lunes, 9 de diciembre de 2019

Recordar al olvidado. La última fotografía

Recordar al olvidado


Han pasado muchos años desde que una vieja postal llamo mi atención en un anticuario de Barcelona. La adquirí porque el remitente era un cabo del regimiento San Fernando. Después supe que José Segura Serven fue una de las miles de víctimas que se llevo por delante el Desastre. Escribí un breve artículo acompañando la postal de Mullor con la intención de que no cayera en el olvido su sacrificio. Era tan solo uno de los cientos de cabos, de los miles de soldados de reemplazo que murieron. Muy pocos fueron los casos en los que pudieron ser identificados y enterrados, compartieron fosa con sus compañeros formando un ejército de desaparecidos. La mayoría de familias  nunca pudieron pisar la tierra que regaron con su sangre sus hijos, hermanos, padres o maridos. Todas vivieron sus dramas, sufrieron y lloraron pero no arrinconaron el recuerdo, se negaron a convertirlos en un ejército de olvidados. Desde entonces han sido muchas las fotografías y cartas que las familias me envían para que el olvido no se apodere de ellos. Aportar algunos de los testimonios recibidos será la mejor forma de recordar a todos aquellos hombres muertos en lo mejor de sus vidas. No cejemos en el empeño de recordar al olvidado.


Capítulo 1. La última fotografía

Francisco García Fernández, sargento de ingenieros

Inicio esta serie de artículos dedicando el primero a dos ingenieros muertos en Monte Arruit. Ambos se hallaban el 22 de julio en el campamento de Annual perteneciendo a la misma compañía. Participaron en primer término en la retirada de Annual a Dar Drius el 22 de julio, un día después se retiraron a Tistutin y el 29 de julio a Monte Arruit donde padecerían un duro asedio que culminó con la matanza indiscriminada del 9 de agosto donde fallecieron ambos.
Su muerte hubiese pasado desapercibida si no hubiera sido porque los dos guardaron celosamente una fotografía hasta el último momento de su vida. Aquel recuerdo, aferrado a sus manos fue el último hilo que les unió a su vida anterior. Por desgracia y a pesar de hallarse ambas imágenes nunca pudieron ser identificados y sus restos fueron enterrados en la gran fosa construida para honrar a los defensores muertos durante el asedio y la infame masacre tras la capitulación. Hoy en día sus restos descansan en el osario del panteón de héroes en Melilla. Recordarlos es honrar a todos los ingenieros militares muertos en el aciago verano de 1921.
El 26 de noviembre se celebró en el Ateneo de Sevilla un emotivo acto en el cual dos pequeños huérfanos recibieron una cartilla-donativo de la Caja Postal de Ahorros. La iniciativa, que partió de la entidad, se debía al fallecimiento en Monte Arruit del padre de ambos niños. Sentados en la mesa posaban junto al capitán general de Sevilla (Infante Carlos de Borbón) y el catedrático Federico Castejón autor de una conferencia. Los pequeños, acompañados de su abuelo, ya eran por entonces huérfanos de padre y madre, tenían cinco y tres años.

Sevilla, 26 de noviembre de 1921

El sevillano Francisco García Fernández ingresó como soldado de ingenieros en 1913 el regimiento de Zapadores Minadores 3, acantonado en su ciudad fue su primer destino. A esa época pertenecía la primera fotografía que dedicó a sus hermanos luciendo el traje de rayadillo de campaña y fechada en julio de 1913. Contrajo posteriormente matrimonio con María Gago que fallecería prematuramente durante el parto del menor de sus dos hijos. Tras su ascenso a sargento fue destinado a la Comandancia de Melilla, 5ª compañía de zapadores. A partir de entonces tomó parte activa en la campaña promovida por el general Fernández Silvestre.
La comandancia de ingenieros de Melilla ubicada en el cuartel del Zoco estaba formada por la Plana de Mando, Plana Mayor de obras, sección de destinos, seis compañías de zapadores, una compañía de red permanente (con 38 estaciones) y otra de telégrafos de campaña (contaban con 21 estaciones a lomo, 5 a caballo y 2 secciones de tendido) (1). Mandaba la jefatura el coronel José López Pozas que disponía de 48 oficiales y 1339 de tropa (2). Perteneciente al Cuerpo de Ingenieros era también el Centro Electrotécnico de Comunicaciones Radiotelegrafía y Automóviles que contaba con 1 jefe, 5 oficiales y 199 de tropa. Finalmente, en el aeródromo de Zeluán servía una sección de tropa al mando de un oficial de ingenieros.
Las compañías de zapadores estaban destinadas permanentemente en el frente fortificando las nuevas posiciones, construyendo pistas, adecuando caminos, excavando pozos o construyendo abrevaderos para el ganado y levantando puentes. El frenético ritmo de la campaña no les concedía descanso. Por ello fue preciso destinar a un importante número de soldados de infantería y cuadrillas de nativos para reforzar a los ingenieros. Las compañías de red y telégrafos se encargaban del tendido telefónico, de las estaciones de campaña y del heliógrafo de señales por lo que los efectivos de estas compañías estaban muy fraccionados y repartidos por el territorio en pequeños destacamentos. Prueba del ingente trabajo que debían realizar las tropas  de ingenieros se refleja en la correspondencia entre el Comandante General y el Alto Comisario. En carta fechada en Melilla el 6 de febrero de 1921 el general Fernández Silvestre expone a Berenguer (refiriéndose a los ingenieros) que podemos vanagloriarnos de haber realizado verdaderos milagros, dotando al territorio de importantes obras y considerable red de caminos. Asimismo se lamentaba de no poder contar con más estaciones ópticas de campaña y personal de servicio telegráfico. También exponía Fernández Silvestre la poco conocida idea de crear un Grupo de Zapadores indígenas formado por tres compañías (3). Nunca pudo llevar a cabo este proyecto que como otros muchos de la Comandancia de Ingenieros quedaron en agua de borrajas debido a la falta de fondos para llevarlos a cabo. Sirva como ejemplo que  del 1.842.000 pesetas (4) solicitados en 1921 para la construcción de caminos militares solo se concedieron 100.000 pesetas.
Mandaba la 5ª compañía desde enero de 1921 el capitán José Maroto González que era en ese momento el capitán más joven de toda la Comandancia General. Disponía la unidad de 3 oficiales y 148, sargentos y soldados. En primera línea se hallaban dos oficiales, 2 sargentos, 7 cabos y 75 soldados. El resto no se hallaban disponibles por diversos supuestos, hospitales, península por diferentes conceptos, ocupando destinos o en los talleres de la Comandancia (5).
En febrero la compañía, que se hallaba en Dar Drius, fue destinada al campamento de Annual con el objetivo de construir la pista que enlazaba con Ben Tieb. Fortificaron entre otras las posiciones de Buymeyan, Sidi Dris (donde construyeron un embarcadero provisional), Abarran e Igueriben el 7 de junio de 1921 (6). No sería hasta el mes de julio, poco antes de producirse el Desastre cuando finalizaron los trabajos en el camino a Ben Tieb permitiendo a partir de entonces ,con apuros, la circulación de camiones de alto tonelaje. El poder adecuar el camino que desde el valle del Sepsa llevaba hasta Annual significó un verdadero esfuerzo para los ingenieros que tuvieron que vencer grandes dificultades.

La primera retirada, de Annual a Drius


El 21 de julio, el cuerpo de ingenieros tenía desplazadas en Annual cuatro de las seis compañías de zapadores y los telegrafistas que se encargaban de las comunicaciones. Formaban el batallón, 1 jefe, 10 oficiales y 516 soldados todos ellos al mando del comandante Emilio Alzugaray, jefe del sector (7). Al margen de estos efectivos habría que contabilizar un número indeterminado de soldados de infantería agregados a las compañías de zapadores que siguieron las mismas vicisitudes que los zapadores. Las otras dos compañías (3ª y 6ª) formaban parte de las guarniciones de Ben Tieb y Dar Drius respectivamente. En los días previos a la retirada de Annual las compañías de ingenieros participaron en los baldíos intentos de socorrer a la guarnición de Igueriben. El día 18 formando parte de la columna mandada por el teniente coronel Núñez de Prado y el 21 al mando del coronel Manella. El día 20 habían fortificado una nueva posición (Intermedia C) situada en el  camino que desde Annual conduce al desfiladero del Izumar.

Capitán José Maroto González y Alférez Ramiro Cortés en Annual, junio de 1921
La mañana del 22 se produce la retirada de Annual, los ingenieros deben ocupar la vanguardia de la peligrosa maniobra sin que prácticamente nadie supiese que se iba a realizar. El comandante Alzugaray comunica a los capitanes las órdenes de repliegue que se deben cumplir sin dilación y llevando consigo tan solo el equipo ligero de campaña y el fusil. La pista por donde se retirará gran parte de la columna tiene tan solo 4 metros de ancho y debe sortear subidas con pendientes que llegan al 12% zigzagueando hasta sortear el Izumar.
La retirada se tornará desordenada, caótica y mortal antes de coronar el desfiladero del Izumar y las tropas no se recompondrán hasta llegar al llano que conduce a Ben Tieb. En este punto y a pesar de que era el lugar elegido por el general Fernández Silvestre para hacerse fuertes, no se detuvo ninguna unidad y las fuerzas continuaron la marcha hasta llegar a Dar Drius a media tarde. Entonces se pasó revista a las fuerzas de ingenieros, las bajas son: 1 capitán, 1 alférez, tres sargentos, 1 trompeta y 121 zapadores (en el relato del capitán Sarmiento no se aclara si heridos o muertos) (8).
El sargento García ha conseguido llegar ileso y junto a sus hombres pasará la noche en Drius sin saber que al día siguiente les esperaba otra retirada. El mando de las tropas de ingenieros, por ausencia del comandante Alzugaray, lo asumió el capitán Jesús Aguirre.
Poco después llega a Dar Drius el general Felipe Navarro que asume el mando de todas las fuerzas, en esos momentos es ya el jefe accidental de la Comandancia General de Melilla al haber fallecido el general Fernández Silvestre en Annual.
La retirada de Annual se salda con un elevado número de muertos. Para hacernos una idea solo contamos con la relación que a instancias del general Navarro se emitió en Dar Drius  supervisada por el teniente coronel Pérez Ortiz. El estadillo aunque incompleto apunta que en las unidades de infantería figuraban como desaparecidos 678 oficiales y soldados (9). En ella se incluyen las tres compañías de Ceriñola que el mismo día 22 de julio formaban parte de una columna con el objetivo de instalar una nueva posición y la compañía de África 68 que formaba la guarnición de Intermedia C. En el listado no se incluyen  las tropas de ingenieros, las de intendencia, las indígenas, las de sanidad militar ni algunas baterías del regimiento Mixto. Por tanto debemos tomar con cautela el número de fallecidos que hasta hoy no hemos podido determinar con exactitud.

Señalado en rojo, sargento Francisco García. Sevilla, regimiento de zapadores minadores 3. Podemos ubicar la imagen gracias a la firma del fotógrafo, Olmedo
En cuanto a las guarniciones que jalonaban el camino entre Ben Tieb y Annual todas se perdieron corriendo distinta suerte. Como he mencionado, la Intermedia C se unió a la columna en retirada igual que la compañía de San Fernando que guarnecía Izumar. La posición Intermedia B y el Morabo de Sidi Mohamed fueron aniquilados pereciendo la mayoría de sus defensores y la compañía de San Fernando acantonada en Intermedia A se defendió hasta días después muriendo la práctica totalidad de sus defensores. Ben Tieb, el lugar elegido para organizar una línea de resistencia por el general Fernández Silvestre fue evacuado sin bajas por sus defensores tras el paso de la columna Annual. Formaba parte de su guarnición la 3ª compañía de zapadores al mando del capitán Agustín García Andujar que el mismo día 22 participó en la fortificación de una nueva posición en el camino de Annual. La columna se tuvo que retirar al producirse la retirada de Annual causando la maniobra un importante número de bajas en las filas de la compañía de zapadores (10).

Melilla 30 de mayo de 1921. Festividad de San Fernando. El pequeño que posa con garbo era el hijo del teniente Antonio Albert Andreu, muerto en Monte Arruit
Las dos posiciones enclavadas en las alturas de Beni Ulisech, Mehayast y Yebel Uddia se retiraron sufriendo muchas bajas. En cuanto a las posiciones que formaban la vanguardia, Igueriben fue aniquilada el 21 de julio y Buymeyan se replegó sobre Annual el día 22. Peor suerte corrieron los defensores de Talillit a los que se ordenó retirarse sobre Sidi Dris quedando abandonados a su suerte al no contar con más ayuda que la de los barcos de guerra. El 25 de julio se intentó una evacuación a los botes de la armada que fracasó muriendo en el intento gran parte de la guarnición que formaban más de 300 hombres. Finalmente en la segunda posición enclavada sobre el Mediterráneo, Punta Afrau, se consiguió gracias a la Armada de Guerra evacuar a la mayoría de la guarnición. Destacado comportamiento en la evacuación tuvieron los tres ingenieros telegrafistas que serían condecorados con la Medalla Militar Individual, Basilio de Frutos Ramos, Cipriano García Ventura y Francisco Pla Rodríguez. En su concesión influyó notablemente el informe que el capitán del cañonero Laya cursó tras la evacuación, la retirada  se pudo realizar gracias al abnegado trabajo de los tres telegrafistas. (11).  En unas horas se había perdido la circunscripción de Annual.
Las primeras medidas que toma en Drius el general Navarro se encaminan a organizar las unidades y servicios que han quedado seriamente dañados tras la retirada de Annual. Ha conseguido reunir en Drius algo más de 2500 hombres aunque ordena que las tropas de intendencia se replieguen a Melilla y el Grupo de Regulares a Uestia. De noche, el general ya manifiesta su inclinación a retirase y considera la situación como crítica (12).
La decisión de retirarse, adoptada tras diversas deliberaciones será objeto de controversia. El general consideró que no era posible resistir en Drius debido a que su línea de comunicación con Batel está seriamente amenazada, la moral de las tropas era baja y no contaba con elementos para resistir en Drius. Así lo comunicará al Alto Comisario que no recibiría el telegrama hasta horas después porque el barco que le traslada a Melilla (cañonero Bonifaz) tenía la estación de radio averiada (13). Poco después el general Navarro ordena a las posiciones dependientes de Drius la orden de retirada. Las más cercanas se replegarán sobre Dar Drius mientras que los destacamentos existentes en Tafersit y Midar lo harán sobre Cheif desde donde se retirarán al Zoco Telatza y si fuese necesario a Monte Arruit. Este último grupo de posiciones (Cheif, Buhafora Izen Lasen y Azib de Midar) reúne una considerable fuerza: 1 jefe, 34 oficiales y 1154 de tropa (788 españoles y 366 askaris de Policía Indígena). El general Navarro aduciría que la decisión de alejar las tropas se debió a que no deseaba mezclar aquellas fuerzas con las que se habían retirado de Annual.
A esas alturas ya se tenían en la península sobradas noticas de la muerte del general Fernández Silvestre y del incipiente derrumbamiento de la Comandancia. En Madrid recibieron el primer telegrama enviado por el coronel Sánchez Monge poco antes de las seis de la tarde. El Ministro Marichalar que estaba en San Sebastián adoptó, a instancias del Alto Comisario, las primeras medidas encaminadas al envío de refuerzos al mismo tiempo que imponía una velada censura con la evidente intención de minimizar los sucesos. El Rey Alfonso que había pasado el 22 de julio en Burgos fue informado al volver a San Sebastián de donde a toda prisa partiría hacia Madrid junto al Ministro. Nadie en ese momento podía prever el drama venidero que ya había consumado su primer acto.

