viernes, 8 de octubre de 2010

Alcántara 14, 3ª parte. Cazadores de Alcántara

Cazadores de Alcántara
Reivindicar la memoria de los sucesos de julio de 1921 y de sus protagonistas ha sido y será mi único objetivo desde que comencé a darle forma al blog. Hoy quiero recordar el sacrificio de cientos de anónimos soldados de caballería que pertenecían al regimiento de Alcántara 14. Mucho se ha escrito sobre sus gestas y podemos encontrar fácilmente información publicada, en la red y en los diferentes archivos. Gracias al exhaustivo trabajo del coronel Bellido Andreu conocemos sus nombres, el escuadrón al que pertenecían y cual fue su destino. Impresiona repasar la relación de miembros del regimiento y comprobar que hasta en quinientas diecisiete ocasiones aparece la palabra muerto.
Poco puedo aportar para reivindicar esa memoria casi perdida en los años. Pero siempre he sentido que aquel episodio del desastre merece no ser olvidado. Que debo recordar el generoso sacrificio de aquellos más de quinientos soldados de reemplazo que disciplinadamente y en formación de combate sucumbieron en el Igan, en Zeluán, en Arruit o en cautividad. En esta primera entrega sobre Alcántara me centraré en aquellos hombres que tras un frío sorteo de quintos tuvieron que cabalgar como el sol disipando las nubes a su paso aunque ninguno de ellos conociera con anterioridad el lema de su regimiento. Difícil, por no decir imposible, me ha resultado encontrar tantos años después testimonios de los pocos supervivientes de aquellos escuadrones de la muerte. Sólo me quedaba bucear en las hemerotecas buscando nombres entre los listados de muertos, hospitalizados, prisioneros, llegados de zona francesa o de los pocos que escaparon con el diagnóstico de ileso. Las hazañas que protagonizaron han quedado reflejadas de manera colectiva pero hoy no será así. En esta ocasión los protagonistas son Dionisio Jiménez, el cabo Emiliano Pajuelo, Bonifacio Moreno o Antonio Serrano. Ellos, y muchos más, fueron los auténticos héroes de Alcántara. Para mí ya nunca serán unos desconocidos. En la desgarradora novela de Sender, Iman, encontré hace años la frase que justifica este pequeño homenaje a esos anónimos cazadores de Alcántara. El personaje principal, Viance, se encuentra en su huída con un soldado de caballería gravemente herido. El moribundo le pide a su compañero que escriba a su casa, a su madre. Viance incrédulo lo observa y el soldadito de Alcántara le contesta: “¿o es que vamos a morir sin que nadie se entere?”. Por eso, para que nadie olvide. Muertos, si. Olvidados, no.


A la carga bravo cazador. Detalle de la estatua de Bennliure.
Los escuadrones de la muerte
Se llamaba Miguel Rivero Lizcano y llevaba siete años de milicia a sus espaldas. En este tiempo había conseguido ascender a cabo y posteriormente a sargento. Durante su estancia en Melilla había entablado relaciones con Josefina Del Valle con la intención de formar un hogar. Formaba parte del 1er escuadrón de Alcántara que mandaba el capitán Arturo Ballenilla. Todos sus planes de futuro se desmoronaron como un castillo de naipes cuando su regimiento dejó de existir en aquellas cargas que con valentía y a la desesperada protagonizaron los jinetes de su unidad. Miguel y Josefina habían conseguido con la paciencia de las hormigas ahorrar todo cuanto podían del escaso sueldo del sargento. Rivero participó de manera destacada en la defensa de la Alcazaba de Zeluán demostrando un brillante comportamiento tanto en el combate como en mantener elevada la moral de sus hombres. Tras la muerte de Miguel, Josefina, no quiso quedarse con aquellos ahorros fruto del sacrificio de su amado. Envió al que hubiera sido su suegro que habitaba en Piedrabuena, Ciudad Real, la nada despreciable cantidad de 2250 pesetas. A la familia sólo le quedó el consuelo de saber que su hijo fue citado como muy destacado en la documentación del regimiento. El desastre se llevó por delante las ilusiones de muchas parejas. Aquel 1er escuadrón al mando de Ballenilla perdió a casi todos sus efectivos. Cayeron aparte del capitán, el alférez Díaz de la Guardia, y escaparon con vida los tenientes Troncoso y Bravo. El primero fue hecho prisionero y el segundo pudo llegar a la plaza el 4 de agosto. Murieron el suboficial Rafael Torres y los sargentos Arturo López (citado como destacado) y Gonzalo Márquez Pérez. Entre la tropa la mortalidad fue devastadora. Los 13 cabos, 3 trompetas, 2 soldados de 1ª, (uno de ellos era Basilio Moroño Rubio natural de Urda,Toledo) y 70 soldados de 2ª fallecieron en combate. De los herradores desaparecieron Miguel San Lázaro (destacado en la defensa de la Alcazaba) y Manuel González García. Entre los pocos supervivientes se hallaban Carmelo Lapeña Usón y Joaquín Romero Pavón que falleció siendo prisionero en Axdir. Sumando a este último se alcanza la letal cifra de 97 muertos.


Monumento al Regimiento en Valladolid, obra de Benlliure

El martes 4 de octubre de 1921 los reyes visitaron a los soldados hospitalizados en los hospitales de San José y Santa Adela y el de Carabanchel. En ambos centros los monarcas conversaron con algunos heridos aun convalecientes de los combates de julio.
Dionisio Jiménez Gómez ocupaba una de las camas en Carabanchel y perteneció al 2º escuadrón. Fue uno de los jinetes que al mando del alférez Maroto partieron desde Zeluán para reforzar la defensa del aeródromo. Entre sus compañeros figuraba su amigo Cirilo Ruz Pascual que ejercía de asistente del oficial. En total participaron en la defensa del aeródromo 30 jinetes junto al sargento Ángel Díaz. Dionisio se portó como un jabato en aquellos difíciles días de asedio. Igual tocaba la guitarra para alegrar a sus compañeros, que luchaba en los pabellones. El 26 resultó herido en el antebrazo y así permaneció hasta que tras la capitulación fue hecho prisionero. Dionisio relata al periodista Pedro Antonio Cabrerizo su odisea con la voz quebrada. Sufrió dos días de cautiverio y al tercero escapó junto a dos compañeros en dirección a Melilla. Corrieron y corrieron perseguidos por sus carceleros. Dionisio vio caer a sus compañeros y sintió dos veces que su cuerpo era perforado por los disparos. Cuando en la Mar Chica le recogieron los legionarios presentaba dos orificios de bala, uno en la mandíbula y otro en el cuello. La gravedad de sus heridas requirió el traslado a la Península y allí lo encontró el corresponsal de la Correspondencia de España. De los defensores del aeródromo sólo se salvaron el alférez Maroto y el soldado Rafael Chaves Chaves, que tras cinco meses cautivo pudo llegar a Melilla el 15 de diciembre procedente de Orán. Junto a Rafael llegó a la plaza Francisco Fajardo, que era el cantinero de Zeluán. Ambos habían nacido en Sevilla. El primero en Gudalcanal y el segundo en Lora del Rio, los dos pudieron volver a sus pueblos tras la liberación. Sobrevivieron también los cabos Celestino Fragoso y Triburcio de Pablo y los herradores de 2ª Joaquín Martín Fernández (ingresado en el hospital) y Macario Pavón que estaba agregado al 4º escuadrón. De los soldados de 2ª tan sólo salvó la vida Francisco Maillo Granados, que aunque consiguió llegar a Melilla y ser hospitalizado no logró superar las graves heridas y falleció en el hospital. El resto del escuadrón presentó una estadística mortífera altísima. 1 capitán, 1 alférez, 4 sargentos, 10 cabos, 3 herradores, 3 trompetas, 2 soldados de 1ª y 68 de 2ª. 92 muertos en combate.



Monumento al Regimiento en el acuartelamiento de Melilla

Antonio Serrano Domínguez nunca debió imaginar que sería objeto de tal cantidad de homenajes. Al principio se le destacó por su actuación en los combates de julio y su fama de valiente corrió por toda la península. Pocos héroes con vida podía aportar el regimiento y Serrano se convirtió en el más mediático. Tras la reorganización del regimiento continúa combatiendo y en marzo de 1922 se le concede un premio en metálico de mil pesetas, que cada año concedía el “Diario Español de la Habana”. La ceremonia se celebró en el campamento de Bugardain y asistieron un gran número de personalidades. Entre ellos un grupo de agregados militares internacionales que se hallaban de visita en Melilla. El soldado Serrano obtuvo tal distinción por su comportamiento en la carga que protagonizaron los escuadrones de los capitanes Balmorí y Liniers en Al Lal Hariga en febrero de ese mismo año. Al margen del premio, se le concedió la licencia para que pudiera volver a su Madrid natal. Los periódicos anunciaban ese día la muerte en cautividad del soldado del 5º escuadrón Bernardino Pérez González. Días después en el cuartel del Conde Duque de Madrid, Antonio, fue de nuevo distinguido ante un todavía mayor auditorio de mandos militares y civiles. El general Milans del Bosch entregó a Serrano una libreta de la caja postal de ahorros con 1875 pesetas que se habían recaudado entre los jefes y oficiales del regimiento. José María Garay, Conde del Valle Suchil, y alcalde de la capital se comprometió a otorgarle la primera vacante que se originara en la guardia montada de Madrid. En la misma ceremonia fue condecorado el sargento Andrés Meizoso Fornos que como Serrano se había distinguido en los combates de febrero. Meizoso no aparece en las listas por hallarse destinado en la plaza en julio del veintiuno y aunque no participó en las cargas tuvo con posterioridad un destacado comportamiento, por el que mereció ser propuesto para recibir la laureada. El mismo día que Andrés también fue recomendado el teniente de Regulares Vicente Camino, muerto en Abarran. Ninguno de los dos juicios contradictorios se resolvió favorablemente y no recibieron la Cruz.


