La Flotilla de la Libertad. Las negociaciones y el rescate de los prisioneros. 2ª Parte
En primer lugar, se trasladó a los presos rifeños al Antonio López, de donde partió con bandera blanca un bote que condujo a Horacio Echevarrieta, Aranguren, Marqués de Palomares e Idris Ben Said ante Abd el Krim. Anteriormente el empresario había supervisado personalmente el embarque en los faluchos de las cajas del dinero junto al diplomático Manuel Llopis de Casades (40). En la correspondencia de Santiago Alba se recoge un telegrama de Idris al empresario vasco donde se le recomendaba llevar cinco relojes de oro, tres sortijas y lo que le agrade (41). Una vez cumplimentado (práctica habitual), el caíd rifeño autorizó el inicio del embarque. Era la primera vez que Abd el Krim recibía a uno de los cuatro negociadores españoles. De inmortalizar el momento se encargó el fotógrafo Diaz Casariego que los fotografió ante una tienda propiedad de Abd el Selam (tío de los hermanos Abd el Krim), Fue el único fotógrafo profesional que los acompaño a la playa, pero no el único que tomo fotografías (42). La comisión española quedó en tierra, siendo el encargado de coordinar las operaciones Luis Aranguren, mano derecha de Echevarrieta. El bote que les condujo regresó al transatlántico llevando a la delegación rifeña encabezada por Buyibar.
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Echevarrieta conversa con Idris Ben Said en la playa de
Sfiha. Archivo de Fotografía Histórica de Canarias (FEDAC). Colección: Casa
Museo León y Castillo. Álbum: Axdir 1923. N.º Inv.: 265004. |
En los dos viajes que realizó el Vicente La Roda transportó en total a 36 rifeños: En la primera expedición (25 de enero) 11 de Beni Urriaguel, 2 de Bocoya, 1 de Tensaman y 10 de cábilas desconocidas. La segunda expedición (27 de enero) 12 de diversas cábilas, 3 presos en Ceuta, 2 en la cárcel del Baja y 7 en Uad Lau (46). Se vencía de esta manera el último escollo, aunque para ello debió empeñar su palabra Horacio Echevarrieta. No queda constancia de la hora en la que el buque regresó a la bahía con los prisioneros, pero con toda seguridad fue una vez finalizado el rescate, cuando la flotilla navegaba hacia Melilla. La palabra de Echevarrieta se cumplió.
Los funcionarios españoles anotaron uno por uno y en orden de embarque el nombre de todos los cautivos. El primero que ascendió a bordo fue el soldado de África 68, Epifanio Barrio Saiz, natural de Quintana Olmos (Santander). En este primer buque embarcaron además dos de los supervivientes de Igueriben, Manuel Casas Fuster y Pedro Sánchez López, ambos sumaban 555 días de cautiverio. A los cautivos se les entregó ropa nueva, además de una manta; debían parecer bien tratados, que lejos de la realidad y lo de menos eran los piojos. Una gran parte de aquellos niños, mujeres y hombres sufrían duras secuelas y varios de ellos estaban francamente muy mal. Preocupaba sobre todo el estado del soldado de Ceriñola Vicente Estévez Asensio que, agonizante, deseaba morir en España y el barco lo era. Poco antes de llegar a Melilla falleció a bordo, tan cerca de la salvación y después de 554 días de cautiverio (47). Vicente era natural de Carlet (Valencia) y contaba 24 años al morir a consecuencia de la tuberculosis. Mientras el resto de sus compañeros era recibido en Melilla, un coche fúnebre esperaba los restos de Vicente, que fue enterrado el mismo día. Hoy en día sus restos descansan en el osario general, donde fueron trasladados al caducar la concesión del nicho en marzo de 1928.
| Embarque de un cautivo herido. Archivo de Fotografía Histórica de Canarias (FEDAC). Colección: Casa Museo León y Castillo. Álbum: Axdir 1923. N.º Inv.: 265012 |
De izquierda a derecha: Marqués de Palomares, Luis de
Aranguren, Mohamed Buyibar, Abd el Krim y Echevarrieta. La tienda pertenecía a
Abd es Selam (tío de Abd el Krim). Archivo AGMM |
En cuanto a los civiles, el primero en embarcar fue el cantinero de Afrau, Antonio Molina Santiago (n.º 34), y el último fue Francisco Jiménez Pajarero (n.º 215), capataz de la Compañía Colonizadora y único civil que compartió cautiverio con los oficiales en Axdir. El grupo donde se hallaban los niños, las mujeres y algunos hombres lo hicieron ocupando los números 72 a 94, entre ellos figuraba Domingo García Campoy, el prisionero más joven, de tan solo cuatro años (52). Aunque algunas fuentes mencionan que los civiles embarcaron en primer lugar, la relación no deja lugar a dudas. Si tenemos en cuenta que cada bote podía conducir entre 20 y 30 pasajeros aproximadamente, se puede deducir que como mínimo se realizaron entre 13 y 15 viajes. Finalmente, y tras conseguir Idris que no se retuviera a Horacio Echevarrieta (el Vicente La Roda no había regresado), pudieron embarcar llevando como presente del caíd 200 docenas de huevos, veinticinco gallinas y un saco de naranjas. El cautiverio había finalizado. En el álbum “Axdir” se puede ver a Horacio Echevarrieta. Idris Ben Said, Marqués de Palomares, Juan Tonda Tur y José María González comiendo en la playa las naranjas que regaló Abd el Krim (53).
A bordo del transatlántico debieron ser atendidos varios soldados: Olegario Bargalló Martín, José Chao Saavedra y José del Pino Ramírez, los tres fallecerían en Melilla días después. Tampoco fue capaz de superar las secuelas el militar cautivo más joven, el soldado José López Márquez, natural de Gergal (Almería), que con tan solo 13 años fue apresado defendiendo Dar Buziam (Alcazaba Roja). El joven trompeta falleció el 23 de mayo de 1923 a consecuencia de una neumonía; su madre solicitó la pensión por fallecimiento a consecuencia de enfermedad adquirida en campaña, que le fue denegada (54). El teniente Ángel Rucoba Octavio de Toledo, gravemente enfermo, falleció en el hospital de la Cruz Roja el 5 de febrero; su esquela la costearon sus compañeros de cautiverio.
Al amanecer del domingo 28 de enero, la flotilla divisó Melilla y el muelle de Villanueva se llenó de familias y curiosos. Volvían los cautivos. En el muelle les esperaban las únicas autoridades presentes, el Alto Comisario y el comandante General de Melilla, llama la atención que ningún miembro del gobierno estuviese presente. El momento ya estaba planificado y no se pretendía que las celebraciones supusieran un exceso de júbilo. Así consta en el telegrama (55) que el 25 de enero envío el ministro de la Guerra (Niceto Alcála Zamora) al comandante general de Melilla, general Carlos Losada Canterac. En el mismo, le ordenaba el ministro:
1.- Facilitar el canje de los prisioneros que España debe devolver, venciendo las dificultades que haya. Este punto se vio además reforzado por otra comunicación (56) entre el ministro y el Alto Comisario, donde se afirma explícitamente: “Apruebo desde luego cuantas medidas adopte para la mayor rapidez del canje de prisioneros por extraordinarias que ellas sean”. No cabe duda de que el gobierno no quería incurrir en nada que alterase el curso de las negociaciones, como ocurrió en marzo de 1922.
2.- Procurar que, al desembarcar los prisioneros, las naturales manifestaciones de júbilo de sus familias y amigos sean discretas, sinceras y respetables.
3.- Aquellos que estén sometidos a procedimientos judiciales, aun cuando sean diligencias previas, deben permanecer en la plaza y a disposición de su autoridad.
4.- En cuanto al general Navarro, deberá invitarle a permanecer en Melilla.
5.- Los demás prisioneros no expedientados deberán ser autorizados y expedidos para el regreso a España, en pequeños grupos, con rapidez para que no permanezcan muchos días en Melilla.
6.- Los individuos de tropa serán recibidos por un oficial que los trasladará a los cuarteles, salvo los que requieran atención médica. Los cuerpos y unidades confeccionarán las relaciones de liberados.
7.- Todos los individuos de tropa deberán pasar obligatoriamente y lo más rápido posible por la estación de desinfección Vizcaya.
8.- Los individuos que deban ser licenciados lo harán cuanto antes y a los que deban permanecer en las unidades se les propondrá para concesión de permiso en la primera ocasión.
El cautiverio había dejado graves secuelas y muchos hombres debieron ingresar en los hospitales de la Cruz Roja y Alfonso XIII (57). Un mes después de la liberación todavía permanecían hospitalizados 65 hombres en Melilla y otro en Madrid, artillero Ramón Moreno Blasco. Siguiendo las instrucciones del gobierno, se licenció a los soldados de los reemplazos de 1918 y 1919, sumando un total de 97. Los primeros habían finalizado su periodo de servicio militar de tres años hacía un año. Los del reemplazo de 1920 debían esperar hasta febrero de 1924 y se les concedió un permiso de dos meses; a finales de febrero, 24 de ellos lo disfrutaban.
Antes de ser licenciados o marchar de permiso, todos debieron declarar ante el general Ayala, quien instruía la causa contra el mando. En cuanto al general Navarro, el comandante general lo invitó a permanecer en la plaza hasta el 17 de febrero, día en el que El Telegrama del Rif informó sobre su partida hacia la península, donde prestaría declaración en tres ocasiones. El coronel Araujo, encausado por la rendición de Dar Quebdani, permaneció en Melilla y fue ingresado preventivamente en el fuerte de María Cristina.