Suboficiales y sargentos de ingenieros. Entre ellos, Francisco García
De madrugada el Alto Comisario, sugiere la conveniencia de mantener la línea de resistencia en Drius, Dar Quebdani y Zoco Telatza (14). Navarro a pesar de estar plenamente convencido de que la retirada es la única opción, detiene transitoriamente la maniobra aunque según el capitán Sigifredo Sainz lo hizo a sabiendas de que mañana sería tarde para tomar la decisión (15). A primera horas de la mañana llegan a Drius los efectivos de la columna Cheif con muchas bajas así como las guarniciones de Ain Kert y Karra Midar que se repliegan con orden. La importante masa de hombres que formaba la columna del regimiento Melilla en Cheif debía haberse retirado a Zoco Telatza de Bu Becquer (según ordeno Navarro) pero en el último momento el jefe de la tropa (teniente coronel Orrego) decidió hacerlo sobre Drius. Nada se puede objetar ya que el propio general Navarro advertido de la imposibilidad de hacerlo sobre Zoco Telatza envió un mensajero para comunicar que lo hicieran sobre Dar Drius por estar interceptado el trayecto que originariamente debían recorrer. En la maniobra fallecería el teniente coronel Orrego y un importante número de hombres. Peor suerte corrieron las posiciones enclavadas en Tafersit y Midar que fueron prácticamente aniquiladas intentando cumplir la orden de repliegue a Drius.
Inmediatamente después partió el convoy de heridos que a bordo de las pocas ambulancias disponibles intentan a todo trance llegar a Batel. Antes de llegar al cauce del río Igán fue atacado el convoy debiendo partir para protegerlo las fuerzas del regimiento de Alcántara, la mayoría de heridos fueron rematados. Este suceso precipitaría que el general Navarro adoptará de  nuevo su plan de retirada a pesar de las indicaciones del Alto Comisario. Los poco más de veinte kilómetros que le separan de Tistutin le acercarán a Melilla pero supondrá perder el control de una importante extensión de territorio. La línea defensiva que impulsó Berenguer, Drius, Quebdani y Zoco Telatza pierde el primero de sus pilares, los otros dos se perderían a consecuencia de una aciaga rendición y una funesta retirada en la que murieron prácticamente 1500 hombres.

Segunda retirada.  Drius Tistutin-Batel

Cuenta el general Navarro para llevar a cabo la maniobra con los supervivientes de Annual, las guarniciones de las posiciones cercanas, los escuadrones de Alcántara y  la columna del regimiento San Fernando que guarnecía Dar Drius y que no había entrado en combate. De la artillería tan solo se han salvado la 5ª batería que junto a la ligera eventual y la 1ª de Montaña (acantonadas en Drius) serán los únicos elementos de artillería con los que contará. Las tropas de Regulares que no merecían la confianza del general, fueron enviadas el día anterior a pernoctar en Uestia y no toman parte en la retirada. Entre las tropas de Policía Indígena se han producido masivas deserciones y algunas de las Mías solo cuentan con los oficiales y un pequeño núcleo de soldados fieles.
Forman la columna 2566 hombres (16) entre los que no se hallan los escuadrones de Alcántara que siguiendo órdenes partirán antes que la columna para auxiliar convoy de heridos que fue atacado en las cercanías de Uestia. La columna abandona Dar Drius a las dos de la tarde, cubren la retaguardia las tropas de San Fernando mandadas por el teniente coronel Álvarez del Corral y los pocos policías fieles que manda el comandante Jesús Villar. Las tropas de zapadores (480 hombres) ocupan el sector central de la columna siendo dirigidas por el capitán Jesús Aguirre.

Capitanes Sigifredo Sainz y Jesús Aguirre el día de su liberación. A bordo del Antonio López, 27 de enero de 1921
Cuenta el general Navarro para llevar a cabo la maniobra con los supervivientes de Annual, las guarniciones de las posiciones cercanas, los escuadrones de Alcántara y  la columna del regimiento San Fernando que guarnecía Dar Drius y que no había entrado en combate. De la artillería tan solo se han salvado la 5ª batería que junto a la ligera eventual y la 1ª de Montaña (acantonadas en Drius) serán los únicos elementos de artillería con los que contará. Las tropas de Regulares que no merecían la confianza del general, fueron enviadas el día anterior a pernoctar en Uestia y no toman parte en la retirada. Entre las tropas de Policía Indígena se han producido masivas deserciones y algunas de las Mías solo cuentan con los oficiales y un pequeño núcleo de soldados fieles. 
Forman la columna 2566 hombres (16) entre los que no se hallan los escuadrones de Alcántara que siguiendo órdenes partirán antes que la columna para auxiliar convoy de heridos que fue atacado en las cercanías de Uestia. La columna abandona Dar Drius a las dos de la tarde, cubren la retaguardia las tropas de San Fernando mandadas por el teniente coronel Álvarez del Corral y los pocos policías fieles que manda el comandante Jesús Villar. Las tropas de zapadores (480 hombres) ocupan el sector central de la columna siendo dirigidas por el capitán Jesús Aguirre. El general ha ordenado explícitamente que no se abandone durante el trayecto a ningún herido o muerto. Los primeros compases de la maniobra se llevan a cabo ordenadamente y sin ser hostilizados hasta llegar a las proximidades del seco cauce del río Igán. Atrincherados y parapetados esperan los rifeños a la columna sobre la que disparan sumiendo a las tropas en un nuevo desbarajuste. Tan solo la formación de guerrillas y la reincorporación de las tropas de caballería conseguirán que la columna alcance sus objetivos. Una de las unidades que cubren el cruce del Igán fue la 5ª de zapadores entre los que se hallaba el sargento Francisco García. Los escuadrones de Alcántara (que habían partido con anterioridad de Drius para repeler el ataque sobre el convoy de heridos) cargan sobre el enemigo y posteriormente vuelven grupas para ayudar a la columna en su repliegue.
En Tistutin, el general Navarro decide que parte de las tropas de ingenieros continúen hasta Monte Arruit. La 2ª y 5ª compañías de zapadores, junto a los telegrafistas quedarían en Tistutin donde el mando lo asumió el capitán Félix Arenas que voluntariamente ha quedado en la posición adonde llegó procedente de Melilla. Para organizar la defensa se divide la posición en tres sectores y de la jefatura se hace cargo el capitán del África González Valles. El capitán Arenas organizó una compañía formada por unos 80 zapadores y 75 soldados de infantería con los que defenderá el sector conocido como La Pajera junto al edificio de la Yesería. La actuación de Arenas durante la defensa de Tistutin sería decisiva para concederle años después la Laureada. Destacar el comportamiento del capitán es también recordar el brillante comportamiento que tuvieron las topas de ingenieros en la defensa de Batel y Tistutin.

Félix Arenas Gaspar siendo cadete de la Academia de Ingenieros en Guadalajara
El martes 26, según recoge el diario de operaciones del capitán Jesús Aguirre (17) se realiza una salida para quemar cadáveres y caballos muertos. Se presentan voluntarios varios oficiales y algunos de tropa, entre ellos el sargento Francisco García. Consiguen salir de la posición y cumplir su cometido siendo además capaces de llegar hasta la estación de tren donde alcanzan los vagones y se hacen con útiles de cocina y varias latas de carne. La resistencia en Batel tendría su fin el 27 de julio al carecer de agua y por considerar el general Navarro agotados los medios de defensa. De nada sirvió el arduo trabajo que el teniente de ingenieros Aurelio Martínez Fernández y sus hombres llevaron a cabo para hacer funcionar el motor del pozo. Las castigadas tropas tuvieron que recurrir de nuevo a los botes de conserva para mitigar la sed. Poco después de las cuatro las tropas de Batel se repliegan a Tistutin, en los 3 kilómetros que median entre ambas posiciones se producen 34 bajas. Navarro que ya había recibido autorización de repliegue del Alto Comisario no prologó la estéril defensa y aprovechando que se pudo comunicar con Monte Arruit participó su intención de replegarse sobre aquella posición. En Arruit mandaba las tropas presentes el capitán de San Fernando López Vicente que hasta ese momento no había tomado ninguna determinación para asegurar ni la aguada ni el campamento adyacente.

Tercera retirada. Tistutin-Monte Arruit. Madrugada del 29 de julio

Constituyen la columna de supervivientes 1295 hombres, según recoge en sus notas el capitán Sigifredo Sainz, y 252 heridos de ellos 43 graves (18). No cuentan con ningún vehículo y por tanto los heridos deberán ser evacuados en caballos, en improvisadas camillas y a píe los restantes. La asistencia sanitaria es en ese momento prácticamente inexistente por falta de medios, no de médicos. Acompañan a los heridos los capitanes Teófilo Rebollar, García Martínez y los tenientes Peña Martínez, García Martínez, Rover Motta, Fernández Andrade y Videgain Aguilar. La conducta de todos ellos fue ejemplar, tan solo sobrevivió a la retirada o al asedio de Monte Arruit, el teniente Felipe Peña Martínez.
El general, aprovechando la oscuridad ordena formar un gran cuadro a cuya vanguardia van las tropas de San Fernando, que todavía cuentan con 350 hombres. Duras palabras tendría para Navarro el fiscal García Moreno en sus conclusiones, formar un cuadro cerrado era aconsejable de noche mientras que al clarear el día se tornaba contraproducente y mortífero (19). El capitán Sainz aduciría que en esta marcha, como en los anteriores repliegues, no era posible seguir reglas logísticas para organizar la marcha. Había que atender la capacidad combatiente de cada unidad (20). Para evitar que al salir el sol la columna fuese más vulnerable se tomó la determinación de aumentar las distancias entre las unidades para evitar que el fuego alcanzase a los heridos. De los 1295 hombres aptos para el combate se debieron destinar 176 (21) para el transporte de las camillas siendo relevados los camilleros para evitar el cansancio. Los oficiales de Estado Mayor recuerdan a sus compañeros las instrucciones propias de una marcha nocturna en territorio hostil (22).
   
Blas Muñoz Cano y Emilio Torres López. Soldados de ingenieros supervivientes
A las escasas piezas de artillería que quedan les quitan los cierres para evitar que puedan caer en manos de los rifeños. Los ingenieros al mando del capitán Félix Arenas ocupan la retaguardia de la columna, quedan 130 zapadores, entre los que se halla el sargento Francisco García, a los que se unen 60 soldados de infantería. Junto al capitán se hallan los tenientes Antonio Albert, Fernández Martínez (ambos de ingenieros), Gutiérrez Calderón y Sanchís (de infantería). La retirada amparada en la oscuridad se realizó en orden hasta que la vanguardia alcanzó la Casa Muñoz situada a 2 kilómetros de Monte Arruit. A partir de este punto se volvieron a vivir momentos de pánico y se deshizo la columna debiendo abandonar a los muertos por no poder transportarlos. En aquel momento se decidió que las piezas de artillería entraran en acción y se les instaló de nuevo los cierres. Esta circunstancia fue la que permitió a los rifeños usar posteriormente los cañones para bombardear Monte Arruit. Las piezas estaban listas para entrar en combate, así lo declaró el capitán Alfredo Correa Ruiz al ser liberado del cautiverio en 1923 (24). Nada se hizo desde el interior de la posición para apoyar el repliegue ni consta que el general diera ninguna orden en ese sentido. Tampoco se ocupó el poblado adyacente a la posición desde el cual los rifeños castigarían sin piedad a la sitiada columna.
En el repliegue fallecieron el capitán Arenas, el teniente Emilio Sánchez-Caro (5ª de zapadores), 2 jefes, 3 oficiales y  resultaron heridos 7 oficiales. Los supervivientes de la 5ª de zapadores quedan al mando del teniente Antonio Noreña por haber resultado herido grave en Tistutin el capitán Maroto que consigue entrar en Arruit abrazado al capitán Aguirre. Las bajas de tropa no las recordaba el capitán Sainz por haber perdido los partes de las diversas unidades (24). El general Navarro declaró que fueron aproximadamente 140 entre muertos y desaparecidos (25). Finalmente una nota suelta presumiblemente escrita por el capitán Sigifredo Sainz indica que se produjeron 728 muertos y 139 heridos, cifra que de ser cierta hubiera convertido la retirada en una matanza (26). La disparidad en las cifras aportará una mayor dificultad a la hora de cuantificar cuantos fueron los defensores de Monte Arruit.