Antonio Serrano y Andrés Meizoso. Homenaje en Madrid 1922.

En las páginas de El Castellano (Toledo) de septiembre y octubre de 1921 se publicaban relaciones de soldados de la provincia de los cuales las familias no tenían noticias. Las fatídicas listas incluían hombres de todos los regimientos. El 3 de septiembre uno de esos nombres era el de Sirio García Ruiz, natural de Menasalbas, en la comarca de los Montes de Toledo. Sirio era cabo del 3er escuadrón y nunca pudo volver a su pueblo. Fue uno de los 101 hombres que desaparecieron de su unidad. Mueren los cuatro oficiales, 1 suboficial, 1 sargento, los catorce cabos, 1 herrador de 3ª, 2 soldados de 1ª y 78 de 2ª. Fue el escuadrón que tuvo más bajas y también el único que no perdió en combate a ninguno de sus cornetas. Tan sólo he podido confirmar que salvó la vida el soldado David Álvarez Lamela que se presentó el 11 de septiembre. Al cabo Emiliano Pajuelo Díaz se le cita como distinguido en la documentación del regimiento. Pajuelo se parapetó guardando la puerta de la Alcazaba de Zeluán con la única ametralladora que quedaba disponible y allí aguantó el tipo durante diez días. Cuando se recuperó la posición, aquel rincón donde el cabo disparaba sin cesar apareció repleto de impactos de bala. El día en que las columnas españolas entraron en la Alcazaba quedaron absolutamente impresionados por el dantesco espectáculo que ofrecía la gran cantidad de cadáveres que encontraron tanto dentro como fuera de la posición. Cerca de la puerta, un soldado de Alcántara casi momificado yacía aferrado con fuerza a las bridas del esqueleto del que fue su caballo.


Moreno Carbonero. Carga de caballería


Entre los soldados hospitalizados, se hallaban Fernando Álvarez de Castro y Antonio Castilla Moreno que fueron los únicos cornetas que no murieron en las cargas. En las salas del Docker coinciden con el sargento Álvaro González Cruz que presenta un esguince de la articulación del pie derecho, con el cabo Juan Fernández Rodríguez que padece una luxación del hombro derecho y con el soldado Francisco Maillo Granados que fallece a finales de julio. Otros cazadores fueron trasladados a la península. A Málaga fueron transportados en el Alicante Pablo García, José Fita Nico, Fernando Alfaro, Lucio Jiménez, José Gallego y Bonifacio Moreno Hernández. Este último no supero las graves heridas que presentaba y falleció el 21 de octubre. Al hospital de San José y San Raimundo, también conocido como hospital de los marqueses de Linares, fue trasladado el malagueño Rafael Morente Chaparro.
A medida que pasaban los días se iban presentando con cuentagotas supervivientes de Alcántara. La mayoría de ellos aparecen en los listados sin que conste a que escuadrón pertenecían. Tras la capitulación de Nador aparece Anacleto Semí Jeremias. El 4 de agosto se presentan el teniente Francisco Bravo y los soldados Pedro Arquero, Domingo Balimaña, Tomás Giral y Emilio Pardo. Bravo y sus hombres pudieron escapar de la carnicería de Zeluán y lograron llegar hasta la Mar Chica donde fueron rescatados por tropas de la Legión. De zona francesa llegaron dos grupos, uno el 9 de agosto y otro cuatro días después. Algunos formaban parte de la sección destacada en el Zoco de Telatza al mando del sargento Enrique Benavent Duart (muerto en la retirada), otros en cambio habían llegado procedentes de otras posiciones. En total se presentaron en Melilla 2 cabos (Ignacio De Aja y José Más Jover), 22 soldados y el veterinario 3º Montero Montero. Las gestiones para conseguir la repatriación las llevo a cabo Isidro de las Cagigas López Tejada (1891-1956) cónsul español en Uxda. Tras el desastre el diplomático fue destinado como interventor a Alcazarviquir y posteriormente a Tetuán. En la capital del protectorado llevó a cabo una brillante labor en el trazado y construcción de zonas verdes. Tan meritoria fue su labor que la ciudad le dedicó unos bellos jardines que llevan su nombre. Meses después de las cargas, el 21 de mayo de 1922, aparece en Melilla Florencio Caravaca Almagro que tras permanecer prisionero puede escapar y alcanzar la seguridad de la plaza. Tras su licenciamiento ingresa en el cuerpo de Carabineros. La guerra civil le sorprendió en la Comandancia de Barcelona. Se mantuvo fiel a la Republica y participó en la contienda donde ascendió a cabo por méritos de guerra. En febrero de 1939 se hallaba recluido en un campo de prisioneros en Francia desde donde es deportado y juzgado en consejo de guerra junto a varios compañeros del cuerpo. Se le condenó a reclusión perpetua aunque pudo salir en 1944.


La Esfera. Dibujo de Ricardo Marín
En otras posiciones quedaron pequeños núcleos del regimiento. En Ishafen 8 soldados contribuyeron en la defensa al frente de la cual se hallaba el capitán Navarro Zaragoza (3ª Cia/IBon) de San Fernando. Corrieron la misma suerte que sus compañeros de infantería y ninguno se presentó en la plaza. El único sobreviviente de la posición fue el soldado de Melilla 59 Eugenio Moa Ramos natural de Pontevedra, herido grave y que posteriormente sería declarado inutil por padecer una importante anquilosis en el codo izquierdo.
En Segangan, donde se hallaba el cuartel de la unidad quedó 1 sargento y 18 soldados (con tan solo tres carabinas) que se hallaban al cuidado del ganado enfermo. Compartían guarnición con una sección de Melilla(3ª Cia/IBon) al mando de un sargento y 1 cabo y 3 hombres de intendencia. Al estallar los combates se unieron a la defensa los guardias civiles del puesto de San Juan de las Minas. El teniente de intendencia Pedro Dapena (del depósito de Avanzamiento) ordenó que la caballería se replegase a la plaza pudiendo así escapar de la matanza. En total y procedentes de allí pudieron llegar a Melilla el sargento Eduardo Valverde Ramírez y 17 soldados.
Anacleto Semí Jeremías, natural de Gerona, mecánico de profesión y filiado en ese centro de reclutamiento, fue dado de alta en el cuerpo el 26 de febrero. Se le destinó al 4º escuadrón que mandaba el capitán Fernández Tejedo. En su cartilla militar figura un anexo en el que se indica que participó en las cargas del Igan y en la defensa de Nador. Tras la capitulación se incorporó de nuevo al regimiento en el que permaneció hasta el 29 de febrero de 1924 que pasó a la segunda actuación de servicio activo. De los 74 soldados de 2ª presentes el 22 de julio tan sólo pudieron llegar a Melilla Anacleto y tres compañeros más. Domingo Balimaña Tomás, que lo hizo el 4 de agosto y Benito Gómez Hernández que tras permanecer prisionero en Segangan fue liberado el 13 de octubre. Cayeron todos los oficiales, 1 suboficial, 3 sargentos, 8 cabos, 2 herradores, 2 trompetas y 4 soldados de 1ª.

Documentación del soldado Anacleto Semí Jeremias

En toda España el sentimiento de tristeza que reinaba se canalizó a través de múltiples iniciativas ciudadanas. Todos los diarios de la época iniciaron subscripciones a favor de los soldados de África. Entre la documentación que se conserva en la comandancia general de somatenes de Cataluña figuran las peticiones de donativos de los soldados que quedaron inválidos o inútiles en la campaña así como de los murieron en combate. En este último supuesto, la petición la realizaban a nombre de los huérfanos. Cientos y cientos de niños y niñas perdieron a su padre en el desastre quedando muchas familias en una difícil situación económica. El somatén de Cataluña concedió muchos donativos a huérfanos de soldados de todos los regimientos involucrados en el desastre. Manuela Herrero Teruel, de 5 años, era hija del soldado del 6º escuadrón Celestino Herrero Gálvez. Juan García Goig se quedó huérfano a los siete años al morir su padre Juan García Dolcet(natural de Barcelona) del 3er escuadrón. Natividad Obregón Canas (provincia de Álava) perdió a su padre, el sargento del 2º José Obregón Samperio cuando contaba tres años y Arturo López Moreno de tan sólo tres meses lo solicitaba por haber muerto su progenitor, el sargento Arturo López Ríos residente en Melilla y encuadrado en del 1º. Los últimos donativos se concedieron al pequeño de seis meses Enrique Benavent Varcarcel hijo del valenciano Enrique Benavent muerto en la retirada del Zoco Telatza y a María y Miguel Ramírez Sánchez de 5 y 2 años, residentes en Málaga e hijos del suboficial Luís Ramírez Hernández. Ante tal cantidad de solicitudes, el somatén acordó unas bases para la concesión que se aprobaron en enero de de 1922 y que beneficiaban a los desaparecidos hasta el 31 de diciembre. Únicamente se concedieron las prestaciones a las familias de suboficiales, sargentos, cabos y soldados, el plazo para concederlas finalizó el 31 de marzo de 1922. Los donativos se entregaron en una ceremonia en la Capitanía general de Barcelona en mayo de 1922 con la presidencia del general Primo de Rivera que pronunció un emotivo discurso ante los huérfanos, viudas y soldados mutilados o declarados inutiles.