Tres de los cautivos —capitán Sigifredo Sainz, teniente coronel Eduardo Pérez Ortiz y sargento Francisco Basallo— publicaron sus diarios del cautiverio y un cuarto, teniente Martín Elviro Berdeguer, lo remitió al Ministerio de la Guerra. El diario de Martín Elviro aporta, además de la información sobre el cautiverio, un informe sobre los principales dirigentes en Axdir. El trabajador de la Compañía Colonizadora, Fernando Jiménez-Pajarero de los Ríos, publicó sus vivencias (Memorias de un Cautivo) en La Libertad (58), debido al compromiso adquirido tras el viaje de Oteyza al Rif, y que fue publicado por entregas pocos días después de la liberación.
Muchos de los soldados cautivos, cuyos nombres han quedado en el anonimato, fueron recibidos en sus pueblos como héroes; en algunos casos, incluso los daban por muertos. Gracias a la familia del soldado Pedro Ruiz Estébanez, sabemos que durante el cautiverio se les acumuló el sueldo que debían recibir. En el caso de Pedro, el monto ascendía a 603,90 pesetas, resultado del salario de 18 meses de cautividad (59). El soldado Ruiz guardó toda su vida un pañuelo bordado como recuerdo de su dura estancia en Melilla, y al igual que muchos otros, celebró el 27 de enero como si fuese su aniversario.
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| Pedro Ruiz Estébanez. Hoja de Liquidación tras el cautiverio. Archivo familia Muñoz Ruiz |
Los menos afortunados
Son los civiles, sin duda, los grandes olvidados del Desastre, básicamente por falta de información en los archivos. Los que fueron apresados vivieron un calvario. Hacinados en el antiguo campamento de Annual (junto a sargentos y soldados), llegaron a concentrarse 55 personas, entre ellos 15 niños o menores. Durante el cautiverio murieron 12 hombres y mujeres (60), la mayoría en Annual. Especialmente trágico fue el caso de la familia Asensio (trabajadores de la mina La Alicantina), que perdió a cinco de sus miembros (61). Entre ellos se hallaban Juan Asensio, que fue asesinado en febrero de 1922; Dolores Pérez Montoya; María Rosa Ruiz (ambas dejaron huérfanos) y Manuel Asensio Torres, muerto en Annual. La muerte del patriarca de la familia fue muy sentida en el campamento.
Las familias quedaron en una situación de verdadero desamparo: sin trabajo y sin ingresos para vivir, quedaron a la merced de la fortuna. Se creó en el seno de la Alta Comisaría una Comisión (de la que sabemos muy poco) pro auxilio de los damnificados, donde los perjudicados podían solicitar ayudas. En los archivos (62) se conservan algunas de las peticiones que pueden servir como ejemplo. La más conmovedora es la que firma Manuel Asensio Segura (trabajador de La Alicantina): fueron apresados 14 miembros de la familia, de los cuales cinco murieron en el cautiverio. Quedaron en la miseria y solicitaba 1.996 pesetas en concepto de auxilio; este concepto es importante, ya que la Comisión solo concedió ayudas de auxilio y no indemnizaciones, de las que se debía encargar el Ministerio de Estado. Este argumento conllevó que, en el caso de José Moya Rodríguez, propietario de las cantinas de Afrau e Isahfen, se le denegara la cantidad solicitada (5.000 pesetas) y se considerara que con 2.500 pesetas podría abrir una de las dos cantinas, con la garantía de que el importe se dedicase a ese fin (63). La misma respuesta recibieron otras 16 instancias, alegando la Comisión que era dificilísimo determinar la veracidad y cuantía de las pérdidas y, por ello, era el Ministerio a quien le tocaba decidir. Recibieron igualmente donativos de la Junta de Arbitrios de Melilla y se organizaron diversas iniciativas para ayudar a los más desfavorecidos.
Una de las iniciativas fue el Premio Nacional del Ahorro (64), que se concedió a otra de las inocentes víctimas del cautiverio, la niña Paquita Lozano (14 años), que perdió a sus padres y a un hermano menor en los días de Annual. Prisionera en Dar Drius, fue rescatada por el sargento Basallo, quien pagó cinco duros y la condujo al campamento de Annual. Al llegar a Melilla no tenía más que a una tía que, impedida, no se podía hacer cargo de ella. Gracias a las gestiones de Basallo y la condesa de Heredia Espínola se consiguió que fuese admitida en la Hospedería de la Reina (65), lugar donde pierdo su pista.
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Prueba de las condiciones en que quedaron los civiles tras la liberación es el telegrama (66) que el Alto Comisario interino envió al ministro de Estado Santiago Alba el 1 de febrero, cuatro días después del rescate:
“En vista de la indigencia de la casi totalidad de los paisanos cautivos que acaban de ser rescatados, la mayoría de los cuales se encuentran en el hospital, he entregado cinco mil pesetas de fondos de carácter reservado de esta comandancia general al presidente de la Cámara de Comercio para que las emplee en ropas y demás gastos en favor de los más necesitados”.
No exageraba López Ferrer y, más allá de estas iniciativas, el panorama que se les presentaba era desolador. En una de las crónicas (67) que el sargento Basallo escribió en 1924 se recordaba al enfermero civil Antonio Ruiz Gómez, natural de Málaga. El 22 de julio de 1921 desempeñaba Antonio el cargo de enfermero civil en el campamento de Annual. En los días previos a la retirada, la enfermería trabajó a destajo debido a los combates que se desarrollaron en torno a Igueriben. El 22, al producirse la retirada, fue apresado, convirtiéndose desde entonces en inseparable de Basallo en la precaria atención médica que prodigaron a los prisioneros en Annual y, posteriormente, en Yub el Kama, Tabelhach y finalmente en Ait Kamara, donde permaneció hasta su liberación. Participó Antonio en la recogida y entierro de los restos de cientos de compañeros muertos el 22 de julio y, curando a un enfermo de tifus, se contagió. Pasó hambre y sed, fue brutalmente apaleado, realizó trabajos forzados y dejó la salud sin dejar de atender a los compañeros enfermos. Al ser liberado, volvió a Málaga, donde no encontró trabajo, y buscándolo llegó a Madrid, debiendo algunos días dormir en la calle. Su situación era tan vulnerable debido a que los enfermeros civiles no pertenecían orgánicamente al ejército y, por tanto, no tenían derecho a recibir ninguna prestación. Ni tan siquiera si la muerte ocurría en combate. Enterado Basallo de la situación de su compañero de cautiverio y valiéndose de sus contactos, le consiguió un modesto trabajo en Madrid limpiando cristales y con un jornal de 8 pesetas.
"Si en esas horas de la aurora cuando Madrid dormita aún bajo el manto del silencio y las últimas sombras huyen empujadas por las auras del amanecer, veis un muchacho que, subido en alta escalera, limpia paciente y risueño las vidrieras de suntuosos casinos, tened para él una mirada cariñosa porque es aquel que recogió y guardó en el relicario de su noble pecho el postrer suspiro de los que desde allá arriba lo bendicen, porque al sentir en su frente el beso helado de la muerte vieron asomarse las lágrimas a los ojos del héroe”.
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Comiendo las naranjas regaladas por Abd el Krim. Archivo de Fotografía Histórica de Canarias (FEDAC). Colección: Casa Museo León y Castillo. Álbum: Axdir 1923. N.º Inv.: 265007. |
A bordo del Antonio López, el fotógrafo José Litrán Gómez obtuvo varias instantáneas de los prisioneros rescatados. Sobrecogen especialmente las que obtuvo en la toldilla del buque, donde se aprecian a las mujeres y niños que soportaron cautiverio. Doce mujeres, cuatro adolescentes y diez niñas y niños fueron apresadas. Prueba de la dura experiencia vivida por los menores fue que seis de ellos perdieron al padre o a la madre durante el cautiverio y una a los dos progenitores en los días posteriores a la retirada de Annual. Teresa de Escoriaza fue la única que entrevistó (70) a las enlutadas mujeres, apartadas del grupo de prisioneros, ajadas, envejecidas, viudas y pobres. No acudieron solícitas a los periodistas ni se mostraron efusivas como el resto de liberados:
“Esas infelices son las que han sufrido el mayor agravio, el más profundo, el irreparable. Por eso, ellas, avergonzadas, callan, se ocultan, quisieran no existir. Por eso los libertadores, comprendiendo la situación, no las interrogan, no las miran, quisieran que no existiesen”.
Teresa, en su crónica del 1 de febrero, aportó datos sobre las vejaciones y abusos sexuales sufridas por Lorenza Santana, Enriqueta Úbeda, Antonia Carmona y Carmen Galindo; esta última, además, perdió un bebé recién nacido poco antes de ser capturada junto a su marido. Pero, sin duda, el caso que más conmovió a España fue el de la adolescente Carmen Úbeda Gómez, que fue capturada con apenas 16 años. Las atrocidades que se cometieron con Carmencita ya eran conocidas para las autoridades españolas. En octubre de 1921, el sargento Basallo escribió una carta (71) al comandante militar de Alhucemas donde se relataba el infierno vivido por la niña. Raptada en el campamento de Annual, fue conducida a Dar Drius, donde fue objeto de reiterados abusos sexuales por parte de un rifeño conocido como El Francés (Haddu Ben Ammu), que la retuvo hasta que pudo ser rescatada gracias a las gestiones del suboficial.