Monte Arruit antes del Desastre de Annual

Asedio y muerte en Monte Arruit. El sargento que murió acordándose de sus hijos

Tras la dura retirada la menguada columna del general Navarro, que ya ha sufrido diversas mermas, llega a Monte Arruit sin aliento y en el tramo final en clara desbandada. A esas alturas ya habían participado en tres o cuatro retiradas (los que provenían de Batel) y tanto física como moralmente las fuerzas estaban al límite.
La mayoría de autores consideran que en el interior de la posición se congregaron 3017 hombres, cifra que aportó Sigifredo Sainz en su libro. En algún caso se aumenta la cifra hasta 3165 basándose en la nota manuscrita que mencionaba al aportar el número de bajas en la retirada, documento que como hemos mencionado merecería revisión (27). En la relación de víveres que aportó el auxiliar Espinosa se consigna la cantidad de sacos que quedan de arroz, café, azúcar, cebada, judías, garbanzos,  los litros de aceite y se repite la cifra 3017 (28).
Las tropas que hasta ese momento defendían el reducto no habían sido atacadas y habían podido realizar la aguada con cierta normalidad. Mandaba las unidades, que ascendían a casi 1000 hombres, el capitán de San Fernando López Vicente. Un capitán al mando cuando en Melilla se hallaban tres de los cuatro coroneles de infantería y varios tenientes coroneles. Todos adujeron diversos motivos para no estar en primera línea. En Arruit, según Sainz, las tropas presentes estaban totalmente desmoralizadas, sentados al abrigo de los parapetos o en el interior de los barracones (29).  En cuanto a los medios sanitarios no se disponía prácticamente de nada, los heridos y enfermos padecerían un auténtico calvario durante el asedio. De municiones andaban igualmente escasos lo que dificultaría tremendamente la defensa y las aguadas en las que era necesario emplear mucha cartuchería.
¿Debieron las castigadas tropas de la columna continuar horas después su retirada en dirección Melilla? Navarro consideró que no era posible debido al estado físico y moral de las tropas, algunas de las cuales habían participado hasta ese momento en tres o cuatro sangrientas retiradas. Lo contrario afirmó en sus conclusiones el fiscal García Moreno que veía factible el haberse retirado a Zeluán tras conceder descanso a las tropas (30).   

Monte Arruit tras la reconquista. Obsérvese la poca profundidad a la que los ingenieros debían cavar las sepulturas de los muertos. Esta imagen corresponde a la llamada Plaza de la Muerte Algunos autores afirman que los restos exhumados correspondían al teniente coronel Fernando Primo de Rivera.
A partir de ese mismo día se cumple estrictamente una mortífera ecuación. Sangre por agua. Los cañones dispuestos para abrir fuego, las sangrientas aguadas y el constante paqueo sobre el reducto causan un altísimo número de muertos y heridos a los que no se puede atender por falta de medios. El sábado día 30, primer día de asedio, se contabiliza la muerte de 34 soldados mientras que 7 oficiales y 86 soldados resultarían heridos. El asedio supondría una durísima prueba para los defensores que sufrieron lo indecible para acabar siendo vilmente exterminados. 
Con el objetivo organizar la defensa el general Navarro dividió el reducto en sectores al mando de los jefes supervivientes. A los ingenieros se les encargaría la defensa del sector opuesto a la puerta principal asumiendo el mando el capitán Jesús Aguirre. Además de las funciones propias de su cuerpo, debían ocupar su lugar en el parapeto y encargarse de los enterramientos contando tan solo con 1 pico y 2 palas (31). Las sepulturas debido a la extenuación de los soldados y la dureza del terreno se hacían cubriendo los cuerpos con una ligera capa de tierra. Las fosas se hallaban en uno de los extremos de la Plaza de la Muerte, muy cerca del alojamiento del general Navarro.
Para manejar el heliógrafo (único medio de comunicación) se nombraban equipos formados por 1 sargento, 1 cabo y 3 soldados telegrafistas (32). A pesar de la bruma y del bochornoso viento de Levante se consiguió mantener la comunicación con las tropas españolas. El heliógrafo fue alcanzado por un proyectil rifeño debiendo recomponer la Mira con un trozo de caña (33). El 3 de agosto una sección formada por y 1 sargento y 12 zapadores refuerzan el sector que ocupan las tropas de Ceriñola y otra sección ocupa una garita situada en el frente que defiende el regimiento San Fernando. Son también tropas de ingenieros las que ayudan al teniente de infantería Sánchez Ocaña en el reparto del agua, de ello se encargan 1 sargento y 4 zapadores (33).  
Francisco García participó en el duro asedio y durante once días sufrió lo indecible junto a sus hombres. Pasaron sed, hambre y muchos de ellos cayeron heridos o muertos. Con el paso de los días comprendieron que nadie les socorrería ni escaparían de aquel infierno. Francisco llevaba en el bolsillo de su guerrera la fotografía de sus hijos, su más preciado tesoro y por nada del mundo quería perderlo. Sabiendo que iba a morir, escribió en el reverso de la imagen un texto que eriza la piel:



“Si muero haga el favor el que lo recoja (si es europeo) el remitirlo a calle Divina Pastora 12, Sevilla y decirle que murió el original de este retrato, sargento de ingenieros Francisco García Fernández, acordándose de sus hijos”.

El 9 de agosto se produce la capitulación y la abominable matanza de la desarmada columna que mandaba el general Navarro. Muy pocos fueron los que sobrevivieron, algunos oficiales, un pequeño número de soldados que fueron apresados y algunos afortunados que milagrosamente consiguieron llegar a Melilla. Entre las filas de la 5ª de zapadores la mortalidad los alcanzó prácticamente a todos. El capitán Maroto, herido desde el día 29, recibió el impacto de una granada el 5 de agosto muriendo en al acto y del resto de la compañía solo sobrevivieron Agustín Barrera Tena que fue apresado en Arruit y murió en cautividad y tres hombres que no tomaron parte en el asedio de Arruit. Sargento Juan Sánchez González, apresado antes de  llegar a Ben Tieb, cabo Antonio Moreno García, herido y evacuado a Melilla el día 23 de julio y el soldado Manuel Chenovart que fue apresado el 22 de julio y permanecería cautivo hasta el 27 de enero de 1923 (34).
Francisco García dejó dos pequeños huérfanos y una postal que sorteó el saqueo y resistió ajada y agrietada hasta que el 24 de octubre se recuperó el reducto atestado de cadáveres momificados. El Sol publicó el 27 de octubre que entre los restos de los cadáveres no identificados se había recuperado una carta en la que se pide se envíe un retrato a sus hijos y se les diga que ha muerto pensando en ellos”.  La postal regresó al domicilio familiar en Sevilla y aquellos dos pequeños pudieron conservar el postrero recuerdo de su padre. El menor murió de pena me confesó la familia. José, el otro pequeño que posaba junto a la cartilla bancaria creció sin padres ni hermano. Vivió la guerra civil sirviendo como su padre en el regimiento de ingenieros de Sevilla, lucho en la División Azul y su descendencia ha mantenido viva la memoria del sargento que murió acordándose de sus hijos.

Panteón de Héroes, Melilla. Placa regalada por agregados militares a los defensores de Monte Arruit

Francisco Carreras Roig

Quiso el destino que uno de los soldados de la compañía del sargento García protagonizara una historia similar. Al enterrar a los fallecidos en Monte Arruit se localizó en la guerrera de un desconocido soldado un retrato familiar, la imagen no aportaba más información que la dedicatoria:
“A mi querido Francisco, para que siempre que veas esto te acuerdes de quien mucho te quiere”.
La fotografía fue localizada por las cuadrillas de enterradores del regimiento de zapadores minadores encargados de dar tierra a sus compañeros. Estos entregaron la imagen al capellán Agustín Cartón que ejercía en el los hospitales de Melilla. La fotografía fue publicada en ABC el 18 de noviembre de 1921 con el siguiente píe de texto (35): 

“Grupo fotográfico encontrado en Monte Arruit por un oficial del regimiento de Zapadores Minadores en Monte Arruit en la guerrera de un cadáver no identificado. Publicamos esta fotografía por si ella puede tener noticias de la triste suerte del muerto la familia del interesado”


Pasaron semanas y parecía que la imagen, al igual que su dueño, serían condenadas al olvido, pero tal y como ocurrió en el caso del sargento García pudo regresar junto a sus deudos. El 6 de diciembre,  casi cuatro meses después de la matanza de Arruit, se presentó en la capitanía general de Barcelona Carmen Miralles Redó, había reconocido la fotografía publicada meses antes donde posaba junto a su hija Juanita de tan solo dos años. El dueño de la misma era el soldado de ingenieros Francisco Carreras Roig, natural de Barcelona (36).
Fue el último consuelo que recibió Carmen , que por entonces ya debía haber perdido toda esperanza sobre la suerte que corrió su marido. La viuda recibió un donativo remitido por Torcuato Luca de Tena (fundador de ABC y Blanco y Negro). Posteriormente la pequeña Juanita recibiría otro donativo en una iniciativa organizada por los Somatenes de Cataluña que concedieron a los huérfanos y mutilados de la campaña de África en el periodo comprendido entre junio y diciembre de 1921. La idea partió de Juan Puig Marcó, cabo del Somaten, y recaudó en nueve meses la cantidad de 254.614 pesetas. La recibieron 171 peticionarios, entre ellos un gran número de huérfanos, y se concedió a cada uno la cantidad de 1475 pesetas (37). Nunca se ha calculado el número de huérfanos que ocasionó el Desastre, estoy convencido de que la cifra nos dejaría perplejos. En septiembre de 1923 se concedió a la viuda la preceptiva pensión por el fallecimiento de su marido en acto de servicio, un soldado de ingenieros muerto en combate generaba una pensión anual de 328,50 pesetas.
Las fotografías del sargento García y el soldado Carreras así como algunas cartas aparecieron tras las matanzas de Arruit y Zeluán. Una de las más conmovedoras la escribió el cabo burgalés Gabriel Sainz García que será el protagonista del próximo artículo en el que recordaremos los horrores vividos por los defensores de Monte Arruit. 

Labores de enterramiento en Monte Arruit tras la reconquista. Los ataúdes pertenecían al Servicio de Higiene del
Cuerpo de Sanidad Militar
La mortalidad en el Cuerpo de Ingenieros

Las bajas entre las tropas de ingenieros fueron numerosas. De los 16 oficiales que mandaban las compañías de zapadores el día 22 solo sobrevivió el capitán Jesús Aguirre que fue apresado junto al general Navarro. A los fallecidos habría que añadir al capitán Félix Arenas, jefe de la Compañía de Telégrafos, siendo por tanto 17 los oficiales muertos al frente de sus unidades.
Entre las clases de tropa la mortalidad se elevó de 563 (38) a 603 (39). Si tenemos en cuenta que el 22 de julio (según estadillo de la Comandancia General) se hallaban destacados en primera línea 782 soldados de ingenieros, la mortalidad oscilaría entre el 70 y el 75% del total de las fuerzas destacadas en el frente (40). El primer caído del Cuerpo fue el telegrafista Enrique Durán Timoneda muerto el 1 de junio en Abarrán. Entre las tropas que formaban el Centro Electrotécnico al mando del comandante de ingenieros Fernández Mulero se produjeron las muertes de 2 sargentos y 4 soldados.
Prisioneros en poder de Abd el Krim quedaron 2 sargentos y 18 soldados de los cuales 3 murieron durante el cautiverio (Sargento Viatela Albamonte, Cabo Agustín Barreda y soldado Luis Gutiérrez Martín).
Entre los anónimos soldados de ingenieros muertos conviene recordar al soldado Juan Ures Bermejo. Nacido en Jadraque, Guadalajara, ingresó en el ejército como voluntario y a finales de 1920 fue destinado a Melilla, compañía de Telégrafos. El 22 de julio de 1921 se hallaba en Kandussi donde fallecería en combate al no querer abandonar la estación telegráfica. Por su comportamiento sería propuesto para recibir la Laureada, petición que como otras muchas sería denegada. De su sacrificio queda constancia en El Telegrama del Rif, en un artículo firmado por Parravichino (41), pseudónimo del capitán ingeniero Francisco Carcaño Más (1886-1936).
Milagrosamente pudieron escapar del asedio de Monte Arruit el cabo Severino Soriano Expósito y el soldado Diego Robles Serrano, ambos de la 2ª de zapadores. El primero fue capturado el 9 de agosto y permaneció cautivo hasta el 9 de septiembre que consiguió escapar de sus captores. El soldado Robles fue capturado al realizar la aguada el 6 de agosto siendo apresado y conducido a una cábila cercana de donde escapó el 30 de octubre consiguiendo llegar a Monte Arruit (42). Al recuperase Monte Arruit el 28 de octubre, España fue consciente de la barbarie cometida tras la capitulación. Fuerzas de ingenieros fueron las encargadas de dar sepultura a los restos de los compañeros muertos. El batallón expedicionario del 1er regimiento de zapadores minadores (al mando del teniente coronel Francisco Ibáñez Alonso) y una sección de la Comandancia de Melilla al mando del capitán Joaquín Cantarell Bordalba dieron tierra a sus compañeros y consiguieron identificar los restos de algunos oficiales y soldados. Fueron enterrados en Melilla 1 capitán 2 tenientes, 1 alférez, 3 sargentos, 2 cabos y 5 soldados (uno de ellos desconocido). Los restos de los oficiales descansan en el panteón de héroes mientras que los de los sargentos, cabos y soldados están en una sepultura común bien conservada. A los ingenieros del batallón de zapadores minadores se les concedió en febrero de 1924 la Gran Cruz de Beneficencia (43) haber participado en las labores de enterramiento de 3500 cadáveres en Monte Arruit y Zeluán sin más protección que un pañuelo que cubría sus bocas.
A pesar de hallarse las fotografías del sargento Francisco García y del soldado Francisco Carreras sus restos no fueron identificados y fueron inhumados en la fosa común de Monte Arruit hasta su traslado definitivo al osario del panteón de héroes donde se hallan en la actualidad.


