reunía suficientes servicios y condiciones de defensa: depósito de municiones, hornos de intendencia, talleres de adobe, barracones para la tropa y oficiales, emplazamiento para la artillería y ametralladoras, parapeto en condiciones, y dos depósitos de agua uno metálico y otro de piedra. Paradójicamente, el agua se encontraba muy lejos por lo que para abastecer a los destacamentos y al campamento se utilizaban camiones aljibes que debían recogerla en las fuentes de Ermita, a 38 kilómetros de la cabecera. En verano se realizaban dos viajes diarios y en invierno uno. Una vez en el Zoco, y cargadas las cubas en camellos, se distribuía por las posiciones más lejanas; Haf y Tazarut Uzay. El campamento fue construido bajo la supervisión  del teniente coronel Ricardo Fernández de Tamarit, y de él dependían un total de 21 posiciones: Zoco T’Latza, Tixera, Tenial el Hanra, Arreyen Lao, Morabo de Abd el Kader y avanzadilla, Ergada, Loma Redonda, Mesaita 1 y 2, Siiach 1 y 2, Reyem Guerrao, Sidi Ali, Haf, Afsó, Tamasussin, Sidi Gayub, Ben Hiddur y su avanzadilla y Tazarut Uzay que se hallaba muy próxima a la zona francesa. En las inmediaciones del campamento general se hallaba acampada una de las tres columnas móviles de las que, en principio, parecía disponer el Comandante General para socorrer o acudir allí donde fuera preciso. El final  de las tres columnas fue trágicamente similar y  todas ellas -Cheif, Kandussi y la del Zoco- aportaron un altísimo número de muertos a la estadística mortal del Desastre.
El 21 de julio, entre la posición del Zoco y el campamento de la columna, el regimiento poseía efectivos de seis compañías de fusiles, en algunos casos incompletas: la 1ª del I Bon que llegó al Zoco el mismo día 21, la 3ª del I Bon no completa, la 5ª/I, Ametralladoras del II Bon, 2 secciones de la 3ª del II Bon, y la 5ª y 6ª Cía del III Batallón. Al margen de los efectivos del 68 de infantería, también se hallaban en la posición: un destacamento de artillería de la Comandancia al mando del teniente Aurelio Areñas, otro de intendencia al mando del teniente José Herrera Balaguer y una sección del 5º escuadrón del Alcántara 14 que mandaban el sargento Enrique Benavent y el veterinario 3º del regimiento José Montero Montero. Cerca del Zoco, en Siach, tenía su cabecera la 9ª Mía de policía indígena a las órdenes del capitán de caballería Francisco Alonso Estringana, de la que formaban parte un total de 198 hombres entre oficiales y tropa. Por tanto, el 21 de julio a las órdenes del teniente coronel Saturio García Esteban, jefe del II Batallón, se hallaban un total de 970 hombres en la cabecera, y otros 596 oficiales y soldados repartidos por las diferentes posiciones, en un territorio que abarcaba casi 1500 kilómetros cuadrados. Cuando el regimiento, por orden del general Picasso, aportó las relaciones de supervivientes el 22 de julio de 1922, se pudo comprobar que de aquellos 1566 oficiales y soldados pudieron escapar con vida tan solo 441 hombres: 313 de la columna móvil y 128 del resto de la circunscripción. Entre la retirada a zona francesa y el aniquilamiento de las diversas posiciones el regimiento perdió a más de 1100 hombres.

Zoco T'Latza de Bu Becker

El pequeño campamento de Haf y su avanzada  se hallaban a 15 kilómetros del Zoco, desde donde eran avituallados a pesar de estar más cerca de Dar Drius, cuyo campamento era visible con prismáticos. El 21 de julio se hallaban al frente de su defensa el capitán Ernesto Rodríguez Chacel, jefe de la 2ª Compañía del II Batallón, el teniente Manuel García Ovies, y 64 sargentos y soldados. La Comandancia de artillería tenía destacada  parte de la 3ª Batería a las órdenes del teniente Manuel Corominas Gispert y 20 artilleros. La policía indígena de la 10ª Mía disponía de un pelotón de 10 askaris y, finalmente 3 soldados de la Comandancia de ingenieros que debían comunicarse con la cabecera a través de la próxima posición de Ben Hidur, a 8 kilómetros de Haf. Al mando de esta posición se hallaba el teniente Manuel Alfonso Crespo, testigo directo de todas las comunicaciones entre Rodríguez Chacel y García Esteban, ya que todos los mensajes pasaban por su estación heliográfica. En total unos 101 hombres -algunas fuentes lo elevan hasta 150- para defender la primera posición de la circunscripción que sucumbió al empuje rifeño tras cuarenta y ocho horas de resistencia. En la cercana Tamasussin se hallaba la tercera sección de la compañía al mando del teniente Sergio González, y un destacamento de policía indígena que mandaba el oficial moro Muzza. Reunía esta posición muy pocas condiciones de defensa ya que solo se hallaba dotada de un parapeto de piedra seca y una alambrada que lo circundaba.