Teresa de Escoriaza intentó entrevistarla, pero Carmen no quiso hablar. Meses después el periodista melillense Tomás Segado Gómez publicó (72) “El Cautiverio de Basallo y Carmen Úbeda” donde se daba cuenta de lo sucedido durante el cautiverio. No me consta que se investigara oficialmente lo ocurrido a las mujeres cautivas; meses después, la mayoría de ellas ya estaban sepultadas por la indiferencia, hundidas por el peso del olvido. Qué tremenda injusticia se cernió sobre mujeres y niños, rescatados sí, pero nunca liberados del peso de lo vivido.
| Tomás Segado Gómez. El cautiverio de Basallo y Carmen Úbeda. El Telegrama del Rif 1923 |
“Ese es Almeida, el que manda la fragata que echa tanto humo, cuando yo huelo a humo decir: Ahí está Almeida con fragata y largar entonces cañonazos”
Poco después, el Antonio López levó anclas, querían llegar a Melilla, olvidar lo sufrido sería mucho más difícil. Toda la tripulación del transatlántico colaboró en el rescate destacando los que participaron en el traslado de los cautivos: Segundo oficial Emilio Puértolas Prado, el patrón del bote N.º 8 Vicente Orts, los marineros Juan Climent, José Campos y Juan Rivera, los mozos Juan Santos, Vicente Llorens, Jaime Sebastián y Juan Moreno, así como los fogoneros José Gómez Rubia, Francisco Martínez, José González, José Pelegrín y el joven grumete Francisco Martín (74). Estoy convencido de que para todos ellos fueron un día inolvidable. No era la primera vez que el transatlántico prestaba servicio en el Protectorado, en septiembre de 1921 transportó al grupo de voluntarios americanos y de otras nacionalidades que voluntariamente fueron a combatir en la guerra del Rif. Ricardo Caro, capitán del buque, era uno de los oficiales más experimentados de la compañía Transatlántica, de hecho, llego a ser el más antiguo. Tras el mando del Antonio López ostentó el del Juan Sebastián El Cano y el Magallanes, dos de los tres buques insignias (la clase Comillas) de la compañía. Al mando de este último arribó a Cádiz en febrero de 1935 sintiéndose indispuesto y falleció en el hospital de la Misericordia días después a consecuencia de una bronconeumonía. El Antonio López continuó en activo y en 1926 sufrió un grave incendio en La Habana a consecuencia de un ciclón. En 1932 quedó anclado en el puerto de Barcelona incautado por el gobierno republicano y fue utilizado como prisión de elementos anarquistas. Al estallar la guerra civil se hallaba en Mahon para desguace, pero no sería hasta 1945 cuando fue vendido y desguazado en Bilbao.
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Los faluchos de la Compañía de Mar trasladan las cajas del dinero del rescate. Al fondo, el Vicente La Roda. Colección: Casa Museo León y Castillo. Álbum: Axdir. N.º Inv.: 265014 |
Del España 5, el buque de los periodistas, no conocemos más que el nombre del capitán, Juan Tonda Tur, los oficiales Lafuente, Uribarren, Bernal y los alumnos Gullar y Armijo. Tras participar en el rescate siguió asignado al servicio de convoyes hasta la pacificación en 1927. Al estallar la guerra civil fue apresado por el cañonero Dato y conducido a Ceuta donde tomará parte en el primer convoy que transportó tropas del protectorado a la península (convoy de la victoria). Posteriormente fue militarizado y renombrado como Castillo de Tordesillas. Durante la contienda participó en muchas misiones entre ellas el transporte de tropas para la toma de Menorca llevando a bordo la emisora que coordinaba la operación. Al finalizar la guerra pasó a depender de la empresa nacional Elcano y anclado en el puerto de Melilla se vendió para desguace en 1964.
Los componentes de la Compañía de Mar de Melilla (pertenecientes al ejército de tierra) participaron en 1921 en la defensa de Sidi Dris donde murieron el sargento Domínguez, un cabo y seis marineros. Posteriormente prestaron servicio continuado en los convoyes de aprovisionamiento y en 1925 participaron en el desembarco de Alhucemas. Por el periodo de operaciones comprendido entre septiembre y octubre de 1925 se les concedió el uso del banderín y la medalla naval colectiva en marzo de 1926. El estandarte y la medalla colectiva la recibió en 1931 el teniente Arturo Morán Alcalá, primer patrón de la compañía. En 2023 la unidad celebró sus 525 años de servicio continuado, una de las unidades más antiguas del ejército de tierra (75). Entre los últimos medios que se adquirieron para servir en la compañía se hallan cuatro botes semirrígidos de los cuales dos fueron bautizados como sargento Domínguez y Cabo Hernández, ambos muertos en la defensa de Sidi Dris el 25 de julio de 1921. La unidad siempre ha mantenido un estrecho vínculo con Melilla y en prueba de ello se les concedió en 1993 la medalla de oro de la ciudad de Melilla. En 1923 al participar en el rescate de los prisioneros la unidad tenía su cuartel en la Puerta de la Marina, junto al torreón de San Juan. Los 29 miembros de la unidad que participaron en la flotilla de la libertad fueron citados como distinguidos.
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| Buque España 5. "El barco de los periodistas". Archivo Santiago Domínguez Llosá |
Su nombre verdadero era Idris Ben Said (así se recogía en sus tarjetas personales), pero también fue conocido como Dris Ben Said y Sidi Dris Ben Said. Las referencias se pueden localizar bajo las tres acepciones de su nombre. Nació en Salé, pero su fecha de nacimiento es difícil de precisar; la mayoría de las fuentes la sitúan entre 1880-1885. No obstante, en una entrevista (76) que concedió en junio de 1922 afirmó tener 31 años, lo que significaría que habría nacido en 1891.
Hay constancia de que visitó Melilla en septiembre de 1911, tal como recogió El Telegrama del Rif (77). El rotativo afirmaba que era hijo del Fasi del mismo nombre, quien fue candidato a representar a Marruecos como Alto Comisario Jerifiano, y que también desempeñó el cargo de Bajá en Mogador (Esauira).
Estudió Leyes en Fez, un aspecto importante, pues es en esta época cuando se afirma que conoció a Mohamed Abd el Krim. Si consideramos la edad que Idris afirmó tener al ser entrevistado en 1922, no hubiese podido coincidir en Fez con Abd el Krim, que nació en 1882/83, lo que sugiere que es más fiable situar la fecha de nacimiento de Idris en torno a 1885. Sin embargo, hubo también quien afirmó (77) que se conocieron en Melilla cuando Abd el Krim trabajaba para la administración española. La duda la resolvió el propio Abd el Krim en una carta (78) dirigida a Rafael Hernández, redactor de La Libertad: se conocieron en Fez, aunque es posible que coincidieran en Melilla.
“El Alto Comisario me envió a mi antiguo compañero de estudios Idris Ben Said. Le fue concedida por las cábilas la libre circulación por el territorio bajo la condición de reducir a fines humanitarios sus gestiones en favor de los prisioneros, sin intromisión alguna en cuestiones políticas.”
La holgada posición familiar de Idris le permitió viajar por Europa; dominaba, aparte del español, el francés, alemán e inglés, y tradujo algunos clásicos europeos al árabe. En 1915, consiguió la nacionalidad española y se ofreció al Alto Comisario (general Gómez Jordana) como interlocutor ante el Raisuni, circunstancia que produjo la desconfianza del general y provocaría que ordenase su detención y encarcelamiento en Chafarinas, donde se cree que tradujo el Quijote al árabe. Fuese o no cierta esta afirmación (nunca ha sido plenamente probada), no cabe duda de que tenía un profundo conocimiento de la literatura española. Al ser nombrado Alto Comisario Dámaso Berenguer fue liberado y desde entonces trabajó a sus órdenes en la Alta Comisaría a pesar de su profundo sentimiento nacionalista. La ausencia de información verificada y veraz fue fundamental en la división de opiniones sobre Idris: para unos, era simplemente un bon vivant, un presunto estafador o incluso un agente doble mientras que, para otros, era un fiel colaborador y su comportamiento era digno de admiración. Esta dualidad de conceptos lo acompañó en vida y se mantuvo incluso después de su muerte, una contradicción que, en cierto modo, pervive hasta nuestros días.
La relación de Idris y los prisioneros se inició el 3 de agosto de 1921. Aquel día se entrevistó en Axdir con los oficiales capturados el 21 y 22 de julio. La mañana siguiente partió junto a una escolta proporcionada por Mohamed Ben Abd el Krim en dirección Beni Said. Las conclusiones de aquel viaje las plasmó en una extensa e interesante carta (80) dirigida al general Berenguer. De la misma se extraen diferentes conclusiones, ya que en cada una de las tres noches que pernoctó (Buymeyan, Annual, Bu Hermana) mantuvo entrevistas con los jefes de cada una de las cábilas. Cada uno de ellos le expuso los motivos que condujeron a la incipiente debacle del 22 de julio (hay que tener en cuenta que por entonces todavía resistía la columna del general Navarro en Monte Arruit). Las opiniones, muy variadas, se veían condicionadas por la presencia o no del hermano de Abd el Krim, quien acompañó a Idris en su viaje por un Rif sublevado. Unos culpaban al general Fernández Silvestre y su política sobre las cábilas; otros no tuvieron más remedio que sublevarse; en algunos casos eran otras cábilas las culpables de las agresiones. No se puede negar un carácter poliédrico entre los diferentes jefes rifeños. De todo ello dio cuenta Idris a Berenguer, afirmando también que era posible entenderse con algunos a espaldas del caíd de Beni Urriaguel del que dejo un perfil:
“Es un rifeño desconfiado, perspicaz y de audacia extraordinaria. Es un hombre ambicioso por excelencia, rencoroso, enérgico y hábil. Conocedor de los suyos y del temperamento y carácter de los españoles debido a su larga estancia en Melilla. Su postura de distanciarse de España le valió el acercamiento de los suyos y cuando comprendieron que no les engañaba se les pudo ver unidos y obedientes. Por ello, cualquier acercamiento con España le podía ocasionar el verse aislado, como le ocurrió al Raisuni, que fue abandonado por España y los suyos”.