Sepultura en el cementerio de Melilla de sargentos, cabos y soldados de ingenieros.
Todos salvo un sargento muertos en julio y agosto de 1921

Epílogo. Anónimos pero no olvidados

Tengo la certeza de que en el tintero quedarán los nombres de muchos de los anónimos soldados de ingenieros que murieron en aquellos días y a las familias de todos ellos pido perdón por no poder aportar más datos. Sin embargo no deseo desaprovechar la ocasión para rescatar del olvido los nombres de aquellos cuyo sacrificio tuvo algún eco en los medios de prensa.
Entre los cautivos tras el Desastre tendríamos que recordar al sargento José María Viatela Albamonte, jefe de la estación telegráfica de Sidi Dris en la que servía junto a los cabos Clemente Domínguez Alba y González Comas. El 22 de julio fueron inutilizadas las antenas y desde entonces solo contaron con la estación óptica que manejaban un cabo y 3 soldados. Milagrosamente pudieron sobrevivir a la evacuación del día 25 los tres operadores de radio. Clemente Domínguez, herido de gravedad, fue evacuado a Melilla mientras que Viatela y González fueron conducidos al cautiverio. En Annual se le encargó al sargento Viatela la supervisión de los víveres hasta su traslado al campamento de Ait Kamara en enero de 1922. Viatela falleció víctima del tifus el 27 de abril de 1922 dejando entre sus compañeros un hondo sentimiento, era conocido como el sargento de los niños, por las atenciones que prodigaba a los pequeños cautivos, hijos de los prisioneros civiles (44).
Compañero de cautiverio fue el soldado Carmelo Balsera González, natural de Santa Marta (Badajoz). Al producirse los sucesos de julio era el encargado de la estación telegráfica de Tuguntz, posición que tras duro asedio fue arrasada. Solo consiguieron sobrevivir 1 oficial y pocos soldados, entre ellos Carmelo que sería apresado y conducido al campamento de prisioneros de Annual y posteriormente al de Ait Kamara. Durante el cautiverio aprendió de manos del recordado teniente médico Fernando Serrano Flores, a realizar curas y se convirtió junto a otros compañeros en un abnegado e improvisado enfermero. Tras ser liberado en enero de 1923 regresó a su hogar y la corporación local le rindió homenaje y solicito por sus méritos tanto militares como humanitarios la Cruz Laureada que le sería denegada (45).

Florentín Villalba Brun (compañía de Telégrafos en Mehayast) y Saturio Araque Lorente 1ª Compañía de Zapadores. Ambos fueron capturados y permanecieron presos hasta el 27 de enero de 1923
José López Amate era en julio de 1922 cabo y operador de la estación ubicada en Ulad Aixa. Tras varios días de asedio la posición sucumbió muriendo la mayoría de sus defensores. José resultó herido, fue apresado y soportó un largo cautiverio de 18 meses. Tras la liberación fue ascendido a sargento y pudo regresar de permiso a su pueblo, Alhama de Almería, donde fue recibido con honores (46). Posteriormente continuaría su carrera militar en Melilla donde falleció prematuramente víctima de la tuberculosis a los 30 años. Ignoro si la enfermedad que acabo con su vida fue a consecuencia de los sufrimientos vividos en el cautiverio, no sería de extrañar ya que muchos murieron por enfermedades contraídas a resultas de las inhumanas condiciones debieron soportar. Igualmente destacado fue el cabo guarda-parque Jesús Taboada Pascual destinado en Nador donde sería herido participando activamente en la defensa de la fábrica de harinas.
Recordar también el sacrificio de los integrantes de la 17ª Estación de campaña ubicada en Igueriben que sucumbió el 21 de julio. Ninguno de los tres sobrevivió, cabo Valeriano Aguilar del Molino y soldados Enrique Cáceres Vargas y José Jauregui Aranguren. Semejante suerte corrieron los telegrafistas de Haf de los cuales solo he podido identificar a Jesús Chavarino Romera (47) que falleció junto a 3 compañeros. En otras posiciones como Buhafora, Morabo de Sidi Mohamed, Intermedia B, Intermedia A y otras muchas del amplio despliegue fallecieron todos los telegrafistas. Todos ellos aunque desconocidos, forman parte del cuadro de honor del Cuerpo de Ingenieros.

Agradecimientos
A Pedro Acosta García por facilitarme las fotografías de su bisabuelo Francisco García, el sargento que murió acordándose de sus hijos

Fotografías
Las imágenes del sargento García me fueron remitidas por Pedro Acosta García
Las dos fotografías de Monte Arruit me las cedió Mª Luisa Alonso Montalbán
Fotografía del soldado Florentín Villalba enviada por su nieto Juan Villalba Sebastián
Fotografía del soldado Araque:
Fotografía del soldado Blas Muñoz enviada por su nieta Victoria Muñoz
Fotografía del soldado Emilio Torres enviada por su nieta Meli Meléndez Torres
Fotografía del cuartel de ingenieros enviada por Leonelo Albert, nieto del teniente Antonio Albert Andreu
Fotografía del capitán Arenas, archivo familiar a través de su nieto Francisco Arenas Vicens

Notas

  1. Annual 1921. Ingenieros. Juan Tomás Palma Moreno, comandante de ingenieros. Documento cedido por el autor.
  2. Archivo histórico Nacional (AHN). Tribunal Supremo Reservado (TSR). Expediente 50.2. Estado de fuerzas y situación el 22 de julio. Folio 379.
  3. Archivo General Militar de Madrid. Correspondencia del Comandante General con el Alto Comisario. Carta fechada el  6 de febrero de 1921.
  4. AHN. TSN. Expediente 50.3. Pedidos de fondos para la Comandancia de Ingenieros. Folio 581.
  5. AHN. TSR. Expediente 51.7. Estado numérico demostrativo que tienen las expresadas compañías de la Comandancia de Ingenieros. Folio 1892.
  6. Episodios del Revés de 1921.  Antonio Sarmiento León-Troyano, capitán de ingenieros. Memorial de Ingenieros. Madrid, marzo de 1922. Antonio Sarmiento había nacido en Sevilla el 7 de febrero de 1892. Oficial de ingenieros y experto en criptografía y desencriptación. Falleció en Sevilla el 30 de abril de 1976 habiendo alcanzado el empleo de general de brigada.
  7. AHN. TSR. Expediente 50.2. Estado de fuerzas y situación de las tropas de la Comandancia General de Melilla el 22 de julio de 1921. Folios 330r-378r.
  8. Episodios del Revés de 1921, ya citado.
  9. 18 Meses de Cautiverio. Eduardo Pérez Ortiz. Editorial Interfolio, Madrid 2010. Páginas 56-57. Pérez Ortiz nació en Miranda de Ebro en 1865 y falleció en Melilla el 29 de octubre de 1954. En julio de 1922 mandaba un batallón del regimiento San Fernando 11.
  10. Episodios del Revés de 1921. Sarmiento cifra en 60 las bajas de la 3ª Compañía de Zapadores.
  11. Carta del capitán de fragata Francisco Javier de Salas González, capitán del cañonero Laya. La carta fue remitida al coronel López Pozas y publicada en diferentes medios. Se puede consultar en Biblioteca Virtual de Prensa Histórica. La Correspondencia de España 24 de agosto de 1921. Sobre la concesión de la medalla militar ver El Telegrama del Rif 05/07/1922 en Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.
  12. AHN. TSR. Expediente 50.1 y 51.11. Telegramas y conferencias telefónicas del Comandante General de Melilla, Alto Comisario y Ministro de la Guerra. El texto del citado telegrama enviado desde Dar Drius  las 02.10 horas dice textualmente: “Moral tropas está tan deprimida que no me comprometo a operar. Estimo que solo la llegada inmediata tropas de refresco en cantidad bien organizadas podrían salvar esta crítica situación”.
  13. AHN. TSR. Expediente 51.13. Folio 3413 (manuscrito y emborronado). En el texto Navarro comunica que la única solución que se le ocurre es replegarme sobre Batel, se citan las posiciones dependientes de Drius a las que se debe comunicar la orden de repliegue. Azrú, Izen Lassen, Buhafora, Hamuda, Tafersit, Azib del Midar, Tzyudai, Posición A, Tamasussin y Ain Kert. Todas deben replegarse sobre Cheif  las 4 horas y desde allí partir en dirección Haf y posteriormente al Zoco Telatza de Beni Bu Beqer. En la relación no se incluye a Yemaa de Nador y Halaud, Haman y Uestia. Estas dos últimas se incorporarán al paso de la columna, mientras que la primera se replegó a Dar Drius y por ello no se hallaba en la relación anterior.
  14. AHN. TSR. Expediente 51.2. Folios 537-538. El telegrama dice textualmente. “Aun cuando ignoro la situación al momento presente, encarezco a V.E. conveniencia de concentrar todo esfuerzo esas tropas por lo menos en la línea Drius, Dar Quebdani y Zoco Telatza”. Asimismo le anuncia la salida de refuerzos.
  15. Sigifredo Sainz Gutiérrez. Con el general Navarro, en operaciones, en el cautiverio. Editorial Sucesores de Rivadeneyra. Madrid 1924. Página 20. Sigifredo Sainz nació el 3 de octubre de 1887. Ingresó en la academia de infantería en septiembre de 1904 y posteriormente se diplomó en Estado Mayor. Falleció prematuramente en Madrid el 17 de marzo de 1933 siendo comandante.
  16. Según consta en el citado libro de Sainz los efectivos de la retirada de Drius los formaban: 260 de Ceriñola 42, 543 de África 68, 162 de Melilla 59, 720 de San Fernando 11, 342 de artillería y 480 de ingenieros. Total 2507. También habría que incluir efectivos de Sanidad y se llegaba a la cifra de 2566 que se aporta en el libro de Sainz. En el libro citado de Pérez Ortiz se cifra en 390 los efectivos de Ceriñola y en 356 los de África 68.
  17. Diario del capitán  Jesús Aguirre Ortiz de Zárate. El capitán presto además diversas declaraciones entre febrero y mayo de 1923. Jesús Aguirre nació en Villareal (Álava) el 4 de junio de 1890 y falleció el 15 de junio de 1956 siendo general de división y diplomado de Estado Mayor.
  18. AHN. TSR. Expediente 51.13. Notas Sin foliar atribuidas al capitán Sainz y también en su libro ya citado página45. Efectivos de la columna 1295 hombres útiles y 252 heridos y enfermos. Contaban con 60 caballos, 24 mulos y 22 camillas. De los mulos habría que deducir: 7 que transportaban cajas de municiones y 4 cargados con carricubas repletas de cartuchos Mauser. En página 48 se añade que de los 1295 hombres útiles habría que deducir 176 para camilleros y de los heridos, 157 deberían marchar a píe.
  19. AHN. TSR. Expediente 51.20. Informe del fiscal José García Moreno folio 6296v.
  20. Sigifredo Sainz. Página 49
  21. Sigifredo Sainz. Página 48
  22. Sigifredo Sainz. Página 49
  23. AHN. TSR. Expediente 51.18. Testimonio del capitán de artillería Alfredo Correa Ruiz. Folios 5166-5167
  24. Sigifredo Sainz. Página 52
  25. AHN. TSR. Expediente 51.13, folio 3324. Declaración del general Navarro: “Se me hace difícil la determinación de la cifra, pero el declarante cree que ascendieron a unos 140 entre muertos y desaparecidos, llegando gran número de heridos a la posición”.
  26. AHN. TSR. Expediente 51.13 sin foliar. En esta nota de difícil compresión y muy emborronada se anota que durante la retirada se produjeron 728 muertos y 139 heridos. La cifra podría no ser correcta ya que existe gran confusión en el documento. Prueba de ello es que en la nota se cifra en más de 2500 el número de hombres que se retiraron de Tistutin y en el libro de Sainz se indica que fueron 1547 (1295 útiles y 252 heridos y enfermos). Esta discrepancia será de suma importancia a la hora de calcular los efectivos que se reunieron en Monte Arruit.
  27. En Torno a Annual. Julio Albi de la Cuesta. Publicaciones del Ministerio de Defensa 2014. Página 414, el autor cifra en 3165 los defensores (2201 de la columna Navarro y 964 presentes en Monte Arruit). Historia Secreta de Annual Juan Pando Despierto. Editorial Temas de Hoy 1999, página 156, el autor cita que eran 3017. Sigifredo Sainz, ya citado, los cifra en 3017. El Derrumbamiento, Augusto Vivero. Editorial Rafael Caro Reggio 1922. Páginas 254-255 El autor cita que eran 2500.
  28. AHN. TSR. Expediente 51.13. Nota sin foliar ya citada
  29. AHN. TSR. Expediente 51.13. Nota sin foliar ya citada. En el mismo documento se citan los víveres existentes
  30. AHN. TSR. Expediente 51.20. Informe del fiscal José García Moreno folio 6296v.
  31. Juan Tomás Palma. Página 44
  32. Sigifredo Sainz Gutiérrez página 53
  33. Juan Tomás Palma. Página 46
  34. AHN. TSR. Expediente 51.12. Declaración del soldado Chenovart folio 3274.
  35. ABC. 18 de noviembre de 1921. Fotografía familia Carreras Miralles
  36. ABC. 7 de diciembre de 1921.
  37. Diario Oficial del Ministerio de Marina. 30/01/1922. Bases para la convocatoria del donativo del Somatén. D.O. 23
  38. AHN. TSR. Expediente 51.18. Relación de bajas de la Comandancia General de Melilla desde el 17 de julio al 10 de agosto de 1921, folio 2174
  39. Archivo General Militar de Madrid. Fondos de la Comandancia General de Melilla. Caja 41. Relación de desaparecidos de los diferentes Cuerpos. Información cedida por Jesús Castillo Vidal.
  40. AHN. TSR. Expediente 50.2. Estado de fuerzas y situación el 22 de julio. Folio 379.
  41. El Telegrama del Rif, Melilla 08/02/1923. Artículo de Parravichino.
  42. AHN. TSR. Expediente 51.38. Testimonios de los cabos Soriano Expósito y Robles Serrano folios 43 y 144 respectivamente.
  43. Diario Oficial del Ministerio de la Guerra. 01/02/1924. Concesión de la Cruz de Beneficencia. D.O. 26
  44. Memorias del Cautiverio. Francisco Basallo Becerra. Editorial Mundo Latino
  45. El Correo de la Mañana, Badajoz. 20/03/1923
  46. La Independencia, Diario de Noticias, Almería. 13/025/1923
  47. Intrahistoria del Desastre de Annual. Rafael Ángel Contreras Cervantes. Publicaciones del Ministerio de Defensa, Madrid 2016. Página 430. Edición pdf.

miércoles, 7 de marzo de 2018

Gabriel de Morales Mendigutia. Detalles de su muerte el 22 de julio

La muerte del coronel Gabriel de Morales



Artículo publicado en la revista Trápana en enero de 2018. Editada por la Asociación de Estudios Melillenses a cuyos miembros y simpatizantes dedico esta investigación.