Restos de los escuadrones en el Igan

El quinto escuadrón que mandaba el barcelonés Ricardo Chicote presentaba en lista de revista un total de 95 hombres. El 21 de julio pernoctaron en Ben Tieb y a la mañana siguiente participaron en las primeras cargas para cubrir la retirada de la columna de Annual. Uno de los primeros heridos fue el cabo Juan Ramón Hernández, que en un principio fue evacuado a Ben Tieb y posteriormente a Drius con la intención de que pudiera llegar a Melilla. No lo consiguió, seguramente fue uno de los heridos que fueron rematados en el trayecto entre Drius y Tistutin. En el campamento de Annual se hallaba el jefe del regimiento Francisco Manella junto a su ayudante el capitán Arce, que como ordenanza tenían al soldado Florentino Moreno Martín. Este permaneció junto a su jefe hasta el último momento guardando los caballos y fue uno de los últimos hombres que vio con vida a Silvestre. Junto a él se hallaba el cabo de la Plana Mayor de mando Silverio Elvira que no tuvo la suerte de Florentino y fue dado por desaparecido. Tras abandonar el campamento y sufrir una larga serie de penalidades consiguió llegar hasta Zeluán donde se destacó al participar en dos de los tres convoyes que se realizaron hacía el aeródromo. El miércoles 3 de agosto fue hecho prisionero y no pudo llegar a Melilla hasta el 17 de noviembre.


Herrador de 1ª Juan Carrión Maeso
El suboficial Ramón Jimeno Marhuenda presente en Ben Tieb fue el encargado de hacer llegar al teniente coronel Primo de Rivera la orden de cubrir con todos los medios a su alcance la retirada de las fuerzas de Annual. Jimeno declaró con posteridad que escuchó al 2º jefe una frase que ha pasado a la posteridad aunque se han dado diferentes versiones. Básicamente Primo de Rivera, ante la magnitud de la catástrofe que se avecina les indica a sus cazadores que ha llegado el momento de sacrificarse. Se puede discrepar de las palabras utilizadas pero no del cumplimiento que le dieron aquellos hombres. Su abnegación no ofrece ninguna duda. El suboficial Jimeno cumplió como sus compañeros y al retirarse hacia Drius la columna que mandaba el capitán Lobo volvió grupas y regresó a Ben Tieb con el objeto de retirar los cierres de las dos piezas de artillería allí presentes. Su actuación mereció que se le citará como distinguido en la documentación del regimiento. Participó en la defensa de Zeluán y pudo escapar con vida siendo el único suboficial presente en el frente que lo pudo conseguir. Del resto del escuadrón murieron 2 alféreces, 3 sargentos, 7 cabos, 2 herradores, 4 trompetas, 1 soldado de 1ª y 70 de 2ª. Entre estos últimos se hallaba Bernardino Pérez González que hecho prisionero fue trasladado hasta Axdir donde falleció el 10 de febrero de 1922. Las enfermedades y penurias del cautiverio también se llevaron por delante a Joaquín Romero Pavón (17-12-1921), Pedro Domínguez Sánchez (07-03-1922) y Álvaro Barcía. Pedro Martínez Lillo fue liberado el 27 de noviembre de 1922 junto a Juan Peña Catalá de San Fernando. En febrero de 1923 quedaron libres el cabo Tiburcio de Pablo y los soldados Juan Muñiz Romero, Pedro Morales Pradillo, Cándido Navarro García y Emiliano Alhambra Alguacil natural de Hormigos (Toledo) y a quien su familia ya buscaba con desesperación en septiembre de 1921. La espera fue demasiado larga pero Emiliano pudo regresar junto a los suyos tras el duro cautiverio.


Suboficial Ramón Jimeno Marhuenda

El escuadrón de ametralladoras quedó borrado de un plumazo, ninguno de sus miembros escapó al abrazo de la muerte. Ni un sólo superviviente de entre sus 38 componentes de tropa. El único hombre que salió ileso de aquella masacre fue el teniente Luís Martín Galindo, que se incorporó el 10 de agosto tras participar en la defensa Zeluán. Formaban el escuadrón el 22 de julio 3 cabos, 1 trompeta, 2 soldados de 1ª y 32 de 2ª. El 6º escuadrón tan solo tenía asignado una plantilla compuesta por el herrador de 2ª José Rosas Valdajo, el soldado de 1ª Antonio Sillero Fresnedillo y 11 soldados de 2ª. Tampoco se presentó ningún superviviente, los trece fueron dados por desaparecidos. También fueron citados como destacados por diferentes acciones: Domingo Román Cerezo herrador de 3ª del 5º, Manuel González Ureña cabo del 5º, Tesifonte Expósito Mailanes soldado del 5º, el soldado Francisco Sánchez Caro del 2º escuadrón y el cabo del 4º Esteban Peña Fernández. Todos ellos murieron en combate y fueron citados a título póstumo.


Calle Héroes de Alcántara, Melilla. La placa conmemora el LXXV Aniversario.

El 1 de julio el regimiento estaba compuesto por un total de 1044 efectivos de tropa. De estos, 657 estaban destinados en el frente. Fueron los hombres que participaron en las cargas y en la defensa de las posiciones. De ellos 517 se dieron por desaparecidos, lo que representa un 80% de bajas mortales. Los restantes 140 fueron los únicos sobrevivientes. Destinados en Melilla y según la lista de revista había 4 suboficiales, 16 sargentos, 1 sargento trompeta, 34 cabos, 1 cabo trompeta, 3 trompetas, 2 herradores de 1ª, 2 de 2ª, 2 de 3ª, 5 forjadores, 3 soldados de 1ª y 241 de 2ª. Ingresados en hospitales o con licencia por enfermo 4 cabos, 6 trompetas y 52 soldados de 2ª. Finalmente, arrestados en Cabrerizas y Rostrogordo 1 trompeta y 6 soldados a los que la prisión libró de una más que segura muerte. En base a estos 386 supervivientes, y con la incorporación de nuevos reclutas, se reestructuró el regimiento que estaba formado con carácter provisional por tres escuadrones de sables y uno de ametralladoras. Con tal fin la sección de cría caballar y remonta facilitó 15 caballos de oficiales y 205 de tropa. El resto de cuerpos de caballería aportó 354 prendas mayores y el mismo número de equipos completos para los caballos. La sección de artillería se encargó de proveer el material necesario para el escuadrón de ametralladoras. El regimiento participó en la campaña de reconquista y permaneció acantonado en la comandancia de Melilla hasta que en 1927 se reorganiza fundiéndose con los regimientos de Victoria y Taxdir. Tras un largo periplo por diferentes ciudades y con varios cambios de denominación vuelve a Melilla en 1974 convertido en el regimiento acorazado de caballería Alcántara 10.
En junio de 1931 se inauguró la estatua de Benlliure dedicada al regimiento y que luce ante la academia de caballería. También en Melilla se quiso honrar su memoria y una de sus calles lleva el nombre de Héroes de Alcántara. Este año, el 23 de julio, como viene siendo habitual se celebró el 89 aniversario de los hechos con una ceremonia y se depositó una corona de laurel en la placa que recuerda a los cazadores muertos en combate.
Cuenta Luís Miguel Francisco en su artículo sobre el teniente coronel Primo de Rivera (Morir en Monte Arruit. Ediciones Quirón) que los descendientes de los cazadores le contaron que años después de los hechos se reunían en Madrid. Le dijeron al autor que en las solapas de sus chaquetas portaban una réplica de la Laureada, de aquella cruz a la que nunca tuvieron derecho a título colectivo.


Disipa como el sol las nubes a su paso”


Anuario militar 1930
02-06-1921. Cruz laureada colectiva
http://losnombresdeldesastre.blogspot.com.es/2013/07/regimiento-de-caballeria-alcantara-14_4.html

BibliografíaAntonio Bellido Andreu. El Alcántara en la retirada de Annual. La laureada debida. Colección Adalid. 2006
Capitán Sainz Gutiérrez. Con el general Navarro de operaciones. Madrid 1924.
Ramón J. Sender. Imán. Editorial Destino.
José Mª Garate Córdoba. España en sus héroes. Madrid 1975 Omnigraf.
Hemeroteca La Vanguardia meses de agosto, septiembre, octubre, noviembre y diciembre de 1921. Febrero y marzo de 1922. Febrero de 1923.
Hemeroteca El Castellano, meses de agosto, septiembre y octubre de 1921.
Hemeroteca ABC, meses julio, agosto, septiembre de 1921 y febrero de 1923.
Hemeroteca La Correspondencia de España., meses de julio, agosto, septiembre, octubre, noviembre y diciembre de 1921. Octubre y noviembre de 1922. Enero y febrero de 1923.
La Esfera. Madrid 17 de diciembre de 1921. Dibujo de Ricardo Marín.
Anuario Militar 1930
Documentación del soldado Anacleto Semí Jeremias encontrada en el buscador de imagenes de Google. Por más que lo he intentado no he conseguido contactar con la familia pero he creido oportuno publicarlo.




martes, 27 de julio de 2010

OBJETOS PERDIDOS

OBJETOS PERDIDOS
Miles de muertos jalonaron el camino entre Abarran y Melilla. La muerte les sorprendió en apartados campamentos lejos de la seguridad de la plaza. Todos aquellos hombres llevaban encima objetos personales que engrosaron las ansias de botín. Tradicionalmente hemos hablado de cargas de artillería, de munición, de dinero perteneciente a las compañías, de fusiles y cañones. Sin embargo poca atención le hemos prestado a esos objetos personales que todos ellos llevaban encima y que se perdieron en la inmensidad del Rif. Cartas, fotografías, libros y algunas alhajas fueron apareciendo a medida que se reconquistaban las posiciones perdidas. En algunos casos resultó imposible asociarlas a su dueño ya que no se podían identificar aquellos cadáveres que aparecían completamente desfigurados por los rigores climáticos. A pesar de las dificultades, y gracias a la acción de la prensa, se pudieron reconocer algunos que posteriormente fueron entregados a sus familiares. Aquellos objetos perdidos fueron lo único que la mayoría de familias pudieron recibir. Uno de los casos que apareció publicado y se pudo resolver fue el de un anillo que apareció tres años después del derrumbamiento de la comandancia.