Teniente coronel Saturio García Esteban y Capitán González Vallés (derecha)

Para instruir el juicio contradictorio y dilucidar si el capitán Rodríguez merecía o no la Laureada se designó al comandante Manuel Rodríguez González, juez permanente de causas en Melilla. Creo que no hay duda de que la iniciativa de solicitarla partiría, bien del capitán Alonso, bien de su viuda Amelia Partearroyo. En todo caso, la instrucción no apareció publicada en el Diario Oficial del Ministerio de la Guerra hasta el 8 de julio de 1926, casi cinco años después de la muerte del oficial, siendo la decisión final la no concesión de dicha condecoración a Ernesto Rodríguez Chacel. Dejo a criterio del lector el decidir si fue justa o injusta tal determinación, que se repitió en muchos otros casos en los que les fueron denegadas las Laureadas a tantos soldados y oficiales.
El 22 de julio el capitán Alonso se reunió con el teniente coronel y le advirtió de la inminencia de un ataque a las posiciones de primera línea. García Esteban se hallaba al frente de la posición debido al turno rotativo según el cual cada uno de los tres tenientes coroneles de regimiento se turnaba al frente de la circunscripción. Alonso señaló también la necesidad de abastecer las posiciones de Tazarut, Reyen, Haf, Loma Redonda y Sidi Ali. Se necesitaban municiones y granadas, pero también aceite, tocino y harina. Era necesario que pudieran llegar hasta Batel para poder volver con el cargamento indispensable para el sostén de las unidades. Alonso no pudo pasar de Tistutin donde se enteró de la muerte de Silvestre y del principio del fin de la Comandancia, y con estas pésimas noticias llegó al Zoco a las 20:00 h, sin haber podido llevar ni las municiones ni la comida. Aquel día por la tarde en Haf ya fueron conscientes del alcance de la situación, ya que pudieron advertir que llegaban a Drius los restos de la columna de Annual. Es en ese momento cuando Rodríguez Chacel comunica que faltan municiones y agua, y advierte la presencia de un gran número de rifeños en las inmediaciones. Comienza el sufrimiento, y aún cuando no se han escuchado los primeros disparos, el capitán ya ha adoptado las primeras medidas para preservar la posición que, como se supo después, estaba dispuesto a defender hasta la muerte. Durante la noche la guarnición rechaza en repetidas ocasiones el ataque de los rifeños, siendo la permanencia en el parapeto obligada para todos, tanto en la avanzadilla donde se hallaba la policía indígena de la 10ª Mía, como en el interior del reducto donde el capitán, fusil en mano, dispara desde el parapeto. Haf consume sus últimas municiones y el combate se escucha desde el Zoco, donde la zozobra invade el ánimo de todos. El último heliograma de esa noche solicita municiones y agua, y los primeros heridos sufren las carencias sanitarias en alguna de aquellas tiendas cónicas.

Sección de Alcántara 14 y Policía Indígena en el Zoco

En la mañana  del 23 se realiza la descubierta desde el Zoco y al teniente coronel le advierten que Haf está siendo duramente atacada. García Esteban decide que parta el convoy con el objetivo de entrar en Haf a toda costa. Alonso, sin embargo, afirmaría que fue él quien personalmente recibió la autorización del general Navarro desde Drius. Al mando del capitán Alonso parten la novena Mía y dos secciones de la compañía que manda el capitán de África Francisco Asensi, que debe reforzar la posición de Siach. Junto al capitán Alonso parten 60 jinetes, los tenientes Benito y Salama, el alférez Sanmartín y el médico Palacios para encargarse de los heridos que ya tienen en la posición. De nuevo, y como ya hemos visto en tantas ocasiones, el inmediato futuro de aquellos hombres pasa inexorablemente por hacer llegar el convoy. A los sesenta hombres de Alonso se unen cincuenta infantes, y con esta pequeña fuerza intentan socorrer a los soldados de Rodríguez Chacel. Antes de llegar a su destino, Alonso observa en las estribaciones del Yebel-Bu-Sfedauen y en las inmediaciones de Tixera una alta concentración de rifeños que intentan cortar el convoy. Con el objetivo de distraer la atención del adversario, Alonso divide a sus hombres y junto al teniente Salama carga contra el enemigo mientras la infantería, a cuyo frente se halla el teniente Jesús Benito, se dirige al encuentro de los rifeños que se hallan junto a Tixera. En ese momento el alférez Sanmartín con los mulos del convoy enfila la posición y consigue entrar los víveres y las municiones. La columna de Alonso tuvo en el enfrentamiento dos muertos y cinco heridos que pudieron ser evacuados posteriormente y, según declaró el capitán, se consumieron durante el combate 21 700 cartuchos de máuser. Alonso y sus oficiales serían los últimos en ver con vida a Rodríguez Chacel y a sus hombres. Días después, una vez repatriados a Melilla los miembros de la columna móvil que pudieron sobrevivir, el alférez Sanmartín escribía a su hermano, residente en Madrid, una carta en la que relataba las vicisitudes vividas durante aquellos días. El oficial tuvo en la misiva un recuerdo para los defensores de Haf, de quienes dijo “se comportaron como leones”.
Sargento Nicólas Iranzo Zaldo

