miércoles, 21 de julio de 2021

Centenario del Desastre de Annual

El Ejército de Olvidados

Centenario del Desastre de Annual 1921-2021

En el tremendo drama que supuso el Desastre fueron miles y miles los que por desgracia formaron parte del ejército de olvidados. Siempre suelen ser los más humildes, en muy pocos casos se ha recordado como debiera su sacrificio. Por ello, al cumplirse el centenario del Desastre he decidido que mi recuerdo sea para todos aquellos que anónimamente murieron, resultaron heridos o sufrieron cautiverio. Formaban las clases de tropa, suboficiales, sargentos, herradores, soldados o cornetas, todos engrosaron las filas del ejército de desaparecidos y nos debería unir a todos el empeño en rescatarlos del olvido. Cuando se produce tal número de muertos es difícil sobresalir del grupo, destacarse o convertirse en un héroe. La gran mayoría tan solo engrosaron las frías relaciones de muertos, no hicieron otra cosa que morir, dejar un enorme vacío en sus hogares y muy poca información al respecto. Fue tan anónimo su sacrificio que ni tan siquiera pudieron reconocerse sus restos. Es imprescindible por tanto recordar al olvidado y no hay otra forma de hacerlo que mencionar a los que por alguna circunstancia sobresalieron con la intención de representarlos a todos. Es por ello que mi contribución al centenario será esta serie de relatos dedicados a la memoria de los miles de muertos o heridos y también a las madres, hermanos, hijos y los abnegados animales, todos víctimas de Annual. Debo manifestar que he debido filtrar en muchos casos las informaciones publicadas, de no hacerlo no habría sido fiel a la realidad. Tampoco he seguido a pies juntillas las declaraciones que en muchos casos no se ajustaban a las circunstancias o exageraban los actos.

Investigar me ha permitido conocer muchos casos, disponer de diarios, fotografías, cartas y algunos recuerdos familiares. Hubo quien no quiso hacer partícipe a la familia de las penalidades vividas y corrió un tupido velo. He sabido de algún superviviente que pasados muchos años seguía despertándose escuchando tiros, otros quedaron inválidos, inútiles o sufrieron amputaciones. Conocí a madres que lloraron y sufrieron, a novias que nunca se casaron, a hijos que siempre recordaron al padre y pasaron su infancia en colegios de huérfanos. A familias desesperadas que nunca supieron ni donde murió el hijo o hermano, siempre ha sido la información que más me han demandado.

No niego que entre tanta información han aparecido actos menos memorables.  Algunos que se erigieron en héroes y consiguieron durante años engañar a todos. Otros que se vieron obligados a disparar los cañones contra sus propios compañeros. También hubo  los que a píe, a trompicones, aquí me caigo, aquí me levanto, ahora pierdo el fusil, ahora cojo otro fueron capaces de llegar a Melilla. No voy a convertirme en juez, ni lo deseo ni me siento capacitado para juzgar sus actos. Gracias al trabajo de documentación he conocido muchas iniciativas promovidas por el pueblo español para socorrer económicamente a los más necesitados, que fueron miles. Conocer el origen de los que recibieron los donativos me ha permitido constatar que el luto cubrió la geografía española. Espero algún día poder aportar el impacto del Desastre en los pueblos y provincias. Los quintos de toda España formaron el ejército de desaparecidos. Debo reconocer que es otra de las demandas más habituales que recibo: ¿Cuántos muertos eran de tal provincia o de aquel pueblo? Hoy por hoy no somos todavía capaces de aportar esa información más que de forma parcial.

Sección del Melilla 59. En el centro el sargento Antonio Bolinches Nadal, muerto en combate. El regimiento Melilla 59 perdió a 1970 suboficiales, sargentos y soldados. Fue la unidad más castigada.

Investigar sobre los desaparecidos y fallecidos me ha permitido conocer en primer término la legislación vigente al producirse el Desastre. A pesar de que en todas guerras se producían desaparecidos, nunca se alcanzó tal número. Para poder aportar información sobre los muertos he recurrido a la información que generaban las pensiones otorgadas a los fallecidos. Cantidades escasas para cubrir las carencias que en algunos hogares generaba la pérdida de un hijo. Las pensiones no se concedían de oficio sino que la familia debía solicitarla, lo que en la España de 1921 podía resultar muy complicado, sobre todo para los más humildes. Se produjeron muchos casos en que las pensiones fueron rechazadas por defectos de forma, por no reunir condiciones de pobreza, por haber contraído segundas nupcias la madre, por haberlas solicitado los hermanos. Otros no las demandaron por ignorancia o nunca se cursaron. 

He conocido la creación de muchas oficinas de información, algunas promovidas por los periódicos provinciales que recibían cientos de demandas hasta que fueron clausuradas. Otras, con carácter oficial que se hallaban atestadas de angustiadas solicitudes que ocupan hoy en día legajos ajados. He sabido de padres y madres indignados por la suerte corrida por sus hijos, que pedían explicaciones y que exigían responsabilidades luchando contracorriente durante años. En muchos casos para obtener casi nada a cambio. Bucear en las hemerotecas me ha permitido conocer prácticamente todas las informaciones publicadas en los periódicos regionales. En algunos casos se trataba de homenajes a supervivientes, heridos o prisioneros. Muchos fueron objeto de gloriosos recibimientos, se anunciaron numerosas iniciativas para recordar a los caídos, lápidas y monumentos en su honor que en muchos casos nunca cristalizaron. Todos eran héroes por un día, mientras duraba el acto, después las informaciones se iban volatilizando hasta desaparecer por completo. 

Tengo que reconocer que lo que más me ha impresionado de las informaciones es darme cuenta de que las ganas de vivir, de esquivar a la muerte, llegan hasta límites insospechados. Muchos fueron capaces de escapar con vida cuando todo hacía presagiar lo peor. Por el contrario, otros sobrevivieron a los combates y perdieron la vida enfermos en el cautiverio, algunos el mismo día de ser liberados tras dieciocho meses. También he de citar a los que no fueron capaces de superar la situación vivida y perdieron la razón, dolencia que les acompañó durante su vida. He conocido a supervivientes natos que esquivaron la muerte en Annual, resistieron 18 meses de cautiverio y sobrevivieron a la guerra civil y a la represión.  En el puzle del Desastre se vivieron todas las situaciones imaginables. Recordar también que no solo fueron soldados los que sufrieron las consecuencias. Muchos fueron los civiles que murieron o sufrieron cautiverio. Si inhumano nos pareció el trato recibido por los soldados imaginemos el sufrimiento vivido por niños de corta edad, adolescentes, mujeres y hombres. Se produjeron casos de abusos sexuales, trato denigrante, debieron sufrir la muerte de los progenitores y pasaron hambre, frío y los azotes de las enfermedades. Nunca, salvo en una ocasión, se permitió una expedición humanitaria para salvar aquellas familias, ni tan siquiera teniendo en cuenta que la mayoría de adultos trabajaban en importantes empresas mineras. Debieron esperar hasta el 27 de enero de 1923, dieciocho meses después de ser capturados.

Tropas de Ceriñola 42 celebran el carnaval de 1921. Batuta en mano, Pedro Romero Ahumada

Por suerte he tenido la oportunidad de conocer a familiares que se niegan a olvidar, que han compartido conmigo recuerdos y me han transmitido la pena que vivieron en sus hogares. He conocido a quien sigue teniendo colgada en el comedor la fotografía de un joven soldado muerto al que no olvidan. Algunas familias han sido capaces de pisar el suelo que regaron con su sangre sus familiares y han depositado flores o algún recuerdo. Conocerlos ha sido lo mejor que me ha ocurrido mientras investigaba. También he podido constatar que por suerte cada vez somos más los que seguimos recordándolos. El centenario ha incrementado considerablemente el número de nuevas publicaciones, exposiciones, coloquios, homenajes. Hagamos que no sea flor de un día. Quedarán en el tintero los nombres de muchos, casi todos, pero tengo la seguridad de que recordar a una parte de ellos podrá parcialmente rescatarlos del olvido a todos.

A los que murieron o sufrieron el Desastre

Mataró, 21 de julio de 2021

martes, 21 de julio de 2020

Julio Castilla Perandrés. Un artillero en Igueriben. 21 de julio de 1921

Julio Castilla Perandrés. Un artillero en Igueriben. 21 de julio de 1921

A 6 kilómetros de Annual y delimitando las kábilas de Tensamán y Beni Tuzin se halla un montículo peñascoso con forma de meseta que se extiende hacia el este rematando en una pequeña loma poblada de árboles desde el tercio medio. Resquebrajada, abrupta, desprovista de toda vegetación, se alza cómo un centinela sobre Annual. Desde lo alto de su cumbre se ve el seco cauce del río Uad el Kebir. A sus espaldas la cordillera de Beni Ulisex  cuyo erguido pico de Mehayast se alza entre las formaciones nubosas. Desde su cima se divisan también la rojiza silueta de Sidi Dris, el monte Abarran, el poblado de Amesauro y las posiciones de Annual, Talillit y Buymeyan. Aquel lugar se llama Kudia Igueriben.

Entre las tropas que defendieron Igueriben hasta límites inimaginables figuraban los artilleros de la 1ª batería ligera, uno de ellos fue el granadino Julio Castilla Perandrés. Recordar su sacrificio es también rememorar la gesta de todos los que sufrieron, murieron o pudieron escapar con vida de aquel infierno, preludio de la retirada de Annual. No cejemos en el empeño de recordar al olvidado.

Igueriben. 7 de junio-21 de julio de 1921

Julio Castilla Perandrés

Julio nació en Granada el 29 de enero de 1898. Era el hijo mayor del matrimonio formado por José Castilla Pérez y Filomena Perandrés Castillo. La pareja tuvo además de Julio a otros cuatro hijos. Al cumplir los dieciséis Julio y sus hermanos quedaron huérfanos de padre, desde entonces y como hermano mayor asumió una responsabilidad que queda plenamente demostrada en las cartas que escribió desde Marruecos. A pesar de ser huérfano no pudo librarse de cumplir el servicio militar y fue nombrado recluta perteneciendo al reemplazo de 1920. Fue filiado en la caja de Reclutamiento de Granada y el sorteo le deparó el más temido de los destinos, servir en Marruecos durante tres años. Una vez aprobado el cupo asignado fue destinado a Melilla donde serviría en el regimiento Mixto de Artillería. El 26 de febrero de 1921 una expedición formada por 1151 reclutas de la 2ª Región Militar (a la que pertenecía Julio) embarcó en Almería a bordo del vapor Vicente Puchol y llegaron horas después a Melilla. La mayoría de ellos nunca habían viajado en barco ni habían visto jamás un rifeño. Ambas experiencias eran habitual motivo de comentarios en la mayoría de cartas que los reclutas escribían a sus familias. 

Julio Castilla Perandrés

Al llegar a Melilla fueron asignados a sus respectivas unidades y 81 de aquellos reclutas andaluces engrosaron las filas del Mixto de Artillería. Julio Castilla y otros 15 compañeros de viaje fueron designados al Grupo Ligero del Regimiento. Dos días después de llegar escribió a su madre la primera carta, fechada el lunes 28 de febrero. Por entonces los reclutas ya se hallaban en el periodo de instrucción que se prolongaría durante más de dos meses. Para la formación de los reclutas del Mixto se designaron al comandante Palacios, capitán De La Paz (futuro jefe de Julio en Igueriben) y 1 oficial, 1 sargento, 1 cabo y 2 artilleros por cada una de las 9 baterías.

 “Quieren enseñarnos pronto para llevarnos a los campamentos, pero no tenga V. pena por eso pues dicen que no pasa nada más que mucho trabajo, iremos pasando el tiempo con paciencia”

Julio describe en sus cartas los primeros días con la monotonía cuartelera, se levantan a las 6 de la mañana y se acuestan a las 8. Desayunan café y comen muy temprano sopa y cocido, por la tarde reciben dos chuscos de pan. Para combatir el frio del cuartel duermen con camisón y calzones blancos. Por entonces muchos de ellos se fotografían en los estudios melillenses luciendo sus impolutos uniformes caquis. Tras el primer periodo  de instrucción y después de  haberse incorporado la mayoría de reclutas se inicia la vacunación de las unidades. De ello se encarga la jefatura de Sanidad cuyo jefe, coronel Triviño, emite la normativa. Para evitar que las vacunas causaran mella en las unidades se las inyectaban en sábado, consiguiendo de esta manera que tuvieran algún día de descanso para evitar los efectos secundarios. Finaliza la instrucción con los ejercicios de tiro y para los artilleros enseñanzas más propias de su futuro cometido.