EL ANILLO
El joven capitán no pudo cumplir la orden recibida de su superior. Al mando de su compañía formaba parte del intento de convoy que desde Annual se había organizado atendiendo a las angustiosas llamadas del comandante Benítez. Las tres columnas estaban al frente del teniente coronel Núñez de Prado. Este, ante la imposibilidad del avance, decide enviar al joven capitán para que comunique al coronel Arguelles el fracaso del intento de ayuda. Nuestro capitán pudo llegar hasta el campamento donde el jefe de la circunscripción le ordena que vuelva grupas y comunique al jefe de Regulares que no ceje en el intento. En el camino de vuelta hasta posiciones avanzadas es alcanzado por una bala y muere entre los barrancos que comunican ambas posiciones. Su cadáver queda abandonado y solo. En algún momento uno de los hombres de su compañía desvalija a su jefe de cuanto lleva encima. Se llamaba Carlos Zappino Zappino, tenía veintiocho años y mandaba una compañía de Regulares.
Capitán Carlos Zappino, muerto en combate el 19 de julio

Un año después de la muerte de Zappino fue juzgado en el cuartel de Santiago Mohamed Ben Amar el Bulador acusado del delito de traición y abandono del servicio. Mohamed era oficial de 2ª de infantería desde el 4 de junio de 1920. Confesó que el 19 de julio de 1921 encontró muerto al capitán de su compañía y le robó todo cuanto encontró en sus bolsillos. Una importante cantidad de dinero y varias alhajas que al parecer entregó al ser detenido. El tribunal fue presidido por el general Palou y actuó de Fiscal el comandante Ramírez. Como defensor del acusado se designó al capitán de artillería Alejandro Velarde. Este intentó sin éxito presentar atenuantes acerca del arrepentimiento de su defendido pero el tribunal rechazó todos sus argumentos. En su contra influyó sin duda el probarse que tras desertar del grupo intervino en la toma de Nador y la matanza de Arruit. Ramírez solicitó la pena capital y el tribunal envió el caso para que lo conociera y aprobara el general Burguete, ya que los casos de traición no iban al tribunal supremo de Guerra y Marina. ¿Entregó Mohamed todos los objetos pertenecientes a Zappino? Parecía que sí pero el tiempo aun depararía un nuevo giro al caso.

En diciembre de 1924, tres años después de la derrota Ricardo Zuricalday Otaola Arana(Bilbao 1877-Bilbao 1969), capitán de Garellano 45, se enteró de la existencia de un anillo que le vendió un rifeño al provisionista del ejercito Ángel Romero. El oficial albergaba la duda de que pudiera pertenecer a alguna víctima de los sucesos de julio y se puso en contacto con el corresponsal en la plaza de ABC.

Ricardo Zuricalday de Otaola Arana

El sello representaba un escudo de armas que podía facilitar el reconocimiento por parte de la familia. Finalmente el vespertino madrileño incluyó un dibujo del mismo y salió publicado el jueves 4 de diciembre, día de Santa Bárbara, patrona de los artilleros.

Dibujo publicado por ABC

Ese día en Melilla se celebraron funelares en recuerdo de cuatro jefes pertenecientes a la 2ª promoción de infantería y que habían caído en combate en el territorio marroquí. Se trataba del general Serrano, los tenientes coroneles González Tablas y Temprano y el comandante Julio Benítez. Junto a esta noticia se reproducía un dibujo en el que se podía ver perfectamente las características del anillo con la esperanza de que fuera reconocido y devuelto a la familia. En la parte posterior del mismo podía leerse: 18-06-1905- 19-06-1909.
Días después se resuelve el misterio del anillo perdido. El capitán Zuricalday recibe una carta de la Sra. Julia Zappino Riquelme donde le indica que tras ver en ABC el dibujo del sello puede afirmar sin duda que se trata del anillo de su hijo Carlos. Para darle aun más verisimilitud al caso le envía una copia del escudo de los Zappinos que por descontado coincidía plenamente con el que le fue robado al capitán.

Carlos Zappino nació el 28 de mayo de 1893. Era hijo del general Enrique Zappino Moreno (1860-1914) y de Julia Zappino Riquelme. Ingresó en la academia el 28 de agosto de 1909. 2º teniente junio de 1912. Ese mismo año en octubre, junto a su padre entonces comandante general del cuerpo de Inválidos, fueron recibidos por Alfonso XIII. 1er Teniente junio de 1914. Ascendió a capitán el 30 de septiembre de 1918. Tras permanecer destinado en Segovia en el regimiento La Victoria fue destinado en 1921 al Grupo de Regulares de Melilla, que sería a la postre su último destino. La madre del capitán pudo así conseguir recuperar el anillo de su hijo cuando ya parecía imposible poder hacerlo. Imagino que lo debió guardar con el mayor de los cariños hasta su muerte el 4 de enero de 1938.

Carlos Zappino Zappino 1893-1921
Aquel intento de ayudar a los defensores de Igueriben fracasó y entre las tres columnas españolas se produjo un alto número de bajas. El teniente coronel Núñez de Prado resultó herido. Su substituto en el mando el comandante Juan Romero López de África 68 recibió un balazo que le atravesó un pulmón. Falleció en Annual esa misma noche y pudo ser trasladado y enterrado en Melilla. Entre las fuerzas de Regulares las bajas mortales fueron el capitán Zappino, el teniente Francisco Nuevo Soriano y 6 muertos entre la tropa. Heridos resultaron el capitán José Redondo, con una grave herida de bala que le atravesó el rostro, los tenientes Martínez Roselló y González Guzmán, el alférez Tomasetti y 41 de tropa. Entre los regimientos de infantería se contaron 2 muertos y 21 de tropa heridos o contusos. En el parte del día se destacó al capitán Sabaté y al comandante Alzugaray que al frente de tres compañías de zapadores cooperaron en el difícil repliegue de las unidades.



LA FOTOGRAFÍA


¿Quien sería la protagonista de este retrato encontrado en Arruit?

Murió sujetando con fuerza una vieja fotografía. Así le encontraron cuando meses después apareció su cadáver descompuesto. Aquel recuerdo que se negaba a soltar fue el último hilo que le unió a su vida anterior. Tenía tan solo veintiún años y toda una vida por delante. Era uno de los soldaditos españoles que murieron en Monte Arruit, uno más de ellos, y parecía condenado a formar parte del ejército de desaparecidos. Sin embargo aquel retrato al que se aferraba le concedió la fortuna de poder ser reconocido y pasó de ser un esqueleto a bordo de aquellos camiones de la comandancia de Ingenieros a tener nombre y una familia que le añoraba y a la que nunca más volvería a ver.
Cuando se recuperó Arruit y se llevaron a cabo las labores de enterramiento pudieron liberar aquel vestigio de su vida anterior. En la fotografía aparecían una mujer y un niño menor de un año. En el reverso decía:
“A mi querido Francisco, para que siempre que mires esto te acuerdes de quien mucho te quiere, 07-02-1921”.
Los miembros de los equipos de desinfección que le pudieron arrebatar el preciado recuerdo lo entregaron al capellán Agustín Cartón Revuelta (28-08-1896. Capellán 3º 22-11-1922). El páter resolvió entregar la fotografía al enviado de ABC con la esperanza de que la pudieran publicar y la familia reconociera al finado. Francisco pasó junto a sus compañeros a una de las fosas comunes y el retrato fue publicado a mediados de noviembre por el rotativo madrileño.
Pasaban los días y nadie reclamaba la instantánea, parecía que al igual que el dueño sería condenada al olvido. Sin embargo el 6 de diciembre una mujer se dirigió a la capitanía general de Barcelona y en el cuerpo de guardia mostró un ejemplar del periódico afirmando ser ella junto a su hijo quien posaba en aquella página. El oficial de guardia lo comunicó a sus superiores que se debieron conmover y se pusieron en contacto con la redacción del ABC.


Fotografía encontrada en Monte Arruit

Finalmente se supo que se trataba del soldado Francisco Carrera Roig, natural de Barcelona y casado con Natividad Miralles Ruiz con domicilio en la Avenida Meridiana de la capital Condal. Aquella mujer no sabía ni tenía constancia oficial de la muerte de su marido. Imaginemos la conmoción que le debió causar ver su fotografía publicada. Aquel pequeño quedó huérfano y no pudo vivir una vida junto a su progenitor que murió en la flor de la vida. Ignoro si finalmente el capellán Cartón pudo hacer llegar aquel pedazo de Francisco a su familia. Lo que sí se sabe es que Torcuato Luca de Tena, director de ABC, sabiendo que aquella mujer pasaba penurias económicas entregó cien pesetas al capitán general de Cataluña para que las hiciera llegar a la viuda de Francisco. No fue esta la única fotografía que encontraron las columnas españolas al reconquistar las posiciones. En el mismo escenario el sargento del 1º de Zapadores Ramón Bonet encontró otra en la que una pequeña de pocos meses le mandaba cariñosos saludos a su padre. Firmaba Ramona Gloria y no he podido encontrar testimonios acerca de que se hubiera podido dar buen fin a las pesquisas del sargento Bonet.