Durante el tiempo que Alonso permaneció en Haf no le quedó duda de la clara determinación que el capitán tenía de resistir las acometidas rifeñas. En ningún momento observó señales de desmoralización entre la tropa que los recibió con vítores y aplausos. Lo peor aún estaba por venir y mientras tanto el teniente médico Miguel Palacios se hacía cargo de los heridos, que no me consta que pudieran ser evacuados. En la posición eran conocedores del drama vivido y de la caída de muchos otros emplazamientos, a pesar de lo cual en ese momento el capitán dice a su compañero que moriría antes de abandonar la posición. También comprobó Alonso que la avanzadilla, perdida al iniciarse el combate, había sido reconquistada y en su interior se hallaban los policías que habían combatido y permanecían en sus puestos. Las condiciones para la defensa parecía que mejoraban, ese día ya tenían agua, y los víveres sabían a gloria... No hubo tiempo para más, la columna debía volver al Zoco y sortear al enemigo cercano. Para ello la batería del teniente Corominas disparó fuego de cobertura y permitió que la columna regresara al Zoco. Idéntico testimonio que el de Alonso prestaron el teniente Palacios y el alférez Sanmartín; los dos oficiales restantes, Basilio Salama y Jesús Benito Martínez, sucumbieron dos días después, poco antes de la  retirada a zona francesa ordenada por el teniente coronel García Esteban.
El 23, durante toda la jornada, la posición es atacada y el cruce de heliogramas es cada vez más dramático. Ese día muchos de aquellos pequeños núcleos de resistencia envían idénticos mensajes a sus mandos: agotadas municiones; no tenemos agua; heridos y muertos en la posición; el enemigo en las alambradas; espoleta a cero… Cuando el general Navarro llega a Dar Drius los hombres de Haf ya llevan casi veinticuatro horas viviendo en el parapeto. No lejos de allí, también las posiciones próximas son asediadas; en el Zoco, a García Esteban se le acumulan las peticiones de ayuda desde Arreyen Lao, Siach, Tazarut donde sufren los primeros embistes rifeños. La situación para la columna móvil y las pequeñas guarniciones se torna cada vez más dramática. Ya desde el día 22, según reza el parte escrito por el teniente coronel García Esteban, la posición y la columna habían quedado aisladas y el camión-auto aljibe que desde Batel se dirigía al Zoco no pudo finalizar su recorrido por haber sido asaltado durante el trayecto. Tras la partida de la columna de Alonso, la posición siguió siendo atacada y es más que probable que fueran testigos del abandono de Dar Drius, lo que sin duda perturbó el ánimo de todos. Si los 3000 hombres de Navarro se veían impotentes para contener la sublevación, ¿qué destino aguardaba a los ya menos de cien defensores de Haf?

Guarnición de Arreyen Lao. 4ª Cia/I Bon.
Ernesto Rodríguez Chacel nació el 16 de marzo de 1893. Era hijo del entonces capitán de artillería Joaquín Rodríguez Sánchez y nieto del también oficial de infantería Vicente Rodríguez Tejero. Durante la guerra de Cuba se dio la circunstancia de que los seis hijos de Vicente Rodríguez se hallaban destacados luchando en la isla. El teniente coronel se negó a que ninguno de ellos se librara de combatir en el Caribe. Ernesto Rodríguez coincidió en la misma promoción con Vicente Rojo, Asensio Cabanillas, Martín Alonso y otros tantos de los que sucumbirían en Annual y otras campañas. Rafael Capablanca, Hernández Mira, Arturo Bulnes, Pérez García, Gavila Pelegrí, Querejeta Pavón, Hernando Pedrosa y otros muchos formaron parte del tributo que la promoción -que ingresó en 1911- debió pagar en Marruecos. Tras su ascenso a capitán, en julio de 1920, Rodríguez Chacel pasó primero por el regimiento de Serrallo en Ceuta, y de éste al de África al que se incorporó en abril de 1921. Poco después se casó con Amelia Partearroyo y tras su luna de miel fue destinado a Haf. El capitán y Amelia habrían disfrutado de la paternidad si el cruel destino no hubiera deparado tal suerte a Ernesto Rodríguez. En febrero de 1922, siete meses después de su muerte, nació su hijo Alfonso a quien, como hijo póstumo que también era, quiso apadrinar el Rey. El bautizo del niño se celebró en la parroquia de San Luis de Madrid el 18 de febrero, y el Rey fue representado por el general Barrera.
Tras el capitán se hallaba por antigüedad el teniente de artillería Manuel Corominas Gispert, nacido en 1894 y teniente de artillería desde 1918. En el escalafón de tenientes de artillería de 1921 ocupaba el número 93, justo detrás de Diego Flomesta, muerto días antes en Abarrán. Desde agosto de 1920 se hallaba capacitado para ascender a capitán cuando por antigüedad le correspondiera. Poco antes de su muerte en combate había solicitado un cambio de destino que, al parecer, fue concedido ya que aparecía publicado su traslado al 7º regimiento de artillería ligera en Barcelona en el Diario Oficial del Ministerio de la Guerra, cuando estaba ya fallecido. De todos los artilleros que servían a sus órdenes solo he podido localizar al sargento Nicolás Iranzo Zaldo nacido en Requena, Valencia, y destinado en la Comandancia desde el mes de febrero. Tras su muerte en combate, sus padres -Blas y Sofía- residentes en Requena, recibieron la pensión de 1.570 pesetas anuales. El 3 de octubre de 1922 el sargento Iranzo fue dado por desaparecido en campaña. En la Comandancia de Artillería de Melilla un total de 18 sargentos causaron baja por desaparecidos tras el Desastre. El tercer oficial era el más joven de los cuatro mandos; Manuel García Ovies había cumplido 21 años en enero, y según todos los testimonios supo estar a la altura de las circunstancias cuando todo estaba perdido. El  oficial había ascendido a teniente en junio, estando destinado en el mismo regimiento donde desempeñaba el empleo de alférez.