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Playa de Sidi Dris, donde llegaron los convoyes. En primer término, los restos de uno de los defensores muertos en la defensa de la posición el 25 de julio de 1921. Colección Antonio Got Insausti |
“La intención de Abd el Krim de mantener a Idris como negociador tiene varias explicaciones, a mi juicio ninguna tranquilizadora”.
Finalmente, y a pesar de las desconfianzas ministeriales, participó en el intento inicial de liberación que dirigió el coronel Francisco Patxot, el cual finalizó con el fracaso de las negociaciones.
También despertó, aunque no unánimemente, recelos entre los militares a pesar de guardar buena relación con muchos de ellos. Idéntica circunstancia ocurrió entre los medios de información donde se encontraban fervientes partidarios y feroces adversarios.
En diciembre de 1921 y tras el fracaso de la comisión que dirigió el coronel Patxot se produjo por primera vez una crisis de confianza sobre Idris Ben Said. El Alto Comisario, en conversación con el general Cavalcanti (84), le sugirió la posibilidad de utilizar otros conductos para lograr la liberación de los prisioneros, ya que la mediación de Idris no había aportado resultados visibles.
Apuntaba Berenguer que la nueva iniciativa debería partir de la oficina de Policía Indígena de Melilla, cuyo mando desempeñaba el coronel Riquelme, uno de los jefes con más experiencia en asuntos indígenas, donde había servido gran parte de su vida. La ausencia de Riquelme en las negociaciones le convierte en el gran ausente, sobre todo si tenemos en cuenta que conocía muy bien al caíd rifeño. El documento finaliza con una reflexión sobre las dificultades que el rescate ocasiona al Alto Comisario:
"Es cuestión esta de los prisioneros que absorbe principalmente mi atención constituyendo mis preferentes preocupaciones, como seguramente será la de V.E. y por ello le ruego que poniendo a contribución todo su talento y el de las personas que ocupándose en asuntos indígenas y conocedoras de la localidad le rodean, me dé su autorizado parecer, que mucho celebraría pudiera servirme de base para ofrecer al Gobierno una solución práctica e inmediata que harmonizase los múltiples intereses encontrados que juegan en este asunto que tan íntimamente nos afecta."
Durante el periodo en que Idris se mantuvo alejado de las negociaciones se sucedieron dos hechos destacados: se produce un cambio de gobierno, dimite Maura y le sucede Sánchez Guerra y tras la dimisión en julio de 1922 de Dámaso Berenguer es nombrado Alto Comisario el general Ricardo Burguete. Quien además asumió el control directo de las negociaciones. Es en este espacio de tiempo en el que, bajo mi punto de vista, se produce el encuentro entre Idris y Echevarrieta aprovechando el viaje que realizó a la península, durante el cual concedió muy pocas entrevistas.
El alejamiento del campo de prisioneros es igualmente recogido en el diario del capitán Sainz, entre el mes de enero y diciembre de 1922 no realizó ninguna visita, el día que regresó escribió:
“La emoción es tremenda. Desde la víspera del asesinato de Villar, Idris Ben Said, nuestro consuelo en este cautiverio, no había vuelto a visitarnos”. (85)
Las palabras de Sainz las suscriben todos los prisioneros, que confiaban plenamente en su persona. La mayoría le agradecieron antes o después de la liberación los servicios prestados. Por su parte, el general Navarro le escribió (86) el 23 de diciembre de 1922:
“Mi querido amigo: Creo inútil decirle la inmensa alegría que su carta me ha proporcionado después de tan largo silencio y mi alegría es mayor porque veo que vuelve V. a encargarse de nuestro asunto y que espero ahora lo resolverá con toda la urgencia que requieren los 17 meses de cautiverio. Un fuerte abrazo de su bueno y agradecido amigo”
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Carta de Idris Ben Said al Alto Comisario Interino. 27/12/1922. |
A pesar de ello nunca desapareció la inquina que producía en algunos sectores, de ello queda constancia en una carta dirigida a Echevarrieta días antes de la liberación:
“Continuó en esta (se refiere al peñón de Alhucemas) luchando contra los Beniurriagueles del Rif y los de España. Con los del Rif puedo asegurar que al final ha de triunfar, puesto que el asunto marcha por buen camino. En cuanto a los Beniurriagueles de España que hay en Marruecos y son militares, estos no están de acuerdo y su afán es poner trabas, pero gracias a Dios he conseguido por el momento evitar las intromisiones de tantos generales, capitanes, Raisunis y coroneles en este asunto que lo han estropeado ofreciendo cantidades mayores a las anteriores”.
Tras la liberación, continuó su relación laboral con Echevarrieta, lo que equivalía a decir con el gobierno. Aprovechando el rescate, el ministro Alba deseaba que el magnate bilbaíno influyera sobre Abd el Krim con la intención de pacificar el territorio. Ello propició que Idris siguiese siendo el hombre de Echevarrieta en Axdir, la colaboración se vería dramáticamente truncada pocos meses después.
El 20 de junio de 1923, una columna española formada por tropas de Policía Indígena, Mehala y fuerzas de ingenieros reconocía una loma de Tafersit conocida como Loma Roja. Formaban la comitiva el coronel Gómez Morato, el teniente coronel Llano de la Encomienda, el teniente coronel Francisco Galcerán, el comandante Fernando Claudín y el Amel (autoridad Majzeniana) Dris er Riffi e Idris Ben Said. La versión que me parece más factible es que su presencia se debía a que quería conocer el sitio donde cayó mortalmente herido el teniente coronel Valenzuela, jefe del Tercio muerto en combate el 5 de junio (87). Mientras los ingenieros supervisaban la instalación de un blocao, sonaron tres disparos, uno de los cuales hirió a un cabo de ingenieros y otro a Idris, que cayó gravemente herido. La bala que lo atravesó fue recuperada por el coronel Gómez Morato, quien además tomó una fotografía de los momentos posteriores. El proyectil le atravesó el espacio intercostal derecho, con orificio de salida en el mismo lado, afectando el intestino y el páncreas, una herida muy grave.
Se le trasladó con urgencia a Dar Drius donde fue atendido por el médico de la enfermería y posteriormente por un equipo médico enviado con premura desde Melilla en aeroplano. Fue operado por el comandante Sánchez-Vega y no pudo superar las complicaciones, falleciendo a las 18:00 horas del día 21. Antes de morir y sabedor del alcance de su herida, comunicó a su amigo Dris sus últimas voluntades: Todos sus bienes personales serían para su padre y la documentación se le entregaría a Luis de Aranguren, hombre de confianza de Echevarrieta. De todo ello daría fe el cónsul de España en Nador, Antonio Cánovas Ortega (88).
El comandante general comunicó de inmediato la noticia al magnate vasco, la noticia causó impresión en la familia Echevarrieta a los que Idris había invitado personalmente a su boda que sería en breve. El sábado 23 de junio, fue enterrado en el cementerio musulmán de Sidi Guariach, donde reposan sus restos en la actualidad. La comitiva fúnebre la presidió el general Martínez Anido acompañado de los jefes de todos los cuerpos y una representación de ex cautivos presidida por el comandante Sánchez Canaluche.
El día de San Juan desembarcó en Melilla Luis de Aranguren para cumplir las últimas voluntades del finado. A su pesar, visitó a Martínez Anido, con quien mantuvo una tensa entrevista porque el general deseaba supervisar la entrega de la documentación. Finalmente, y bajo la tutela del cónsul de Nador, se inventariaron los bienes de Idris sin la presencia de ninguna autoridad militar. El dinero, ropa y alhajas se entregarían a un hermano que llegó desde Salé, y la documentación quedó en poder de Aranguren, lo que equivale a decir en poder de Echevarrieta.
“Era lo que nos correspondía y nos interesaba, se levantó acta de su dinero, ropa y alhajas; de lo que se hicieron cargo el Cónsul y el Caíd Dris Er Riffi para entregárselo todo a su familia” (89).
Hasta la fecha, se desconoce lo que contenían aquellos legajos, fruto de la colaboración entre ambos y entre la cual a buen seguro se hallaban las cartas de los cautivos agradeciendo su intervención (90).
Volver a casa, con fortuna o sin ella
En aquel momento la psiquiatría española militar estaba todavía en proceso de incipiente desarrollo y no se había profundizado en las patologías ocasionadas por el stress postraumático. Estoy convencido de que fueron muchos los que lo sufrieron tras la liberación. Tal vez el silencio era tan solo un síntoma de evitación, un mecanismo de defensa para no revivir el sufrimiento experimentado. No me cabe duda de que en el caso de las mujeres adquiere particular relevancia. En igual medida habría que situar el trauma que sufrieron las familias ávidas de saber que había sido de sus hijos, maridos o hermanos. Durante dieciocho meses la falta de información y las dificultades del rescate les sumieron en la incertidumbre y desesperación. En el caso de los civiles cautivos la situación fue si cabe más dramática ya que la mayoría perdieron cuanto poseían, trabajo y bienes materiales viéndose obligados a recomenzar en una posición de absoluta precariedad.