No cabe duda de que entre todos los personajes que forman parte de la historia del Desastre de Annual despunta la figura de Gabriel de Morales Mendigutía. Notable arabista, escritor, historiador y académico, diplomado de Estado Mayor y oficial de valor acreditado. Africanista en su mejor acepción tras 22 años de servicio en el protectorado y experto conductor de tropas indígenas, cuyo idioma dominaba a la perfección. El coronel Morales fue un pilar básico del ejército de Fernández Silvestre, su cordura y acertada visión sirvió en muchas ocasiones al comandante general para resolver cuál fue la estrategia a seguir. Ambos, fallecieron el 22 de julio aunque al prestigioso coronel se le pudo dar sepultura, su cuerpo fue el único que Abd el Krim consintió en devolver.
Dividiré el relato de los últimos momentos de su vida en tres tramos. El primero comprende la distancia que media entre el campamento de Annual y la posición de Izumar. El segundo, desde la cumbre del desfiladero de Izumar hasta el puente de madera, situado en el camino de Ben Tieb, tras rebasar la posición intermedia B. Finalmente, el tercer intervalo, que abarca desde el puente hasta el lugar donde murió el coronel. Debo resaltar que el cálculo de las distancias es aproximado, máxime teniendo en cuenta que en determinados momentos se desviaron por barrancos para evitar ser tiroteados. Tras tener acceso a las declaraciones de cuantos afirmaron haber visto vivo  o ya muerto al coronel no me cabe duda de que el óbito se produjo muy cerca del lugar donde señalaré.  Lejos del campamento de Annual, donde se inicia esta investigación.

Revista Trápana, 2017


Gabriel de Morales y Mendigutia

Militar, historiador y escritor nacido en Sancti Spiritus, Cuba, el 12 de diciembre de 1866. Ingresó en el ejército como alumno de Estado Mayor en septiembre de 1884. Participó en la guerra de Cuba en 1897. En 1909 siendo comandante tomó parte en la Campaña de Melilla, fue ascendido a teniente coronel por méritos de guerra. Desarrolló la mayor parte de su carrera en Marruecos  y en abril de 1919 fue designado jefe de la Subinspección de Tropas y asuntos Indígenas de Melilla, cargo que ocupó hasta su muerte acaecida el 22 de julio de 1921. Fue miembro de la Real Academia de la Historia, gran conocedor de la cultura e idiomas locales y autor de varios libros, entre ellos “Datos para la historia de Melilla (1497-1909)”. Su indiscutible conocimiento del territorio y de la idiosincrasia rifeña le valió ser pieza clave en el ejército del general Manuel Fernández Silvestre. Su cuerpo fue el único que Abd el Krim consintió en devolver a las autoridades españolas. Desde entonces sus restos reposan en el panteón de héroes del cementerio de Melilla.
 
Gabriel de Morales Mendigutia 1866-1921
Campamento de Annual, 22 de julio de 1921

Primer tramo, un coronel solo y cabizbajo

Siguiendo los propósitos dictados por el general Fernández Silvestre, se inicia de mañana la evacuación del campamento de Annual. Los planes para afrontar la retirada son ordenados por el general al capitán Emilio Sabaté Sotorra, jefe de Estado Mayor en Annual y uno de los testigos clave en esta investigación. En aquel momento el coronel Morales se haya junto al general y su cuartel general compuesto por los siguientes oficiales: Coronel Francisco Manella Corrales (jefe del campamento), teniente coronel Enrique Manera (ayudante del general), comandante Juan Pedro Hernández Olaguibel (secretario del general), capitán Ramón Arce Iradier (ayudante de Manella), capitán Emilio Sabaté Sotorra, capitán de ingenieros en prácticas de estado mayor Antonio Valcárcel Gallegos (1) y teniente José Civantos Canis (Secretario del coronel Morales).
La tienda del general se halla en el primitivo campamento, también conocido por Ceriñola, junto a la estación de radio. Al iniciarse la retirada el cuartel general se desplaza junto a la entrada de la posición, donde se hallaba el emplazamiento de la 2ª batería ligera. En un lugar próximo, probablemente junto a los caballos, se hallan los miembros de la escolta montada del general, todos pertenecientes al regimiento de Alcántara 14 (2). Todos los integrantes de la escolta serían dados por desaparecidos y por tanto no disponemos de su testimonio, sin embargo, queda constancia de que hasta el último momento permanecieron junto al comandante general y su estado mayor. Para ello disponemos de la declaración del asistente del capitán Emilio Sabaté, Florentino Moreno Martín (3). Su testimonio no deja lugar a dudas, Silvestre ordena al sargento Ramírez que abandone el campamento junto a los caballos y parta en dirección a Melilla. Florentino afirmó que partió junto a sus compañeros dejando en Annual los caballos del capitán Sabaté y los demás oficiales. Posteriormente abandonaron el campamento pudiendo alcanzar al regimiento de caballería que en ese momento aún se hallaba desplegado en la pista donde participaban en la fortificación de una posición junto al puente de madera sito en la pista de Annual a Ben Tieb. Tras participar en las cargas del Igan el soldado Moreno fue enviado junto al alférez Souza y una sección a Zeluán donde tras la capitulación fue hecho prisionero. Florentino consiguió escapar del cautiverio el 14 de octubre y logró llegar hasta zona francesa desde donde fue repatriado a Melilla, falleció en Almiruete (Guadalajara) en 1982.
Para poder tener mejor conocimiento de estos precisos instantes utilizaré en primer término la declaración del capitán Sabaté (4) ante el general Picasso y también una carta que dirigió al coronel de estado mayor Cándido Pardo- fechada el 15 de agosto- quien a su vez la hizo llegar al rey (5). La carta es mucho más precisa, extensa y aporta información interesante sobre los últimos momentos en Annual. La confusión que domina el campamento es tal que Sabaté debe dar las órdenes sin poder comprobar ni asegurar que se reciban ni mucho menos que fueran cumplidas.
“Tales fueron las órdenes en conjunto, unas oídas personalmente y otras por indagación, pues en las múltiples misiones que tenía que desempeñar, no puedo responder, al tener que estar separado del General”

Señalado en rojo, capitán Emilio Sabaté Sotorra. 1-Capitán Bernardo Gil Pina (secretario del general Fernández Silvestre). 2- Capitán aviador Pío Fernández Mulero. 3- Teniente coronel Primo de Rivera. 4-Coronel Francisco Manella. 5-General Fernández Silvestre 6- Coronel Gerardo Sánchez-Monge. 7-Capitán Jacinto Dolz del Castellar. 8-Teniente coronel Fidel Dávila.
Cuando por fin se inicia la evacuación abandonan el campamento en primer lugar los heridos, el comandante general le ha pedido a Sabaté, cito textualmente, “que había que salvarlos como una reliquia”. Sin embargo, al poco de salir a lomos de las artolas se lanzan a la carrera mezclándose con el ganado de la batería móvil y produciéndose una desbandada. En ese momento el capitán decide intentar frenar la desordenada retirada ante el mal efecto que produce entre las tropas  que abandonan el campamento y las que esperan su turno. Sería la última vez que Sabaté vio al comandante general y a sus ayudantes, ya que partió en dirección Izumar cruzando un barranco y solo (6). Refuerza el testimonio del capitán la declaración del teniente José Civantos Canis (7) que se hallaba aún junto al comandante general y el resto de oficiales. El ayudante de Morales observó como Sabaté se alejaba para intentar ordenar la retirada y poco después pidió permiso a su jefe para ir a buscar un caballo ya que el suyo había sido muerto el día anterior. Civantos ya no volvió al lugar del que partió ya que le mataron la nueva cabalgadura, posteriormente resolvió que ya no podía volver al campamento al ser herido levemente. A continuación le cedió un mulo un sargento de artillería con el que consiguió llegar hasta Ben Tieb donde pidió al teniente coronel Primo de Rivera otro caballo con el que pudo alcanzar Dar Drius desde donde en ambulancia fue evacuado, con una herida leve, hasta Tistutin y de allí en tren a Melilla. El teniente consiguió cuatro cabalgaduras, una evacuación en ambulancia y otra en tren hospital  el mismo día y habiendo sido herido tan solo levemente.
Corrobora la afirmación de que Sabaté no se hallaba junto al general el testimonio que dejo escrito en su libro el teniente coronel Eduardo Pérez Ortiz. Este, al mando del batallón de San Fernando, pidió personalmente autorización para partir al propio general al no hallar a Sabaté (8)
El capitán ya no regresó al lugar del que partió, en el cruce de los campamentos se encontró con los capitanes de policía Carrasco y Aguirre a los que instó a reforzar la retirada de los Regulares. Poco después y viéndose aislado se dirige a un barranco desde donde se llega a Izumar encontrándose por el camino en primer lugar al alférez de San Fernando Gabino Díaz Abad al que conoce, su padre (Arturo Díaz Martín) es oficial de oficinas militares en la Escuela Superior de Guerra. El joven alférez va herido y Sabaté ordena a su asistente que le ceda el caballo, Díaz conseguirá llegar hasta Monte Arruit donde morirá el 9 de agosto. Después se encuentra antes de llegar a la Intermedia C a uno de los supervivientes de Igueriben, no es de extrañar que el capitán lo conociera ya que el día anterior los había visto junto a la tienda del general Fernández Silvestre. Sabaté monta a lomos de su caballo al superviviente y con él se dirige hacia el Izumar. 

Marzo de 1920. El coronel Morales y los generales Fernández Silvestre y Monteverde en una visita a una granja en el Muluya. Entre ambos generales se aprecia al coronel Sánchez-Monge y a la izquierda al teniente coronel Fidel Dávila.
¿Cuándo se separan Fernández Silvestre y los dos coroneles?, uno de los últimos en verlos con vida y juntos fue el suboficial de Ceriñola Juan García Bernal (5ª Cía. del III batallón) que a las órdenes del teniente Valls de la Torre se halla en el reducto del campamento (9). El teniente Valls decide enviar un hombre para saber que debe hacer, el elegido es el sargento José Montserrat (10). Bajo una lluvia de balas corre el sargento hasta donde se halla el coronel Manella quien le ordena, estando presente el comandante general, que resista hasta que salga el último hombre de la posición. El sargento vuelve al reducto a la carrera y comunica a su oficial la orden, la cumplieron de sobras aguantando hasta que el campamento fue invadido. Los hombres (11) que manda Valls de la Torre fueron los últimos de Annual. Cuando la situación era desesperada y los rifeños ya habían invadido el campamento, abandonan los de Ceriñola el reducto y se dirigen al cruce de caminos de los tres campamentos. Poco después García Bernal, ve a unos 1300 metros de la posición de Annual al comandante general y al grupo de oficiales entre los que se halla el coronel Morales. Después, ya casi nadie los volvería a ver. La declaración del suboficial de Ceriñola sitúa al general lejos de su tienda, pistola en mano y andando tranquilamente el camino entre Annual y la intermedia (se refiere a la posición C). Hacía memoria Bernal y recordaba que le ofrecieron un caballo al general y lo rechazo. Similar testimonio prestó el cabo Demetrio García Jiménez (1ºCía/I Bon Ceriñola) en el sentido de haber visto al general y a los dos coroneles en la puerta principal, saliendo posteriormente junto a ellos hasta llegar al campamento de Regulares donde escuchó al general negarse a aceptar un caballo que le ofrecía un oficial 2º de Policía (12).
Por tanto, junto al campamento de Regulares, es donde los testigos afirman que vieron por última vez al general y a los dos coroneles. Allí se separan. Francisco Manella continuó la marcha hacia el desfiladero junto a cocineros, rancheros y algunos rezagados, montaba a caballo. Morales permaneció algunos momentos más junto al general. El soldado de ingenieros Antonio Moreno García al evacuar el campamento afirmó haber visto como se abrazaban el general Fernández Silvestre y el coronel Morales (13). Testimonio similar prestó el artillero del mixto Pablo Molina Díaz que los vio juntos, pistola en mano y abandonando el campamento (14). Posteriormente los siguientes testigos y aunque resulte incomprensible verían al coronel solo y caminando por la pista en dirección Izumar.
En aquellos momentos la mayoría de unidades han abandonado Annual, sin embargo aún hay fuerza que no lo ha hecho por hallarse fuera del campamento. La 11ª Mía de Policía  ha llegado el día 20 al campamento, tras participar el 21 en el intento de convoy a Igueriben se les ordena ocupar unas casas en la vanguardia de Annual, en dirección Buymeyan. Manda la Mía el capitán de caballería Gerardo González- Longoria y cuenta con dos oficiales -los otros dos fueron heridos y evacuados el día 21- y unos 150 hombres, además de los efectivos de la Harka amiga. El 22 por la mañana recibe el capitán una orden del comandante Jesús Villar donde le ordenan se mantenga en su puesto y devuelva varias cajas de municiones. Posteriormente recibe del sargento de policía Yiamani, la que posiblemente fuese la última orden escrita por el coronel Morales  y que el capitán guardó y entregó al general Picasso(15):
 “Longoria: Nos vamos a marchar: se da la orden a Dhar Buimeyan para que lo abandone: Le mando a Yiamani para que le indique el sitio desde el cual podría V. apoyar esta retirada, aunque supongo que saldrá de aquí alguna fuerza más, ya le enviaré nuevas instrucciones”.
El capitán Gerardo González- Longoria Aedo y su familia en el parque Hernández de Melilla
La orden deja atónito al capitán y a sus dos oficiales, tenientes Alfredo Martínez Baños y Joaquín D’Harcourt Got. A todos les resultaba inexplicable una retirada teniendo en cuenta las fuerzas reunidas en Annual. Poco duró la estupefacción ya que sin tiempo para reaccionar aparecen un sargento y varios soldados de Ceriñola que han evacuado Buimeyan y narran el ataque a la posición. El capitán y sus hombres atraviesan el campamento principal, no viendo en primera instancia cadáveres y encontrando tan solo algunos rezagados. No ven ni al comandante general ni a sus ayudantes que probablemente ya han muerto pero tras rebasar el cruce de campamentos se topan con el coronel Morales, que anda “cabizbajo, abatido y solo”.
Longoria, atónito, al ver a su coronel en tal estado(16), arenga a sus pocos hombres para que arropen al coronel y ordena a Martínez Baños que le suba a la grupa de su caballo(17). El oficial (18) le pide al coronel que suba a la cabalgadura pero este se muestra reticente. “Nada hacía por salvarse y hasta me estimulaba a salvarme yo”, declaró ante Picasso meses después. El grupo se separó ya que el peso de los dos oficiales ralentizaba el paso del animal, quedan solos y optan por seguir monte arriba en dirección al cerro de Izumar. Poco antes de llegar matan al caballo y se ven obligados a llegar hasta la cima andando y expuestos. El teniente sitúa este momento en algún punto una vez superada la posición Intermedia C (19).
En aquel lugar se encuentran con un grupo entre los que se halla el coronel Manella y algunos hombres de la compañía del capitán de Ceriñola Morales Tovalina (20). El jefe de Alcántara intenta a todo trance organizar un último eslabón de defensa que ayudaría a contener a los atacantes que a esas alturas se hallan cerca de la cola de la columna. Ayudan a Manella en diferentes momentos, la menguada compañía de Morales Tovalina de Ceriñola y el comandante de África Andrés Piña. El teniente Baños le pide a Manella que se haga cargo de Morales, le suba a su caballo y parte en la creencia de que así será. Manella contesta maquinalmente, ocupado como está en intentar lo imposible. Tampoco ayudan a entender el momento las declaraciones de los testigos que en este punto resultan harto confusas. Tanto Martínez Baños como D’Harcourt partirán por separado, al primero un askari le monta a su caballo y con él se aleja del peligro consiguiendo llegar hasta Ben Tieb. El médico, que ha cedido su caballo a un herido se aleja de la guerrilla y se encuentra poco después a Morales (21). De aquella guerrilla, Manella, Piña, Morales y algunos soldados, quedan muy pocos testigos. La gran mayoría muere antes de alcanzar el Izumar (22).