Retrato de familia encontrado en Monte Arruit

Otras muchas instantáneas y cartas aparecieron en Drius, Ben Tieb y allí donde hubo posiciones españolas. No formaban parte del afán de pillaje y se ajaron al sol sin que nadie las pudiera hacer llegar a sus dueños. En sus crónicas desde Melilla el corresponsal del Noticiero Universal Vila San Juan publicó una carta encontrada entre el ropaje de un soldado muerto. Decía así:
" Es imposible dormir un solo día. Dicen que los moros dan sorpresas y que pasan a cuchillo a cuantos duermen. No sabes lo que se sufre aquí, estoy mucho más delgado apenas como, y por las noches me tumbo abrazado al fusil, despertandome mil veces, porque oigo ruidos extraños alrededor de mi tienda de campaña. Yo creo que he sentido una noche el frio de una gumía rozando mi cuello. Me desperté castañeando los dientes. Esto no es para mi. Yo sirvo muy bien para vender calcetines en casa, pero para esto no. Más vale que que dejen a los moros en paz de una vez, y que nos vayamos a casa".



Retrato encontrado en Monte Arruit

En este caso y otros muchos no se pudo relacionar la carta con el autor. Pero en otras ocasiones no fue así y la postrera despedida pudo llegar hasta las familias. Tras la reconquista de Arruit y entre los restos de la posición se encontró un texto casi ilegible que le fue entregado al mediático Padre Revilla. La había escrito el soldado de Ceriñola Gabriel Sainz García, cartero de su compañía, y dirigida a su padre Emeterio Sainz Martínez. En ella se refleja el sentimiento de abandono que sintieron aquellos pobres soldados tras días de asedio, sin beber ni comer y sometidos al cruel castigo de la artillería y el calor asfixiante. Asumían su destino y lo afrontaban aunque en las últimas líneas se refleja la impotencia de verse abandonados a su suerte sin que desde Melilla se hiciera nada para socorrerlos.
“Padre, reciba el último beso que le dedica este hijo que no le olvida ni un momento hasta que le quede el último suspiro de vida…
Llevamos ocho días de fuego en los que hemos sufrido infinidad de bajas. De nuestra compañía han muerto de cuatro partes las tres y media, y yo he tenido la suerte de haber salvado…
Si en alguna cosa le he hecho pasar algún disgusto, me perdone; es lo último que le pide su hijo.
Su hijo le dedica el último abrazo.
VIVA ESPAÑA, AUNQUE MUERO POR ELLA SIN DARNOS DEFENSA.”

La larga y cruel agonía a la que fueron sometidos los defensores de Arruit resulta difícil de digerir. Siempre ha sido uno de los episodios que más me han conmovido del desastre. Días y días de sufrimiento para acabar siendo aniquilados sin compasión. No es extraño que otra de las cartas que apareció uno de aquellos pobres martirizados hombres pidiera:

“Aquí muero yo y muchos hermanos míos defendiendo a la patria, así que hermanos míos, vengar nuestra muerte…”


EL FAJÍN



Sin duda alguna que entre todos los episodios de Annual hay y seguirá habiendo un halo de misterio que nos hará desconocer para siempre algunos puntos oscuros que ya forman parte de la simbología del desastre. Uno de esos misterios sin resolver es conocer con certeza que fue del general Fernández Silvestre. Hoy en día seguimos sin saber a ciencia cierta que ocurrió durante aquellos últimos momentos y tras morir. Evidentemente me resulta imposible dar respuesta a este enigma aunque entre las hemerotecas he encontrado algún testimonio poco conocido que aportaré ya que parece verosímil. Pero como en este articulo de trata de objetos perdidos intentaremos descubrir que fue del fajín y los cordones que llevaba el general. Resulta inevitable asociar su paradero al del propio Fernández Silvestre y algunas de las versiones que se llegaron a publicar resultan cuanto menos curiosas.

Larache, 24 de Junio de 1913
Manuel Fernández Silvestre asciende a Brigadier. En Larache donde es tremendamente popular se recibe la noticia con alborozo y hasta se organiza una colecta con el fin de regalarle un fajín. Para que las clases menos pudientes pudieran participar se estableció que la aportación máxima sería de diez reales. No fue este el único fajín que recibió el nuevo general. El miércoles 25 llegó a Larache procedente de Madrid el teniente coronel Bermúdez de Castro que entregó a Silvestre otro fajín regalo de Alfonso XIII. Nunca sabremos cual fue el elegido por el comandante general el día que murió en Annual.
Viernes, 22 de julio de 1921.
Todo se desmorona a su alrededor. Desde la entrada de la posición, y rodeado ya de muy pocos, el general debía estar sufriendo una tremenda conmoción. Ya ni tan siquiera intentaba evitar que corrieran despavoridos sus soldaditos. En aquellos últimos momentos aun quedan sus fieles Manera, Hernández y pocos más, ya que otros muchos prefieren caer luchando e intentar alcanzar el Izzumar. De aquellos momentos nos queda el testimonio del teniente Arias Paz y el resto de sus hombres. Sin embargo, desde una loma próxima, un joven teniente médico le observa con sus prismáticos y aporta su testimonio meses después de la desaparición del general. Carlos Puig Quero estaba recién salido de la academia de Sanidad militar y el grupo de Regulares era su primer destino. La orden era situarse junto a su compañía en una loma situada a doscientos metros del campamento y resistir allí hasta que todas las tropas hubieran abandonado el campamento. Posteriormente debían cubrir la retaguardia de la columna.. En aquel momento se ajustó los prismáticos y esto fue lo que vio:

“Yo esperaba una orden de retirada que no venía. Se habían olvidado de nosotros. Llegue a estar casi solo. Aquí y allá unos pocos regulares tendidos entre peñas disparaban aún con una sangre fría admirable. Cogí los gemelos y mire hacia el campamento. Fernández Silvestre, en pie, gesticulaba. Dos jefes y un sargento de radiotelegrafía estaban a su lado. El brazo derecho del general señalaba el camino donde se iniciaba el desastre, con un ademán de desesperación. Su mano muy abierta, engarabitaba los dedos. Gritaba algo, que naturalmente yo no podía oír. Pareciome que los acompañantes le rogaban se apartara de allí y que él se negaba. Tuve la impresión que no quería volver a Melilla, de que llamaba a grandes voces a la muerte redentora… Y la muerte le oyó. Un turbión de moros apareció al final de la cuesta. Subían a la carrera, dando alaridos, disparando sus fusiles, alzando sus gumías y sus cachiporras. El general anduvo algunos pasos, como ofreciéndose al cruel enemigo implacable. Le vi vacilar, llevarse las manos al pecho, luego a la cabeza y caer de boca. ¿Cuántas balas penetraron su cuerpo robusto? Se agitó un segundo, en postrera convulsión agónica y después quedó quieto, los brazos extendidos, pegado al suelo. Las piernas algo separadas. Los que estaban con el fueron a acercársele. Debieron ser heridos también. Y se metieron dentro. Y llegó la ola rifeña. Por la ancha entrada del campamento, saltando sobre el cadáver de Silvestre y sobre otros cadáveres caídos allí cerca, penetró en Annual…”

El testimonio del teniente Puig no fue publicado hasta meses después del desastre. No fue fruto de un arrebato sino más bien una reflexión bastante bien estructurada. Los dos jefes a los que se refiere serían sin duda Manera y Hernández, y el sargento podría tratarse de Vicente Domper Coll (del centro electrónico y de comunicaciones), muerto en la retirada. ¿Tiene credibilidad? En todo caso no es el único testimonio que señala que no se suicidó en su tienda como apuntan otros muchos testigos. Lo que sí parece claro es que en el momento de su muerte llevaba puesto tanto el fajín como los cordones de ayudante. ¿Que fue de ellos? Repasemos las hemerotecas.