La 1ª Batería Ligera

Tras superar el periodo de formación a Julio Castilla le destinan a la 1ª Batería Ligera del regimiento Mixto de Artillería. Según consta en la documentación de la unidad la componen además de los oficiales 133 artilleros. Durante los primeros meses de 1921 la batería al mando de su capitán se halla en Kandusi hasta que el de 10 de marzo son enviados a Ben Tieb de donde continúan hasta Annual tomando parte el 12 de marzo en la conquista de Sidi Dris. Posteriormente vuelven a Kandussi donde permanecerán hasta el 1 de junio fecha en la que parten de nuevo en dirección Annual. En abril se había producido el relevo en la jefatura de la batería, desde el día 1 la manda el capitán Federico de la Paz Orduña junto a los tenientes Julio Bustamante, Ruiz Feigenspan y Lorenzo Ayala Solano. El día 7 de junio toman parte en la conquista de Igueriben siendo la 1ª batería la designada para quedar de posición. Julio Castilla y sus compañeros tuvieron que realizar un considerable esfuerzo para llevar a lomo las piezas hasta la amarillenta colina donde quedarían sellados sus destinos.

Debido al revés que supuso la pérdida de Abarrán el 1 de junio, se decidió que en la conquista de Igueriben participará una importante masa de tropas el frente de la cuales se situó al general Felipe Navarro. La 1ª batería ligera participó al completo (englobada en la columna que mandaba el teniente coronel Alcántara de Ceriñola), tanto artilleros como ganado. Sin embargo una vez enfiladas las 4 piezas solo quedaron de servicio el capitán De la Paz, teniente Julio Bustamante, sargentos Antonio Villalba Niza, Fernández Murillo, 6 cabos y 23 artilleros de 2ª, entre los que se hallaba Julio Castilla Perándrés . El resto de fuerzas junto al ganado volvieron a Dar Drius el mismo día 7 de junio. Las tropas de artillería ocuparon dos tiendas situadas tras los cañones que servían (4 piezas Schneider de 7,5 mm, modelo 1906). Mandaba el destacamento el comandante de Ceriñola Francisco Mingo Portillo y formaban la guarnición 2 compañías de Ceriñola, la batería ligera del Mixto, una compañía de Ametralladoras de Ceriñola (que sería relevada días después por una sección de la Compañía de Ametralladoras de Posición), 3 ingenieros telegrafistas y una reducida fuerza de Policía Indígena.

1ª Batería Ligera del Regimiento Mixto de Artillería

Las condiciones de defensa de la posición eran adecuadas, según el alto mando, pero la realidad era que no disponían de aguada próxima (se hallaba a 2 kilómetros) y dependían para abastecerse del campamento general de Annual que enviaba el convoy cada cuatro días. A la nueva posición no se le asignó médico y las tropas solo disponían de las curas individuales. El montículo quedaba además amenazado por una loma próxima que no se conquistó y que sería posteriormente objeto de combates  y de discrepancias entre el mando por no haber instalado en aquel lugar un destacamento fijo. Para asegurar aquel flanco se designó un servicio diario de descubierta a cargo de la Policía Indígena, tal decisión como se verá fue insuficiente. Tras una semana de relativa calma se produce el 16 de junio el combate de la Loma de los árboles. Aquel lugar se convertiría con el paso de los días en una tortura para los defensores de Igueriben. Mucho se ha escrito sobre la conveniencia o no de haber ocupado la Loma, hubo defensores y detractores de su conquista. El combate produjo un importante número de bajas, sobre todo entre las fuerzas indígenas que desde Buymeyan y Annual cubrían cada mañana la Loma. Aquella mañana la batería de Igueriben disparó insistentemente para cubrir el avance de la Policía Indígena. No fue el bautismo de fuego de Julio Castilla ya que el día 14 la batería había abierto fuego para cubrir al convoy pero fue sin duda un combate importante. Desde ese día se perdió la posesión de la Loma y fue también sin duda un contratiempo para los planes del general Fernández Silvestre. Al combate del 16 de junio siguió un periodo de relativa calma, el día 19 el propio general Navarro visitó la posición junto a un oficial de estado mayor. Once días después de su bautismo de fuego, el artillero Julio Castilla escribió la que a la postre sería su última carta.

Melilla 25 de junio de 1921

Escribe Julio desde Igueriben aunque el encabezamiento indica Melilla, lleva en la posición 18 días. Lejos de estremecer a su madre con relatos de los combates acaecidos días antes su carta le trasmite tranquilidad y no hay mención alguna al cercano peligro.

 “De lo que le digo del campamento pues no tenga usted cuidado pues estamos destacados desde el día 7 ahí estamos hasta que dispongan. Hemos puesto el campamento y estamos bastante fuerza y no pasa nada”.

La realidad era que además de día 16, la batería (según consta en la hoja de servicios del capitán De la Paz) abrió fuego contra concentraciones rifeñas los días 14, 16, 17 y 19 de junio. Por otra parte en los diarios de campaña de la Comandancia se consignan diversas confidencias del mes de junio que podían afectar a los defensores de Igueriben. El día 11 se divisaron núcleos enemigos en perfecta formación en el sector de Tizi Asa. El 15 se añade que forman la Harka dos contingentes de tropas, el primero al mando de Abd el Krim y formado por 3000 hombres se halla en Amesauro, muy cerca de Igueriben. El diario recoge también confidencias en el sentido de posibles ataques al convoy de Igueriben los días 26 o 27 de junio. Ciertas o no las confidencias señalaban una importante actividad en torno a las posiciones avanzadas, una de las cuales era Igueriben.

Fragmento de la carta escrita el 25 de junio desde
Igueriben.

Ni la actividad bélica ni otros contratiempos se reflejan en la carta de Julio que en todo momento tranquiliza a su madre. Tan solo resaltar un aspecto que si preocupa a Julio y del que deja constancia:

“De lo que dice usted que no se retrasa en escribir, pues la creo pero la mitad de las cartas no las recibo porque se pierden, tan solo he recibido en un mes una porque en algunos sobres no vienen las señas bien puestas”.

El correo era sin duda un consuelo para las tropas en campaña y a pesar de que se intentaba que las cartas llegaran a sus destinos el frenético ritmo de la campaña con constantes cambios de destino complicaba el correcto funcionamiento del servicio. Por suerte para Julio sabía escribir y eso facilitaba la comunicación con la familia, aunque en ocasiones tal y como escribe Julio “No hay sellos, ni papel”.

Como es habitual en sus cartas no se olvida Julio, en su condición de hermano mayor, de preocuparse por sus hermanos y les conmina a seguir estudiando, a Manuel le escribe: “Me hace usted el favor de decirme si sigue yendo a la escuela Manuel, porque cada vez que me escribe lo hace peor, haber si tiene cuidado que algún día se alegrará”.

Dura, muy dura resultaba la vida para todos aquellos soldados destinados en inhóspitos campamentos, faltos de condiciones de higiene, de buena alimentación, lejos de sus pueblos, de sus seres queridos. “Den eso que se pasan los meses como el agua, será en otra parte, pero aquí no”.

Morir en Igueriben

El mes de julio se inicia con cañoneo para cubrir el convoy de Annual, desde ese día se produce actividad bélica los días 4, 6, 7, 9, 11, 12, 14, 15, 16, 17, 18, 19, 20 y 21. Especialmente dura fue la última semana en la que no cesó el fuego ni un solo día, con el consiguiente deterioro físico que suponía para los defensores. Sirva como ejemplo que el 14 de julio, según figura en la hoja de servicios del capitán Correa, se soportaron nueve horas de fuego continuado. Ésta fue en esencia la rutina de la posición; calor, sed, piojos, parapeto y más parapeto, falta de sueño y aislamiento. Lo catastrófico fue que el sufrimiento fue in crescendo a medida que se adentraban en el mes de julio, entonces, todos, desde el comandante hasta el corneta, tuvieron que sufrir lo indecible. El 10 de julio se realiza el cambio en la jefatura de la posición y asume el mando el comandante Julio Benítez Benítez, no consta hasta ese momento que se hayan producido bajas por disparos entre los defensores.

El domingo 17 de julio fue un día que quedó marcado a fuego en la defensa de Igueriben y de los pocos supervivientes. Se producen las primeras bajas mortales, sargento de infantería Amado Antón de Cisneros y soldado de infantería Ramón Pérez Rodríguez, ambos serán enterrados precariamente en el interior de la posición. Llega a la posición un convoy que junto a las tropas de artillería e intendencia quedarán junto a los defensores, el convoy de intendencia lleva consigo las últimas cubas de agua que beberán los defensores, después nada. Pero lo peor es que dan comienzo las 120 horas de sufrimiento que conducirán a la caída de Igueriben.

Desde entonces los soldados y oficiales se verán obligados a beber cualquier líquido disponible, conservas, vinagre, café, tinta, colonia, y en último término sus propios orines mezclados con azúcar. Por lo tanto, la deshidratación que sufrieron fue severa, y todos padecieron las diferentes fases que comporta soportarla; mareos y náuseas, fatiga, aumento de la temperatura, enrojecimiento de la piel y calambres en una primera fase que darían paso a fuertes dolores de cabeza (como los que parece sufría el comandante Benítez), falta de aliento, hormigueo en piernas y brazos, y la horrible sensación de sentir la mucosa de la boca seca y la lengua hinchada. 


Capitán Federico de la Paz Orduña
Jefe de la 1ª Batería Ligera. Muerto en Igueriben

En los peores momentos, y tras días de privación y sufrimientos, aparecerían otros efectos como la sordera, el oscurecimiento de la visión e incluso, la pérdida del conocimiento y, en algunos casos, la razón. Ante tal cantidad de padecimientos no sería extraño que decayera la moral, sintieran miedo, desamparo y hasta tuvieran ganas de llorar, pero hasta ese punto fueron vetados, ya que la deshidratación extrema conlleva la dificultad de producir lágrimas. Según los estudios realizados sobre los efectos de la falta de agua en los seres humanos, la presencia de esta sintomatología, si no se trata rápidamente, puede llevar al individuo a sufrir un colapso cardiovascular –shock- y a la muerte.

Pero no fueron los síntomas fisiológicos los únicos que les tocó vivir, a ellos tuvieron que añadir los efectos psicológicos que, no por menos conocidos, eran menos destructores; lo que hoy llamamos estrés por combate, aunque entonces llamara poco la atención de los médicos, y, en segundo lugar, un torturante miedo a morir que aumentaría, de manera considerable, las probabilidades de sufrir estrés postraumático. En realidad, en las guerras es precisamente eso lo que se pretende: infringir las condiciones más penosas al enemigo para quebrantar su moral, y conseguir que perciba que no puede hacer frente a la amenaza externa inminente, de manera que, como decimos coloquialmente, se dé por vencido.

Finalmente, en el plano emocional, a medida que pasaban los días y aumentaba la tensión, el combatiente podía sentir una mayor irritabilidad y hostilidad ante los acontecimientos adversos. El mal olor, la miseria, los piojos, la suciedad y el sentirse desamparado causaban verdaderos estragos, pero, sin duda,  la carencia más importante era la afectiva; el recordar a los seres queridos con el dolor de saber que no se los volverá a ver, el sentimiento de pérdida para siempre de la novia, los hijos, la madre o el padre...  ¿Quién es capaz de medir la intensidad de este sufrimiento?

Cuesta imaginarlos de otra manera que no sea un anticipo de cadáver.

A pesar de todos los esfuerzos que se llevaron a cabo desde Annual, se intentó en tres ocasiones hacerles llegar el convoy, no hubo forma humana de sortear la tozudez defensiva de los rifeños y al mediodía del 21 tras recibir la autorización el comandante Benítez decide abandonar el reducto.