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Falucho con excautivos rumbo al Antonio López. Archivo de Fotografía Histórica de Canarias (FEDAC). Colección: Casa Museo León y Castillo. Álbum: Axdir. Nº Inv.: 265019 |
Menciono como ejemplo al soldado Carmelo Balsera González, uno de los enfermeros provisionales que acompañaron al teniente Fernando Serrano Flores hasta su muerte a causa del tifus en julio de 1922. Carmelo nació en Santa Marta (Badajoz) el 27 de octubre de 1897, perteneciente al reemplazo de 1918 fue destinado a Melilla en 1919 y filiado en la Compañía de Telégrafos de Campaña (91). En octubre del mismo año obtuvo el título de telegrafista 2º eléctrico y óptico. Posteriormente sería destacado a Ishafen donde permaneció hasta junio de 1921 siendo posteriormente destinado a Tuguntz (no se recoge en su hoja de servicios que durante todo este tiempo disfrutase de permiso alguno). La posición fue atacada el 22 de julio y pereció por asalto dos días después tras agotar municiones, víveres, agua y esperanzas. Fueron apresados los dos oficiales al mando, tenientes Camacho Jaúdenes y Gómez Moreno y 4 soldados, incluyendo a Carmelo, el resto de la guarnición murió en combate (92). Curiosamente en su hoja de servicios se indica (93) que tras los sucesos de julio de 1921 fue dado por desaparecido y un año después causó baja en la Comandancia de Ingenieros por haber transcurrido el plazo de un año desde su desaparición. Finalmente, y tras ser liberado regresó a la situación de presente e ingresó en el hospital de Melilla.
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La cámara que el rey regaló a Carmelo y un fragmento de su hoja de servicios |
El ayuntamiento de Santa Marta rindió homenaje a los dos cautivos que regresaron (Carmelo y Leopoldo Castro Cruz) y también a otro Santamartense que no volvió, Polonio Escobar Valencia, artillero muerto en combate. Lejos de contentarse con el homenaje el consistorio municipal solicitó para Carmelo recompensa, tanto por los actos de valor como por la labor humanitaria que llevo a cabo durante el cautiverio (94). Así consta en su expediente militar, en junio de 1923 se ordenó abrir juicio contradictorio para conceder la Cruz Laureada de San Fernando por los hechos en que incurrió en la defensa de Tuguntz. La instrucción no le fue favorable y se le denegó la condecoración al valor y también la de Beneficencia que a buen seguro hubiese debido recibir. Tras el cautiverio recibió Carmelo, un regalo del Rey, una cámara fotográfica marca Kodak que su nieto político (Pedro Aparicio Muñoz) conserva en la actualidad. En las entrevistas que Carmelo concedió siempre tuvo presente al médico Serrano Flores por el que sentía, como otros muchos, un afecto especial y que merece ser recordado.
Por desgracia, el juez instructor no interrogó ni a Carmelo (ayudante del médico) ni al sargento Basallo al que instruyó en conocimientos médicos y que podían haber aportado interesantes testimonios. La -bajo mi punto de vista insuficiente- instrucción le privó de una más que merecida condecoración. Tras su sentida muerte se organizó en Valencia (su ciudad natal) una campaña para reconocer su sacrificio. El impulsor de la misma fue José Sanchís Bergón, médico y alcalde de Valencia nacido en Alhucemas, muy cerca de donde falleció el teniente Serrano. Consiguieron que el consistorio local le dedicara una calle junto a los cuarteles de la Alameda (96) y apoyaron a sus padres para que la muerte de Fernando fuese considerada en acto de guerra. La diferencia entre ambos supuestos suponía una importantísima diferencia económica y la familia era muy humilde. No pude evitar sentir emoción cuando visité el cementerio de Valencia y descubrí la ajada lápida del padre de Fernando Serrano, fallecido en 1924. Nunca fueron capaces de superar la muerte de su único hijo.
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| Fernando Serrano Flores en su época de estudiante de medicina y el medicamento que nunca recibió |
No cabe duda de que entre todos los que recibieron homenajes destaca, sin duda alguna, el sargento Francisco Basallo Becerra (1892-1985). Entre los primeros que solicitaron su reconocimiento se hallaba la Comandancia de Sanidad Militar de Melilla. El 2 de febrero de 1923 el coronel jefe, Eduardo Coll Sellarés, remitía a la Comandancia General de Melilla un escrito (97) glosando los hechos en los que participó durante el cautiverio el sargento Basallo:
“Los méritos contraídos por el sargento Francisco Basallo durante su cautiverio son tan sobresalientes que escapan a toda ponderación. La asistencia a los heridos y enfermos raya lo sublime. Sus cuadros sintomáticos y consecuencias diagnosticas que de ellas sacaba demuestran de los que es capaz una voluntad fuerte, puesta toda ella al servicio del compañero enfermo que tanta falta tenía de su precioso auxilio.”
Solicitaba por ello el ingreso con carácter honorario en el cuerpo de practicantes militares con el número, además de un sentido homenaje. En abril del mismo año el ministerio de Estado, haciéndose eco de la petición de los médicos militares y de la Cámara de la Propiedad de Córdoba (donde nació Basallo) le concedió la Gran Cruz de 1ª clase de la Orden de Beneficencia con distintivo blanco.
“Ante el penoso cautiverio se impuso el deber abnegado y altruista de ser el consuelo de todos, atendiéndoles en su sufrimiento, curándolos de sus enfermedades, pidiendo clemencia a los verdugos, buscando alimentos y medicinas y dando dinero de su peculio particular para aliviarles en su desgraciada situación. Su actuación llegó hasta el extremo de sufrir él rigores para evitárselos a sus compañeros de infortunio”.
Los homenajes a Basallo se sucedieron en toda España y llegó al ser el prisionero más mediático, tengo el convencimiento de que llego a sentirse hasta abrumado. Tras los homenajes y entrevistas, la mayoría de ellos desaparecieron de los rotativos y regresaron al anonimato que tenían antes de partir hacia Marruecos.
Entre los que regresaron con la salud mermada quisiera destacar al capitán de estado mayor Sigifredo Sainz Gutiérrez. De sus vivencias nos dejó un imprescindible y detallado diario que abarca desde su incorporación al frente el 21 de julio hasta el día en que fue liberado. Lo publicó en 1924 y fue prologado por el general Felipe Navarro con el que mantuvo un cordial vínculo. Dedica la primera parte a los acontecimientos de Annual, Dar Drius y Monte Arruit aportando de esta última las cifras del asedio y los heridos y fallecidos, información únicamente disponible gracias a su contribución. La parte más voluminosa la dedica al cautiverio, día tras día anotó lo que acontecía en los campos de prisioneros. Consiguió además (previo pago) hacer llegar hasta Axdir una cámara fotográfica con la que retrató a sus compañeros en septiembre de 1921. Aquellas imágenes junto a las que Alfonso Sánchez Portela tomó durante el viaje de Oteyza son el único documento gráfico del cautiverio.
Finaliza el libro con una completa relación de todos los cautivos y de su destino, la relación de fallecidos es la única existente y de no ser por su trabajo no se tendría constancia de ella. El 9 de agosto fue capturado junto al general Navarro y otros oficiales en Monte Arruit donde resultó herido el 7 de agosto. El 26 de agosto fue conducido al poblado de Axdir donde fue internado en La Pulguera, una de los dos alojamientos destinados a los oficiales. Durante el cautiverio nació su hijo Rafael y su salud se vio seriamente menguada a causa de las enfermedades. La fotografía que el capitán Carlos Lázaro tomó junto al capitán Aguirre, a bordo del Antonio López, ya presagiaba un trágico destino: se le veía muy deteriorado, especialmente visible si la comparamos con la instantánea tomada en septiembre de 1921. En su escritura utilizó cuando hizo falta la acidez, la crítica, la humanidad y cuando la situación lo requería el humor.
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Soldados y civiles a bordo del Antonio López. http://www.primosasegangan.com/blog1/?p=1834 |
En junio de 1928 participó junto al general Felipe Navarro y el capitán Jesús Aguirre Ortiz de Zárate en el homenaje que el pueblo de Illana (Guadalajara) rindió a los prisioneros de Axdir. El general en señal de agradecimiento entregó tras la misa en la iglesia de Nuestra señora de la Ascensión una de las argollas con la que fue encadenado durante el cautiverio. Lo encadenaron cada día desde el 23 de diciembre de 1922 al 9 de enero de 1923 (98). El artefacto, ideado sin duda para torturar consistía en un collar que se ceñía al cuello con una articulación por la parte trasera y por delante dos argollas que se cerraban con un candado, la cadena era tan larga que salía del alojamiento y se amarraba a una viga del exterior. La llave del candado la tenía el guardián Cheif y con ella fue amarrado además de Navarro el sargento Francisco Basallo. El párroco la deposito en la sacristía de la parroquia. Según el ayuntamiento de la villa la argolla fue llevada a restaurar y nunca más se supo de ella (99).
Sigifredo Sainz murió a consecuencia de la enfermedad adquirida en el cautiverio el 17 de marzo de 1933. A instancias de Sagrario Boada, su viuda, se consideró la muerte de su marido como consecuencia del cautiverio sufrido en Axdir en 1921(100).
Años después de su liberación, la muerte alcanzó también al capitán Manuel Civantos Navas, hijo del coronel gobernador del Peñón de Alhucemas durante el cautiverio. Falleció como capitán de las Intervenciones Militares el 10 de septiembre de 1935. Fue precisamente este oficial quien regresó al cementerio en mayo de 1926, tras la conquista de Axdir, donde reposaban los restos de algunos oficiales. Logró exhumar e identificar los restos del comandante Villar, el capitán Saltos, los tenientes Arévalo y Garaigorta, y algunos más que no pudieron ser identificados, incluido el del teniente médico Serrano. Igualmente, se consiguieron reconocer los restos de los dos únicos soldados que pudieron ser identificados y enterrados en Melilla: Salvador Ramírez Lozano (natural de Sevilla, 23 años; fallecido el 12 de julio de 1922) y Pío Juan Gabañel (fallecido el 13 de octubre de 1922). Salvador fue enterrado en un nicho costeado por el arabista Baldomero Tabares Acuña, y años después sus restos fueron trasladados al osario general, donde reposan junto a los de su compañero de cautiverio (101).