Teniente de artillería Manuel Corominas Gisbert

En Tamasussin, al frente de la tercera sección de la compañía se hallaba el teniente Sergio González Fernández, nacido el 16 de septiembre de 1896 y teniente desde junio de 1917. El  23 por la mañana, tras comprobar que la resistencia era imposible, los defensores abandonan la posición y parten en dirección Drius viéndose de camino obligados a refugiarse en el puesto de policía de Ahesor, donde se hacen fuertes resistiendo hasta que al día siguiente es asaltado el puesto y mueren todos excepto el soldado Honorato Juan Sabater quien días después pudo llegar a Melilla. A la caída de la tarde, la posición de Afsó fue aniquilada y saqueada sin que se presentaran supervivientes.
Será muy difícil, o prácticamente imposible, saber cómo se llamaban aquellos 100 soldados que formaban parte de la guarnición de Haf. Las listas confeccionadas por el regimiento un año después solo aclaran qué hombres sobrevivieron y en qué posición se hallaban el 22 de julio. En la relación de supervivientes del 2º Batallón se incluye una minúscula lista donde aparecen los que se pudieron salvar el 24 de julio en Haf. Tan solo aparecen dos nombres; los de los soldados Manuel Carro Nieto y Honorato Juan Sabater quien, como hemos visto, se hallaba en Tamasussin. Sin embargo, entre los testimonios que se recogen en el juicio contradictorio se menciona en  repetidas ocasiones al cabo Miguel Carles Prieto. El hecho de que posteriormente el cabo Carles no aparezca en las listas de sobrevivientes hace pensar que probablemente falleció en la retirada a zona francesa de la columna del Zoco. De los veintiún artilleros de la Comandancia tan solo figura un nombre, el del artillero 2º Manuel Silveiro Corchado, que pudo llegar exhausto al Zoco y desde aquí a zona francesa. Por tanto, podemos afirmar que de los 101 hombres solo dos escaparon con vida -de los que sepamos con seguridad que estuvieron en Haf- más otro que fallecería el 25 de julio. Tres de 101, un noventa y siete por ciento de muertos. Sobrecoge y asombra pensar que no se pudiera hacer nada para socorrerlos o, por lo menos, para reducir el número de muertos durante la retirada


Supervivientes de Haf

Para poder seguir los acontecimientos que se produjeron en la circunscripción me he valido del parte que el 10 de agosto remitió el teniente coronel García Esteban al Alto Comisario. A este escrito he unido la declaración ampliada que el mismo jefe hizo primero en Melilla el 2 de septiembre de 1921, y una tercera y última efectuada en Inca, Mallorca, el 13 de agosto de 1925. El teniente coronel incurre en contradicciones que él mismo reconoce cuando afirma que la última declaración es más aparente que real debido al tiempo transcurrido. Estas diferencias en los testimonios serían, en parte, la causa de que no se concediera la Laureada al capitán Rodríguez Chacel. Todos los testimonios restantes coincidirán en afirmar que el oficial se hallaba incluido en varios supuestos del reglamento y, por consiguiente, merecía la condecoración. En los dos primeros partes el teniente coronel, aún elogiando el comportamiento del capitán, afirma que había citado en los partes la conducta de muchos oficiales para ver si merecían gracia por parte de sus superiores. Finalmente, cuando declaró en su destino en Baleares atestiguó que el comportamiento de Rodríguez había sido encomiable y valeroso, pero no pudo precisar si el oficial había realizado actos comprendidos en el reglamento. Con toda probabilidad, las vacilaciones de García Esteban fueron, como mínimo, determinantes para hacer dudar al juez instructor. De los dieciséis restantes testimonios quince coincidían en hacerlo merecedor de la Cruz Laureada por hallarse incluido en el artículo 54, caso 7º, que reza: “merecerá la Cruz el que en combate con arma blanca, en cualquier ocasión mate, hiera o rinda a tres adversarios”. Otros declarantes situaban sus méritos en el caso 8º por haber rechazado al enemigo a pie firme produciéndole bajas, y por haber combatido con los rifeños a menos de cincuenta metros, en terreno franco y sin perder la posición. Como veremos el capitán y sus hombres cumplieron con creces ambos supuestos.
El 24 de julio la resistencia en Haf llega a una situación extremadamente difícil, sobre todo por la carencia de municiones y el aumento del número de los rifeños que rodean la posición. Los alféreces Bocinos y Sánchez Oliva afirmaron que gracias al ímpetu que mostraron los defensores se pudo conseguir distraer al enemigo tanto para asegurar la retirada de Drius como para distraer fuerzas que intentaban asediar al campamento del Zoco. En ninguna de sus declaraciones el teniente coronel habla de una junta de oficiales donde se debatiera si era factible o no socorrer a Haf el 24 de julio. En el parte del teniente coronel se cita literalmente que autorizó al capitán para que abandonase la posición tras recibir el último heliograma donde comunicaba que los rifeños estaban asaltando la alambrada. Sin embargo, gracias a la declaración que prestó en Melilla el veterinario Montero Montero, se puede afirmar que dicha junta se convocó el día 24 por la mañana con la intención de dilucidar si era posible el socorro a Haf.