Julio Castilla y sus compañeros abandonan la posición cuando ya no quedaba ninguna granada que disparar. Inutilizaron los cierres de los cañones y a la carrera intentaron a todo trance llegar hasta Annual. Mueren junto a las alambradas los dos oficiales son los únicos de los que tenemos constancia. Del resto de artilleros mueren los dos sargentos, cuatro cabos y 20 artilleros, entre ellos Julio Castilla. 28 muertos de un total de 33, lo que supone que la mortalidad se elevó hasta un letal 85 %. Solo pudieron escapar con vida los cabos Sánchez Cortés y Domingo Iglesias del Río junto a los artilleros Antonio Andreu Modol, Manuel González de la Cruz Ramón Moreno Blasco (que fue apresado y conducido al cautiverio). Entre el resto de defensores la mortalidad alcanzó similares y mortales cotas. El 17 de julio contando a las tropas de intendencia y artillería incorporadas a la posición los efectivos ascendían a 316 hombres. De ellos murieron 248, lo que supone un escalofriante 78,48 % del total. En cuanto a los supervivientes he contabilizado a 69 de todas las unidades, de los cuales 26 fueron apresados (seis de ellos morirían en cautividad).

Relación de muertos de la 1ª Bateria Ligera

Los restos de los defensores

Al producirse la evacuación, la muerte les fue alcanzando a medida que se alejaban de Igueriben, de manera que resulta prácticamente imposible saber donde murió Julio Castilla o cualquiera de sus compañeros. Los restos de todos ellos quedaron esparcidos en las inmediaciones de la posición, a la intemperie hasta muchos días después. A pesar de que existen discrepancias sobre el lugar de los enterramientos he podido reconstruir en parte quien los enterró, cuando y donde. Tras la retirada de Annual el 22 de julio el campamento queda abandonado y es allí  donde los rifeños concentraron  a los soldados que han sido capturados en diversos lugares. Para organizar en parte la rutina de campo de prisioneros se decidió repartir las diversas actividades entre los sargentos de presentes. Uno de los cometidos más importantes era dar tierra a los centenares de muertos que jalonaban el camino a Melilla, nombrándose para ello a cuadrillas de prisioneros enterradores. A Igueriben pudieron llegar casi tres meses después del aquel triste 21 de julio. Comandaba el pelotón de enterradores el sargento de artillería Alfonso Ortiz Martínez junto a un indeterminado número de soldados. Enterraron en las inmediaciones de la posición los cuerpos de cuantos encontraron y que no pudieron identificar. Junto a la fosa se dio tierra al comandante Julio Benítez, capitán Federico de la Paz y teniente Julio Bustamante, que fueron los únicos que pudieron reconocer. No olvidemos que por entonces el ejército español no disponía de placas de identificación y los cuerpos estaban muy descompuestos. Habían permanecido a la intemperie casi 90 días. El sargento Ortiz y sus compañeros regresaron al campamento de Annual, Ortiz fallecería meses después víctima del tifus que asoló el campamento de prisioneros, dejó un excelente recuerdo entre sus compañeros por su bondad y valor.

Durante cinco años el enterramiento permaneció en silencio y esperando a que las tropas españolas reconquistaran el territorio, circunstancia que se produjo en el verano de 1926. Entonces se decidió exhumarlos, en principio fueron enterrados en Annual pero en septiembre se decidió darles digna sepultura en Melilla. Los restos fueron depositados en dos cajones y fueron enterrados en el panteón de héroes el 14 de septiembre de 1926. Junto a los defensores se enterró al comandante Julio Benítez, cuya viuda pagó la lápida que hoy en día se conserva. Entre sus compañeros de fatigas, sufrimiento y dolor descansa desde entonces el cuerpo del artillero Julio Castilla Perandrés, de cuya muerte hoy 21 de julio, se cumplen noventa y nueve años.

Panteón de Héroes, cementerio de Melilla.
Restos de los defensores de Igueriben y del comandante Benítez.
Prefirieron morir a rendirse

Documento Gráfico

Relación de componentes de la 1ª Batería Ligera. Señalado Julio Castilla

Registro del cementerio de Melilla. 14/09/1926


Entierro de los restos de los defensores


Telegrama remitido a la madre de Julio el 6 de agosto de 1921 y firmado por el coronel
Joaquín Arguelles. Se ignora el paradero de Julio y se cita que estaba destinado en
Igueriben el 21 de julio de 1921.

Certificado firmado por el coronel Joaquín Arguelles.
Se señalan los haberes pasivos del artillero desaparecido
Julio Castilla Perandrés. Melilla 08/10/1922


Bibliografía

Defensores de Igueriben

Sufrir, morir y vivir en Igueriben. 1ª Parte

Sufrir, morir y vivir en Igueriben. 2ª Parte

Sufrir, morir y vivir en Igueriben, 3ª Parte

Luis Casado Escudero. Igueriben. Relato autentico por el único oficial superviviente


Agradecimientos

A Carolina Castilla Vega, sobrina nieta de Julio Castilla. Gracias por enviarme las cartas, la fotografía, los documentos y sobre todo por mantener viva la memoria de tu tío abuelo.






sábado, 18 de julio de 2020

Recordar al olvidado 2ª parte. Sucedió el 18 de julio. Fernando Serrano Flores, el médico cautivo

Sucedió el 18 de julio. Fernando Serrano Flores, el médico de los prisioneros

El 18 de julio se cumplen 98 años del fallecimiento en cautiverio del teniente médico Fernando Serrano Flores. Fue muy querido por todos los oficiales prisioneros a los que prodigó en atenciones hasta su muerte. Muy poco sabemos de su vida más allá del testimonio de los cautivos que lloraron su fallecimiento. Víctima del tifus que asolaba los campamentos de prisioneros, el caudillo Abd el Krim no consintió que fuera trasladado hasta el peñón de Alhucemas ni facilitó que se pudieran suministrar los medicamentos necesarios. Fue enterrado en silencio por sus compañeros junto al campo de prisioneros y nunca se pudieron reconocer sus restos. Jamás sabremos los servicios, que fueron muchos, que prestó al resto de cautivos  pero no cabe duda que su anegación y entrega dejaron honda huella entre los que le trataron. Hoy en día poco queda, más allá de una calle en Valencia, que recuerde a Serrano. No cejemos en el empeño de recordar al olvidado.



FERNANDO SERRANO FLORES

 

En Valencia, una calle recuerda a un joven médico muerto en Marruecos. Fernando Serrano Flores, nacido en Valencia el 14 de febrero de 1896 en el seno de una humilde familia. Tras finalizar el bachillerato en 1913 en el Instituto General Técnico consiguió acceder a una beca para cursar estudios de Medicina que obtuvo con brillantes calificaciones. Se hizo acreedor del premio extraordinario de licenciatura. Ingresó en la Academia militar en septiembre de 1920 siendo nombrado alférez alumno. La promoción de Sanidad a la que pertenecía la formaban 22 jóvenes oficiales que tras los meses de formación en la academia fueron nombrados tenientes médicos el 27 de enero de 1921. La mitad de la promoción fue destinada, como era habitual, a Marruecos, Serrano lo fue al II Batallón del regimiento Melilla 59 al que se incorporó a principios de febrero de 1921. Junto a Serrano llegan a Melilla dos compañeros de promoción los médicos Luis Hermida Pérez y Miguel Cadenas Rubio.



Promoción de Sanidad Militar 1920


La rendición fue un completo fracaso y como consecuencia se produjo la práctica aniquilación de la columna que formaban casi mil hombres. Los pocos que fueron apresados, entre ellos el médico Serrano fueron conducidos en primer término hasta Annual y posteriormente los oficiales al campamento de Axdir. Allí, coincidió con el teniente médico Vázquez Bernabeu que el 21 de septiembre escapó a nado consiguiendo llegar al Peñón de Alhucemas. Desde ese día fue el único galeno con el que pudieron contar los oficiales prisioneros. Teniendo en cuenta que tras ser capturados fueron separados oficiales y soldados, Serrano no pudo instruir a ninguno de los prisioneros en Annual hasta marzo de 1922 cuando los soldados fueron internados en Ait Kamara. Fue entonces, tal y como recogen las memorias de Francisco Basallo, cuando pudo reunirse con el sargento e aleccionarle en nociones de medicina. Queda constancia de dos desplazamientos de Serrano al campamento de soldados, el primero en marzo y el segundo el 18 de mayo, permaneciendo hasta el  7 de junio.


Oficiales en el cautiverio, el teniente Serrano a la dereecha. Fotografía del libro del
capitán Sigifredo Sainz.


El apreciado médico Serrano se infectó del letal tifus que asolaba el campamento y enfermó rápidamente, aunque no por ello descuidó las atenciones a sus compañeros. A pesar de los ruegos que el general Navarro y el resto de oficiales hicieron llegar al caudillo rifeño, este no consintió que Serrano fuera trasladado al Peñón de Alhucemas, ni colaboró demasiado para que sus compañeros solicitasen el medicamento que el mismo se había prescrito (Electrargol). Ambas iniciativas tal vez hubieran evitado el triste desenlace. Murió el martes 18 de julio de 1922. ¡Otra víctima del deber que debe ir sobre la conciencia de alguno! (Eduardo Pérez Ortiz). 

“Hasta última hora ha estado medicinándose el mismo y dando reglas para la curación de los demás enfermos. Ha muerto víctima de su deber, contagiado. Aquella Cruz de Beneficencia que yo pedía en un artículo que publicó El Telegrama del Rif, nunca mejor ganada, ahora debe concederse a este nuevo mártir. Pobre Serrano. (Del libro del capitán Sigifredo Sainz, compañero de cautiverio de Serrano)

Abd el Krim tampoco permitió que su cuerpo fuera trasladado al Peñón, por lo que se le tuvo que dar sepultura en el improvisado cementerio construido por los prisioneros. Se permitió asistir al entierro al coronel López Gómez y ocho oficiales cautivos. El medicamento llegó al campo de prisioneros un día después de la muerte del médico Serrano.

Era tal la incomunicación entre los dos campos de prisioneros que el sargento Basallo no supo de la muerte de Serrano hasta el mes noviembre, cuando fue trasladado al campo de Axdir donde permanecería hasta su liberación. Sus compañeros guardaron sus pocos objetos personales que al producirse la liberación recogería el también valenciano Vázquez Bernabeu que los entregó a la familia. Uno de los soldados cautivos a los que aleccionó, Carmelo Balsera, guardó como recuerdo las recetas que prescribía. Tras su muerte se hizo cargo de la asistencia sanitaria de los oficiales el teniente Julián Troncoso mientras que de la tropa lo hacía desde julio de 1921 el sargento Francisco Basallo.


Electrargol, el medicamento que no recibió Serrano


Tiempo después, en mayo de 1923, el Rey visita el campamento de Paterna (Valencia) en compañía del Capitán General Milans del Bosch. Ambos inauguran un monumento a la memoria del teniente de artillería Cortina Rico, muerto en Monte Arruit. Tras el acto, se informa al Rey de que entre el público están los padres del teniente Serrano, acompañados por el doctor José Sanchís Bergón, presidente de la Federación Nacional de Colegios de Médicos. El doctor Sanchís se dirige y pide a S. M. que le sea concedida paga a favor de los padres, como hubiera correspondido si Serrano hubiese fallecido en campaña. Sanchís tenía un gran conocimiento del Ejército -había sido oficial y su padre llegó a  general de Sanidad Militar- por lo que sabía que no siendo objetivo, como no lo era, le sería denegada la pensión, así que se propuso tocar la fibra sensible del Monarca para que intercediera ante el Gobierno:

Señor: En las amarguras del cautiverio dio su vida un hombre joven, un soldado de corazón, un heroico valenciano, un sacerdote de la ciencia que supo ser mártir de su deber: El teniente médico Fernando Serrano Flores que ganó por oposición todas las asignaturas de la carrera, que ya en el ejercicio de este partía el sueldo con sus padres , pobres y enfermos. Que cautivo supo olvidar los propios sufrimientos para atender a los enfermos. Que con inseguro paso, con turbada mirada, con fiebre altísima siguió asistiendo a sus compañeros y que por fin murió dejando en la miseria a sus progenitores. Aquí está señor la madre desgraciada que al perder a su único hijo con el alma destrozada y mal sustentado su anciano cuerpo, llega a vuestra majestad en demanda del humilde donativo que hace Valencia a sus soldados.Y nosotros, señor, pedimos fervorosa, ardientemente que interpongáis soberana influencia para que las Cortes se dignen otorgarle algo más. Para que se dignen conceder a estos padres desgraciados la pensión que corresponde al muerto en campaña.

Al finalizar el acto el rey se dirigió a Sanchís Bergón y le dijo: Lo primero de que me ocuparé al llegar a Madrid es de esta justísima petición que usted me ha hecho.