Todos fueron identificados gracias a que sus compañeros los habían enterrado con una botella que contenía un papel con el nombre. Apenas siete identificados de un total de 163 fallecidos (145 de tropa, 6 oficiales y 12 civiles); nada se menciona en las crónicas ni en la documentación que he consultado acerca de los enterramientos en Annual, Yub el Kama, Tabelhach y Ait Kamara, donde fueron inhumados y no consta que fuesen localizados.
Al capitán Francisco de Asís Hernández Pérez lo enterraron en el peñón de Alhucemas a donde fue conducido poco antes de fallecer el 1 de octubre de 1921. A pesar de las reiteradas peticiones no se autorizó a evacuarlo al peñón a pesar de la gravedad de su estado. En julio de 2021 el gobierno decretó el traslado a Melilla de los restos enterrados en los cementerios de Alhucemas, y Peñón de Vélez de la Gomera (102). Entre los que reposaban en Alhucemas se hallaba el capitán Hernández y otros 16 hombres, mujeres y niños.
Tras la liberación, algunos excautivos ingresaron en la Guardia Civil, en el Cuerpo de Carabineros o continuaron en el Ejército. Entre estos últimos se hallaban, el cabo Antonio Desé Lavarías y el soldado Martín Blanco Macías, quien ingresó en el Tercio. El primero murió en Melilla siendo sargento a consecuencia de enfermedad adquirida en campaña (28/03/1924) y el segundo murió en combate en Peñas Altas, Beni Hider, el 3 de noviembre de 1926, mientras servía en la 20ª Compañía. Fue el primer excautivo en morir en acto de servicio; posteriormente, y antes del estallido de la Guerra Civil otros tres exprisioneros fallecieron, si bien sus muertes se debieron a accidentes o causas naturales:
He podido documentar (105) que a consecuencia de fusilamientos perecieron el general Felipe Navarro Ceballos-Escalera (prisionero de mayor rango), ejecutado en Paracuellos del Jarama el 07/11/1936; el capitán Luis Casado Escudero (superviviente de Igueriben), ejecutado en Melilla el 23/07/1936; el capitán José González Arizmendi- el oficial de menor edad en el cautiverio- (ejecutado en Tarragona); el soldado Cirilo Sánchez García (superviviente de Igueriben), ejecutado en Nava del Rey en 1936; el cabo Mariano Pérez Torres (superviviente de Igueriben), ejecutado en Madrid en octubre de 1940; el soldado Isidoro Prieto González, ejecutado en Gijón el 09/07/1938; el soldado Joaquín Rufas Serra, ejecutado en Huesca; el soldado Guillermo Canillas Romero, ejecutado en Mendavia el 07/09/1936; el capitán Narciso Sánchez Aparicio, ejecutado el 17 de enero de 1940 y el soldado de Ceriñola (superviviente de Igueriben) Francisco Tirado Espejo probablemente fusilado en Fuente Palmera. Llama la atención que cuatro de ellos, tras sobrevivir a Igueriben, acabaran cayendo fruto del odio fratricida.
A consecuencia de heridas de guerra fallecieron Juan Carlos Calvo Vilar (educando de trompetas en 1921), muerto en el Puente de los Franceses en diciembre de 1936; Victoriano Ramos Taboada (26/04/1937); Zoilo López Irulegui (24/08/1937); Vicente Elorza Igartua (25/08/1937); Eustaquio Echevarría Alunda (19/04/1937); capitán Esteban Gilaberte Ara, muerto en julio de 1937 en Brunete; Enrique Ballart Moya, muerto en Tortosa el 18/04/1938 y José María Urcullu Pérez, muerto en campaña en 1937 siendo teniente.
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Defunción de Juan Carlos Calvo Vilar. CDMH_PS_SERIE_MILITAR_PSET_C0053__1099. |
Diez años después del final de la guerra, falleció en acto de servicio el último excautivo. El 27 de junio de 1946, el submarino C4 participaba en Soller en unas maniobras junto a una flotilla de destructores. Los sumergibles debían emerger a unas millas del cabo del faro de Cabo Gros. Por circunstancias que se desconocen, el C4 emergió tan cerca del destructor Lepanto que este no pudo evitar el choque, que prácticamente partió en dos el submarino. Murieron los 44 tripulantes, entre los cuales se hallaba el mecánico primero David Laencina Vázquez.
Otros muchos sufrieron represalias durante o, principalmente tras la Guerra Civil, afrontando duras condenas. Ejemplo de ello es el caso de un auténtico superviviente: José Aguilera Trullás. No sólo sobrevivió al infierno de Igueriben, resultando herido con quemaduras y al cautiverio, sino también a la represión que siguió a la guerra, pues había ejercido como alcalde republicano. Fue condenado a doce años de prisión mayor. Murió muchos años después y está enterrado en el mismo pueblo del que partió hacia Melilla en 1920.
Al iniciar esta crónica, me propuse finalizarla con un soplo de vida que sirviera de contrapeso a tanta penalidad, muerte y sufrimiento. Necesitaba la certeza de que, tras la desgracia, hubo quien fue capaz de imponerse, buscando y hallando una vida feliz.
La lista oficial de liberados me llevó a buscar entre los supervivientes y a desear que el primero de ellos en embarcar en el Antonio López el 27 de enero de 1923 fuera el elegido, el primero en dejar atrás calamidades y sufrimientos. Él sería el símbolo perfecto: representaría no solo a los que cayeron, sino también a aquellos que remontaron su vida y encontraron la felicidad tras la tragedia. Era mi deseo, aunque nada me aseguraba que el futuro le hubiese sido propicio.
El soplo de vida
Contacté con Faustino, quien había visitado la población y conocido a su último habitante, pero no tenía constancia de la existencia de Epifanio. Con la esperanza, que es lo último que se pierde, dejé un comentario en el blog donde los descendientes aportan información sobre sus familias. La espera valió la pena y a mi reseña contestó J. Carlos Barrio, nieto de Epifanio (107). La fortuna me había sonreído, pero, ¿sería este el soplo de vida que buscaba?
El primero de enero de 1898 nació en Quintanas-Olmo Epifanio Barrio Saiz, hijo de Gerónimo y María, ambos naturales de la misma población, donde pasó su infancia y adolescencia hasta que por su edad fue nombrado quinto en 1920. Tras el preceptivo sorteo se le destinó a Melilla, donde fue filiado en el regimiento de infantería África 68. Formaban el nuevo contingente de reclutas un total de 6961 hombres (108), de los cuales 970 se incorporarían al mismo regimiento que Epifanio. Fue filiado en la 5.ª Compañía / III Batallón y juró bandera en mayo de 1921.
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| Declaración de Epifanio y fotografía familiar junto a Emiliana, su hijo, nuera y nieto |
El 21 de julio de 1921, las fuerzas que formaban la columna móvil de África estaban en Annual: cinco compañías pertenecientes al III Batallón (1.ª, 2.ª, 3.ª, 4.ª y 5.ª) y dos de Ametralladoras (1.ª y 3.ª). Mandaba el batallón el teniente coronel Ricardo Fernández Tamarit, quien por enfermedad se hallaba rebajado, y el mando de las tropas recayó en el comandante Andrés Piña Rodríguez, que asumió el cargo tras la muerte en combate del comandante Juan Romero López el 19 de julio. El total de fuerzas (109) sería de 1 jefe, 18 oficiales y 580 sargentos y soldados. Ocupaban una de las lomas de Annual, la conocida como África. Una de las dos compañías de ametralladoras fue enviada el día 21 a reforzar la posición C, que cubría el camino desde Annual a Ben Tieb, y las fuerzas quedaron reducidas a 532 soldados y 16 jefes y oficiales. Las fuerzas del regimiento participaron en los intentos de auxilio a Igueriben. El día 19 resultó herido grave el comandante Romero, murió un soldado y otros cinco resultaron heridos. El comandante no superó sus heridas, fue considerado como herido intransportable (110) y falleció en Annual un día después. El 21, las fuerzas del regimiento formaron parte de la columna de apoyo que, al mando del coronel Manella, intentó sin éxito hacer llegar el convoy a Igueriben, que poco después sucumbió tras cuatro días de agónica resistencia.
Tras el fracasado convoy y la sangrienta retirada de los defensores de Igueriben, la compañía de Epifanio fue enviada a defender unas trincheras que guardaban el camino a Buymeyan, frente avanzado de Annual. Una parte de la compañía, al mando del capitán Luis Martín Moreno, defendió un sector y los restantes (entre ellos Epifanio) al mando del alférez Pedro Valdés Nicolau, el resto de la trinchera. Durante la noche se produjeron tres juntas de oficiales en las que se debatió la conveniencia o no de retirarse de Annual, algo que pasó inadvertido para la gran mayoría, que desconocía los planes del Alto Mando. La decisión se tomó al amanecer del 22 y se optó por el abandono del campamento, donde se habían concentrado casi 5000 hombres.
La dificultad del repliegue por un angosto camino donde transitaban coches, reatas de mulos, baterías de artillería y camiones, la presión rifeña y la rebelión generalizada de los poblados comprendidos entre Annual y Ben Tieb, propició que las fuerzas se desorganizaran y muchos hombres quedaran rezagados u obligados a retirarse sin el auxilio de sus compañeros. Entre ellos se hallaba Epifanio, que a través de barrancos consiguió llegar hasta la aguada de Ben Tieb, donde fue apresado (112). Aunque nada mencione en su testimonio, el territorio que cruzó estaba en su totalidad alzado en armas y cruzarlo suponía un riesgo mortal; muchos fueron los que no lo consiguieron. Fue el primero de sus 554 días de cautiverio y a buen seguro nunca lo olvidó.