Miércoles, 3 de agosto de 1921. La Correspondencia de España.
Aparece la primera noticia sobre el fajín de Silvestre. El corresponsal afirma que Abd el Krim se pasea de zoco en zoco llevando el rojo fajín que perteneció al general. También se ofrecen detalles del entierro del coronel Morales.
Miércoles, 17 de agosto de 1921. La Libertad.
Los medios se hacen eco de una publicación de la Gaceta de Melilla en la cual se desmiente categóricamente que el fajín de Silvestre esté en poder de Abd el Krim. También se afirma que su cadáver no fue descuartizado.
Martes, 13 de septiembre de 1921. La Correspondencia de España.
Se halla el cadáver de Fernández Silvestre. No en el mismo campamento, sino a la salida del mismo. Se desmonta la teoría del suicidio. El cuerpo fue encontrado por prisioneros españoles. No se precisa si lo enterraron e identificaron el lugar.
Viernes, 9 de diciembre de 1921. La Correspondencia de España. El Diario de Córdoba.
No se habla del fajín de Silvestre, pero sí de otros pertenecientes a los oficiales de Estado Mayor. En la Escuela de Guerra se celebró un acto para depositar las fajas del coronel Morales, Comandante González Simeoni y capitán Sánchez Monje. Los depositaron en un monumento situado en el interior de la escuela. Presidió el acto el general Suárez Inclán. Hay que aclarar que no se trataba de los fajines que llevaban puestos el día de su muerte, por lo menos el perteneciente a Simeoni. Tras la liberación de los prisioneros españoles en febrero de 1923, el capitán Sigfredo Sainz aclaró que el fajín que llevó puesto durante todo el cautiverio fue el que perteneció al comandante González Simeoni y que aun tenía manchas de su sangre .Tan solo se lo quitó cuando junto al teniente Dalias fueron condenados a muerte y lo entregó provisionalmente al capitán Aguirre que también era diplomado en Estado Mayor.
A medida que avanzan las tropas en la reconquista aparecen objetos perdidos. Ese día aparece en Beni Bu Ifrur la montura de un oficial de caballería, con sus iniciales grabadas sobre el cuero. Se trataba de la silla del teniente de Alcántara José Manterola. El oficial murió en Arruit. Por suerte para su familia su cadáver fue reconocido junto al del capitán Triana y ambos pudieron ser enterrados dignamente.
Lunes, 2 de enero de 1922. La Correspondencia de España.
Aparece publicado el testimonio anteriormente citado del teniente Carlos Puig Quero. Su declaración finaliza afirmando que tras la muerte del general aun quedó una sección que se defendía haciendo fuego sobre el enemigo. Fueron los últimos de Annual. Podían ser como afirma Juan Pando una sección de Ceriñola al mando del teniente Honorato Hernando.
Sábado, 28 de enero de 1922. La Correspondencia de España
El propio Abd el Krim afirma tener en su poder el fajín y los cordones de Silvestre. Se relata la crónica de un joven rifeño que dice ser el autor de los disparos que acabaron con la vida del general. Según su testimonio se hallaba junto a un jefe y otro oficial de Administración militar. El joven combatiente indica que le hirió en una pierna y posteriormente vio como se descerrajaba un tiro en la sien.
Jueves, 16 de febrero de 1922. La Correspondencia de España. La Vanguardia de Barcelona.
Riquelme, jefe de la policía Indígena, se entrevista con Ben Chel.lal, Este le entrega algunos objetos pertenecientes a los oficiales prisioneros en Axdir. Los prismáticos del general Navarro, sortijas y algunos relojes. Riquelme los entrega en la comandancia para que sean devueltos a sus familiares. Ben Chel.lal no conoce el destino del fajín.
Jueves, 30 de marzo de 1922. La Correspondencia de España.
Se reciben noticias desde Axdir. El sargento Vasallo se entrevistó con otro rifeño. No sabemos si fue el anterior, que vio el cadáver de Silvestre. Presentaba dos orificios de bala. Uno en la pierna y otro en la cabeza. Cubrieron el cuerpo con piedras y recordaban el lugar donde se hallaba. Al mismo tiempo le ofrecieron al sargento la posibilidad de comprar el fajín. Vasallo lo comunica al gobernador de Alhucemas y este a la comandancia. Las gestiones para intentar localizar el cadáver las llevan a cabo el capitán médico Jurado y Dris Ben Said. Todos los intentos resultaron baldíos. El cuerpo no se hallaba allí donde afirmaban.
Lunes, 14 de agosto de 1922. La Correspondencia de España. ABC martes, 15 de agosto de 1921.
El Alto Comisario general Burguete se traslada a Melilla y desde allí a Kandussi. En la posición revista las columnas que móviles de Salcedo y Fernández Pérez y pasa el día junto a los generales Ardanaz, Palou y Jordana. En la posición recibe una confidencia acerca del fajín. Parece ser que se halla en un aduar próximo a Dar Drius. Ese día se publica en grandes titulares la muerte del coronel Lasquetty y su chófer el soldado Miguel Salvat, pudo salvar la vida el teniente Solanes ayudante de Lasquetty. La emboscada se produjo cerca del Igan Al jefe de policía le amputaron dos dedos para hacerse con las sortijas que llevaba.
Miércoles, 30 de agosto de 1922. La Voz (Córdoba)
Se publica una de las noticias más llamativas de entre todas las que se publicaron sobre el general. Según el noticiario cordobés Fernández Silvestre vive y se halla escondido en un aduar próximo a Argelia. A pesar de que parecía increíble la familia se aferraba a esta posibilidad. El padre Revilla y el propio hijo del comandante le dieron crédito a la noticia.
Viernes, 8 de septiembre de 1922. La Correspondencia de España
Por fin parece que el enigma tiende a ser resuelto. Ese día La Correspondencia adelanta en exclusiva que se ha recuperado el fajín. Días después en Mundo Gráfico podemos ver al comandante Fernández Heredia sosteniendo en sus manos la prenda del general. También se recuperan los cordones de ayudante del teniente coronel Manera. Fueron entregados por un rifeño de Beni Tuzin. El fajín del general estaba forrado de cuero y parecía hallarse en buen estado. Certificó su autenticidad el capitán Bernardo Gil Pina, capitán de caballería destinado en comisión en la comandancia de Melilla y que conocía bien a Silvestre.
El comandante de policía Heredia sujeta en sus manos el fajín

Sábado, 9 de septiembre de 1922. Diario de Córdoba. La Vanguardia
Ambas publicaciones confirman la información adelantada el día anterior. La prenda la recibe el alto comisario para ponerla a disposición de la familia.
Sábado, 23 de septiembre de 1922. La Correspondencia de España, La Vanguardia, Diario de Córdoba.
Llega a Madrid procedente de Melilla el soldado de Wad Ras Carlos Díaz de Mendoza Guerrero. El joven infante era hijo de los actores Fernando Díaz de Mendoza y María Guerrero. Pero su aparición en prensa fue debida a que él personalmente fue el comisionado para entregar en el ministerio de la Guerra el fajín del general. En nombre del ministro lo recibe el teniente coronel López Lamela, jefe del negociado de Maruecos. El enigma del fajín parecía resuelto. ¿Fue así? En los días y meses siguientes la noticia desaparece de todos los diarios. No fue hasta meses después que encontré la confirmación de la resolución del enigma del fajín.
Viernes, 19 de enero de 1923. La Vanguardia
Entrevista a Manuel Fernández Silvestre Duarte. En la misma, Bolete afirma ya sin ninguna duda, que no tienen esperanza alguna de encontrar con vida a su padre. La no aparición del cadáver alentó las esperanzas de la familia, aunque finalmente se rindieron a la evidencia.

A raíz de la tragedia de Annual yo creí que mi padre había muerto, y porqué lo creí me vestí de luto. Más pasado algún tiempo, al ver que no aparecía el cadáver, tuve alguna esperanza, que también se desvaneció al presentar los moros el fajín que mi padre llevaba puesto.
De encontrarse su cadáver, yo lo reconocería, porque su cuerpo está lleno de cicatrices que son inconfundibles. Una de ellas ha dejado en la cabeza una huella que no desaparecerá mientras exista su cráneo. En las manos, en los brazos y en los hombros se contaban 27 heridas, todas bien señaladas.
Se me ha entregado el fajín de mi padre y por cierto que ni en la faja ni en los entorchados se ve señal alguna de violencia. ¿Cómo puede concebirse esto? ¿Si le fue arrancado después de muerto no hubiera alguna huella trágica?

Las preguntas de Bolete quedaron sin respuesta. Yo, tantos años después, me hago otra a la que tampoco podré dar contestación. ¿Que fue de la faja cuando Bolete murió en combate en la guerra civil? Tal vez lo enterraron junto a él en Villaviciosa de Odón. Aun, hoy en día, sigue abierto el enigma del fajín.


Bolete y su padre



Bibliografía
Hemeroteca La Vanguardia. 1921, 1922 y 1923
Hemeroteca ABC 1921, 1922, 1923 y 1924
Hemeroteca La Correspondencia de España 1915, 1921, 1922 y 1923
Hemeroteca Diario de Córdoba 1921, 1922 y 1923
La Voz 1921, 1922 y 1923
Mundo Gráfico 1921, 1922 y 1923
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viernes, 11 de junio de 2010

El último oficial caído en combate

El último oficial caído en combate
La estela de los oficiales supervivientes se extiende durante todos los conflictos que se producen en los años posteriores a la rota. Encontramos a esos hombres en las sucesivas campañas, en las que algunos obtienen ascensos y condecoraciones pero también caen muertos o heridos. Seguimos su rastro tras la pacificación en 1927 y descubrimos que intervienen en conjuras y pronunciamientos contra la república, en la revolución de Asturias y finalmente tomando partido tras el golpe del 18 de julio. Durante la guerra un gran número de ellos son ejecutados. En algunas ocasiones son milicias republicanas quienes los conducen a cementerios o cunetas, pero también otros son fusilados por el bando nacional. A los que caen bajo represalias hay que sumar los que mueren en combate. Cada vez quedan menos y llevan mucha guerra a sus espaldas. Sin embargo y a pesar de la larga y cruel contienda, unos pocos aun encuentran motivación para participar en la segunda mundial. Tres de ellos partirían hacia la lejana Rusia formando parte de la División Azul. El 3 de junio de 1942 falleció el comandante Joaquín de los Santos Vivancos, siendo jefe del 1er Batallón del 263 regimiento de infantería de la 250 División alemana. La División Azul, La Blau. Fue este jefe, el último oficial superviviente de Annual muerto en combate.
Joaquín De los Santos Vivancos. 1896-1942