José Sanchís Bergón 1860-1926

Finalmente, la pensión le fue concedida el 24 de mayo de 1924, siendo los receptores sus padres, Fernando Serrano Rives y Josefa Flores Valls. La diferencia entre la muerte en combate o la producida por enfermedad era muy alta, en el primer caso los padres cobraba una pensión de anual de 4000 pesetas mientras que un fallecimiento natural generaba una pensión anual de 470 pesetas. En el mismo acto recibieron un importante donativo algunos soldados valencianos que habían sufrido mutilaciones durante  la campaña. Hoy en día aquellos inválidos de guerra aún acompañan al teniente Serrano; en la calle que lleva su nombre, está la Asociación Cultural de Inválidos Militares de España.


Epílogo


José Sanchís Bergón había nacido en Alhucemas en 1860, era hijo del médico militar José Sanchís Barrachina. De niño se trasladó junto a la familia a Valencia donde estudiaría medicina y ocupó relevantes cargos en la política local y nacional además de impulsar la medicina social y la Asociación valenciana de Caridad. Murió en Valencia el 31 de diciembre de 1926, en la actualidad una calle lleva su nombre.

La promoción a la que pertenecía Fernando Serrano pagó un alto tributo en Annual, murieron Wenceslao Perdomo Benítez, Luis Hermida Pérez, Manuel Fernández Andrade y Luis Méndez que falleció en el hospital de Málaga el 20 de septiembre de 1921 a consecuencia de una grave caída que le fracturo el cráneo.

Sin duda, el más popular de todos los improvisados enfermeros fue el sargento Francisco Basallo Becerra (Córdoba 2-11-1892, Zaragoza 19-5-1985) quien según cuenta en sus Memorias, ejerció como tal desde que fue apresado hasta su liberación en 1923. En un primer momento, los prisioneros tuvieron que adiestrarse en el manejo de medicinas e inyectables sin recibir más ayuda profesional que la prestada por dos practicantes civiles: José Cánovas Hernández (Mina La Alicantina) y Antonio Ruiz Gómez (enfermero en Annual). El grueso de los prisioneros permaneció en el campamento de Annual hasta que en febrero de 1922 fueron trasladados a Tabelhach. El médico Serrano, preso junto a los oficiales en Axdir, no se reunió con Basallo hasta mediados de marzo cuando los cautivos ya estaban en Ait Kamara. Fue entonces cuando por primera vez pudo enseñar a Basallo y a los demás  sanitarios nociones de medicina y de formulación de fármacos. Hasta aquel momento Basallo mantenía contacto con los médicos de Alhucemas: capitanes Ramiro Ciancas y Servando Casas Fernández.

Tras ser reagrupados los prisioneros en Annual, se organizó el primer equipo sanitario compuesto por Basallo, Cánovas y Ruiz Gómez, a los que se unieron Miguel Rodríguez Sánchez (Compañía Mixta de Sanidad), Manuel Fiañez (Intendencia), Ramón Mellado Cebrián (Ceriñola 42) y Miguel Sánchez Guirao (Melilla 59). Los cuatro fueron asesinados a sangre fría el 14 de marzo de 1922 mientras transportaban a un herido que fue también ejecutado. Por suerte, otros muchos se prestaron voluntarios para atender a sus compañeros, dando ejemplo de abnegación y sacrificio. Digno de especial recuerdo es el sargento de artillería Alfonso Ortiz Martínez, responsable del botiquín en Ait Kamara, fallecido de tifus en abril de 1922. También recogió Basallo en sus Memorias del Cautiverio un agradecimiento al resto de improvisados sanitarios; sargento Agripino García Gutiérrez (África 68), cabos Saturnino Royo Horcajo (Melilla 59), Santiago Palacios (San Fernando 11) y Emilio San Antonio Pereira (Ceriñola 42), soldados Julián Sosa Villalba (San Fernando 11, fallecido el 12-3-1922), Maximiliano Macias Dolz (Ceriñola 42), Pedro Gilly Paños (Compañía Mixta de Sanidad), Miguel Tena Casilla (Melilla 59) Santiago Mayor Izquierdo (Melilla 59) y Ramón Serret Ogel (San Fernando 11).





En Axdir, fue la mano derecha del teniente Serrano, el soldado de ingenieros natural de Santa Marta -Badajoz- Carmelo Balsera González, que se hallaba adscrito a la Compañía de Telégrafos. El 22 de julio formaba parte de la guarnición de Tuguntz, donde una sección de San Fernando defendía el pequeño reducto. El 24 de julio la posición fue asaltada, salvándose únicamente el teniente Baltasar Gómez Moreno y tres hombres, entre los que se encontraba Carmelo. Por este episodio se le abrió juicio contradictorio aunque el resultado fue negativo. Durante los días en que ayudó a Serrano aprendió a inyectar y medicinar, siendo de gran ayuda hasta el fallecimiento del médico en julio de 1922.

La calle dedicada al teniente Serrano se halla junto a los antiguos cuarteles de La Alameda donde en 1936 se produjeron violentos combates tras la insurrección. En la capital del Turia sería ejecutado el capitán Vázquez Bernabeu que compartió cautiverio con Serrano y que fue laureado por sus actuación en los combates del 16 de junio de 1921. El hospital militar de Valencia sigue llevando su nombre.


Documento gráfico






Annual 1921. Sanidad Militar




lunes, 9 de diciembre de 2019

Recordar al olvidado. La última fotografía

Recordar al olvidado


Han pasado muchos años desde que una vieja postal llamo mi atención en un anticuario de Barcelona. La adquirí porque el remitente era un cabo del regimiento San Fernando. Después supe que José Segura Serven fue una de las miles de víctimas que se llevo por delante el Desastre. Escribí un breve artículo acompañando la postal de Mullor con la intención de que no cayera en el olvido su sacrificio. Era tan solo uno de los cientos de cabos, de los miles de soldados de reemplazo que murieron. Muy pocos fueron los casos en los que pudieron ser identificados y enterrados, compartieron fosa con sus compañeros formando un ejército de desaparecidos. La mayoría de familias  nunca pudieron pisar la tierra que regaron con su sangre sus hijos, hermanos, padres o maridos. Todas vivieron sus dramas, sufrieron y lloraron pero no arrinconaron el recuerdo, se negaron a convertirlos en un ejército de olvidados. Desde entonces han sido muchas las fotografías y cartas que las familias me envían para que el olvido no se apodere de ellos. Aportar algunos de los testimonios recibidos será la mejor forma de recordar a todos aquellos hombres muertos en lo mejor de sus vidas. No cejemos en el empeño de recordar al olvidado.


Capítulo 1. La última fotografía

Francisco García Fernández, sargento de ingenieros

Inicio esta serie de artículos dedicando el primero a dos ingenieros muertos en Monte Arruit. Ambos se hallaban el 22 de julio en el campamento de Annual perteneciendo a la misma compañía. Participaron en primer término en la retirada de Annual a Dar Drius el 22 de julio, un día después se retiraron a Tistutin y el 29 de julio a Monte Arruit donde padecerían un duro asedio que culminó con la matanza indiscriminada del 9 de agosto donde fallecieron ambos.
Su muerte hubiese pasado desapercibida si no hubiera sido porque los dos guardaron celosamente una fotografía hasta el último momento de su vida. Aquel recuerdo, aferrado a sus manos fue el último hilo que les unió a su vida anterior. Por desgracia y a pesar de hallarse ambas imágenes nunca pudieron ser identificados y sus restos fueron enterrados en la gran fosa construida para honrar a los defensores muertos durante el asedio y la infame masacre tras la capitulación. Hoy en día sus restos descansan en el osario del panteón de héroes en Melilla. Recordarlos es honrar a todos los ingenieros militares muertos en el aciago verano de 1921.
El 26 de noviembre se celebró en el Ateneo de Sevilla un emotivo acto en el cual dos pequeños huérfanos recibieron una cartilla-donativo de la Caja Postal de Ahorros. La iniciativa, que partió de la entidad, se debía al fallecimiento en Monte Arruit del padre de ambos niños. Sentados en la mesa posaban junto al capitán general de Sevilla (Infante Carlos de Borbón) y el catedrático Federico Castejón autor de una conferencia. Los pequeños, acompañados de su abuelo, ya eran por entonces huérfanos de padre y madre, tenían cinco y tres años.

Sevilla, 26 de noviembre de 1921

El sevillano Francisco García Fernández ingresó como soldado de ingenieros en 1913 el regimiento de Zapadores Minadores 3, acantonado en su ciudad fue su primer destino. A esa época pertenecía la primera fotografía que dedicó a sus hermanos luciendo el traje de rayadillo de campaña y fechada en julio de 1913. Contrajo posteriormente matrimonio con María Gago que fallecería prematuramente durante el parto del menor de sus dos hijos. Tras su ascenso a sargento fue destinado a la Comandancia de Melilla, 5ª compañía de zapadores. A partir de entonces tomó parte activa en la campaña promovida por el general Fernández Silvestre.
La comandancia de ingenieros de Melilla ubicada en el cuartel del Zoco estaba formada por la Plana de Mando, Plana Mayor de obras, sección de destinos, seis compañías de zapadores, una compañía de red permanente (con 38 estaciones) y otra de telégrafos de campaña (contaban con 21 estaciones a lomo, 5 a caballo y 2 secciones de tendido) (1). Mandaba la jefatura el coronel José López Pozas que disponía de 48 oficiales y 1339 de tropa (2). Perteneciente al Cuerpo de Ingenieros era también el Centro Electrotécnico de Comunicaciones Radiotelegrafía y Automóviles que contaba con 1 jefe, 5 oficiales y 199 de tropa. Finalmente, en el aeródromo de Zeluán servía una sección de tropa al mando de un oficial de ingenieros.
Las compañías de zapadores estaban destinadas permanentemente en el frente fortificando las nuevas posiciones, construyendo pistas, adecuando caminos, excavando pozos o construyendo abrevaderos para el ganado y levantando puentes. El frenético ritmo de la campaña no les concedía descanso. Por ello fue preciso destinar a un importante número de soldados de infantería y cuadrillas de nativos para reforzar a los ingenieros. Las compañías de red y telégrafos se encargaban del tendido telefónico, de las estaciones de campaña y del heliógrafo de señales por lo que los efectivos de estas compañías estaban muy fraccionados y repartidos por el territorio en pequeños destacamentos. Prueba del ingente trabajo que debían realizar las tropas  de ingenieros se refleja en la correspondencia entre el Comandante General y el Alto Comisario. En carta fechada en Melilla el 6 de febrero de 1921 el general Fernández Silvestre expone a Berenguer (refiriéndose a los ingenieros) que podemos vanagloriarnos de haber realizado verdaderos milagros, dotando al territorio de importantes obras y considerable red de caminos. Asimismo se lamentaba de no poder contar con más estaciones ópticas de campaña y personal de servicio telegráfico. También exponía Fernández Silvestre la poco conocida idea de crear un Grupo de Zapadores indígenas formado por tres compañías (3). Nunca pudo llevar a cabo este proyecto que como otros muchos de la Comandancia de Ingenieros quedaron en agua de borrajas debido a la falta de fondos para llevarlos a cabo. Sirva como ejemplo que  del 1.842.000 pesetas (4) solicitados en 1921 para la construcción de caminos militares solo se concedieron 100.000 pesetas.
Mandaba la 5ª compañía desde enero de 1921 el capitán José Maroto González que era en ese momento el capitán más joven de toda la Comandancia General. Disponía la unidad de 3 oficiales y 148, sargentos y soldados. En primera línea se hallaban dos oficiales, 2 sargentos, 7 cabos y 75 soldados. El resto no se hallaban disponibles por diversos supuestos, hospitales, península por diferentes conceptos, ocupando destinos o en los talleres de la Comandancia (5).
En febrero la compañía, que se hallaba en Dar Drius, fue destinada al campamento de Annual con el objetivo de construir la pista que enlazaba con Ben Tieb. Fortificaron entre otras las posiciones de Buymeyan, Sidi Dris (donde construyeron un embarcadero provisional), Abarran e Igueriben el 7 de junio de 1921 (6). No sería hasta el mes de julio, poco antes de producirse el Desastre cuando finalizaron los trabajos en el camino a Ben Tieb permitiendo a partir de entonces ,con apuros, la circulación de camiones de alto tonelaje. El poder adecuar el camino que desde el valle del Sepsa llevaba hasta Annual significó un verdadero esfuerzo para los ingenieros que tuvieron que vencer grandes dificultades.