Idéntico destino corrió el cabo (de la misma compañía) Felipe Bennacer Sancho, natural de Gandía, quien declaró (113) que, tras la fragmentación de la compañía, se dirigió hacia Tafersit, donde fue apresado. En su declaración, cita a Epifanio como testigo de los hechos, con quien además compartió cautiverio . El alférez Valdés, quien igualmente quedó rezagado, tuvo la fortuna de ser aupado a lomos de un mulo que conducían uno de sus hombres y un acemilero de intendencia. Gracias a ellos, consiguió llegar a Dar Drius y de allí, al día siguiente, en una larguísima retirada, consiguió llegar a Melilla.
Del testimonio de Epifanio se extrae que durante la retirada recibieron intenso fuego que causó muertos y heridos que quedaron abandonados a su suerte; de los 30 que partieron de la trinchera, solo alcanzaron Izumar 8 hombres. En Dar Drius el capitán Martín Moreno reorganizó lo que quedaba de su compañía. Los que sobrevivieron participaron en la retirada de Dar Drius el 23, la de Batel el 29 de julio y el durísimo asedio de Monte Arruit. Allí murieron el capitán Luis Moreno, el alférez Selgas Villar y prácticamente todos los efectivos de la compañía.
Epifanio fue conducido el mismo día al campamento de Annual, donde se empezó a concentrar a los primeros cautivos. Nada sabemos de su cautiverio salvo que después de Annual fue internado en Yub el Kama, Tabelhach y finalmente en Ait Kamara, donde permaneció hasta su liberación.
Al ser liberado fue, como la mayoría, ingresado en el hospital y el 14 de febrero prestó declaración ante el juez instructor, estampó su firma en el atestado. Ignoro si se le concedió permiso oficial como al resto de compañeros del reemplazo de 1920, pero tras disfrutarlo debió regresar a cumplir los meses que le restaban de servicio, después de lo que habían pasado.
Tras regresar al pueblo contrajo matrimonio con Emiliana Herrero, natural del mismo pueblo y a la que sin duda debía conocer de toda la vida. En 1927 tuvieron a su primer hijo, Lucinio, nacido en 1927 y posteriormente emigraron a Las Rozas de Valdearroyo, donde Epifanio trabajó como panadero. Es más que probable que amasando pan a medianoche recordara que en el cautiverio hubo compañeros que murieron por conseguir un poco de pan. Posteriormente, y coincidiendo con el estallido de la guerra civil, la familia se mudó a Mataporquera (vivían en la calle La Plaza), donde nacería su segundo hijo, Jesús. Allí siguió durante años ejerciendo de panadero y prestando ayuda en la carpintería de un amigo.
Por fortuna la contienda civil no pasó factura en la familia ni Epifanio fue movilizado, circunstancia que sí ocurrió a otros miembros del mismo reemplazo. De aquella época queda alguna referencia suya en las hemerotecas, relacionado con la renovación de la licencia de caza. Me confirmó su nieto que fue un buen cazador, se fabricaba sus propios cartuchos y lo hizo hasta que le falló la visión a causa de la diabetes, cuando tenía más de 70 años.
No pude evitar emocionarme al poner rostro por primera vez a uno de aquellos anónimos prisioneros que tuvieron la mala fortuna de servir en Marruecos durante aquel aciago verano de 1921. Una de las fotografías que recibí le muestra feliz en un cálido día de verano junto a dos de sus nietos, su nuera y un perrito al que todos prestan atención. El destino le deparó una larga vida, un feliz matrimonio, cuatro nietos, siete biznietos y hoy en día un tataranieto: era sin duda el soplo de vida que buscaba.
Aunque no fuese demasiado partidario de recordar sus meses de cautiverio, estoy convencido de que se sentiría orgulloso de representar a sus compañeros: fue el primero en embarcar y posiblemente uno de los últimos que murió. Epifanio falleció en Madrid en 1996, a la edad de 98 años, curiosamente, el mismo año en que leí mi primer libro sobre el Desastre de Annual.
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| Epifanio Barrio Saiz (1898-1996). El primer prisionero liberado |
40- Archivo de Fotografía Histórica de Canarias (FEDAC). Colección: Casa Museo León y Castillo. Álbum: Axdir. N.º Inv.: 265014.
41- Telegrama de Idris Ben Said a Horacio Echevarrieta, 29 de diciembre de 1922, Archivo de Alba, signatura RAH_09-08077_Sant_Alba-04_n_46-6
42- La prueba es el álbum Axdir, cuyas imágenes fueron tomadas por un fotógrafo anónimo que, con toda seguridad, estaba embarcado en el Antonio López y posteriormente se trasladó a tierra para capturar las escenas.
43- Carta dirigida al Ministro de Estado donde se añade la relación de liberados en orden de embarque, 27 de enero de 1923, Archivo General de la Administración (AGA), Caja 81/0413, Inventario IDD (15) 013.001
44- Acta de la Conferencia entre El Alto Comisario Interino y el general Gómez-Jordana Souza, 27 de enero de 1923, Archivo General de la Administración (AGA), Caja 81/0413, Inventario IDD (15) 013.001.
45- Acta de la Conferencia entre El Alto Comisario Interino y el general Gómez-Jordana Souza, 27 de enero de 1923, Archivo General de la Administración (AGA), Caja 81/0413, Inventario IDD (15) 013.001.
46- Telegrama del general Gómez-Jordana al Comandante General de Ceuta sobre la relación de prisioneros rifeños transportados por el Vicente La Roda, 27 de enero de 1923, Archivo General de la Administración (AGA), Caja 81/0413, Inventario IDD (15) 013.001.
47- Vicente Estévez Asensio estaba filiado en la 3.ª Compañía del I Batallón del Ceriñola 42. La compañía defendía Buymeyan, lugar donde fue apresado el 22 de julio. Su fallecimiento consta en el registro del cementerio de Melilla: murió el 27 de enero y fue enterrado el 28 de enero. En marzo de 1928, sus restos fueron trasladados al osario general de la parcela 51.
48-El Día de Palencia. Defensor de los intereses de Castilla, 21 de mayo de 1926, p. 3.
49- Luis de Aranguren Gallastegui, Memorias de un exiliado vasco (Bilbao: Ayuntamiento de Bilbao, 2010), p. 273. (Reimpresión de la ed. Editorial Vasca, México, 1957)
50- Javier Sánchez Regaña, “Héroes sin testigos,” El desastre de Annual [Blog], marzo 2024, consultado el 28 de octubre de 2025, https://desastredeannual.blogspot.com/2024/03/heroes-sin-testigos-la-defensa-de.html
https://www.youtube.com/watch?v=fYCmzmaG5Ro
51 La Gralla, Revista del Vallés, 8 de junio de 1930, p. 5. Consultada en el Arxiu Digital Granollers, https://www.youtube.com/watch?v=_yit8njZxYc.
52-Sobre Domingo García Campoy se puede visualizar un documental cuyo autor es Severiano Gil Ruiz. https://www.youtube.com/watch?v=u94-lEIPwi0
53-Archivo de Fotografía Histórica de Canarias (FEDAC). Colección: Casa Museo León y Castillo. Álbum: Axdir. Nº Inv.: 265007.
54- Diario Oficial del Ministerio de la Guerra, 14 de junio de 1924, p. 100.
55- Ministerio de la Guerra. T.O.C. al general Gómez-Jordana sobre instrucciones para el rescate de prisioneros. 25 de enero de 1923. Archivo General de la Administración (AGA). Caja 81/0413. Inventario IDD (15) 013.001
56- T.O.C. del Ministro de la Guerra al general Gómez-Jordana y al Comandante General de Melilla, 25 de enero de 1923, Archivo General de la Administración (AGA), Caja 81/0413, Inventario IDD (15) 013.001.
57- Juicio Contradictorio instruido para conceder la Cruz Laureada de San Fernando al teniente médico Fernando Serrano Flores (Relación de ex prisioneros por unidades y su situación a finales de febrero de 1923), Archivo General Militar de Segovia (AGMS), ff. 133-166.
58- Ismael Almagro Montes de Oca, "Memorias de un alcalaíno prisionero” publicado el 13 de agosto de 2019, en el blog Historia de Alcalá de los Gazules, consultado en https://historiadealcaladelosgazules.blogspot.com/2019/08/memorias-de-un-alcalaino-prisionero-en.html
59-Los recuerdos y las fotografías de Pedro Estébanez me fueron remitidas por su nieta María Elia Muñoz Ruiz.
60- Javier Sánchez Regaña, “Centenario de la Liberación de los Prisioneros,” publicado en enero de 2023, en el blog: https://desastredeannual.blogspot.com/2023/01/
61- Reclamaciones interpuestas por los trabajadores cautivos y los colonos, [s.f., s.l.], Archivo General de la Administración (AGA), Caja 81/0413, Inventario IDD (15) 013.001.
62-La reclamación de la familia Asensio fue interpuesta por Manuel Asensio Segura el 14/011/1923.
63-La reclamación de José Moya fue interpuesta el 14 de diciembre de 1923 y fue firmada por Manuel Asensio Segura en nombre del afectado.
64- Francisco Basallo, “Héroes anónimos,” Periódico Ejército y Armada, 17 de febrero de 1923, p. 3.
65- Francisco Basallo, “Héroes anónimos,” Héroes (Madrid), 21 de abril de 1924, p. 4.
66- Alto Comisario Interino. Telegrama cifrado al Ministro de Estado. 1 de febrero de 1923. Archivo General de la Administración (AGA). Caja 81/0413. Inventario IDD (15) 013.001.