Veterinario José Montero Montero

En un primer momento el teniente coronel sometió a la aprobación de todos los presentes un acta donde se hacía constar que ante la imposibilidad de auxiliar a los hombres de Rodríguez Chacel se les autorizaba a abandonar la posición en dirección al Zoco. Esta era sin duda la intención de García Esteban, y aunque parecía que era el criterio que debía prevalecer no fue así. Hubo un sector de oficiales -Tenientes Arenas y Mandly y el alférez Muñoz Bertet- que se ofreció a salir con sus unidades a cubrir la retirada de los hombres de Haf. Finalmente, García Esteban autorizó tal medida ante la presión de sus oficiales y mudó su primera decisión. Según relata el veterinario Montero, las compañías llegaron a formar, pero en el último momento se recibió desde Ben Hiddur la noticia de la caída de Haf. De aquellos tres oficiales que discreparon y se ofrecieron a sacrificarse tan solo sobrevivió Muñoz Bertet. El teniente Arenas Gaspar, jefe accidental de la 5ª Compañía del II Batallón fue herido en el cuello al abandonar el Zoco, y aunque pudo ser transportado en camilla no consiguió llegar a zona francesa. Arturo Mandly Ramírez, oficial de la escala de Reserva, cayó poco antes de llegar al campamento francés. El veterinario Montero consiguió llegar hasta el campamento galo, aunque durante la retirada falleció parte de la sección de Alcántara que en vanguardia de la retirada mandaba el sargento Enrique Benavent Duart, nacido en Valencia, y recientemente casado con Lutgarda Valcárcel con quien tenía un hijo de tan solo un año.


Teniente de infantería Francisco Arenas Gaspar

Reconstruir las últimas horas de Haf es algo que solo podemos hacer recurriendo al testimonio de los supervivientes, quienes dejan bien claro que lucharon hasta el último momento y que el capitán se mantuvo firme sin querer abandonar la posición hasta que inevitablemente se vieron forzados a hacerlo. Con el parapeto y las alambradas destruidas sale la fuerza tras el capitán al frente, el sable en una mano y la pistola en la otra, alentando a sus hombres a combatir. Primero cae el teniente García Ovies, después los demás oficiales hasta que finalmente, herido de muerte por una bala el capitán,  el resto de hombres corre en busca de la salvación. Según declaró el capitán Gil Rodríguez, la posición fue atacada por una gran harka que entre Arreyen Lao y Haf reunió a más de 2000 hombres. De todos ellos solo dos pudieron recorrer los quince kilómetros que separan Haf del Zoco: Miguel Carles y Manuel Carro quienes aquella misma noche contaron con todo detalle lo ocurrido en Haf. No queda duda de ello ya que todos los testigos, excepto uno, declararon recordar a los dos soldados que pudieron escapar. Por su parte, Manuel Silveiro aportó el testimonio de aquellas horas en Haf tras haber llegado el veintisiete de agosto a Melilla, y prestar declaración ante el teniente coronel Vicente Calero Ortega. El artillero relató que poco antes de abandonar la posición, el sargento –debía ser Nicolás Iranzo- hizo explosionar las cargas de artillería que aún quedaban, e inutilizaron los cañones Krupp. Después, una vez consumidas las municiones, diezmada la guarnición, destrozada la alambrada y tras haber resistido ataques de arma blanca, el capitán, sable en mano, dirigió la retirada ordenando cargar al grito de ¡A por ellos!  Silveiro y un grupo de artilleros e infantes, en lugar de  dirigirse hacia el Zoco, optaron por hacerlo hacia Batel, pero poco antes de llegar se vieron sorprendidos y obligados a esconderse entre rocas y permanecer allí varios días sin comida ni agua. El grupo, reducido a siete hombres, decide volver hacia el sur e intentar ganar la zona francesa. En el transcurso de esta huída el artillero Silveiro es hecho prisionero y trasladado a un poblado donde también se halla el alférez Ruiz Tapiador, de ahí que también prestase declaración en el juicio contradictorio sobre Rodríguez Chacel. Los rifeños que los tienen presos deciden llevarlos hasta el Pozo número 2 con la intención de canjearlos por agua. En el interior del pozo se halla una pequeña guarnición que mandan los cabos Arenzana y Lillo, y junto a ellos permanecerán hasta que el día 5 de agosto deciden fugarse en dirección al territorio francés. Según el testimonio de Ruiz Tapiador debieron recorrer 85 kilómetros hasta llegar a la frontera francesa y sostener varios enfrenamientos durante el trayecto. Silverio, Ruiz Tapiador y el resto de repatriados llegaron a Melilla procedentes de Orán el 25 de agosto.
Cuando Haf se pierde muchas de las posiciones de la demarcación estaban siendo atacadas y en algunas la situación ya era insostenible. En Arreyen Lao y Reyen ya no pueden llevar más allá la defensa y ese mismo día sucumben. De la primera se salvan un corneta y seis soldados de los casi 90 hombres que manda el capitán Alcaine que también perece junto al teniente Sánchez Hernando y 75 soldados de la 4ª Compañía del 1er Batallón. En Reyen, defendida por una sección que manda el alférez León, solo se salvan 8 hombres a pesar de haber  intentado el capitán Alonso pactar la rendición previo pago de 2.500 pesetas. Uno de sus supervivientes, el soldado Hernández Rodríguez relató al alférez Bocinos los últimos momentos de Haf. Tampoco de Tazarut se recibían mejores noticias y los ciento veinte hombres, bajo el mando del teniente Bernal y el alférez Dueñas, tienen ya muchas bajas sin que hayan podido ser socorridos. Al finalizar el día 24 se repliegan al Zoco los destacamentos de Siach 1 y 2 donde se hallan dos pelotones al mando de los sargentos Gómez Flores y  Marcelino Molero Pimentel, quienes perecerían en la retirada a zona francesa. El caso de Molero es especialmente sobrecogedor ya que en el Zoco se hallaba su hermano Andrés al mando de la 3ª Compañía del II Batallón. Durante la retirada fue herido el capitán y su hermano prefirió quedarse junto a él antes que abandonarlo en aquel estado, y así, juntos, los encontró la muerte.