La primera retirada, de Annual a Drius


El 21 de julio, el cuerpo de ingenieros tenía desplazadas en Annual cuatro de las seis compañías de zapadores y los telegrafistas que se encargaban de las comunicaciones. Formaban el batallón, 1 jefe, 10 oficiales y 516 soldados todos ellos al mando del comandante Emilio Alzugaray, jefe del sector (7). Al margen de estos efectivos habría que contabilizar un número indeterminado de soldados de infantería agregados a las compañías de zapadores que siguieron las mismas vicisitudes que los zapadores. Las otras dos compañías (3ª y 6ª) formaban parte de las guarniciones de Ben Tieb y Dar Drius respectivamente. En los días previos a la retirada de Annual las compañías de ingenieros participaron en los baldíos intentos de socorrer a la guarnición de Igueriben. El día 18 formando parte de la columna mandada por el teniente coronel Núñez de Prado y el 21 al mando del coronel Manella. El día 20 habían fortificado una nueva posición (Intermedia C) situada en el  camino que desde Annual conduce al desfiladero del Izumar.

Capitán José Maroto González y Alférez Ramiro Cortés en Annual, junio de 1921
La mañana del 22 se produce la retirada de Annual, los ingenieros deben ocupar la vanguardia de la peligrosa maniobra sin que prácticamente nadie supiese que se iba a realizar. El comandante Alzugaray comunica a los capitanes las órdenes de repliegue que se deben cumplir sin dilación y llevando consigo tan solo el equipo ligero de campaña y el fusil. La pista por donde se retirará gran parte de la columna tiene tan solo 4 metros de ancho y debe sortear subidas con pendientes que llegan al 12% zigzagueando hasta sortear el Izumar.
La retirada se tornará desordenada, caótica y mortal antes de coronar el desfiladero del Izumar y las tropas no se recompondrán hasta llegar al llano que conduce a Ben Tieb. En este punto y a pesar de que era el lugar elegido por el general Fernández Silvestre para hacerse fuertes, no se detuvo ninguna unidad y las fuerzas continuaron la marcha hasta llegar a Dar Drius a media tarde. Entonces se pasó revista a las fuerzas de ingenieros, las bajas son: 1 capitán, 1 alférez, tres sargentos, 1 trompeta y 121 zapadores (en el relato del capitán Sarmiento no se aclara si heridos o muertos) (8).
El sargento García ha conseguido llegar ileso y junto a sus hombres pasará la noche en Drius sin saber que al día siguiente les esperaba otra retirada. El mando de las tropas de ingenieros, por ausencia del comandante Alzugaray, lo asumió el capitán Jesús Aguirre.
Poco después llega a Dar Drius el general Felipe Navarro que asume el mando de todas las fuerzas, en esos momentos es ya el jefe accidental de la Comandancia General de Melilla al haber fallecido el general Fernández Silvestre en Annual.
La retirada de Annual se salda con un elevado número de muertos. Para hacernos una idea solo contamos con la relación que a instancias del general Navarro se emitió en Dar Drius  supervisada por el teniente coronel Pérez Ortiz. El estadillo aunque incompleto apunta que en las unidades de infantería figuraban como desaparecidos 678 oficiales y soldados (9). En ella se incluyen las tres compañías de Ceriñola que el mismo día 22 de julio formaban parte de una columna con el objetivo de instalar una nueva posición y la compañía de África 68 que formaba la guarnición de Intermedia C. En el listado no se incluyen  las tropas de ingenieros, las de intendencia, las indígenas, las de sanidad militar ni algunas baterías del regimiento Mixto. Por tanto debemos tomar con cautela el número de fallecidos que hasta hoy no hemos podido determinar con exactitud.

Señalado en rojo, sargento Francisco García. Sevilla, regimiento de zapadores minadores 3. Podemos ubicar la imagen gracias a la firma del fotógrafo, Olmedo
En cuanto a las guarniciones que jalonaban el camino entre Ben Tieb y Annual todas se perdieron corriendo distinta suerte. Como he mencionado, la Intermedia C se unió a la columna en retirada igual que la compañía de San Fernando que guarnecía Izumar. La posición Intermedia B y el Morabo de Sidi Mohamed fueron aniquilados pereciendo la mayoría de sus defensores y la compañía de San Fernando acantonada en Intermedia A se defendió hasta días después muriendo la práctica totalidad de sus defensores. Ben Tieb, el lugar elegido para organizar una línea de resistencia por el general Fernández Silvestre fue evacuado sin bajas por sus defensores tras el paso de la columna Annual. Formaba parte de su guarnición la 3ª compañía de zapadores al mando del capitán Agustín García Andujar que el mismo día 22 participó en la fortificación de una nueva posición en el camino de Annual. La columna se tuvo que retirar al producirse la retirada de Annual causando la maniobra un importante número de bajas en las filas de la compañía de zapadores (10).

Melilla 30 de mayo de 1921. Festividad de San Fernando. El pequeño que posa con garbo era el hijo del teniente Antonio Albert Andreu, muerto en Monte Arruit
Las dos posiciones enclavadas en las alturas de Beni Ulisech, Mehayast y Yebel Uddia se retiraron sufriendo muchas bajas. En cuanto a las posiciones que formaban la vanguardia, Igueriben fue aniquilada el 21 de julio y Buymeyan se replegó sobre Annual el día 22. Peor suerte corrieron los defensores de Talillit a los que se ordenó retirarse sobre Sidi Dris quedando abandonados a su suerte al no contar con más ayuda que la de los barcos de guerra. El 25 de julio se intentó una evacuación a los botes de la armada que fracasó muriendo en el intento gran parte de la guarnición que formaban más de 300 hombres. Finalmente en la segunda posición enclavada sobre el Mediterráneo, Punta Afrau, se consiguió gracias a la Armada de Guerra evacuar a la mayoría de la guarnición. Destacado comportamiento en la evacuación tuvieron los tres ingenieros telegrafistas que serían condecorados con la Medalla Militar Individual, Basilio de Frutos Ramos, Cipriano García Ventura y Francisco Pla Rodríguez. En su concesión influyó notablemente el informe que el capitán del cañonero Laya cursó tras la evacuación, la retirada  se pudo realizar gracias al abnegado trabajo de los tres telegrafistas. (11).  En unas horas se había perdido la circunscripción de Annual.
Las primeras medidas que toma en Drius el general Navarro se encaminan a organizar las unidades y servicios que han quedado seriamente dañados tras la retirada de Annual. Ha conseguido reunir en Drius algo más de 2500 hombres aunque ordena que las tropas de intendencia se replieguen a Melilla y el Grupo de Regulares a Uestia. De noche, el general ya manifiesta su inclinación a retirase y considera la situación como crítica (12).
La decisión de retirarse, adoptada tras diversas deliberaciones será objeto de controversia. El general consideró que no era posible resistir en Drius debido a que su línea de comunicación con Batel está seriamente amenazada, la moral de las tropas era baja y no contaba con elementos para resistir en Drius. Así lo comunicará al Alto Comisario que no recibiría el telegrama hasta horas después porque el barco que le traslada a Melilla (cañonero Bonifaz) tenía la estación de radio averiada (13). Poco después el general Navarro ordena a las posiciones dependientes de Drius la orden de retirada. Las más cercanas se replegarán sobre Dar Drius mientras que los destacamentos existentes en Tafersit y Midar lo harán sobre Cheif desde donde se retirarán al Zoco Telatza y si fuese necesario a Monte Arruit. Este último grupo de posiciones (Cheif, Buhafora Izen Lasen y Azib de Midar) reúne una considerable fuerza: 1 jefe, 34 oficiales y 1154 de tropa (788 españoles y 366 askaris de Policía Indígena). El general Navarro aduciría que la decisión de alejar las tropas se debió a que no deseaba mezclar aquellas fuerzas con las que se habían retirado de Annual.
A esas alturas ya se tenían en la península sobradas noticas de la muerte del general Fernández Silvestre y del incipiente derrumbamiento de la Comandancia. En Madrid recibieron el primer telegrama enviado por el coronel Sánchez Monge poco antes de las seis de la tarde. El Ministro Marichalar que estaba en San Sebastián adoptó, a instancias del Alto Comisario, las primeras medidas encaminadas al envío de refuerzos al mismo tiempo que imponía una velada censura con la evidente intención de minimizar los sucesos. El Rey Alfonso que había pasado el 22 de julio en Burgos fue informado al volver a San Sebastián de donde a toda prisa partiría hacia Madrid junto al Ministro. Nadie en ese momento podía prever el drama venidero que ya había consumado su primer acto.

Suboficiales y sargentos de ingenieros. Entre ellos, Francisco García
De madrugada el Alto Comisario, sugiere la conveniencia de mantener la línea de resistencia en Drius, Dar Quebdani y Zoco Telatza (14). Navarro a pesar de estar plenamente convencido de que la retirada es la única opción, detiene transitoriamente la maniobra aunque según el capitán Sigifredo Sainz lo hizo a sabiendas de que mañana sería tarde para tomar la decisión (15). A primera horas de la mañana llegan a Drius los efectivos de la columna Cheif con muchas bajas así como las guarniciones de Ain Kert y Karra Midar que se repliegan con orden. La importante masa de hombres que formaba la columna del regimiento Melilla en Cheif debía haberse retirado a Zoco Telatza de Bu Becquer (según ordeno Navarro) pero en el último momento el jefe de la tropa (teniente coronel Orrego) decidió hacerlo sobre Drius. Nada se puede objetar ya que el propio general Navarro advertido de la imposibilidad de hacerlo sobre Zoco Telatza envió un mensajero para comunicar que lo hicieran sobre Dar Drius por estar interceptado el trayecto que originariamente debían recorrer. En la maniobra fallecería el teniente coronel Orrego y un importante número de hombres. Peor suerte corrieron las posiciones enclavadas en Tafersit y Midar que fueron prácticamente aniquiladas intentando cumplir la orden de repliegue a Drius.
Inmediatamente después partió el convoy de heridos que a bordo de las pocas ambulancias disponibles intentan a todo trance llegar a Batel. Antes de llegar al cauce del río Igán fue atacado el convoy debiendo partir para protegerlo las fuerzas del regimiento de Alcántara, la mayoría de heridos fueron rematados. Este suceso precipitaría que el general Navarro adoptará de  nuevo su plan de retirada a pesar de las indicaciones del Alto Comisario. Los poco más de veinte kilómetros que le separan de Tistutin le acercarán a Melilla pero supondrá perder el control de una importante extensión de territorio. La línea defensiva que impulsó Berenguer, Drius, Quebdani y Zoco Telatza pierde el primero de sus pilares, los otros dos se perderían a consecuencia de una aciaga rendición y una funesta retirada en la que murieron prácticamente 1500 hombres.

Segunda retirada.  Drius Tistutin-Batel

Cuenta el general Navarro para llevar a cabo la maniobra con los supervivientes de Annual, las guarniciones de las posiciones cercanas, los escuadrones de Alcántara y  la columna del regimiento San Fernando que guarnecía Dar Drius y que no había entrado en combate. De la artillería tan solo se han salvado la 5ª batería que junto a la ligera eventual y la 1ª de Montaña (acantonadas en Drius) serán los únicos elementos de artillería con los que contará. Las tropas de Regulares que no merecían la confianza del general, fueron enviadas el día anterior a pernoctar en Uestia y no toman parte en la retirada. Entre las tropas de Policía Indígena se han producido masivas deserciones y algunas de las Mías solo cuentan con los oficiales y un pequeño núcleo de soldados fieles.
Forman la columna 2566 hombres (16) entre los que no se hallan los escuadrones de Alcántara que siguiendo órdenes partirán antes que la columna para auxiliar convoy de heridos que fue atacado en las cercanías de Uestia. La columna abandona Dar Drius a las dos de la tarde, cubren la retaguardia las tropas de San Fernando mandadas por el teniente coronel Álvarez del Corral y los pocos policías fieles que manda el comandante Jesús Villar. Las tropas de zapadores (480 hombres) ocupan el sector central de la columna siendo dirigidas por el capitán Jesús Aguirre.