Marruecos
Joaquín nació en Valencia el 8 de agosto de 1896. Siendo muy pequeño la familia se trasladó a Castellón. Ingresó en el ejército como soldado voluntario en octubre de 1910 a la temprana edad de 14 años y juró bandera en el patio del regimiento de infantería Tetuán 45 en la capital de La Plana. En julio de 1918 supera las oposiciones e ingresa en la academia de infantería en septiembre del mismo año Sus hermanos Miguel y Antonio lo hacen en Valladolid como cadetes de caballería. El 7 de de julio de 1921 obtiene el despacho de alférez de infantería.
Pocos días antes del desastre Joaquín es destinado al Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas Melilla 2. En esos momentos en el Grupo servían 13 alféreces de infantería (1 ER) y 4 de caballería (1 ER). Se incorpora a su unidad días antes de producirse la retirada. Participa en los intentos de auxilio a Igueriben y se halla en el campamento general cuando se toma la decisión de abandonarlo. La gran mayoría de compañeros de empleo pueden salvar el pellejo. Entre ellos se hallan los hijos de Fernández Silvestre, Navarro y Jiménez Aguirre. El único alférez muerto en combate del grupo fue Fernando Tomasetti Caritat que falleció cerca de Taouima.
Durante el resto del año continuó en el mismo destino y participó en la reconquista del territorio perdido. En enero del año siguiente las columnas españolas estaban a punto de recuperar la importante posición de Dar Drius. El lunes 9 fue herido en la toma de Dar Azugaj, en aquella posición que meses antes defendió una sección de San Fernando al mando del alférez Ruiz Tapiador. La columna de Cabanellas en la que estaba integrado el grupo de regulares, ocupó la posición y recuperó cadáveres y pertrechos. Entre aquellos esqueletos se pudo reconocer al ingeniero de minas Gabriel Ramos y tres de sus obreros que murieron al intentar dar alcance a la columna del general Navarro. Ese día murió el teniente Narciso Pérez de Guzmán el Bueno, uno de los pocos oficiales que escaparon con vida de Alcántara 14. Su cadáver fue llevado a la plaza y sus padres, los condes de Torre Arias, le dieron sepultura en Madrid.

Concesión Medalla militar colectiva al GFRI 2



Joaquín se recupera de sus heridas y vuelve al grupo que sigue a las órdenes de Núñez de Prado. Los combates se suceden sin interrupción: Hasi Berkan y el Muluya en marzo, avances sobre Tikermin y Arkab en abril y los duros combates en Tuguntz. Día tras día las columnas de Cabanellas, Federico Berenguer, Fernández Pérez y Saro conquistan aquellos lugares donde aun flotaban las tristes historias de sus defensores. Al año siguiente coincide en la unidad con su hermano Antonio, alférez de caballería. Ambos, como el resto del grupo, son condecorados con la medalla militar individual colectiva por su actuación en los combates de Tizzi Azza desarrollados entre el 28 de mayo y el 5 de junio. Poco después se produce el relevo en el mando al ser designado el teniente coronel Sebastián Pozas en sustitución de Núñez de Prado que es ascendido a coronel. En julio, en una vibrante arenga, Pozas hace entrega al grupo de la bandera nacional que les ha concedido el Rey. Pocos días después Joaquín asciende a teniente aunque permanece en el mismo destino. Sobre sus espaldas dos años de duros combates en una unidad duramente castigada por las bajas.


Miguel Nuñéz de Prado y Sebastián Pozas Peréa


En abril de 1924 la familia de los Santos sufre un duro revés al morir en accidente de aviación Antonio. Piloto aviador y teniente de caballería que se hallaba destinado en la escuadrilla de Melilla desde diciembre de 1923, falleció en accidente en el aeródromo de Taouima. En aquellos momentos coincidían en Marruecos cuatro hermanos. Joaquín Luís y Miguel en regulares y el fallecido Antonio en aviación. Su cadáver es enterrado en el cementerio de la Purísima Concepción. Tras una larga permanencia en campaña Joaquín es ascendido a capitán por méritos contraídos en diferentes operaciones y con antigüedad de 30 de septiembre de 1926. Tras la pacificación regresa a su tierra y ocupa una vacante en el regimiento de Tetuán. Sobre su pecho luce varias cruces rojas conseguidas en Marruecos.

España

La sublevación le sorprende en su ciudad, donde se halla en situación de disponible. En Castellón el teniente coronel Primitivo Peire Cabaleiro era el jefe del batallón de ametralladoras y comandante militar de Castellón. Entre los oficiales que se mostraban partidarios de sublevarse destacaba el comandante Carlos García Vallejo. Su anterior implicación como instructor del requeté le hacía propicio para encabezar el levantamiento. Peire se mantuvo leal y García Vallejo no encabezó ninguna sublevación ni sacó las tropas a la calle. A pesar de esas presuntas vacilaciones se incorporó al ejército republicano donde se forjó una brillante carrera. Estuvo al frente de brigadas mixtas, divisiones y hasta del IX Cuerpo del ejército. En junio de 1938 fue condecorado con la prestigiosa medalla al valor y fue ascendido a coronel. Tras la guerra fue detenido, y condenado en 1942 a treinta años de reclusión. Fue indultado en 1945 y puesto en libertad. Falleció en febrero de 1949 cuando contaba 57 años. En 1979 su hija obtuvo del gobierno de la nación la amnistía.


Regimiento de infantería Tetuán 45, Castellón.

De los Santos decide fugarse de la capital e incorporarse a las tropas del bando nacional. Sin duda en su ánimo debieron influir dos matanzas. La primera ocurrida la noche del 29 de agosto en el barco prisión Isla de Menorca anclado en el grao de Castellón. Esa noche milicianos incontrolados sacan a 57 hombres y los fusilan sin contemplaciones. Entre ellos figuran el coronel Julio Rivera Atienza y el teniente coronel Melchor Monzonis Soler padre del laureado Teniente Monzonis muerto en combate en 1926. Junto a ellos varios sacerdotes, oficiales, guardias civiles y simpatizantes del bando nacional. En segundo lugar el fusilamiento masivo en Valencia de oficiales adeptos al levantamiento entre los que se encontraba su hermano Luís y un gran número de oficiales.
La fuga la realizó desde el puerto de Burriana debido sin duda a que debía estar menos controlado que el de la capital. Tuvo que preparar bien la fuga ya que en aquellos días se habían cometido en la población muchos fusilamientos. En el cementerio conviven las lápidas de las victimas de la represión republicana con las que se producirían al ocupar el pueblo las tropas del general Aranda.
Desde Burriana consigue tras un largo viaje llegar hasta Marsella. La armada de guerra vigilaba el litoral lo que convertía la travesía en un trayecto poco seguro. En aquellas operaciones de bloqueo en el litoral valenciano intervino otro superviviente de Annual. El Laya, que tan buenos servicios prestó en la evacuación de las posiciones costeras, tuvo que cruzar disparos contra el Balares y el Canarias. Su comandante en 1921 el capitán de fragata Fco. Javier Salas González fue fusilado en Paracuellos del Jarama el 7 de noviembre de 1936. Su hermano de clase, el Lauria, quedó en poder de la armada nacionalista. Su comandante Tomás Calvar Sancho pudo salvar la vida. Murió en el Ferrol en abril de 1944 tras asistir a un encuentro de fútbol entre el Ferrol y Celta de Vigo. Su hijo Tomás, capitán de artillería, fue defensor del Alcázar de Toledo. Los dos cañoneros fueron dados de baja en 1940 tras treinta años de servicio.

Laya y Lauría

Desde Marsella y gracias a la red de espionaje montada por el mando nacional consigue incorporarse a la zona sublevada y es destinado al ejército del Sur. La primera unidad que mandó fue la 2ª compañía del III Tabor de Regulares de Larache. Su brigada la dirigía el teniente coronel Rodríguez de la Herrán y la 102 división el coronel Castejón Espinosa. Aunque fue organizada en Andalucía, la unidad tenía su cuartel general en Extremadura, en la comarca de la Serena. En enero del 38 participa en las operaciones que se desarrollan para ocupar la sierra de Acebuche en el alto Zujar. Tras su paso por regulares es destinado al regimiento Cádiz 33 que tiene concentrados la mayoría de sus batallones en la 23 División al mando del coronel Juan Herrera Malaguilla que era el jefe del regimiento de Cádiz en julio de 1936. Tenían su cuartel general en el balneario de Fuentealegría, en la provincia de Córdoba. En el primer trimestre del 38 la división es reestructurada y el mando lo asume el general Francisco Borbón de la Torre y las dos brigadas, los tenientes coroneles Martos Peña y Sagrado Marchena. En julio se le habilitó como comandante. Poco antes de acabar la guerra es destinado a la 22 división como jefe del 8º Tabor de regulares de Ceuta 3 y se le reingresa en la escala activa. Fue entonces su jefe el coronel de infantería Eduardo Álvarez Rementeria que había protagonizado una meteórica carrera. El 18 de julio era capitán de infantería en Sevilla y fue uno de los puntales de la sublevación en la capital hispalense. Joaquín finaliza la contienda siendo comandante con antigüedad del 18 de marzo de 1938 y habiendo sido propuesto para recibir la medalla militar individual.