Grupo de oficiales de Policía Indígena. Señalado en rojo el teniente Alfredo Martínez Baños. Señalado con el número 1 el teniente médico Damián Navarro García (1895-1978). Fotografía cedida por D. Juan Antonio Navarro, hijo del teniente Navarro.
Poco después y  antes de coronar el desfiladero, Morales y D’Harcourt se encuentran con el capitán Sabaté, que había sido testigo de los primeros momentos y lo será de los postreros. Los tres junto a un pequeño grupo (23) consiguen llegar hasta las proximidades del asentamiento de la posición de Izumar. Allí se encuentran con el capitán de San Fernando López Vicente y los restos de su compañía (24). Arde el depósito de la abandonada posición y aunque la idea original era hacerse fuerte allí, no queda ya tiempo para defensas a ultranza (25). Por entonces son ya muchos los cadáveres que jalonan un camino donde la salvación es cada vez más difícil. Deciden entonces seguir la pista en dirección a la intermedia B, Morales consiente en que cada uno abandone el lugar por donde crea conveniente. En ese punto quedan solos Morales, Sabaté, D’Harcourt y un pequeño grupo de desconocidos soldados. Por tanto y basándonos en las declaraciones de numerosos testigos el coronel consiguió coronar el Izumar sin tan siquiera resultar herido. En este primer tramo recorrieron aproximadamente 5,4 kilómetros, distancia que separa el centro del campamento de Annual del cruce entre la pista y el camino que conducía a la posición de Izumar.

Segundo tramo. Una herida y un juramento

Cubre este segundo tramo la distancia entre el alto del desfiladero de Izumar y el puente de madera que se había construido poco antes y estaba situado en el portillo de Beni Assa, entre la Intermedia B y Yebel Uddia, dirección Melilla. Es el tramo más corto de los tres y medía alrededor de 2,4 kilómetros, justo hasta llegar a la curva donde encajonado en un barranco se hallaba el recién construido puente de madera.
Hasta ese momento, según recordaba el médico, no habían visto demasiado material abandonado, sin embargo antes de llegar a la Intermedia B comienzan a ser evidentes los efectos de la retirada por la sinuosa y estrecha pista. Cuerpos y heridos se mezclan con cañones, cajas de municiones y todo tipo de pertrechos y en ese estado llegan hasta las cercanías del puente (26) donde discurre la peor parte del trayecto. 
Señalado en rojo, teniente médico Joaquín D'Harcourt Got (1896-1970)
Ya en ese momento el coronel era consciente de la dificultad que significaría poder franquear la distancia que mediaba hasta llegar a Ben Tieb (quedaban aproximadamente 11 kilómetros). A Sabaté le comentó que todo era inútil, por haberse rezagado de la columna y que lo único que cabía era hacer el mayor daño posible al enemigo y seguir avanzado resueltamente para conseguir por lo menos que se salvase alguno.  Pero ante todo le preocupaba caer con vida en manos de los rifeños. Sabaté y D’Harcourt se han quedado sin municiones en sus pistolas y recogen dos fusiles abandonados. Antes de llegar a la intermedia B el coronel sabedor del peligro y temeroso de caer mal herido en manos del enemigo pide a los dos oficiales que se juramenten para que en caso de ser malheridos se rematen entre ellos. Duro trance para los dos jóvenes oficiales que aún así dan su palabra a Morales, tal vez sin ser conscientes de la dificultad que entrañaría cumplir tal juramento.
En aquellos momentos cerca de donde se hallan, resisten todavía  los hombres del capitán Miguel Pérez García que guarnecen la intermedia B(27). En aquel momento son los únicos que aguantan ya que la columna de Annual está a punto de llegar a Ben Tieb. El haberse acogido al amparo de esta posición no hubiera librado al coronel y a sus acompañantes. Los defensores de la intermedia abandonaron la posición tras morir el capitán intentando llegar a Yebel Uddia. De los cien hombres que formaban su guarnición tan solo sobrevivieron  los soldados Manuel Reyes Bernal y José Chao Saavedra que serían capturados (28).
El reducido grupo de Morales divide sus fuerzas para poder afrontar este tramo en el que son duramente hostilizados. De los márgenes del camino se ocupan los dos oficiales mientras que Morales transita por el centro de la pista. Al llegar al puente de madera recibe el coronel un disparo en un muslo, la herida no es mortal pero desde ese momento el coronel no vuelve a poner pie en tierra, las posibilidades de llegar a Ben Tieb se desvanecen por segundos.
Prueba de la dificultad que supuso atravesar este segundo tramo constituye el testimonio del teniente coronel Pérez Ortiz (29).
 “El camino, el fondo del barranco, los ribazos están sembrados de cajas de municiones, bastes, ruedas y piezas de montaña. Ametralladoras, fusiles partidos, cubas  mantas, equipos y camillas. El cuadro es tristemente grandioso, dantesco y horrible, el que caiga estará perdido porque no habrá quien le auxilie”
Horas antes de aquel momento, una columna al mando del teniente coronel Primo de Rivera y formada por los escuadrones de Alcántara, tres compañías de Ceriñola, una de ingenieros y servicios han partido de Ben Tieb con el objetivo de situar una nueva posición en las cercanías del puente de madera, en el portillo de Beni Assa. La idea había partido del capitán Fortea de la Policía Indígena, fue supervisada por el coronel Morales y aprobada por el general Fernández Silvestre. Mientras los ingenieros fortifican la nueva posición se produce la retirada de Annual que conllevaría que los trabajos fuesen suspendidos. Una parte de la columna consigue regresar a su punto de partida en Ben Tieb siguiendo el camino principal. Otros no tienen más  remedio que retirarse siguiendo el curso de los barrancos existentes junto al puente que tendido sobre una torrentera corta el camino. Estos, la mayoría del regimiento de  Ceriñola y algunos ingenieros, serían los siguientes en ver con vida al coronel Morales (30). La comitiva del coronel supera por tanto el segundo tramo de su retirada. Ben Tieb se halla a pocos kilómetros. A partir de este punto el camino que discurre encajonado entre barrancos y zigzagueando se convierte en más llevadero.

Tercer tramo, muere el coronel

Honorato Hernando (31)  nunca había entrado en combate pero sabía lo que se esperaba de un oficial en esas circunstancias y supo conducir a sus hombres hasta que una bala rifeña le dejó sin vida junto a la pista. Poco antes formando parte de la 6ª compañía del tercer batallón de Ceriñola se hallaba junto a sus hombres instalando la nueva posición. Sin finalizar la fortificación reciben la orden de abandonar los trabajos y retirarse hacia Ben Tieb. La sección de Hernando no se dirige hacia el puente de madera sino que cruzando barrancos logra alcanzar la pista más allá del puente, a la derecha del camino en dirección Melilla. Al alcanzar el camino divisan a un pequeño grupo que avanza por delante, por los uniformes saben que son españoles.

Teniente Honorato Hernando Romero (1900-1921)
El teniente saca su silbato reglamentario y pita varias veces sin que observe que nadie le preste atención y decide enviar al sargento Juan González de Mendoza (32). A la carrera el sargento llega hasta la altura del grupo y consigue que se paren y esperen a que se incorpore la sección de Ceriñola. González reconoce al coronel y a sus dos acompañantes pero no al resto de soldados que los acompañaban, algunos iban heridos recordó ante Picasso. D’Harcourt recordaba el encuentro perfectamente y también que la sección se defendía ordenadamente bajo la supervisión del teniente Hernando. Al llegar a la altura del coronel, el joven oficial se cuadra y el jefe de policía les conmina a unirse a ellos, según el testimonio del sargento González el coronel iba a caballo y herido en una pierna lo que concuerda con la declaración de D’Harcourt y Sabaté.
La sección de Ceriñola la formaban tan solo unos 20 o 25 hombres, el teniente Hernando, los sargentos José Lafuente Mayo (33) y González de Mendoza los soldados Serafín Aparicio Moreno (34) y otros de nombre desconocido. El grupo del coronel Morales estaba formado por unos veinte individuos de diferentes cuerpos, entre ellos se hallaba Pedro de Dios Serrano, de la 3ª compañía de zapadores (35) que hasta hace poco fortificaba la nueva posición. Las posibilidades de defenderse y poder llegar hasta Ben Tieb se incrementaban.
Se despliega  la guerrilla defendiendo ambos lados de la pista, el soldado de Ceriñola Serafín Aparicio permanece junto a su teniente, es un reconocido tirador. El coronel a caballo circula en el centro de la comitiva. Al poco de unirse ambos grupos Sabaté divisa un poblado cercano y ordena que la tropa se despliegue. Es en este momento cuando según todos los testigos se produce la muerte del coronel.
Según el capitán, el disparo se produjo desde una casa distante 20 pasos del camino. Lo sostuvieron unos momentos mientras que Morales les conminaba a cumplir su palabra y pedía ser rematado. Posteriormente tuvieron que dejarlo unos momentos para hacer frente al fuego que recibían y diez minutos después falleció, la muerte la confirmo el médico tras tomarle el pulso. Consecutivamente los supervivientes continuaron la marcha y Sabaté resultó herido en una pierna, el capitán sitúa el momento poco antes de llegar al cruce que conduce al Morabo de Sidi Mohamed.
El teniente D’Harcourt que acompaña a Morales desde hace kilómetros lleva de la mano el caballo del coronel que herido no puede manejar las bridas. Desde una higuera cercana suena un disparo que hiere al coronel mortalmente en el hígado. Lo baja del caballo y sabedor mejor que nadie de la gravedad de la herida se dispone a cumplir su palabra. Levanta el fusil y lo acerca a la sien del coronel, circunstancia que horroriza al capitán Sabaté, y finalmente desiste de disparar sobre el coronel. El médico testificaría (36) que la herida era mortal de necesidad y el pulso tan débil que poco después falleció. Sufrió una tremenda hemorragia. Tras fallecer el coronel se reúnen los tres oficiales, la situación es dramática y son atacados desde ambos lados del camino, el trance fue tan apurado que hasta pensaron en suicidarse (37). Finalmente optan por ascender un barranco próximo (tendrían hasta que trepar para salvar la pendiente), en los momentos posteriores sitúan Sabaté y D’Harcourt la muerte del joven teniente Hernando y varios soldados. En las declaraciones de ambos oficiales se citan como supervivientes al soldado de Alcántara Vicente Gómez, asistente de Sabaté,  a un suboficial de San Fernando, un sargento de ingenieros y un soldado de intendencia todos ellos de nombre y paradero desconocido. Ileso también resultó el soldado Serafín Aparicio que a sus hombros cargó a sus compañeros hasta Ben Tieb. 