Capitanes Sigifredo Sainz y Jesús Aguirre el día de su liberación. A bordo del Antonio López, 27 de enero de 1921
Cuenta el general Navarro para llevar a cabo la maniobra con los supervivientes de Annual, las guarniciones de las posiciones cercanas, los escuadrones de Alcántara y  la columna del regimiento San Fernando que guarnecía Dar Drius y que no había entrado en combate. De la artillería tan solo se han salvado la 5ª batería que junto a la ligera eventual y la 1ª de Montaña (acantonadas en Drius) serán los únicos elementos de artillería con los que contará. Las tropas de Regulares que no merecían la confianza del general, fueron enviadas el día anterior a pernoctar en Uestia y no toman parte en la retirada. Entre las tropas de Policía Indígena se han producido masivas deserciones y algunas de las Mías solo cuentan con los oficiales y un pequeño núcleo de soldados fieles. 
Forman la columna 2566 hombres (16) entre los que no se hallan los escuadrones de Alcántara que siguiendo órdenes partirán antes que la columna para auxiliar convoy de heridos que fue atacado en las cercanías de Uestia. La columna abandona Dar Drius a las dos de la tarde, cubren la retaguardia las tropas de San Fernando mandadas por el teniente coronel Álvarez del Corral y los pocos policías fieles que manda el comandante Jesús Villar. Las tropas de zapadores (480 hombres) ocupan el sector central de la columna siendo dirigidas por el capitán Jesús Aguirre. El general ha ordenado explícitamente que no se abandone durante el trayecto a ningún herido o muerto. Los primeros compases de la maniobra se llevan a cabo ordenadamente y sin ser hostilizados hasta llegar a las proximidades del seco cauce del río Igán. Atrincherados y parapetados esperan los rifeños a la columna sobre la que disparan sumiendo a las tropas en un nuevo desbarajuste. Tan solo la formación de guerrillas y la reincorporación de las tropas de caballería conseguirán que la columna alcance sus objetivos. Una de las unidades que cubren el cruce del Igán fue la 5ª de zapadores entre los que se hallaba el sargento Francisco García. Los escuadrones de Alcántara (que habían partido con anterioridad de Drius para repeler el ataque sobre el convoy de heridos) cargan sobre el enemigo y posteriormente vuelven grupas para ayudar a la columna en su repliegue.
En Tistutin, el general Navarro decide que parte de las tropas de ingenieros continúen hasta Monte Arruit. La 2ª y 5ª compañías de zapadores, junto a los telegrafistas quedarían en Tistutin donde el mando lo asumió el capitán Félix Arenas que voluntariamente ha quedado en la posición adonde llegó procedente de Melilla. Para organizar la defensa se divide la posición en tres sectores y de la jefatura se hace cargo el capitán del África González Valles. El capitán Arenas organizó una compañía formada por unos 80 zapadores y 75 soldados de infantería con los que defenderá el sector conocido como La Pajera junto al edificio de la Yesería. La actuación de Arenas durante la defensa de Tistutin sería decisiva para concederle años después la Laureada. Destacar el comportamiento del capitán es también recordar el brillante comportamiento que tuvieron las topas de ingenieros en la defensa de Batel y Tistutin.

Félix Arenas Gaspar siendo cadete de la Academia de Ingenieros en Guadalajara
El martes 26, según recoge el diario de operaciones del capitán Jesús Aguirre (17) se realiza una salida para quemar cadáveres y caballos muertos. Se presentan voluntarios varios oficiales y algunos de tropa, entre ellos el sargento Francisco García. Consiguen salir de la posición y cumplir su cometido siendo además capaces de llegar hasta la estación de tren donde alcanzan los vagones y se hacen con útiles de cocina y varias latas de carne. La resistencia en Batel tendría su fin el 27 de julio al carecer de agua y por considerar el general Navarro agotados los medios de defensa. De nada sirvió el arduo trabajo que el teniente de ingenieros Aurelio Martínez Fernández y sus hombres llevaron a cabo para hacer funcionar el motor del pozo. Las castigadas tropas tuvieron que recurrir de nuevo a los botes de conserva para mitigar la sed. Poco después de las cuatro las tropas de Batel se repliegan a Tistutin, en los 3 kilómetros que median entre ambas posiciones se producen 34 bajas. Navarro que ya había recibido autorización de repliegue del Alto Comisario no prologó la estéril defensa y aprovechando que se pudo comunicar con Monte Arruit participó su intención de replegarse sobre aquella posición. En Arruit mandaba las tropas presentes el capitán de San Fernando López Vicente que hasta ese momento no había tomado ninguna determinación para asegurar ni la aguada ni el campamento adyacente.

Tercera retirada. Tistutin-Monte Arruit. Madrugada del 29 de julio

Constituyen la columna de supervivientes 1295 hombres, según recoge en sus notas el capitán Sigifredo Sainz, y 252 heridos de ellos 43 graves (18). No cuentan con ningún vehículo y por tanto los heridos deberán ser evacuados en caballos, en improvisadas camillas y a píe los restantes. La asistencia sanitaria es en ese momento prácticamente inexistente por falta de medios, no de médicos. Acompañan a los heridos los capitanes Teófilo Rebollar, García Martínez y los tenientes Peña Martínez, García Martínez, Rover Motta, Fernández Andrade y Videgain Aguilar. La conducta de todos ellos fue ejemplar, tan solo sobrevivió a la retirada o al asedio de Monte Arruit, el teniente Felipe Peña Martínez.
El general, aprovechando la oscuridad ordena formar un gran cuadro a cuya vanguardia van las tropas de San Fernando, que todavía cuentan con 350 hombres. Duras palabras tendría para Navarro el fiscal García Moreno en sus conclusiones, formar un cuadro cerrado era aconsejable de noche mientras que al clarear el día se tornaba contraproducente y mortífero (19). El capitán Sainz aduciría que en esta marcha, como en los anteriores repliegues, no era posible seguir reglas logísticas para organizar la marcha. Había que atender la capacidad combatiente de cada unidad (20). Para evitar que al salir el sol la columna fuese más vulnerable se tomó la determinación de aumentar las distancias entre las unidades para evitar que el fuego alcanzase a los heridos. De los 1295 hombres aptos para el combate se debieron destinar 176 (21) para el transporte de las camillas siendo relevados los camilleros para evitar el cansancio. Los oficiales de Estado Mayor recuerdan a sus compañeros las instrucciones propias de una marcha nocturna en territorio hostil (22).
   
Blas Muñoz Cano y Emilio Torres López. Soldados de ingenieros supervivientes
A las escasas piezas de artillería que quedan les quitan los cierres para evitar que puedan caer en manos de los rifeños. Los ingenieros al mando del capitán Félix Arenas ocupan la retaguardia de la columna, quedan 130 zapadores, entre los que se halla el sargento Francisco García, a los que se unen 60 soldados de infantería. Junto al capitán se hallan los tenientes Antonio Albert, Fernández Martínez (ambos de ingenieros), Gutiérrez Calderón y Sanchís (de infantería). La retirada amparada en la oscuridad se realizó en orden hasta que la vanguardia alcanzó la Casa Muñoz situada a 2 kilómetros de Monte Arruit. A partir de este punto se volvieron a vivir momentos de pánico y se deshizo la columna debiendo abandonar a los muertos por no poder transportarlos. En aquel momento se decidió que las piezas de artillería entraran en acción y se les instaló de nuevo los cierres. Esta circunstancia fue la que permitió a los rifeños usar posteriormente los cañones para bombardear Monte Arruit. Las piezas estaban listas para entrar en combate, así lo declaró el capitán Alfredo Correa Ruiz al ser liberado del cautiverio en 1923 (24). Nada se hizo desde el interior de la posición para apoyar el repliegue ni consta que el general diera ninguna orden en ese sentido. Tampoco se ocupó el poblado adyacente a la posición desde el cual los rifeños castigarían sin piedad a la sitiada columna.
En el repliegue fallecieron el capitán Arenas, el teniente Emilio Sánchez-Caro (5ª de zapadores), 2 jefes, 3 oficiales y  resultaron heridos 7 oficiales. Los supervivientes de la 5ª de zapadores quedan al mando del teniente Antonio Noreña por haber resultado herido grave en Tistutin el capitán Maroto que consigue entrar en Arruit abrazado al capitán Aguirre. Las bajas de tropa no las recordaba el capitán Sainz por haber perdido los partes de las diversas unidades (24). El general Navarro declaró que fueron aproximadamente 140 entre muertos y desaparecidos (25). Finalmente una nota suelta presumiblemente escrita por el capitán Sigifredo Sainz indica que se produjeron 728 muertos y 139 heridos, cifra que de ser cierta hubiera convertido la retirada en una matanza (26). La disparidad en las cifras aportará una mayor dificultad a la hora de cuantificar cuantos fueron los defensores de Monte Arruit.

Monte Arruit antes del Desastre de Annual

Asedio y muerte en Monte Arruit. El sargento que murió acordándose de sus hijos

Tras la dura retirada la menguada columna del general Navarro, que ya ha sufrido diversas mermas, llega a Monte Arruit sin aliento y en el tramo final en clara desbandada. A esas alturas ya habían participado en tres o cuatro retiradas (los que provenían de Batel) y tanto física como moralmente las fuerzas estaban al límite.
La mayoría de autores consideran que en el interior de la posición se congregaron 3017 hombres, cifra que aportó Sigifredo Sainz en su libro. En algún caso se aumenta la cifra hasta 3165 basándose en la nota manuscrita que mencionaba al aportar el número de bajas en la retirada, documento que como hemos mencionado merecería revisión (27). En la relación de víveres que aportó el auxiliar Espinosa se consigna la cantidad de sacos que quedan de arroz, café, azúcar, cebada, judías, garbanzos,  los litros de aceite y se repite la cifra 3017 (28).
Las tropas que hasta ese momento defendían el reducto no habían sido atacadas y habían podido realizar la aguada con cierta normalidad. Mandaba las unidades, que ascendían a casi 1000 hombres, el capitán de San Fernando López Vicente. Un capitán al mando cuando en Melilla se hallaban tres de los cuatro coroneles de infantería y varios tenientes coroneles. Todos adujeron diversos motivos para no estar en primera línea. En Arruit, según Sainz, las tropas presentes estaban totalmente desmoralizadas, sentados al abrigo de los parapetos o en el interior de los barracones (29).  En cuanto a los medios sanitarios no se disponía prácticamente de nada, los heridos y enfermos padecerían un auténtico calvario durante el asedio. De municiones andaban igualmente escasos lo que dificultaría tremendamente la defensa y las aguadas en las que era necesario emplear mucha cartuchería.
¿Debieron las castigadas tropas de la columna continuar horas después su retirada en dirección Melilla? Navarro consideró que no era posible debido al estado físico y moral de las tropas, algunas de las cuales habían participado hasta ese momento en tres o cuatro sangrientas retiradas. Lo contrario afirmó en sus conclusiones el fiscal García Moreno que veía factible el haberse retirado a Zeluán tras conceder descanso a las tropas (30).   

Monte Arruit tras la reconquista. Obsérvese la poca profundidad a la que los ingenieros debían cavar las sepulturas de los muertos. Esta imagen corresponde a la llamada Plaza de la Muerte Algunos autores afirman que los restos exhumados correspondían al teniente coronel Fernando Primo de Rivera.
A partir de ese mismo día se cumple estrictamente una mortífera ecuación. Sangre por agua. Los cañones dispuestos para abrir fuego, las sangrientas aguadas y el constante paqueo sobre el reducto causan un altísimo número de muertos y heridos a los que no se puede atender por falta de medios. El sábado día 30, primer día de asedio, se contabiliza la muerte de 34 soldados mientras que 7 oficiales y 86 soldados resultarían heridos. El asedio supondría una durísima prueba para los defensores que sufrieron lo indecible para acabar siendo vilmente exterminados. 
Con el objetivo organizar la defensa el general Navarro dividió el reducto en sectores al mando de los jefes supervivientes. A los ingenieros se les encargaría la defensa del sector opuesto a la puerta principal asumiendo el mando el capitán Jesús Aguirre. Además de las funciones propias de su cuerpo, debían ocupar su lugar en el parapeto y encargarse de los enterramientos contando tan solo con 1 pico y 2 palas (31). Las sepulturas debido a la extenuación de los soldados y la dureza del terreno se hacían cubriendo los cuerpos con una ligera capa de tierra. Las fosas se hallaban en uno de los extremos de la Plaza de la Muerte, muy cerca del alojamiento del general Navarro.
Para manejar el heliógrafo (único medio de comunicación) se nombraban equipos formados por 1 sargento, 1 cabo y 3 soldados telegrafistas (32). A pesar de la bruma y del bochornoso viento de Levante se consiguió mantener la comunicación con las tropas españolas. El heliógrafo fue alcanzado por un proyectil rifeño debiendo recomponer la Mira con un trozo de caña (33). El 3 de agosto una sección formada por y 1 sargento y 12 zapadores refuerzan el sector que ocupan las tropas de Ceriñola y otra sección ocupa una garita situada en el frente que defiende el regimiento San Fernando. Son también tropas de ingenieros las que ayudan al teniente de infantería Sánchez Ocaña en el reparto del agua, de ello se encargan 1 sargento y 4 zapadores (33).  
Francisco García participó en el duro asedio y durante once días sufrió lo indecible junto a sus hombres. Pasaron sed, hambre y muchos de ellos cayeron heridos o muertos. Con el paso de los días comprendieron que nadie les socorrería ni escaparían de aquel infierno. Francisco llevaba en el bolsillo de su guerrera la fotografía de sus hijos, su más preciado tesoro y por nada del mundo quería perderlo. Sabiendo que iba a morir, escribió en el reverso de la imagen un texto que eriza la piel:



“Si muero haga el favor el que lo recoja (si es europeo) el remitirlo a calle Divina Pastora 12, Sevilla y decirle que murió el original de este retrato, sargento de ingenieros Francisco García Fernández, acordándose de sus hijos”.