Frente de Andalucía, invierno de 1938

De nuevo vuelve a su ciudad. El antiguo Tetuán 45 se ha convertido en 10º regimiento de infantería, aunque años después volvería a recibir su antiguo nombre, y como tal tomó parte en la guerra de Sidi Ifni donde el regimiento con el numeral 14 destacó el batallón de maniobras que formaban 496 hombres. Durante aquella breve etapa en Castellón el comandante recibe la medalla militar de manos del general Aranda Mata, capitán general de la región militar de Valencia. Fue el último cargo que ocupó el laureado general ya que posteriormente se vio involucrado en conspiraciones con el objetivo de retornar la monarquía. Le salvó su brillante historial y no fue hasta la llegada de la democracia que se le ascendió a teniente general.
Al comenzar esta investigación encontré datos sobre cuatro hermanos de Joaquín, todos fueron militares. José, el mayor, nacido en 1894 era oficial de complemento en 1915 y posteriormente desparece de los anuarios. Antonio murió en 1924 siendo teniente de caballería y aviador. Miguel ingresó el mismo día que su hermano en la academia de caballería y sirvió sobre todo en regulares hasta 1927, después, desaparece de los anuarios. Finalmente Luís, nacido en 1905, era en 1936 capitán de caballería en el regimiento de Lusitania en Valencia. Fue fusilado junto a 2 tenientes coroneles, 1 comandante, 6 capitanes, 16 tenientes, 4 alféreces, 1 brigada y 2 cabos de la misma unidad por milicias republicanas. Su viuda, Vicenta Pons, sufrió todas aquellas guerras. Perdió a su marido en la guerra civil. Su hermano Juan cayó en Marruecos siendo teniente de infantería. Fue fusilado el marido de su madre, que había casado en segundas nupcias con el comandante de artillería Joaquín Pérez Salas y finalmente perdería a su cuñado en Rusia.

Rusia
Al comenzar la segunda guerra mundial España permaneció neutral pero autorizó a sugerencia de Serrano Suñer la creación de una unidad de voluntarios, que integrada en el ejército alemán sería enviada a Rusia. En junio de 1941 el alto mando alemán dio el visto bueno y se puso en marcha la llamada Einheit spanischer Freiwilliger conocida por todos como la División Azul.
Uno de esos jefes que se ofrecieron voluntarios fue nuestro protagonista. Se le encargó la organización de uno de los batallones. No fue el único superviviente de Annual que partió a la lejana Rusia. El laureado coronel Miguel Rodrigo Martínez (compañero de grupo en 1921) y el comandante José Guedea Millán Astray compartieron desde el primer momento destino con Joaquín.


Grupo de Guripas


La unidad sería bautizada como la 250 División del ejército alemán integrada en el XXXVIII cuerpo de ejército. Fue su primer jefe el general Muñoz Grandes. La formaban los 262, 263 y 269 regimientos de infantería, el 250 regimiento de artillería, grupo anticarro, ingenieros, sanidad y cuartel general. El comandante de los Santos estaba al frente del I batallón del 263 regimiento. Era su jefe un viejo conocido de las campañas de Marruecos y de la guerra civil, el coronel José Vierna Trápaga.
El 30 de mayo de 1942 el batallón se hallaba destinado cerca de la aldea de Kopzy. Mientras la oficialidad estaba reunida en un barracón explotó un morterazo. El impacto mató a 1 teniente de ingenieros, 3 soldados y dejó mal herido al comandante de los Santos y al capellán Lorenzo Pina Pérez (26-04-1896, capellán 3º desde 07-08-1926). Ambos fueron trasladados al hospital de campaña de Grigorowo. Pina se recuperó de sus heridas y fue repatriado a España. Sin embargo el comandante no superó las graves lesiones y falleció el miércoles 3 de junio de 1942. Ese día el general Franco inauguraba el pantano de San Bartolomé. Se cumplían cinco años de la muerte del general Mola en accidente de aviación en Alcocero y se publicaba la muerte del general Gorodojansky, jefe del sexto ejercito soviético.
Joaquín fue enterrado en el cementerio de Grigorowo (fila 1, foso 17). Fue substituido en el mando por su amigo el capitán Mora Requejo y posteriormente por el comandante Ramón Blanco Linares. La Blau pagó un alto tributo. Las bajas fueron: 4954 muertos, 8700 heridos, 2137 mutilados y 372 prisioneros. Como bien dicen mis amigos del foro Memoria Blau también hubo un Annual en Rusia.


Cementerio de Grigorowo


Joaquín había sido condecorado con la Cruz de hierro de 2º Clase el 27-04-1942. A pesar de que se publicó que sería repatriado su cuerpo no tengo constancia de que fuera así. El ayuntamiento de Castellón decidió en pleno dedicar una calle en su honor en agosto de ese mismo año. Hoy en día aun sigue llamándose calle Santos Vivancos. Fue el último superviviente de Annual muerto en combate.


Calle Santos Vivancos, Castellón


Bibliografía.
Foro Memoria Blau. http://memoriablau.foros.ws/index.php
Aula militar Bermúdez de Castro. http://www.aulamilitar.com/
Hemeroteca digital La Vanguardia 1921, 1922, 1923, 1924, 1936 y 1942.
Hemeroteca digital ABC. 1921, 1922, 1923, 1924, 1924, 1931, 1936 Y 1942.
Anuario Militar de 1920, 1921, 1924 y 1930.
La División Azul. Las fotografías de una historia. Gustavo Morales y Luís E. Togores. Rizzoli 2008.
Galería Militar Contemporánea. Tomo VII. Medalla Militar. Servicio histórico militar.
Historia de las divisiones del ejército nacional e Historia de las Brigadas Mixtas del ejército popular de la República. Carlos Engel. Almena 1999 y 2000.




martes, 11 de mayo de 2010

EL EJÉRCITO DE DESAPARECIDOS. ARTILLERÍA

El ejército de desaparecidos. Artillería



Siguiendo con la relación de desaparecidos publicada por el Ministerio de la Guerra en septiembre de 1922, citaré los nombres de los oficiales pertenecientes al arma de artillería.

Desaparecidos por empleos
Capitán: 2 (1 Cdcia y 1 Mixto)
Teniente: 18 ( 2 Policía Indígena, 13 Comandancia y 3 Regimiento Mixto)
Teniente ER: 4 (1Pol. Indg. y 3 Cdcia.)
Alférez ER. 2 (1 Cdcia y 1 Mixto)
Total oficiales de artillería desaparecidos: 26


En julio de 1921 la distribución de los oficiales de artillería era:
Comandancia de Artillería de Melilla: 1 coronel, 2 teniente coronel, 3 comandantes, 15 capitanes, 28 tenientes (8 ER) Y 5 alféreces ER. Total 54 oficiales.
Del total fueron dados por desaparecidos 18: 1 capitán, 13 tenientes, 3 tenientes ER y 1alférez ER. Los muertos reconocidos fueron: 1 comandante y 2 tenientes. Un total de 21 oficiales, lo que supone más de 38% de muertos.
Regimiento Mixto de Melilla: 1 coronel, 1 teniente coronel, 3 comandantes, 11 capitanes, 26 tenientes (6ER.) y 3 alféreces ER. Total 45 oficiales.
Fueron dados por desaparecidos: 1 capitán, 3 tenientes y 1 alférez ER. Total 5 oficiales. Los muertos reconocidos fueron: 3 capitanes y 5 tenientes. Todos ellos suman 13 hombres, que representan un 26 % del total.

Policía Indígena de Melilla:
entre los miembros de las tropas de policía indígena figuraban de oficiales de artillería 1 comandante y 3 tenientes (1 ER.). Los tres últimos murieron en combate.
Al margen de estas unidades 1 teniente se hallaba destinado en el servicio de aeronáutica, 2 capitanes disponibles y otro más supernumerario. El total general de oficiales de artillería presentes en julio era de 107 (2 coroneles, 3 tenientes coroneles, 7 comandantes, 27 capitanes, 2 capitanes ER, 44 tenientes, 14 tenientes ER y 8 alféreces ER.) y los muertos en combate 37. Lo que supone un 34,5% del total.


Muertos en combate reconocidos:
Comandancia de artillería:
Teniente Francisco Gracia Benítez: MC Afrau 23-07
Teniente ER Manuel Silvestre Domingo MC Arruit 09-08


Regimiento Mixto de artillería:
Comandante Alfredo Marquerie Ruiz Delgado. MC Arruit 09-08
Capitán Ramón Blanco Diaz de Isla. Jefe 5º Batería de montaña. MC Repliegue 29-08
Capitán Federico La Paz Orduña. Jefe 1ª Batería Ligera. MC Igueriben. 21-07. CLSF
Capitán Francisco Rubio Usera. Jefe 1ª Batería Montaña. MC Arruit. 09-08
Teniente Julio Bustamante Vivas. 1ª Batería Ligera. MC Igueriben 21-07
Teniente Diego Flomesta Moya. 1ª Batería Montaña. MC en cautividad 30-06. CLSF
Teniente Antonio Cortina Rico. 5ª Batería de Montaña. MC Arruit 09-08
Teniente Pedro Gay de la Torre. 2ª Batería Ligera. MC Arruit 09-08

Entre las promociones de artillería las bajas de los tenientes de la escala general fueron:
Promoción ingreso 01-09-1912: 2 muertos en combate
Promoción ingreso 01-09-1913: 5 muertos en combate
Promoción ingreso 01-09-1914: 7 muertos en combate
Promoción ingreso 01-09-1915: 7 muertos en combate


Bibliografía:
Anuario militar 1921
Diario oficial del Ministerio de la Guerra 18 de septiembre de 1922