Señalado en rojo Serafín Aparicio Moreno, cabo del regimiento Ceriñola 42. Fotografía cedida por su hija Carmen Aparicio Bermúdez.
José Lafuente declaró que la descarga alcanzó de lleno al coronel que quedo abrazado al cuello del caballo pidiendo que le remataran. Instantes después cayó al suelo mientras seguían sonando detonaciones, una de las cuales mato al caballo que montaba el coronel. Sitúa el lugar a unos ocho kilómetros de Ben Tieb. Nada se pudo hacer con el cadáver ya que el único caballo había sido abatido.
Similar testimonio prestó González de Mendoza con la salvedad de que sitúa el disparo que mato al coronel a 50 metros y a  la derecha del camino (en el sentido de la marcha). Emplaza el lugar en una cuesta tras la cual se podía divisar Ben Tieb. Afirmó igualmente que el coronel demandó ser rematado y que poco después murió. Los dos sargentos y el capitán Sabaté fueron heridos.
El soldado Pedro de Dios afirmó haber visto morir a Morales aunque no aporta en su entrevista más detalles que el óbito se produjo más allá del puente de madera, junto a un regato. Posteriormente sería capturado permaneciendo cautivo hasta febrero de 1923.
Finalmente, Serafín Aparicio, que no prestó declaración en el expediente Picasso, afirmo al ser entrevistado (38) que el disparo provino de una arboleda cercana. Relata después el posterior contraataque y también que herido el capitán Sabaté lo cargó a sus espaldas hasta llegar a Ben Tieb de donde serian evacuados.
Tanto Sabaté como D’Harcourt y González de Mendoza resultarían heridos por impacto de bala mientras que Lafuente se fracturó el brazo. Todos conseguirían llegar a Ben Tieb y posteriormente se les evacuaría a Melilla. El soldado Aparicio por el contrario quedo en Dar Drius de donde se retiraría con la columna del general Navarro el día 23. En el repliegue fue apresado y conducido a Tafersit. De allí conseguiría escapar y tras una odisea de siete días escondido y alimentándose de raíces consiguió llegar herido y exhausto al Zoco del Hach. Tras ser curado en Melilla, recibió un balazo en una pierna, fue evacuado a Málaga y en el tren hospital a Sevilla. 

Hospital de la Cruz Roja de Málaga, septiembre de 1921. Señalado con el número 1, sargento José Lafuente Mayo. Número 2, capitán Emilio Sabaté sotorra (de paisano). Todos los protagonistas de esta fotografía son supervivientes del Desastre, entre ellos los sargentos Ramón Miró, Alfonso Salvador y González Mendoza.
Si relacionamos los testimonios de los últimos en ver con vida a Morales se deduciría lo siguiente. El coronel fue muerto en la pista, tras pasar el puente de madera a una distancia aproximada de 7 a  8 kilómetros de Ben Tieb. Coincidiendo el terreno con la ubicación a la derecha (en el sentido de la marcha) de la posición de Yebel Uddia y poco antes de llegar al cruce que a la izquierda parte hacia la elevación donde se hallaba el Morabo de Sidi Mohamed. No se puede afirmar con rotundidad si el disparo procedió de la derecha o de la izquierda del camino. Allí quedó su cuerpo que días después sería localizado por prisioneros españoles.
La distancia que recorrieron en este tramo es la más difícil de calcular, por ello situaremos el lugar de la muerte, tal y como se afirma en las declaraciones, antes de llegar al cruce que llevaba a la posición del Morabo de Sidi Mohamed. Desde el cruce hasta Ben Tieb mediaban entre 6,5 y 9,5 kilómetros en función de que transitasen por el camino viejo (más corto) o el nuevo. Si tenemos en cuenta que hasta el momento de la muerte habían recorrido 13,3 kilómetros (aproximadamente) y sumamos a esta cantidad los 6,5 que quedaban por el camino viejo nos aproximamos mucho a la distancia que mediaba entre Annual y Ben Tieb, unos 19 kilómetros.

El cuerpo del coronel

Ninguno de los testigos indica en sus declaraciones la hora de la muerte del coronel. La única referencia sería la hora aproximada en la que llegaron a Ben Tieb los pocos supervivientes del grupo. Estos afirman que al llegar estaban evacuando la posición las tropas de guarnición. Según los sargentos Lafuente y González Mendoza tan solo estaban presentes el capitán Lobo y algunos hombres incendiando los depósitos. El capitán Lobo cedería su caballo al sargento González que herido no podía caminar. Según declaró D’Harcourt llegaron a Ben Tieb a las 17 horas (39). No sería desatinado pensar por tanto que la muerte del coronel se produjo como mínimo una hora antes, entre las 15 y las 16 horas. 

Carretera Ben Tieb-Annual. Al final de la recta es donde los testigos sitúan aproximadamente la muerte del coronel Morales. Desde este punto a Ben Tieb median de 7 a 8 kilómetros.
Desde aquel momento el cuerpo permanecería a la intemperie hasta el jueves 28, seis días después del fallecimiento. Los restos del coronel serían reconocidos sin ningún género de duda por el cabo de Policía Indígena Luis Pichoto Sánchez (40).
El cabo Pichoto se hallaba en Annual desde el día 19 cuando su Mía (41) llego al campamento de Annual. El día 22 fue capturado al retirarse de Annual, en las inmediaciones de la posición Intermedia C. Ese mismo día y junto a un grupo de prisioneros quedaron confinados en Annual. En los días posteriores los prisioneros españoles fueron utilizados como enterradores. Recordaba Pichoto al ser entrevistado(42) el estado en el que encontraban los restos de sus compañeros. “En todas partes se veían muertos, muchos muertos. En las caras violáceas de aquellos desdichados estaba estampado el sello horripilante de la tragedia. Los cadáveres de nuestros compatriotas estaban mutilados horriblemente”.
El jueves 28 partieron en dirección Ben Tieb y en la pista encontró el cadáver del coronel que presentaba evidentes síntomas de descomposición. Para poder conservarlo lo envolvieron entre yerbas y lo trasladaron de nuevo al campamento de Annual. El lugar donde estaba el cuerpo debía ser conocido para los rifeños ya que Pichoto afirma haber partido de Annual con la intención expresa de recuperar el cuerpo del coronel.
La orden por tanto, partió del propio Abd el Krim (43) aunque en las negociaciones intervino activamente Driss Ben Said (44). Este se hallaba el día 22 en Alhucemas negociando con Abd el Krim la explotación de yacimientos mineros en Beni Urriaguel. Enterado de los sucesos de Annual se traslado inmediatamente a Melilla y se ofreció como intermediario ante el Caíd rifeño (45). Las gestiones de Driss consiguieron además de retornar el cuerpo de Morales, localizar los restos de algunos defensores de Sidi Dris (46) y evacuar a Melilla una pequeña expedición de heridos, niños y mujeres que estaban en poder de Abd el Krim. Se publicaron asimismo informaciones en el sentido de que Abd el Krim había escrito al coronel José Riquelme, en la misiva se hacía saber el interés del Caíd para entregar el cuerpo del coronel (47).
Permaneció el cuerpo de Morales en Annual desde el día 28 hasta el lunes 1 de agosto cuando fue transportado hasta Sidi Dris. Aquella mañana zarpó de Melilla el cañonero Laya llevando a bordo a Dris Ben Said, Mohamed Azerkan “Pajarito” y otros dos rifeños. La entrega del cuerpo del malogrado coronel se había pactado con las autoridades de Alhucemas.
El Laya fondeó horas después en la playa donde días antes se había producido la desgraciada evacuación de Sidi Dris. En lo alto ondeaba una bandera blanca junto a otra española. Se ordenó arriar un bote donde además de la tripulación y los rifeños se transportaba el féretro que contendría los restos del coronel que reposaban sobre unas parihuelas en la arena, despojado de su uniforme. Junto a Morales se hallaba Luis Pichoto y varios soldados prisioneros. Portaba Pichoto una nota escrita por el sargento Alfonso Basallo dirigida al comandante del Laya, capitán de fragata Francisco Javier de Salas. El hambre y las enfermedades empezaban a causar mella entre los prisioneros, solicitaban víveres y algunas medicinas. Entre marineros y soldados depositaron el cuerpo del coronel en el féretro que poco después fue conducido a bordo. En la playa, viendo alejarse al Laya quedaron Pichoto y sus compañeros a los que la tripulación entregó tabaco, algunos víveres y medicinas. También quedaron en tierra Driss Ben Said (48) y Pajarito. El primero reconocería días después los restos de su querido amigo Leopoldo Aguilar de Mera (teniente de infantería y defensor de Sidi Dris), mientras que el segundo se unió al equipo de gobierno de Abd el Krim de quien era cuñado, estaba casado con su hermana Rahma.
La expectación en el puerto de Melilla era enorme aquella tarde, en el muelle de Villanueva se agolpaban familiares, autoridades, militares y civiles. Del traslado del féretro del cañonero al muelle se encargó un pelotón de marineros de la Compañía de Mar de Melilla.
En tierra junto al general Fresneda (nuevo gobernador militar de Melilla), que presidía el duelo, se hallaban Bartolomé de Morales, capitán de navío y hermano del coronel, y el capitán Teófilo Muro, casado con una de las hijas de Morales. Junto a ellos el cronista de Melilla Rafael Fernández de Castro (amigo personal), el coronel Gómez Jordana, comandante Beigbeder, coronel López Pozas y otras autoridades.

Llegada a Melilla del féretro que contiene los restos del coronel Morales. Quien se inclina es Rafael Fernández de Castro Pedrera, cronista oficial de Melilla y amigo personal del coronel. Los marineros pertenecen a la dotación del Laya. Señalado con el número 2 el capitán de Navío Bartolomé de Morales, hermano del coronel.
Al desembarcar el féretro fue abierto para comprobar que ciertamente fuera el del coronel. Al destaparlo comprobaron que el rostro estaba muy desfigurado (49) por una herida de arma blanca, a pesar de ello y de la incipiente descomposición pudo finalmente ser reconocido.
Desde el muelle el féretro llegó al cementerio en una carroza de La Siempreviva al que acompañó una multitud. Portaban  las cintas los coroneles Jiménez Arroyo, Sánchez-Monje, Masaller, López Pozas, teniente  coronel Capablanca y el comandante José Verdú, subordinado en la Policía Indígena y jefe accidental de la unidad en ese momento. Cerraba la comitiva la banda de música del regimiento de San Fernando y rindiendo honores el batallón expedicionario del regimiento Tetuán 45 al mando de su teniente coronel, Félix Molina Parcero. Los restos recibieron sepultura en el panteón de héroes donde descansan en la actualidad.
En agosto de 1924 se produjeron violentos combates en las inmediaciones de Afrau, antigua enclave de 1921, las fuerzas rifeñas sufrieron muchas bajas. La prensa de la época publicó que entre los muertos se encontraba el Chiuj Mehan Tahar, al que se suponía autor material de la muerte del coronel Morales en 1921 (50). A pesar de la difusión en muchos medios no se pudo comprobar que la información fuese fidedigna.
El coronel sería propuesto para recibir la laureada, a petición de la viuda se abrió juicio contradictorio que le resultaría adverso y tardíamente sería ascendido a general de brigada por méritos en junio de 1927. Gran parte de la documentación del jefe de Policía se perdió durante el Desastre, en Dar Drius disponía de una oficina en la que pasó muchas noches y que fue saqueada tras la retirada del 23 de julio. Su viuda, Carmen Moreno de Alcántara, entregó a las autoridades en septiembre de 1921 un completo estudio geográfico-histórico, político-militar y de la riqueza de la zona que comprendía la Comandancia General de Melilla (51).


Que fue de los testigos

Emilio Sabaté fue evacuado a Málaga, en cuyo hospital militar coincidió con los dos sargentos con quienes consiguió llegar a Ben Tieb y también con el soldado Serafín Aparicio. Ascendió a comandante a finales de 1921. Al estallar la guerra civil estaba destinado en el Estado Mayor Central. Mantuvo una dudosa fidelidad a la República y tras ser herido a finales de 1936 paso a situación de reemplazo por herido (52) sin tener relevancia durante el resto de la contienda. A pesar de ello fue condecorado con la medalla al valor (se concedía por servicios realmente extraordinarios) en el mes de agosto del mismo año. En 1941 fue retirado del ejército con el empleo de teniente coronel. Falleció en Madrid el 21 de agosto de 1973.
Joaquín D’Harcourt fue propuesto para recibir la laureada (por su actuación en los combates en torno a Igueriben, anteriores a la retirada de Annual) y también juzgado por abandono del cadáver de su jefe. No se premió su conducta pero tampoco se le condenó. Ascendió a capitán y al estallar el golpe de estado en 1936 se mantuvo fiel a la República ascendiendo a comandante, teniente coronel y ocupando relevantes cargos en la sanidad militar republicana de la cual fue uno de sus máximos representantes. Al finalizar la guerra se exilió a Francia y posteriormente a México donde fallecería en 1970 siendo un reputado docente además de presidente del Ateneo Español de México.
Juan García Bernal (26/03/1881), bravo suboficial de Ceriñola sería propuesto para recibir la Laureada. Con motivo de los combates en torno a Igueriben se ofreció voluntario el día 20 para intentar junto a otros compañeros llevar hasta los sitiados de Igueriben algunas cantimploras con las que saciar en parte la tortura de la sed. Consiguió reunir a cincuenta hombres aunque finalmente la iniciativa fue descartada por temeraria. No se le concedió la Laureada y continuó en el ejército donde había ingresado en 1897. Se retiró en 1931 siendo alférez de la escala de reserva.
Los dos oficiales de Policía que cedieron su caballo a Morales siguieron trayectorias opuestas. Gerardo González-Longoria ascendió comandante y en 1936 mandaba un Tabor de caballería en el Grupo de Regulares de Ceuta. Combatió toda la guerra en el bando nacionalista y se retiró del ejército siendo general de brigada. Alfredo Martínez Baños ingresó en el cuerpo de carabineros y al estallar la guerra era capitán en Cartagena donde tuvo una destacada actuación conteniendo a los sublevados. Antes de la guerra se había licenciado en medicina, magisterio y derecho. Durante la contienda fue ascendido a comandante y teniente coronel siendo el primer director de la academia de carabineros en Orihuela. En octubre de 1979 el gobierno, previa petición, le reconoció el grado de coronel de la guardia civil.
José Lafuente, sargento de Ceriñola, se recuperó de sus heridas y fue evacuado al hospital de Málaga hasta su total restablecimiento. Continuó en el ejército hasta 1931, año en el que acogiéndose a las reformas de Azaña abandonó la vida castrense. Posteriormente ingresó en la UGT y en la Agrupación socialista de Melilla. Al estallar la sublevación intentó organizar las milicias socialistas y tuvo que huir a Marruecos. Días después volvería a Melilla siendo detenido y fusilado el 6 de agosto. Su compañero Juan González de Mendoza (14/03/1893) continuó en el regimiento, era sargento desde 1913. Al estallar la guerra civil era teniente del batallón de Cazadores de Ceuta 7, primera unidad en sublevarse en Melilla y en este bando permanecería toda la contienda.
El soldado Serafín Aparicio continuó su servicio militar en Melilla, ascendió a cabo y posteriormente ingresó en el cuerpo de Carabineros en octubre de 1924. Al finalizar la guerra pasó a la Guardia Civil donde sirvió hasta su jubilación.
Luis Pichoto Sánchez, cabo de Policía Indígena, quien encontró el cuerpo de Morales, se casó en Melilla tras ser liberado del cautiverio e ingresó en el cuerpo de Carabineros. Al estallar la sublevación era uno de los componentes del puesto de Sa Pobla (Mallorca) que se negaron a unirse a la sublevación. Junto a Luis prestaba servicio Pedro Herrera Sánchez, uno de los pocos supervivientes de Igueriben. Todos los componentes del puesto serían detenidos siendo juzgados en Palma de Mallorca. Tres serían ejecutados y el resto, entre ellos Pichoto y Herrera, condenados a cadena perpetua. Tras cumplir parte de la condena Luis Pichoto fijó su residencia en Badajoz. En 1981 se le reconocieron sus haberes pasivos, se hubiera retirado en 1949 con el empleo de guardia 2º.
Driss Ben Said, notable rifeño, continuó prestando servicios a la autoridades españolas. El 20 de junio de 1923 y mientras acompañaba a las tropas españolas en Tafersit, cerca de Loma Colorada recibió un balazo en el torso mientras se hallaba al frente de la Mehal.la. Fue evacuado a Dar Drius y operado sin que pudiera recuperarse de las graves heridas, la bala había perforado el hígado y otras vísceras. Su entierro constituyó una imponente manifestación de duelo siendo presidido por el propio Comandante General, Martínez Anido (53). 