Parte emitido por el teniente coronel García Esteban

En el parte redactado el 10 de agosto, el teniente coronel sí menciona que se reunió la junta de oficiales a las 22:00 h del día 24. Saturio García afirma que el objetivo era salvar el mayor número de hombres y armamento, y todos se mostraron, por unanimidad, favorables a la retirada de la columna. Con anterioridad, la Mía de policía del capitán Alonso ya había iniciado el repliegue hacia el Zoco junto a la 1ª Compañía del 1er Batallón que  había sido destacada para proteger a la caballería de Alonso. Es en este momento cuando una parte de la Mía, con los tenientes Benito y Salama, parte en dirección contraria al campamento hasta que son conscientes de que junto a ellos no se halla su capitán. Alonso aún permanece en la posición quemando el almacén y la documentación perteneciente a su unidad, y no se percata del incidente. Al parecer, según el testimonio del alférez Sanmartín, un suboficial corrió la voz de que el capitán abandonaba el campamento, lo que provocó que salieran huyendo un buen número de policías. El teniente Palacios intentó contenerlos pero para entonces el escuadrón se alejaba de la posición al galope. Finalmente, parece que los tenientes Salama y Benito lograron detener a una parte de los fugitivos, a quienes hicieron volver grupas en dirección al Zoco. Cuando se hallaban cerca del campamento, pensando la guarnición que se trataba de un ataque de caballería rifeña, abrió fuego y dispersó al grupo sin que nada más sepamos de ellos. El cuerpo del teniente Benito nunca fue recuperado, sin embargo, sí aparecieron y fueron identificados los restos de Basilio Salama en las proximidades de Tistutin y pudo ser enterrado en Melilla.
En Loma Redonda también reciben orden de repliegue sobre Sidi Ali. Forma su guarnición una parte de la 6ª Compañía del 1er Batallón. Según informes del regimiento, del total de 43 hombres a las órdenes del capitán Pedro Moreno consiguen llegar al Zoco: un sargento, dos cabos, un corneta, 29 soldados y el propio oficial al mando, muriendo en el repliegue el teniente Miguel Morales. Ya de madrugada, los supervivientes de Loma Redonda y los de Sidi Ali se retiran sobre el Zoco llegando al campamento a la 01:45, tan solo una hora y media antes de iniciarse la retirada a zona francesa. De la tropa que se hallaba en esta última posición se pudieron acoger al Zoco: el sargento José Lay, un tambor, 26 soldados y el capitán Pedro Prats herido en el cuello, muriendo en el repliegue un teniente. En el último momento se les unió la guarnición de Ben Hiddur quienes, al mando del teniente Manuel Alfonso Crespo, se habían encargado de reenviar los heliogramas que a través de la óptica habían lanzado los defensores de Haf.  De los 30 soldados de la 2ª sección de la 1ª Compañía del II Batallón que se hallaban en Ben Hiddur pudieron salvarse 8 hombres.
En la posición más alejada del Zoco, en Tazarut, también sufrieron muchas horas sometidos a continuos ataques. El regimiento de África tenía destacada una sección de la 6ª Compañía del 1er Batallón que tenía el resto de sus fuerzas en Loma Redonda. Al mando de la infantería se hallaba el alférez Dueñas Sánchez, mientras que la artillería y el mando de la posición lo ostentaba el teniente Elías Bernal. Tazarut resistió ataques a partir del día 23 y desde entonces estuvo solicitando a la cabecera todo tipo de auxilios. Desconozco por qué no se les ordenó el repliegue al Zoco, lo cierto es que en las relaciones de supervivientes del regimiento no aparece ninguno que se hallara destacado en Tazarut. Cuando en la madrugada del 25 se retiraba la columna móvil de García Esteban, envueltos por la niebla, pasaron cerca de Tazarut sin que, aparentemente, Bernal y Dueñas fueran advertidos de ello.
La retirada de la columna acabó de manera sangrienta y los supervivientes fueron repatriados desde Orán y llegaron a Melilla el 9 de agosto a bordo del Bellver. Dejo para otro momento analizar detenidamente el resultado del repliegue de la columna móvil. Según la documentación del regimiento solo escaparon con vida 441 hombres de los casi 1500 que se hallaban repartidos por la circunscripción.

 
Gregorio Jiménez Delgado. Superviviente 5ª Cia/IBon.

Epílogo

En febrero de 1922 se reconquistó Dar Drius y partiendo desde el antiguo campamento las columnas españolas recorrieron las antiguas posiciones perdidas en 1921. Una potente columna móvil al mando del general Federico Berenguer partió desde Drius el 4 de marzo con el objetivo de avanzar y reconocer el valle de Sidi Ali.  Componían la columna  fuerzas de Regulares y del Tercio, batallones de los regimientos de Pavía, Segovia y Gerona, fuerzas del 6º ligero de ingenieros, una compañía de intendencia y varias ambulancias sanitarias. Nada que ver, como se puede comprobar, con las tres columnas móviles de las que disponía Fernández Silvestre en 1921. Sin contratiempos ni resistencia avanzaron hasta alcanzar las posiciones perdidas durante el Desastre.  Las tropas de Regulares fueron las encargadas de entrar en Haf casi diez meses después de su aniquilación. Los rifeños habían transformado gran parte de la posición y habían convertido una parte en vivienda y  corrales de ganado. Pero lo que sin duda sorprendió a Berenguer y sus hombres fue no localizar ningún cadáver a pesar de que tenían constancia de que la resistencia había sido encarnizada. Tan solo encontraron algunos uniformes de artilleros y en el interior de una casa tres cierres de los cañones del teniente Corominas. Quién enterró los restos de los defensores será algo que nunca sabremos, solo nos queda el consuelo de saber que 91 años después aún recordamos su sacrificio.