El 9 de agosto se produce la capitulación y la abominable matanza de la desarmada columna que mandaba el general Navarro. Muy pocos fueron los que sobrevivieron, algunos oficiales, un pequeño número de soldados que fueron apresados y algunos afortunados que milagrosamente consiguieron llegar a Melilla. Entre las filas de la 5ª de zapadores la mortalidad los alcanzó prácticamente a todos. El capitán Maroto, herido desde el día 29, recibió el impacto de una granada el 5 de agosto muriendo en al acto y del resto de la compañía solo sobrevivieron Agustín Barrera Tena que fue apresado en Arruit y murió en cautividad y tres hombres que no tomaron parte en el asedio de Arruit. Sargento Juan Sánchez González, apresado antes de  llegar a Ben Tieb, cabo Antonio Moreno García, herido y evacuado a Melilla el día 23 de julio y el soldado Manuel Chenovart que fue apresado el 22 de julio y permanecería cautivo hasta el 27 de enero de 1923 (34).
Francisco García dejó dos pequeños huérfanos y una postal que sorteó el saqueo y resistió ajada y agrietada hasta que el 24 de octubre se recuperó el reducto atestado de cadáveres momificados. El Sol publicó el 27 de octubre que entre los restos de los cadáveres no identificados se había recuperado una carta en la que se pide se envíe un retrato a sus hijos y se les diga que ha muerto pensando en ellos”.  La postal regresó al domicilio familiar en Sevilla y aquellos dos pequeños pudieron conservar el postrero recuerdo de su padre. El menor murió de pena me confesó la familia. José, el otro pequeño que posaba junto a la cartilla bancaria creció sin padres ni hermano. Vivió la guerra civil sirviendo como su padre en el regimiento de ingenieros de Sevilla, lucho en la División Azul y su descendencia ha mantenido viva la memoria del sargento que murió acordándose de sus hijos.

Panteón de Héroes, Melilla. Placa regalada por agregados militares a los defensores de Monte Arruit

Francisco Carreras Roig

Quiso el destino que uno de los soldados de la compañía del sargento García protagonizara una historia similar. Al enterrar a los fallecidos en Monte Arruit se localizó en la guerrera de un desconocido soldado un retrato familiar, la imagen no aportaba más información que la dedicatoria:
“A mi querido Francisco, para que siempre que veas esto te acuerdes de quien mucho te quiere”.
La fotografía fue localizada por las cuadrillas de enterradores del regimiento de zapadores minadores encargados de dar tierra a sus compañeros. Estos entregaron la imagen al capellán Agustín Cartón que ejercía en el los hospitales de Melilla. La fotografía fue publicada en ABC el 18 de noviembre de 1921 con el siguiente píe de texto (35): 

“Grupo fotográfico encontrado en Monte Arruit por un oficial del regimiento de Zapadores Minadores en Monte Arruit en la guerrera de un cadáver no identificado. Publicamos esta fotografía por si ella puede tener noticias de la triste suerte del muerto la familia del interesado”


Pasaron semanas y parecía que la imagen, al igual que su dueño, serían condenadas al olvido, pero tal y como ocurrió en el caso del sargento García pudo regresar junto a sus deudos. El 6 de diciembre,  casi cuatro meses después de la matanza de Arruit, se presentó en la capitanía general de Barcelona Carmen Miralles Redó, había reconocido la fotografía publicada meses antes donde posaba junto a su hija Juanita de tan solo dos años. El dueño de la misma era el soldado de ingenieros Francisco Carreras Roig, natural de Barcelona (36).
Fue el último consuelo que recibió Carmen , que por entonces ya debía haber perdido toda esperanza sobre la suerte que corrió su marido. La viuda recibió un donativo remitido por Torcuato Luca de Tena (fundador de ABC y Blanco y Negro). Posteriormente la pequeña Juanita recibiría otro donativo en una iniciativa organizada por los Somatenes de Cataluña que concedieron a los huérfanos y mutilados de la campaña de África en el periodo comprendido entre junio y diciembre de 1921. La idea partió de Juan Puig Marcó, cabo del Somaten, y recaudó en nueve meses la cantidad de 254.614 pesetas. La recibieron 171 peticionarios, entre ellos un gran número de huérfanos, y se concedió a cada uno la cantidad de 1475 pesetas (37). Nunca se ha calculado el número de huérfanos que ocasionó el Desastre, estoy convencido de que la cifra nos dejaría perplejos. En septiembre de 1923 se concedió a la viuda la preceptiva pensión por el fallecimiento de su marido en acto de servicio, un soldado de ingenieros muerto en combate generaba una pensión anual de 328,50 pesetas.
Las fotografías del sargento García y el soldado Carreras así como algunas cartas aparecieron tras las matanzas de Arruit y Zeluán. Una de las más conmovedoras la escribió el cabo burgalés Gabriel Sainz García que será el protagonista del próximo artículo en el que recordaremos los horrores vividos por los defensores de Monte Arruit. 

Labores de enterramiento en Monte Arruit tras la reconquista. Los ataúdes pertenecían al Servicio de Higiene del
Cuerpo de Sanidad Militar
La mortalidad en el Cuerpo de Ingenieros

Las bajas entre las tropas de ingenieros fueron numerosas. De los 16 oficiales que mandaban las compañías de zapadores el día 22 solo sobrevivió el capitán Jesús Aguirre que fue apresado junto al general Navarro. A los fallecidos habría que añadir al capitán Félix Arenas, jefe de la Compañía de Telégrafos, siendo por tanto 17 los oficiales muertos al frente de sus unidades.
Entre las clases de tropa la mortalidad se elevó de 563 (38) a 603 (39). Si tenemos en cuenta que el 22 de julio (según estadillo de la Comandancia General) se hallaban destacados en primera línea 782 soldados de ingenieros, la mortalidad oscilaría entre el 70 y el 75% del total de las fuerzas destacadas en el frente (40). El primer caído del Cuerpo fue el telegrafista Enrique Durán Timoneda muerto el 1 de junio en Abarrán. Entre las tropas que formaban el Centro Electrotécnico al mando del comandante de ingenieros Fernández Mulero se produjeron las muertes de 2 sargentos y 4 soldados.
Prisioneros en poder de Abd el Krim quedaron 2 sargentos y 18 soldados de los cuales 3 murieron durante el cautiverio (Sargento Viatela Albamonte, Cabo Agustín Barreda y soldado Luis Gutiérrez Martín).
Entre los anónimos soldados de ingenieros muertos conviene recordar al soldado Juan Ures Bermejo. Nacido en Jadraque, Guadalajara, ingresó en el ejército como voluntario y a finales de 1920 fue destinado a Melilla, compañía de Telégrafos. El 22 de julio de 1921 se hallaba en Kandussi donde fallecería en combate al no querer abandonar la estación telegráfica. Por su comportamiento sería propuesto para recibir la Laureada, petición que como otras muchas sería denegada. De su sacrificio queda constancia en El Telegrama del Rif, en un artículo firmado por Parravichino (41), pseudónimo del capitán ingeniero Francisco Carcaño Más (1886-1936).
Milagrosamente pudieron escapar del asedio de Monte Arruit el cabo Severino Soriano Expósito y el soldado Diego Robles Serrano, ambos de la 2ª de zapadores. El primero fue capturado el 9 de agosto y permaneció cautivo hasta el 9 de septiembre que consiguió escapar de sus captores. El soldado Robles fue capturado al realizar la aguada el 6 de agosto siendo apresado y conducido a una cábila cercana de donde escapó el 30 de octubre consiguiendo llegar a Monte Arruit (42). Al recuperase Monte Arruit el 28 de octubre, España fue consciente de la barbarie cometida tras la capitulación. Fuerzas de ingenieros fueron las encargadas de dar sepultura a los restos de los compañeros muertos. El batallón expedicionario del 1er regimiento de zapadores minadores (al mando del teniente coronel Francisco Ibáñez Alonso) y una sección de la Comandancia de Melilla al mando del capitán Joaquín Cantarell Bordalba dieron tierra a sus compañeros y consiguieron identificar los restos de algunos oficiales y soldados. Fueron enterrados en Melilla 1 capitán 2 tenientes, 1 alférez, 3 sargentos, 2 cabos y 5 soldados (uno de ellos desconocido). Los restos de los oficiales descansan en el panteón de héroes mientras que los de los sargentos, cabos y soldados están en una sepultura común bien conservada. A los ingenieros del batallón de zapadores minadores se les concedió en febrero de 1924 la Gran Cruz de Beneficencia (43) haber participado en las labores de enterramiento de 3500 cadáveres en Monte Arruit y Zeluán sin más protección que un pañuelo que cubría sus bocas.
A pesar de hallarse las fotografías del sargento Francisco García y del soldado Francisco Carreras sus restos no fueron identificados y fueron inhumados en la fosa común de Monte Arruit hasta su traslado definitivo al osario del panteón de héroes donde se hallan en la actualidad.


Sepultura en el cementerio de Melilla de sargentos, cabos y soldados de ingenieros.
Todos salvo un sargento muertos en julio y agosto de 1921

Epílogo. Anónimos pero no olvidados

Tengo la certeza de que en el tintero quedarán los nombres de muchos de los anónimos soldados de ingenieros que murieron en aquellos días y a las familias de todos ellos pido perdón por no poder aportar más datos. Sin embargo no deseo desaprovechar la ocasión para rescatar del olvido los nombres de aquellos cuyo sacrificio tuvo algún eco en los medios de prensa.
Entre los cautivos tras el Desastre tendríamos que recordar al sargento José María Viatela Albamonte, jefe de la estación telegráfica de Sidi Dris en la que servía junto a los cabos Clemente Domínguez Alba y González Comas. El 22 de julio fueron inutilizadas las antenas y desde entonces solo contaron con la estación óptica que manejaban un cabo y 3 soldados. Milagrosamente pudieron sobrevivir a la evacuación del día 25 los tres operadores de radio. Clemente Domínguez, herido de gravedad, fue evacuado a Melilla mientras que Viatela y González fueron conducidos al cautiverio. En Annual se le encargó al sargento Viatela la supervisión de los víveres hasta su traslado al campamento de Ait Kamara en enero de 1922. Viatela falleció víctima del tifus el 27 de abril de 1922 dejando entre sus compañeros un hondo sentimiento, era conocido como el sargento de los niños, por las atenciones que prodigaba a los pequeños cautivos, hijos de los prisioneros civiles (44).
Compañero de cautiverio fue el soldado Carmelo Balsera González, natural de Santa Marta (Badajoz). Al producirse los sucesos de julio era el encargado de la estación telegráfica de Tuguntz, posición que tras duro asedio fue arrasada. Solo consiguieron sobrevivir 1 oficial y pocos soldados, entre ellos Carmelo que sería apresado y conducido al campamento de prisioneros de Annual y posteriormente al de Ait Kamara. Durante el cautiverio aprendió de manos del recordado teniente médico Fernando Serrano Flores, a realizar curas y se convirtió junto a otros compañeros en un abnegado e improvisado enfermero. Tras ser liberado en enero de 1923 regresó a su hogar y la corporación local le rindió homenaje y solicito por sus méritos tanto militares como humanitarios la Cruz Laureada que le sería denegada (45).