67- Francisco Basallo, "Artículo dedicado al enfermero de Annual, Antonio Ruiz Gómez," Héroes (Madrid), 28 de junio de 1924, p. 17.
68- Ejército y Armada. Diario defensor de sus clases activas y pasivas (Madrid), 3 de febrero de 1923, p. 2
69-Diario Oficial del Ministerio de la Guerra. Madrid. 03/02/1923. Diario Oficial N.º 28
70- Teresa de Escoriaza, "Apurando las heces del agravio," La Libertad (Madrid), 1 de febrero de 1923, p. 2.
71- Francisco Basallo, Carta manuscrita dirigida al coronel Civantos (gobernador militar del Peñón de Alhucemas), [s.f.], (Contiene el relato sobre los abusos a Carmen Úbeda, iniciado el 9 de octubre de 1921). Documento cedido por Santiago Domínguez Llosá procedente del AGMM.
72- Tomás Segado Gómez, El Cautiverio de Basallo y Carmen Úbeda (Melilla: El Telegrama del Rif, 1923).
73- Rafael Estrada, "La historia vivida, dos ascensos a título póstumo," Revista de Historia Naval 14, n.º 42 (1996): 79-82.
74- J. Fernández Almeyda, Carta manuscrita donde solicita recompensa para las tripulaciones y las relaciones de los buques y la Compañía de Mar, [s.f.], Archivo General de la Administración (AGA), Caja 81/0413, Inventario IDD (15) 013.001.
75- Flores Mateos, Amadeo. Historia de la Compañía de Mar de Melilla (1497-2023). Madrid: Ministerio de Defensa, 2023
76- Matrés, José. "Hablando con Sidi Dris Ben Said." La Provincia, 18 de junio de 1922, p. 1. Accesible en https://prensahistorica.mcu.es/es/inicio/inicio.do
77-"Ben Said en nuestra redacción", El Telegrama del Rif, 25 de julio de 1911, p. 1.
78- Hernández Mir, Francisco. "Figuras del Campo Moro: Dris Ben Said." La Libertad, 7 de enero de 1922, p. 2
79- Ayán Vila, Xurxo M., y Sonia García Rodríguez. "Cartas Marruecas: cábalas financieras y cábilas rifeñas en el archivo de la Casa Larrinaga-Echevarrieta." Revista de Dialectología y Tradiciones Populares 71, n.º 1 (2016): 75-100.
80-Ben Said, Idris. Carta manuscrita, 12 de agosto de 1921. Contiene 46 folios. En Archivo General Militar de Madrid (AGMM), Rollo 103, Estante 1, Cuerpo 2, Tabla 10, Legajo 30.
81-"Los restos de los oficiales hermanos Aguilar de Mera." El Telegrama del Rif, 30 de junio de 1926, p. 1. "Los restos de dos oficiales" y El Telegrama del Rif, 1 de julio de 1926, p. 1 (entierro).
82-Ben Said, Idris. Carta, 1921. En Archivo General Militar de Madrid (AGMM), Rollo 103, Estante 1, Cuerpo 2, Tabla 10, Legajo 30, Folio 36.
83- Conferencia telegráfica entre el Ministro de la Guerra y el Alto Comisario, 24 de septiembre de 1921. Documento de 4 páginas, folio n.º 83. En Archivo General de la Administración (AGA), Caja 81/0413, Inventario IDD (15) 013.001.
84-Real Orden Circular del Alto Comisario al Comandante General de Melilla, 2 de diciembre de 1921. Documento urgente, cifrado y muy reservado. En Archivo General de la Administración (AGA), Caja 81/0413, Inventario IDD (15) 013.001.
85-Sigifredo Sainz, p.584
86- Ben Said, Idris. Carta a Horacio Echevarrieta, 8 de enero de 1923. Tres folios. Archivo Alba, Signatura: RAH_09-08077_Sant_Alba-04_n_46-6.
87-La Correspondencia de España (Madrid). 23 de junio de 1923, p. 2.
88-La Correspondencia de España (Madrid). 23 de junio de 1923, p. 2. Antonio Cánovas era diplomático. En 1931 fue nombrado Director General de Marruecos y Colonias.
89- Luis Aranguren Gallastegui, Memorias de un exiliado Vasco, Reedición (Bilbao: Ayuntamiento de Bilbao, 2011), 275.
90- Idris guardó toda la documentación que recibió, tanto de las autoridades civiles como militares, así como todas las cartas de agradecimiento de los prisioneros y sus familias. Así se lo comunicó al Alto Comisario Interino en la carta que le escribió, la cual contenía además la carta autógrafa del general Navarro agradeciendo sus servicios.
91-Documentación correspondiente a D. Carmelo Balsera González, R/1919 (Expediente de once hojas). Archivo Militar de Guadalajara, Guadalajara.
92- Rafael Ángel Contreras Cervantes, Intrahistoria del Desastre de Annual (Madrid: Ministerio de Defensa, Secretaría General Técnica, 2017), 70-71.
93-Expediente del Carmelo Balsera, folio 7. “1922. En la anterior situación de desaparecido continua hasta fin de Julio que habiendo transcurrido el plazo de un año en la indicada situación causa baja en esta Comandancia de Ingenieros de Melilla con arreglo a lo que dispone la O.C. de 29 de dicho mes (D.O. n.º 167)”
94-Correo de la Mañana (Badajoz). 2103/1923 (p.4) y 28/03/1923 (p.3).
95-Expediente Laureada de San Fernando del teniente médico Fernando Serrano Flores. Archivo General Militar de Segovia (AGMS), Signatura: 1164_AGMS_9ª_CAJA_5480_EXP_43372, f.
96-Acta ordinaria del Ayuntamiento de Valencia, 1 de junio de 1923, punto 17, Archivo Histórico de Valencia, Valencia.
97-Carta del Coronel Jefe de Sanidad Militar al Comandante General de Melilla, 2 de febrero de 1923, en Archivo General Militar de Madrid (AGMM), Año 1923, Legajo 39, Carpeta 13, Estante 12.
98- Tomás Gismera Velasco, "Illana en la memoria de Monte Arruit," Nueva Alcarria, 4 de noviembre de 1922.
99- Ayuntamiento de Illana, "Exposición de elementos litúrgicos," Illana turismo, consultado el 27/10/2025. https://illanaturismo.com/ficha/ver/05.-exposici%C3%B3n-de-elementos-lit%C3%BArgicos
100- Ley por la que se considera fallecido en el cautiverio al comandante Sigifredo Sainz, Gaceta de Madrid, n.º 151, 31 de mayo de 1934.
101-Museo de Melilla, "Cementerio de Melilla", consultado el 28 de octubre de 2025, https://museomelilla.es/cementerio.php.
102- “Anuncio sobre exhumación y traslado de restos mortales...», Boletín Oficial del Estado, núm. 163, 9 de julio de 2021, pp. 43323-43326. BOE-B-2021-32692.
103-"Un individuo arrollado por un tranvía", El Liberal (Sevilla), 1 de enero de 1930, p. 1.
104-"Carreras de caballos. Capitán de artillería muerto", El Adelanto: Diario político de Salamanca, 26 de septiembre de 1925, p. 6.
105- Si bien estoy convencido de que el número de casos es superior, me he limitado a citar únicamente aquellos que he podido documentar.
106-Faustino Calderón, en el blog Los pueblos deshabitados. Disponible en: https://www.lospueblosdeshabitados.net/search?q=quintanas+olmo. (Consultado el 4 de junio de 2025).
107- Mi agradecimiento a J. Carlos Barrio y familia por la información y fotografías cedidas.
108- “Concentración del cupo de filas. Estado N.º. 5”, Diario Oficial del Ministerio de la Guerra, núm. 20, 26 de enero de 1921, p. 271.
109- “Expediente Picasso. Estado de fuerza y situación de tropas de la Comandancia General de Melilla el 22 de julio de 1921” (fols. 330r-378r), Archivo Histórico Nacional (AHN), FC-TRIBUNAL SUPREMO RESERVADO, Exp. 50, N. 2 (código de referencia ES.28079.AHN).
110- Sánchez Regaña, Javier, “La Sanidad Militar durante el Desastre de Annual”, El Desastre de Annual (blog), 16 de enero de 2014. Disponible en: https://desastredeannual.blogspot.com/2014/01/la-sanidad-militar-durante-el-desastre.html. Una de las funciones del médico militar en un puesto de socorro era la clasificación de los heridos con el fin de proceder a su evacuación. Uno de los cuatro conceptos de clasificación era la de los Intransportables. Se trataba de heridos muy graves, cabeza, tronco, y también fracturas de diversos tipos. La gravedad de las lesiones impedía su traslado en artolas debido a lo abrupto del terreno en donde, en ocasiones, se desarrollaban los combates. Si la situación no permitía el traslado en ambulancia debían hacerlo en artolas o artolas-literas y la evacuación podía convertirse en un infierno. Se estimaba que suponían entre el 5% y el 15% del total. En algunos casos las heridas eran sobrecogedoras.
111- “Testimonio del alférez Luis Valdés Nicolau”, Archivo Histórico Nacional (AHN), FC-TRIBUNAL SUPREMO RESERVADO, Exp. 51, N. 8, fols. 2258-2262
112-Testimonio del soldado Epifanio Barrio Saiz. Archivo Histórico Nacional (AHN), FC-TRIBUNAL SUPREMO RESERVADO, Exp. 51, N. 10, fols. 2769-2770.
113-Testimonio del cabo Felipe Bennacer Sancho. Archivo Histórico Nacional (AHN), FC-TRIBUNAL SUPREMO RESERVADO, Exp. 51, N. 10, fols. 2723v-2725v.



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