Los testigos
En el juicio contradictorio del capitán Rodríguez Chacel declararon en total 15 oficiales y un soldado, lo que suponía la práctica totalidad de los oficiales supervivientes de la columna del Zoco -se pudieron salvar 18 jefes y oficiales- exceptuando al veterinario Montero, el capitán Aguilera Maurici, el teniente García Gómez y el alférez Falcó Corbacho. El resto de los mandos prestó declaración empezando por el teniente coronel Saturio García Esteban (2-10-1865), veterano de muchas campañas desde su ingreso como soldado en 1885, retirado tras ascender a coronel, y a quien se le negó el ascenso que había solicitado a general de brigada honorífico. El promotor y principal testigo en el juicio contradictorio fue Francisco Alonso Estringana, quien continuó en la policía indígena hasta su ascenso a comandante en 1925. Poseía la Cruz de María Cristina y era un oficial experto y bien considerado entre los mandos, como queda claro en la famosa carta que el teniente coronel Fernández Tamarit escribió al general Fernández Silvestre, en la que enumeraba y denunciaba los excesos de una parte de la oficialidad de la policía. En 1936, siendo teniente coronel, se hallaba disponible en la 1ª región militar, y por lo visto comprometido con el alzamiento aunque no tuviera mando directo sobre tropa. En algunas fuentes se cita que fue fusilado, pero parece que en realidad fue detenido, sin estar en condiciones de dar más datos ya que posteriormente pierdo su pista.


Capitán Francisco Alonso Estringana

El médico Miguel Palacios, quien atendió a los heridos de Haf, ascendió a capitán en 1925 y en ese empleo le sorprendió el golpe de estado mientras estaba destinado en el parque central de sanidad militar en Madrid. Con anterioridad había conspirado contra la dictadura de Primo de Rivera, y posteriormente entabló estrecho contacto con miembros de la CNT y fundó la Unión Militar Antifascista. Durante la contienda estuvo al frente de la 39ª Brigada Mixta y del XVI Cuerpo de ejército de Levante. Tras la guerra fue represaliado y sufrió prisión.  El tercer oficial de la mía del capitán Alonso, el joven alférez Víctor Sanmartín Molinero, pasó posteriormente a la Guardia Civil. En 1936 se hallaba en Toledo enfermo, fue detenido por milicias republicanas y fusilado siendo capitán.
Pedro Prats García (1-1-1893), jefe de la 1ª Compañía del II Batallón, continuó en Marruecos y pasó por diferentes unidades de regulares. En julio de 1936 era comandante en el Grupo de Regulares de Larache al mando del teniente coronel Luis Romero Basart. Prats se negó a sublevarse, por lo que fue detenido y posteriormente dado de baja por desafecto. Idéntica suerte corrió el capitán Pedro Moreno Muñoz (13-7-1895) de la 2ª Compañía del 1er Batallón, destinado en 1936 en el juzgado de Causa de Madrid, quien también se negó a sublevarse siendo por ello apartado del servicio activo. Manuel Gil Rodríguez (5ª Compañía del 1er Batallón) era el oficial más antiguo en la cadena de mando tras el teniente coronel; ascendió a comandante en 1923 y con este empleo se retiró del ejército acogiéndose a las leyes de Azaña.

Alférez Ildefonso Ruiz-Tapiador 1901-1990
Entre los tenientes quisiera destacar al veterinario José Montero Montero (Córdoba 21- 2-1895. 21-11-1941), ya que su testimonio en la investigación de Picasso fue relevante y muy esclarecedor. Montero se licenció en Veterinaria por la Universidad de Córdoba y en 1919 opositó al cuerpo de veterinaria militar obteniendo el número 2 de la promoción. Tras un breve paso por el 3er regimiento de artillería pesada, recaló en el 14º de caballería donde ya ostentaba el empleo de veterinario 2º y permaneció destinado hasta febrero de 1923. Posteriormente volvió al protectorado; en 1926 se hallaba en las intervenciones militares de Tetuán, y en 1928 en la Mehal.la Jalifiana de Yebala. Ya durante la República ascendió a veterinario 1º. En 1936, según reza en el anuario, se hallaba disponible en Huelva aunque con posterioridad sirvió en el cuartel general en Burgos. José Montero falleció en Córdoba a la edad de 46 años; en 1929 había contraído matrimonio con Marina García Natera y habían sido padres de cuatro hijos.
El joven alférez Ildefonso Ruiz-Tapiador Guadalupe (Orgaz, Toledo 31-7-1921), aún no había cumplido los veinte años cuando se hallaba al frente de la posición de Dar Azugaj que guarnecía una sección de la 6ª Compañía del II Batallón. El día que cumplía 20 años fue recluido junto al artillero Silveiro (superviviente de Haf) en el Pozo número 2, de donde pudieron escapar el 5 de agosto internándose en zona francesa. En 1936, siendo capitán, se hallaba destinado en el regimiento de infantería de San Quintín en Valladolid. El regimiento al completo -a excepción de un alférez- se sublevó y formando parte de la columna del coronel Serrador se dirigió al Alto de los Leones. En los duros combates que allí se originaron fue herido de tal gravedad que incluso fue dado por muerto. Desde entonces, y debido a las secuelas físicas que le quedaron, pasó al cuerpo de inválidos y durante la guerra ejerció de profesor en la Academia de Infantería de Toledo. Fue autor de varios libros de enseñanza militar y continuó en el ejército donde llegó a ostentar el empleo de general de brigada en 1959. Ruiz Tapiador falleció en Madrid el 9 de septiembre de 1990.