Florentín Villalba Brun (compañía de Telégrafos en Mehayast) y Saturio Araque Lorente 1ª Compañía de Zapadores. Ambos fueron capturados y permanecieron presos hasta el 27 de enero de 1923
José López Amate era en julio de 1922 cabo y operador de la estación ubicada en Ulad Aixa. Tras varios días de asedio la posición sucumbió muriendo la mayoría de sus defensores. José resultó herido, fue apresado y soportó un largo cautiverio de 18 meses. Tras la liberación fue ascendido a sargento y pudo regresar de permiso a su pueblo, Alhama de Almería, donde fue recibido con honores (46). Posteriormente continuaría su carrera militar en Melilla donde falleció prematuramente víctima de la tuberculosis a los 30 años. Ignoro si la enfermedad que acabo con su vida fue a consecuencia de los sufrimientos vividos en el cautiverio, no sería de extrañar ya que muchos murieron por enfermedades contraídas a resultas de las inhumanas condiciones debieron soportar. Igualmente destacado fue el cabo guarda-parque Jesús Taboada Pascual destinado en Nador donde sería herido participando activamente en la defensa de la fábrica de harinas.
Recordar también el sacrificio de los integrantes de la 17ª Estación de campaña ubicada en Igueriben que sucumbió el 21 de julio. Ninguno de los tres sobrevivió, cabo Valeriano Aguilar del Molino y soldados Enrique Cáceres Vargas y José Jauregui Aranguren. Semejante suerte corrieron los telegrafistas de Haf de los cuales solo he podido identificar a Jesús Chavarino Romera (47) que falleció junto a 3 compañeros. En otras posiciones como Buhafora, Morabo de Sidi Mohamed, Intermedia B, Intermedia A y otras muchas del amplio despliegue fallecieron todos los telegrafistas. Todos ellos aunque desconocidos, forman parte del cuadro de honor del Cuerpo de Ingenieros.

Agradecimientos
A Pedro Acosta García por facilitarme las fotografías de su bisabuelo Francisco García, el sargento que murió acordándose de sus hijos

Fotografías
Las imágenes del sargento García me fueron remitidas por Pedro Acosta García
Las dos fotografías de Monte Arruit me las cedió Mª Luisa Alonso Montalbán
Fotografía del soldado Florentín Villalba enviada por su nieto Juan Villalba Sebastián
Fotografía del soldado Araque:
Fotografía del soldado Blas Muñoz enviada por su nieta Victoria Muñoz
Fotografía del soldado Emilio Torres enviada por su nieta Meli Meléndez Torres
Fotografía del cuartel de ingenieros enviada por Leonelo Albert, nieto del teniente Antonio Albert Andreu
Fotografía del capitán Arenas, archivo familiar a través de su nieto Francisco Arenas Vicens

Notas

  1. Annual 1921. Ingenieros. Juan Tomás Palma Moreno, comandante de ingenieros. Documento cedido por el autor.
  2. Archivo histórico Nacional (AHN). Tribunal Supremo Reservado (TSR). Expediente 50.2. Estado de fuerzas y situación el 22 de julio. Folio 379.
  3. Archivo General Militar de Madrid. Correspondencia del Comandante General con el Alto Comisario. Carta fechada el  6 de febrero de 1921.
  4. AHN. TSN. Expediente 50.3. Pedidos de fondos para la Comandancia de Ingenieros. Folio 581.
  5. AHN. TSR. Expediente 51.7. Estado numérico demostrativo que tienen las expresadas compañías de la Comandancia de Ingenieros. Folio 1892.
  6. Episodios del Revés de 1921.  Antonio Sarmiento León-Troyano, capitán de ingenieros. Memorial de Ingenieros. Madrid, marzo de 1922. Antonio Sarmiento había nacido en Sevilla el 7 de febrero de 1892. Oficial de ingenieros y experto en criptografía y desencriptación. Falleció en Sevilla el 30 de abril de 1976 habiendo alcanzado el empleo de general de brigada.
  7. AHN. TSR. Expediente 50.2. Estado de fuerzas y situación de las tropas de la Comandancia General de Melilla el 22 de julio de 1921. Folios 330r-378r.
  8. Episodios del Revés de 1921, ya citado.
  9. 18 Meses de Cautiverio. Eduardo Pérez Ortiz. Editorial Interfolio, Madrid 2010. Páginas 56-57. Pérez Ortiz nació en Miranda de Ebro en 1865 y falleció en Melilla el 29 de octubre de 1954. En julio de 1922 mandaba un batallón del regimiento San Fernando 11.
  10. Episodios del Revés de 1921. Sarmiento cifra en 60 las bajas de la 3ª Compañía de Zapadores.
  11. Carta del capitán de fragata Francisco Javier de Salas González, capitán del cañonero Laya. La carta fue remitida al coronel López Pozas y publicada en diferentes medios. Se puede consultar en Biblioteca Virtual de Prensa Histórica. La Correspondencia de España 24 de agosto de 1921. Sobre la concesión de la medalla militar ver El Telegrama del Rif 05/07/1922 en Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.
  12. AHN. TSR. Expediente 50.1 y 51.11. Telegramas y conferencias telefónicas del Comandante General de Melilla, Alto Comisario y Ministro de la Guerra. El texto del citado telegrama enviado desde Dar Drius  las 02.10 horas dice textualmente: “Moral tropas está tan deprimida que no me comprometo a operar. Estimo que solo la llegada inmediata tropas de refresco en cantidad bien organizadas podrían salvar esta crítica situación”.
  13. AHN. TSR. Expediente 51.13. Folio 3413 (manuscrito y emborronado). En el texto Navarro comunica que la única solución que se le ocurre es replegarme sobre Batel, se citan las posiciones dependientes de Drius a las que se debe comunicar la orden de repliegue. Azrú, Izen Lassen, Buhafora, Hamuda, Tafersit, Azib del Midar, Tzyudai, Posición A, Tamasussin y Ain Kert. Todas deben replegarse sobre Cheif  las 4 horas y desde allí partir en dirección Haf y posteriormente al Zoco Telatza de Beni Bu Beqer. En la relación no se incluye a Yemaa de Nador y Halaud, Haman y Uestia. Estas dos últimas se incorporarán al paso de la columna, mientras que la primera se replegó a Dar Drius y por ello no se hallaba en la relación anterior.
  14. AHN. TSR. Expediente 51.2. Folios 537-538. El telegrama dice textualmente. “Aun cuando ignoro la situación al momento presente, encarezco a V.E. conveniencia de concentrar todo esfuerzo esas tropas por lo menos en la línea Drius, Dar Quebdani y Zoco Telatza”. Asimismo le anuncia la salida de refuerzos.
  15. Sigifredo Sainz Gutiérrez. Con el general Navarro, en operaciones, en el cautiverio. Editorial Sucesores de Rivadeneyra. Madrid 1924. Página 20. Sigifredo Sainz nació el 3 de octubre de 1887. Ingresó en la academia de infantería en septiembre de 1904 y posteriormente se diplomó en Estado Mayor. Falleció prematuramente en Madrid el 17 de marzo de 1933 siendo comandante.
  16. Según consta en el citado libro de Sainz los efectivos de la retirada de Drius los formaban: 260 de Ceriñola 42, 543 de África 68, 162 de Melilla 59, 720 de San Fernando 11, 342 de artillería y 480 de ingenieros. Total 2507. También habría que incluir efectivos de Sanidad y se llegaba a la cifra de 2566 que se aporta en el libro de Sainz. En el libro citado de Pérez Ortiz se cifra en 390 los efectivos de Ceriñola y en 356 los de África 68.
  17. Diario del capitán  Jesús Aguirre Ortiz de Zárate. El capitán presto además diversas declaraciones entre febrero y mayo de 1923. Jesús Aguirre nació en Villareal (Álava) el 4 de junio de 1890 y falleció el 15 de junio de 1956 siendo general de división y diplomado de Estado Mayor.
  18. AHN. TSR. Expediente 51.13. Notas Sin foliar atribuidas al capitán Sainz y también en su libro ya citado página45. Efectivos de la columna 1295 hombres útiles y 252 heridos y enfermos. Contaban con 60 caballos, 24 mulos y 22 camillas. De los mulos habría que deducir: 7 que transportaban cajas de municiones y 4 cargados con carricubas repletas de cartuchos Mauser. En página 48 se añade que de los 1295 hombres útiles habría que deducir 176 para camilleros y de los heridos, 157 deberían marchar a píe.
  19. AHN. TSR. Expediente 51.20. Informe del fiscal José García Moreno folio 6296v.
  20. Sigifredo Sainz. Página 49
  21. Sigifredo Sainz. Página 48
  22. Sigifredo Sainz. Página 49
  23. AHN. TSR. Expediente 51.18. Testimonio del capitán de artillería Alfredo Correa Ruiz. Folios 5166-5167
  24. Sigifredo Sainz. Página 52
  25. AHN. TSR. Expediente 51.13, folio 3324. Declaración del general Navarro: “Se me hace difícil la determinación de la cifra, pero el declarante cree que ascendieron a unos 140 entre muertos y desaparecidos, llegando gran número de heridos a la posición”.
  26. AHN. TSR. Expediente 51.13 sin foliar. En esta nota de difícil compresión y muy emborronada se anota que durante la retirada se produjeron 728 muertos y 139 heridos. La cifra podría no ser correcta ya que existe gran confusión en el documento. Prueba de ello es que en la nota se cifra en más de 2500 el número de hombres que se retiraron de Tistutin y en el libro de Sainz se indica que fueron 1547 (1295 útiles y 252 heridos y enfermos). Esta discrepancia será de suma importancia a la hora de calcular los efectivos que se reunieron en Monte Arruit.
  27. En Torno a Annual. Julio Albi de la Cuesta. Publicaciones del Ministerio de Defensa 2014. Página 414, el autor cifra en 3165 los defensores (2201 de la columna Navarro y 964 presentes en Monte Arruit). Historia Secreta de Annual Juan Pando Despierto. Editorial Temas de Hoy 1999, página 156, el autor cita que eran 3017. Sigifredo Sainz, ya citado, los cifra en 3017. El Derrumbamiento, Augusto Vivero. Editorial Rafael Caro Reggio 1922. Páginas 254-255 El autor cita que eran 2500.
  28. AHN. TSR. Expediente 51.13. Nota sin foliar ya citada
  29. AHN. TSR. Expediente 51.13. Nota sin foliar ya citada. En el mismo documento se citan los víveres existentes
  30. AHN. TSR. Expediente 51.20. Informe del fiscal José García Moreno folio 6296v.
  31. Juan Tomás Palma. Página 44
  32. Sigifredo Sainz Gutiérrez página 53
  33. Juan Tomás Palma. Página 46
  34. AHN. TSR. Expediente 51.12. Declaración del soldado Chenovart folio 3274.
  35. ABC. 18 de noviembre de 1921. Fotografía familia Carreras Miralles
  36. ABC. 7 de diciembre de 1921.
  37. Diario Oficial del Ministerio de Marina. 30/01/1922. Bases para la convocatoria del donativo del Somatén. D.O. 23
  38. AHN. TSR. Expediente 51.18. Relación de bajas de la Comandancia General de Melilla desde el 17 de julio al 10 de agosto de 1921, folio 2174
  39. Archivo General Militar de Madrid. Fondos de la Comandancia General de Melilla. Caja 41. Relación de desaparecidos de los diferentes Cuerpos. Información cedida por Jesús Castillo Vidal.
  40. AHN. TSR. Expediente 50.2. Estado de fuerzas y situación el 22 de julio. Folio 379.
  41. El Telegrama del Rif, Melilla 08/02/1923. Artículo de Parravichino.
  42. AHN. TSR. Expediente 51.38. Testimonios de los cabos Soriano Expósito y Robles Serrano folios 43 y 144 respectivamente.
  43. Diario Oficial del Ministerio de la Guerra. 01/02/1924. Concesión de la Cruz de Beneficencia. D.O. 26
  44. Memorias del Cautiverio. Francisco Basallo Becerra. Editorial Mundo Latino
  45. El Correo de la Mañana, Badajoz. 20/03/1923
  46. La Independencia, Diario de Noticias, Almería. 13/025/1923
  47. Intrahistoria del Desastre de Annual. Rafael Ángel Contreras Cervantes. Publicaciones del Ministerio de Defensa, Madrid 2016. Página 430. Edición pdf.