Panteón de héroes, cementerio de Melilla
Notas
 1-Al capitán Valcárcel  le ordenó Silvestre partir hacia Izumar y comunicar a la posición que debían resistir hasta pasar la columna. Según declaró en 1924 al llegar a la posición ya había sido evacuada y continuó la marcha en dirección Ben Tieb y Dar Drius.
2-Se trata del sargento jefe de la escolta Luis Ramírez Hernández, herrador de 2ª José Rozas Valdajo, soldado 1º Antonio Cillero Fresnadillo (ordenanza del comandante general), soldado 2º Lorenzo Guerrero Moreno (ordenanza del comandante Hernández), soldado 2º Pedro Pérez López (ordenanza del coronel Manella) y soldado 2º Cecilio González Angulo (ordenanza del coronel Morales).
3- Portal de Archivos Españoles (en adelante PARES). Tribunal Supremo Reservado. Expediente 51.38. Declaración del soldado Florentino Moreno Martín. Folio 152. 
4- PARES. Tribunal Supremo Reservado. Expediente 50.3. Folios 644r-652v.
5- Biblioteca de Patrimonio Nacional. Pas/766. Intervención del cuerpo de Estado mayor del ejército en los sucesos de Annual, según carta del capitán Emilio Sabaté Sotorra.
6- En el cometido de intentar organizar la salida de las tropas ayudan al capitán Sabaté el veterinario Uliarte y el sargento de sanidad militar José López García, este sería propuesto para recibir la Laureada. Diario Oficial del Ministerio de la Guerra Nº 76, 7 de abril de 1926.
7- Tribunal Supremo Reservado. Expediente 50.8. Folios 1740V-1744r.
8- Eduardo Pérez Ortiz. 18 meses de cautiverio. Editorial Interfolio, 2010. Página 48. Pérez Ortiz solicitó permiso a Silvestre para partir. Lo vio cejijunto, pero muy sereno, impasible.
9- PARES. Tribunal Supremo Reservado. Expediente 51.38. Folios 129-131.
10- Tribunal Supremo Reservado. Expediente 51.39. Información instruida por el teniente coronel Manuel Ros sobre la actuación del regimiento de Ceriñola. Página 30.
11- En la documentación del regimiento (Tribunal Supremo Reservado. Expediente 51.36) se consigna que formaban la compañía además de Valls de la Torre, el también teniente Ignacio Vizcaíno Romero y 75 soldados. Algunas fuentes citan que Vizcaíno no se hallaba en Annual ya que  falleció el 9 de agosto en Monte Arruit, siendo reconocido su cadáver el  3 de noviembre.
12- Tribunal Supremo Reservado. Expediente 51.39. Información instruida por el teniente coronel Manuel Ros sobre la actuación del regimiento de Ceriñola. Página 35.
13- Antonio Moreno García, natural de Alicante. Soldado de la 5ª compañía de zapadores. Herido en las piernas fue evacuado a Cádiz. La Correspondencia de España, 15 de septiembre de 1921.
14- Pablo Molina Díaz, natural de Ciempozuelos. Artillero de la 5ª batería de montaña en Annual. Resultó herido grave en la mano y tras ser atendido en Melilla fue evacuado a Málaga. Testimonio del artillero en  La Libertad, 8 de septiembre de 1921, página 3.
15- Tribunal Supremo Reservado. Expediente 50.3. Folio497.
16- Tribunal Supremo Reservado. Expediente 50.3. Declaración del capitán Gerardo González Longoria. Folios 491r-495v y del mismo expediente 502v-506v.
17- En la declaración de Martínez Baños se consigna que al no disponer de caballo más que para el capitán y dos ordenanzas se ordena que estos últimos cedan los suyos al médico y al propio Martínez Baños.
18- Tribunal Supremo Reservado. Expediente 50.6. Declaración del teniente Alfredo Martínez Baños. Folios 1233r-1237v.
19- La posición Intermedia C se situó el 20 de julio, formaban su guarnición 1 compañía de fusiles y otra de ametralladoras del África 68. Mandaba la fuerza el capitán Marciano González Vallés.
20- Testimonio del teniente Joaquín D’Harcourt Got. Tribunal Supremo Reservado. Expediente 50.5 Folios 1102r-1108v.
21- Según D’Harcourt el coronel montaba un caballo que le había cedido un cabo de ingenieros.
22- Testigo presencial de la muerte del coronel Manella fue el soldado Salvador Sancho Ponce. El soldado Sancho pertenecía a la 1ª Cía. /I Bon. de Ceriñola y era el cornetín de órdenes del coronel Manella. Según declaró el coronel falleció de un balazo siendo su cuerpo tapado con un capote por el propio Sancho. Testimonio del soldado Sancho. Tribunal Supremo Reservado. Expediente 51.11 folios 3012-3013.
23- Forman el grupo soldados de diferentes unidades. Entre ellos se halla Ángel De la Cruz de la Cuesta de la 3ª Cía. /I Bon. del San Fernando (capitán Sabater Gomila). En sus crónicas, publicadas por diferentes periódicos relata que se hallaban Morales, Sabaté  y el médico Junto a ellos permaneció el coronel hasta llegar al puente de madera. El Castellano, Diario de información de Toledo, noviembre y diciembre de 1921. El soldado De la Cruz fue herido y apresado. El 12 de agosto y gracias a las gestiones de Driss Ben Said y del coronel Silverio Araujo fue devuelto a Melilla desde Sidi Dris junto a varios soldados y algunos civiles.
24- Jesús López Vicente mandaba la 2ª Cía. /II Bon. del regimiento de San Fernando destacada en Annual.
25- Todos los testimonios coinciden en la apresurada y desacertada decisión de abandonar la posición antes de que la columna rebasase totalmente la cumbre del desfiladero.
26- El puente de madera situado en la pista de Annual fue construido por la Comandancia de Ingenieros, de la obra se hizo cargo el capitán Antonio Sarmiento León-Troyano y fue inaugurado en mayo de 1921 por el general Navarro.
27- Tribunal Supremo Reservado. Expediente 50.2. Folio 374. Formaban la guarnición el capitán Pérez García,  teniente Soto Conde, alférez López Camiña, 95 soldados de la 6º Cía. /I Bon. de Ceriñola y cuatro ingenieros telegrafistas.
28- Tribunal Supremo Reservado. Expediente 51.11. Pagina 3026. Testimonio del soldado José Chao Saavedra. Tribunal Supremo Reservado. Expediente 51.16, página 4364. Declaración del soldado Antonio Reyes Bernal.
29- Eduardo Pérez Ortiz. 18 Meses de cautiverio. Editorial Interfolio. Página 52.
30- Las tres compañías de Ceriñola eran la 3ª/II, 1ª/III y 6ª/III. En total 10 oficiales y 275 de tropa. Mandaba la fuerza el capitán Benito Luque Pinillos.
31- Honorato Hernando Romero. Nació en Cubillejo del Sitio (Guadalajara) el 22 de noviembre de 1900.Era hijo de un oficial de artillería muerto a consecuencia de enfermedad adquirida en campaña. Pertenecía a la promoción de 1915.
32- Declaración del sargento Juan González de Mendoza Cortijo. Tribunal Supremo Reservado. Expediente 51.39 páginas 72-75. Existen dos declaraciones.
33- José Lafuente Mayo. Nacido en Roncal, Navarra el 23 de julio de 1893. Declaración del sargento Lafuente. Tribunal Supremo Reservado. Expediente 51.39. Página 70.
34- Serafín Aparicio Moreno nacido en Brazatortas (Ciudad Real), pertenecía a la quinta de 1919 y llevaba en el territorio desde enero de 1920.
35- Entrevista a Pedro de Dios Serrano en El Adelanto. Diario político de Salamanca, 27 de febrero de 1923. Pedro pertenecía al regimiento de Ceriñola y estaba agregado a ingenieros.
36- Archivo General Militar de Segovia. Juicio Contradictorio para conceder la Cruz Laureada al coronel Morales. Documento inédito, declaración  del teniente D’Harcourt, página 310.
37- Juicio Contradictorio para conceder la Cruz Laureada al coronel Morales. Declaración  del teniente D’Harcourt, página 310.
38- Recorte de prensa que me entregó la familia sin que pueda precisar a qué periódico pertenece. También  fue entrevistado en el  Diario de Córdoba, año LXXII, 27 de diciembre de 1921.
39- Juicio Contradictorio para conceder la Cruz Laureada al coronel Morales. Declaración  del teniente D’Harcourt, folio 313.
40- Luis Pichoto nació en Badajoz en 1900. Ingresó como soldado voluntario en el regimiento de Gravelinas y el 1919 solicitó destino en África siendo nombrado soldado del regimiento de Melilla 59. En febrero de 1921 solicitó y obtuvo el pase a la Policía siendo destinado a la 6ª Mía que tenía su cabecera en Monte Arruit.
41- Unidad orgánica similar a la Compañía. En 1921 existían distribuidas por el territorio de Melilla un total de 15 Mías con un total de 100 oficiales y 3200 soldados. Estado de fuerza de la Comandancia General de Melilla. Melilla 4 de agosto de 1921.
42- Entrevista con Luis Pichoto. El Correo de la Mañana. Badajoz. Año X, número 2807. 17/02/1923.
43- Había recibido además una carta de su tío Abd es-Selam, en ella le anunciaban que desde Alhucemas le había escrito el coronel Cibantos Buenaño. El gobernador militar del Peñón le comunicaba la intención del gobierno español de recuperar los cuerpos de Morales y Silvestre. La historia trascendida, biografía Mohammed  Abd el Krim el Jatabi, Juan Pando Despierto.
44- Dris Ben Said, notable rifeño nacido entre 1890-1898. Mantuvo una estrecha colaboración con España y trabajaba en 1921 en la secretaría indígena del Alto Comisario.
45- Javier Sánchez Regaña. Leopoldo Aguilar, un poeta en el Desastre. 2016. http://desastredeannual.blogspot.com.es/2016/07/leopoldo-aguilar-de-mera-un-poeta-en-el.html
46- Se reconocieron en Sidi Dris los restos de los tenientes Leopoldo Aguilar de Mera (gran amigo de Driss) y García Moreno, del médico Luis Hermida y en Talillit del teniente José Aguilar de Mera.
47- La Tierra de Segovia. Diario Independiente. Año III Número 643. 07/08/1921
48- Driss Ben Said falleció en junio de 1923 mientras acompañaba a las columnas españolas en los combates de Tizi Azza, fue enterrado en Melilla con honores.
49- ABC. Edición del 3 de agosto de 1921.
50- El Telegrama del Rif. Año XXIII. Miércoles 20 de agosto de 1924.
51- Real Biblioteca de Patrimonio Nacional. Signatura XIX/8409.
52-Arturo García Álvarez-Coque. Los militares de estado mayor en la guerra civil española (1936-1939). Tesis de doctorado presentada en 2017. Universidad Complutense de Madrid. Facultad de Geografía e Historia.
53- La Correspondencia de España. Diario Universal de noticias. Año LXXVVI. 23 de junio de 1923. Página 2.

Agradecimientos
A Benito Gallardo Sierra, presidente de la Asociación de Estudios Melillenses. A Santiago Domínguez Llosá que me ayudo a calcular las distancias en aquel territorio que conoce a la perfección y me cedió algunas imágenes de su archivo personal. A las familias Navarro y Aparicio que me cedieron fotografías de sus familiares. A la familia Aparicio Forné deseo transmitir mi más sentido pésame por el fallecimiento de Carmen Aparicio, hija de Serafín Aparicio, presidenta  de la Asociación Orion, de trasplantados, donantes y cardíacos de Algeciras.