Oficiales supervivientes del regimiento de África 68

Compañero de promoción de Ildefonso era el entonces alférez Bernardino Bocinos Alonso-Villaverde perteneciente a la 1ª del 1º. Sirvió muchos años en el antiguo protectorado y se convirtió en un experto interventor y autor de varios libros tanto de temática legislativa como de las intervenciones militares. En julio de 1936 se hallaba destinado en la intervención del Rif en Beni Hadifa. Tras su ascenso a comandante fue designado comandante militar de Plasencia y en 1956, siendo coronel, fue jefe del regimiento del Príncipe, el mismo que con otra denominación mandó en julio de 1936 el coronel Tulio López Ruiz, ayudante del general Fernández Silvestre en 1921.
Daniel Herrera Merino 1894-1936
De todos los testigos los que padecieron de forma más trágica la guerra civil fueron, sin duda, el teniente Daniel Herrera Merino y el alférez Eduardo Navarro Chacón, ambos de la compañía de ametralladoras del 2º Batallón que tenía al capitán ausente. Herrera, jefe accidental de la compañía, era al estallar la sublevación en 1936 capitán de infantería en el regimiento de Simancas de guarnición en Gijón. La unidad al mando del coronel Pinilla se sublevó íntegramente y permaneció en el cuartel hasta el 21 de agosto, fecha en que las milicias republicanas lograron romper el cerco y tomar el cuartel. Entre los muertos se hallaba el capitán Herrera Merino. A su madre, Mercedes Merino Martínez, le concedieron en noviembre de 1938 la Medalla de Sufrimientos y al fallecido capitán el ascenso por méritos de guerra.
Por su parte, Eduardo Navarro Chacón (24-5-1898), que al producirse la sublevación era también capitán en el batallón de ametralladoras nº 2 en Almería, se sublevó, por lo que posteriormente fue detenido y conducido a Cartagena donde sería confinado en el buque prisión España 3. El 14 de agosto el buque partió de Cartagena y una vez hubo abandonado la bahía hicieron subir a cubierta a los 152 prisioneros que serían ejecutados arrojándolos al mar con pesos en los pies, en uno de los más lamentables episodios de la República en guerra.
Mejor suerte corrieron, aunque también sufrieron los rigores de la guerra, los tenientes Luis Muñoz Bertet y Manuel Alfonso Crespo. El primero, quien se reveló contra la decisión de su teniente coronel de no auxiliar a los defensores de Haf, pasó poco después de Annual a la Guardia Civil y en 1936 era capitán en la Comandancia de Castellón. Fue retirado por desafecto por el gobierno republicano en 1938 y. tras finalizar la contienda, también dado de baja por el gobierno de Franco. Fijó su residencia en Valencia, de donde no tengo más noticias porque pierdo su pista. El teniente Manuel Alfonso Crespo, comandante del puesto de Ben Hiddur y encargado de transmitir por óptica los mensajes que enviaban desde Haf, pasó al cuerpo de Carabineros. La guerra le sorprendió en Valencia donde se mantuvo fiel al gobierno de la República siendo capitán. Tras finalizar la guerra, fue también apartado por la ley Varela que impedía continuar en el cuerpo a aquellos carabineros y guardias civiles que habían servido en zona republicana.


Bibliografía
Tribunal Supremo Reservado. Expediente 50, nº 1 y 6. 1ª Pieza de la Información gubernativa instruida por el General de División Juan Picasso González (Expediente Picasso). Páginas 1714 a 1735, información enviada por el regimiento de infantería África 68.
Tribunal Supremo Reservado. Expediente 50, nº 38 y 39. 1ª Pieza de la Información gubernativa instruida por el General de División Juan Picasso González (Expediente Picasso). Parte escrito por el teniente coronel García Esteban.
Diario oficial del  Ministerio de la Guerra. 13-07-1926 DO nº 154
Santiago Domínguez Llosa. Zoco del T’Latza, el otro desastre. Revista de historia militar.
Juan Pando Despierto. Historia Secreta de Annual. Ediciones Temas de Hoy. Madrid 199
Coronel Garate Córdoba. España en sus Héroes. Editorial Ornigraf, Madrid 1969.
La Correspondencia de España. Viernes 24 de marzo de 1922.
Declaración del veterinario José Montero Montero y fotografía del  mismo enviada por su nieto Ignacio Montero Ruiz a quien agradezco la confianza.
La fotografía de Gregorio Jiménez Delgado enviada por la familia a quien agradezco la confianza.

Fotografía del general Ildefonso Ruiz-Tapiador extraída de http://villadeorgaz.es/orgaz-personajes-ruiz-tapiador.html.
Fotografía de Francisco Alonso Estringana, obtenida del foro Desastre de Annual. Fue realizada el 21-06-1920 y donada por Gracia González de las Cuevas.
La fotografía de Arreyen Lao fue donada por Santiago Domínguez Llosa en el foro Desastre de Annual.
La fotografía de Ernesto Rodríguez Chacel esta extraída del libro de Antonio Carrasco García “Las imágenes del Desastre”. Editorial Almena, Madrid 1999.